Mostrando entradas con la etiqueta Giro 1988. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Giro 1988. Mostrar todas las entradas

martes, abril 30, 2013

Timmelsjoch- Passo Rombo




(Foto Sergi Ros)

Hay subidas que merecen un lugar especial en el universo del cicloturismo, son punto de paso obligado para los que se quieran llamar cicloturistas. Algunas han sido escenario de mil batallas profesionales, otras ofrecen un espectáculo visual que no nos podemos perder, y otras regalan dureza con generosidad. Timmelsjoch (en alemán) o Passo Rombo (en italiano) cumple dos de esas tres premisas, y es una de esas subidas que todos deberíamos subir al menos una vez en la vida.

El Passo Rombo está situado en la región de Trentino-Alto Adige y su vertiente italiana se inicia en San Leonardo in Passiria, una ascensión muy larga de más de 29 km a una media del 6,2% puesto que salva un desnivel de 1.796 metros. Corona a una altitud de 2.491 metros. Un verdadero coloso. Es un antiguo camino para mulas que une actualmente los valles de Passeiertal y de Ötzta, en las altas montañas de Austria. En medio de su extensión aparece un impresionante museo en voladizo, diseñado por el arquitecto Werner Tscholl. El nuevo Pass Museum, al lado norte del Tirol, sobresale como un bloque errático que se orienta hacia el sur, subrayando el carácter transfronterizo de la experiencia del traspaso Timmelsjoch. La “Cueva de Hielo” en el interior del museo rinde homenaje a los viajeros pioneros de la ruta de los Alpes y sus logros. A modo de esculturas que se esparcen por el camino, estos espacios de parada iluminan a los viajeros en medio del entorno natural, empapándolos sobre la historia, la cultura, las comunidades y la economía de la región.



Si nuestro invitado de hoy no estuviera (es sólo condicional) en el Olimpo de los puertos de montaña, es simplemente porque, injustamente, un monstruo como este sólo se ha subido en el Giro d’Italia en el Giro de 1988, el famoso Giro del Gavia y del frío extremo. El hecho de que sea tan caro de ver solo puede explicarse por el frío que suele acompañarlo en el mes de Mayo, y quizás porque una vez transitado el regreso a Italia es demasiado largo. Sólo por eso puede explicarse.

En la excursión a Italia que hicimos el verano de 2011, la etapa del Passo Rombo era la etapa reina. Sinceramente, yo me tomé todas las anteriores como una preparación de ésta. La etapa salía de Merano e incluía las acensiones de Monte Giovo (Jaufenpass), el Passo Rombo (Timmelsjoch) y por último, la subida al glaciar de Solden, la carretera asfaltada más alta de los Alpes. Por la ley de Murphy, fue el peor día, climatológicamente hablando, en toda nuestra excursión a Dolomitas y Alpes.

Por eso, la mitad de las cosas que os cuento las tuve que descubrir una vez de regreso a Barcelona, porque el día no nos permitió ver casi nada. La niebla se iba haciendo más espesa a medida que íbamos ascendiendo, y lo que cerca de San Leonardo in Passiria era sólo agua fina, arriba, a casi 2.500 metros, era niebla densa, lluvia copiosa y frío intenso.





En la ascensión se pueden distinguir claramente tres partes diferenciadas. La primera es una ascensión constante por la ladera de la montaña, con el valle a la izquierda, ganando altitud y vistas a medida que pasan los kilómetros. Una segunda parte, tras una inmensa curva panorámica a izquierdas en la que la subida se suaviza y se transitan diversos túneles, y la última fracción, el zigzag más espectacular y posiblemente más conocido de la ascensión, que finaliza en un túnel. Pocos metros más tarde se llega al cartel indicativo de puerto, y el bloque similar a una figura geométrica cuyo significado desconocíamos cuando llegamos.

La verdad que el frío tampoco nos permitía estar por curiosear demasiado, más bien por tomar cuatro fotos y meternos en los coches. El Passo Rombo es uno de los lugares más fríos de los Alpes (y uno de los últimos en ser transitable en verano), a menudo azotado por un fuerte viento racheado y que deja rastros de hielo a lo largo de los túneles hasta finales de julio (nuestro viaje fue en el mes de Julio). La recompensa arriba fue el restaurante que hay en el refugio de la cima, en la Frontera con Austria, donde pudimos quitarnos el frío y decidir que la ascensión al glaciar de Solden quedaba para mejor ocasión.

El refugio de la cima es visitado por muchos aficionados a las motos, que superan en número a los automovilistas. No es casual que en el refugio no haya souvenirs ciclistas, pero sí moteros.



Si sois más ciclodeportistas que cicloturistas, la mejor ocasión que tenéis para subir el Passo Rombo es la Otzaler Radmaraton. Se trata de una marcha cicloturista que partiendo de Solden recorre en nada menos que 238 kilómetros e incluye las subidas a Oetz - Kühtai: 18,5 KM para salvar 1200 metros de altitud, Innsbruck - Brennero: 39 KM para salvar 780 metros, Vipiteno - Passo Giovo: donde se salvan 1130 m en 15,5 KM y finalmente nuestro invitado de hoy, el Passo del Rombo. Un reto sólo al alcance de los más fuertes que podéis intentar el 25 de Agosto de 2013.

sábado, diciembre 14, 2002

En el paso de Gavia, 1988

Esta es la versión abreviada de un artículo de Bruce Hildenbrand para la revista Cycle Sport, donde Andy Hampsten recuerda su subida sobre el paso de Gavia durante el Giro d'Italia 1988. Su versión original puede encontrarse en la página de Hampsten, que ahora tiene una tienda de bicicletas en Seattle, USA y otra en Italia.


