sábado, junio 27, 2009

Eugene Cristophe y la forja de Santa Marie de Campan


Los tiempos históricos del Tour. Si 1906 fue la primera ocasión en que el Tour ascendió al Tourmalet, la edición de 1913 pasará a la historia como aquella en que el entonces líder Eugene Cristophe, en la etapa de Bayona a Luchon (326 km!), estaba escapado en la subida al Tourmalet, con más de 5 minutos de ventaja sobre sus perseguidores. Ya bajando, después de una caída tuvo que recorrer 14 kilómetros a pie (algunos tramos por la propia carretera, y en ocasiones cortando campo a través)hasta Santa Marie de Campan hasta encontrar una herrería donde reparar su horquilla rota y así poder continuar. Cosas del Tour, que en esos tiempos no permitía la asistencia mecánica ni la sustitución de componentes. Toda la operación de forjado de la horquilla la hizo bajo la supervisión de Henry Desgrange, el patrón del Tour, que llegó a sancionarlo con 10 minutos por pedir a un chico que le auxiliara para avivar el fuego de la forja. Cristophe, todo coraje, no se dió por vencido y llegó al final de la etapa.

En el año 2003, en la edición del centenario del Tour, se puso una placa para recordar los hechos que ocurrieron en 1913. Como dice la placa: "Con ocasión del centenario del Tour de Francia, se homenajea a Eugene Cristophe que durante el Tour de 1913 reparó la horquilla de su bicicleta en esta forja de Sainte Marie de Campan. Eugene Cristophe, lider de la prueba, perdió aquí toda posibilidad de victoria, pero dió una formidable lección de coraje y de tenacidad. El Tour de Francia recuerda con respeto este comportamiento ejemplar. 21 de julio de 2003".


A mí se me pone la carne de gallina al leerla. Esos son los valores del ciclismo que el Tour de Francia encarna año tras año, luchando contra corriente, enfrentándose a todo el mundo en su cruzada contra el dopaje y contra cualquier tipo de atajo que no sea el esfuerzo y el sacrificio.

Cada vez que he ido al Tourmalet he buscado esa placa. Y por fin este año la encontré. Bajando del Aspin (o de la Hourquette d'Ancizan, puerto precioso que, como el Aspin, une el valle de Arreau con el valle de Campan), pasada la plaza donde empieza el Tourmalet (ver foto). Continuando la carretera hacia Bagneres de Bigorre, un centenar de metros a mano derecha, a pie de carretera, ahí está. Placa mítica en un pueblo mítico.



miércoles, junio 10, 2009

Mont Aigoual, Perjuret y la leyenda de Riviére

(Publicado en el n.30 de la revista Pedalier)
(Fotografia Sergi Ros)

Otras veces ya nos habíamos acercado a la zona francesa de Les Cevennes i de Les Causses. Habíamos ya descubierto atracciones naturales como el Circo de Navacelles y artificiales como el Viaducto de Millau. En pleno parque natural de Les Cevennes, en el centro, nos quedaba por descubrir el Mont Aigoual, a una altitud de 1.565 metros, considerable para tratarse de una zona de media montaña. Una montaña que domina toda la región y a la que se puede acceder por múltiples vertientes: Meyrueis, Rousses, Le Vigan o Vallerauge.

En el recorrido que nos propuso Angel Morales aparecían también otros alicientes, como la bajada por el col de Perjuret y el monumento a Roger Riviere, o la subida al Col de Faisses, perteneciente al reto BIG (lo mismo que el Mont Aigoual), que da acceso a la cornisa de Las Cevennes, una carretera con una vista aérea sensacional. En total 115 kilómetros y tres puertos de montaña: Mont Aigoual, Col des Faisses y Col du Pas, ya de regreso a Vallerauge, punto de partida y final de nuestra salida.

Hay que decir que es una zona ya al límite de lo que se puede hacer en un día. Más de cuatro horas de coche desde Barcelona es francamente pesado, quizás más duro que la propia salida en bicicleta. Un fin de semana largo sería la solución ideal para cribar toda esta zona rural y de media montaña.

El principio de la etapa nos ofreció una subida larguísima, de más de 28 kilómetros no demasiado duros pero que van castigando, hasta llegar a la estación meteorológica que hay en la cima de Mont Aigoual, visible en casi todo momento mientras ascendemos. Las placas de nieve que se ven auguran el frío, y la forma de las nubes augura que además, el viento arriba puede ser fuerte.

Después de unos últimos kilómetros de ascensión muy llevaderos llegamos a la cima donde, como sospechábamos, la ventolera es tremenda, parece que se va a llevar las bicis apoyadas sobre el quitamiedos. La vista desde arriba es espectacular, además de un paisaje grandioso en todas direcciones se pueden ver muchos kilómetros de la ascensión que acabamos de realizar, en la ladera de enfrente.

El viento sopla cada vez más fuerte y la temperatura baja. No me sorprende leer en Meteofrance que la temperatura mínima de un mes de Mayo en Francia se haya registrado en este observatorio del Mont Aigoual (-8º el año 1909). Aunque resulta curioso que en este remoto monte del centro de Francia bajen más las temperaturas que en Alpes o Pirineos. Algunas paredes de nieve a principios del mes de Mayo y la existencia de la estación de esquí de Prat de Peyrot, dan fe de que la nieve es habitual ahí en invierno.

Nos espera un larguísimo descenso que empalma la bajada del Mont Aigoual con el Col de Perjuret, con largas rectas y amplias curvas donde es fácil coger mucha velocidad. Hay que ir con mucho cuidado sobre todo por el aire, aunque a medida que vamos perdiendo altura la temperatura sube y el aire cede. Pero fue ahí, ya casi finalizando el descenso, donde cayó Roger Riviére el día 10 de Julio en la etapa Millau-Avignon, del Tour de Francia de 1960.

Ese año, en su cuarta participación en el Tour, partía como uno de los principales favoritos. Ganó la contra reloj inicial y mantenía un duelo con Gastone Nencini e incluso con su propio compañero de equipo Henry Anglade. Ese día, Nencini tenía el liderato y Riviére le seguía allí donde Nencini iba. Si conseguía mantener su rueda, con toda probabilidad le derrotaría en la contra reloj final del Tour y podría proclamarse vencedor. Pero en las curvas rapidísimas del Perjuret, Nencini, un gran bajador, puso al límite las posibilidades de Riviére, hasta que cayó por un barranco. Su compañero de equipo Rostollan vió la bicicleta de Riviére, se bajó de la suya y corrió carretera arriba para avisar al director deportivo de lo que había ocurrido. Durante cinco minutos nadie pudo encontrar a Riviére, parecía que se había evaporado. Finalmente, lo localizaron 20 metros más abajo totalmente inmóvil, con los ojos abiertos y la columna partida, lo que le impedía el más mínimo movimiento ni una llamada de auxilio. Un helicóptero pudo rescatarlo y lo llevó al Hospital de Montpellier, donde se confirmó la gravedad de su caída.

Roger Riviére fue por tanto un corredor con una carrera profesional muy breve. Debutó en 1957, con 21 años y destacó sobre todo en la pista, consiguiendo el récord de la hora, que batió por dos veces (el 18 de septiembre de 1957, 46,923 km y el 23 de Septiembre de 1959 con 47,347 km). Este último récord lo mantuvo hasta que el belga Ferdinand Bracke lo batió el 30 de Octubre de 1967. También fue 3 veces campeón del mundo de persecución (1957-58-59).

Después de la caída Riviére nunca recuperó la movilidad en las piernas y vivió desde entonces en una silla de ruedas. Abrió un restaurante en Saint Etienne llamado Le Vigorelli (estadio de Milan en cuya pista batió los dos récords de la hora), que fracasó. Otros dos negocios que intentó siguieron por el mismo camino. Falleció de cáncer de garganta en 1976, a los 40 años.

(Fotografia: Sergi Ros)
Tras hacer unas fotos en el monumento dedicado al ciclista francés, continuamos el descenso y vamos camino de Florac para llegar a Col du Rey y col des Faisses, que dan acceso a la Corniche des Cevennes, que seguiremos durante unos kilómetros, antes de desviarnos en Le Pompidou para dirigirnos de nuevo al punto de partida: Vallerauge. La carretera es muy estrecha, de esas que no salen en los mapas y únicamente Angel conoce. Afortunadamente, no es de las que nos tiene acostumbrados, con rampas frecuentes por encima de los dos dígitos.

Tras disfrutar de esa solitaria carretera, llegamos finalmente a Vallerauge, donde cerramos una etapa francesa con un recorrido y una historia dignas del Tour de Francia.

Triste, pero digna del Tour.