"Las cosas comenzaron a parecer difíciles en el descenso de Aprica. Yo llevaba toneladas de ropa, pero la lluvia había estado cayendo a cubos desde el comienzo de la etapa y yo estaba tiritando a causa de lo mojado que estaba y del frío. No estaba seguro de cuánto tendría que sufrir, pero sentía que todos nosotros ibamos a sobrepasar nuestros límites para franquear el Gavia. Sabía que yo podría sufrir, pero también sabía que sería muy duro para mis compañeros de equipo así que los intentaba animar también. Recuerdo decir a Bob Roll que éste sería probablemente el día más duro sobre la bici en toda nuestra vida.
Todos sabían que yo iba a atacar. Cuando aumentó el ritmo, fui al frente y todos los escaladores marcaron mi rueda. Podría oír que murmuraban "Hampsten van a atacar" y que están intentando desalentarme. A este punto la carretera todavía estaba asfaltada, pero cuando salí de una curva a la izquierda vi convertirse la carretera en camino sin asfaltar y una señal de tráfico del 16% de pendiente, y entonces fue cuando pinché.
Debido a toda la lluvia, el camino sin asfaltar era realmente inestable. Estaba muy blando y las cubiertas dejaban un surco por donde pasaban. A medida que íbamos subiendo, mi mente comenzó a divagar y los aspectos psicologicos de lo que estaba ocurriendo empezaron a arrastrarse en mi mente. Sentía que había alcanzado mis objetivos hasta la fecha, sin tomar riesgos, pero cuando las cosas se empezaron a poner mal, pensé lo que podía hacer para mejorar las cosas.
Dejé de pedirle Dios que me ayudara, ya me había ayudado bastante dándome el privilegio de competir. En vez de eso empecé a especular lo que estaría dispuesto a negociar si el diablo aparecía. Desmoralizado por esta cadena de pensamientos, me dí cuenta que al principio del día había confiado solamente en mí mismo para sobrevivir a la etapa. En el Gavia, como siempre, no había atajos y yo nunca había buscado ayuda de píldoras u otras ayudas, aunque estaba en un estado tan mental que dudo que hubiera resistido cualquier tentación que me llevara a Bormio. Debo confiar en mí mismo para conseguir llegar al final.
A 4 millas para la cima del Gavia, en mi mente comenzó a entrar la niebla. Comencé a pensar en el frío que estaba pasando en ese momento y el descenso de 15 millas que me esperaba desde la cima hasta Bormio. Y las dudas comenzaron a apoderarse de mí...
¿Los coches del equipo iban a conseguir coronar? ¿El masajista estaría arriba con té caliente? ¿Och estaría allí a un kilómetro con mi bolsa? (Nota del Traductor: Jim Ochowitz, director deportivo del Motorola) A 3 millas de la cima, fui a ponerme un gorro de lana pero decidí primero quitar el agua de mi pelo, pero mi mano se congeló a través de una enorme bola de nieve que cayó sobre mi parte posterior. Cuando vi los edificios pensé que había llegado a la cima (lo era!) y si iba a parar, debía hacerlo allí. Pero realmente deseé seguir en ese momento. No era una cuestión de supervivencia todavía.
Tenía solamente una marcha para la bajada, todas las demás se habían congelado y pensé que debía seguir pedaleando para mantener esa marcha sin hielo. El camino era sin asfaltar al iniciarse el descenso. Era mejor para descender que el asfalto pues no se congeló. Lo probé un par de veces para ver si era suficientemente sólido y lo era. Los espectadores que había en el descenso no sabían si la carrera se había suspendido, así que deambulaban por en medio de la carretera mientras yo bajaba. A medida que descendía me iba enfriando más y más. Intenté no pensar en el frío y concentrarme en la carretera que tenía frente a mí. Ahora era asfalto, pero no estaba helado afortunadamente. Intentaba no frenar demasiado bruscamente. Cuando utilizaba los frenos, primero tenía que quitar el hielo de las llantas, y después intentar quitar el agua, antes de tener alguna potencia de frenada.
Me habían hablado de la hipotermia y sobre lo frío que podría llegar a estar antes de que uno no pudiera pedalear más. Mis brazos estaban bloqueados desde el comienzo del descenso, y yo simplemente intentaba seguir pedaleando para mantener mis piernas en movimiento. En un momento dado, miré hacia abajo, hacia mis piernas y a través de una capa de hielo y de grasa (lanolina), pude ver que eran de color rojo brillante. Después de eso, no miré mis piernas de nuevo...
A 6 km para el final, Breukink me cogió, pero yo estaba totalmente bloqueardo y no podía responder. Breukink no llevaba puesta ninguna chaqueta de lluvia, solo un jersey, así que él podría bajar más rápido en la larga recta que llegaba a Bormio. No había forma humana de quitarme la chaqueta. Después de que cruzara la línea de meta, me dirigí hacia nuestro masajista. Mike Neel vino y me metió en el coche del equipo, que estaba en marcha y con la calefacción a todo meter. Cuando comencé a calentarme el dolor empezó a remitir. Mike me dijo entonces que la Maglia Rosa era mía y el dolor y el euforia se mezclaron y comencé a gritar, a reír y a tiritar.
En el plazo de 10 minutos del final, estaba arriba en el podium. La Maglia Rosa me sentaba bien. Me la puse y todas mis dudas se esfumaron. Las entrevistas de la TV comenzaron y recuerdo que decía "Hoy no era deporte, era algo más allá del deporte."
Todos y cada uno de los que pasaron el Gavia ese día fueron vencedores. Incluso desde aquella jornada, hay una serie de corredores cuyo principal crédito es que subieron al Gavia ese día."