martes, abril 20, 2010

Coll d’Ares-Observatorio del Montsec, rodeados de estrellas

(Publicado en el n.35 de la revista Pedalier. Foto: Sergi Ros)

Hay pocas sensaciones comparables a descubrir una nueva subida. En los foros de internet este puerto ya se había ganado su prestigio y a nivel de Catalunya pocos puertos nuevos han causado tanta expectación. Quizás Serra Seca (con el paso del Tour por él) pueda estar a su altura.

Se trata de un puerto con nombre ya conocido: Coll d’Ares. Pero el que hoy vamos a descubrir nada tiene que ver con otros puertos del mismo mitológico nombre (Ares era el Dios de la guerra en la mitología griega). Tenemos coll d’Ares en Girona, con su vertiente catalana que nace en Camprodon y su dura vertiente francesa desde Prats de Molló, así como el puerto de Ares (o Confrides por la otra vertiente) en Castellón.


Pero éste se halla en la Sierra del Montsec, en Lleida y se ha asfaltado recientemente (año 2007). Se trata de una carretera estrecha que sin duda se ha asfaltado para poder acceder al Observatorio astronómico que recientemente se ha inaugurado y que forma parte de la promoción que el Consorci del Montsec está realizando para dar a conocer sus encantos naturales. Sin duda el cielo del Montsec es uno de sus puntos fuertes y ahí están dirigiendo sus esfuerzos.


No podemos hacer referencia a los encantos turísticos del Montsec sin referirnos al Congosto de Mont-Rebei que forma el río Noguera Ribagorçana al atravesar la sierra del Montsec. Constituye el único gran congosto de Catalunya que se mantiene más o menos virgen sin que lo atraviese ninguna carretera, ferrocarril o linea eléctrica. Únicamente lo atraviesa un camino parcialmente excavado en la roca que permite disfrutar de este lugar de una forma espectacular. Las paredes del congosto llegan a alcanzar más de 500 metros de caída vertical. Lástima que ahí no podemos llegar con la bici de carretera, solamente con la de montaña. Ahora que llega el invierno si cambianos las ruedas finas por las gordas puede ser una excelente alternativa.


La salida programada no era menos espectacular. No se trataba solamente descubrir Coll d’Ares y el Observatorio Astronómico, sino también los alicientes de Montllobar y Castell de Mur. 100 kilómetros muy completitos. En esta ocasión, además, la grupeta que me busqué tenía su guasa. Jordi Fonollosa, ideólogo de la salida y gran conocedor de la zona, Dani, Uri y el exprofesional Juan Carlos Cariñena. Una grupeta de lujo, como para ir en malas condiciones. Un día para disfrutar del cicloturismo se podía convertir rápidamente en un día de sufrimiento. Menos mal que el hecho de ir haciendo fotos permitía irnos reagrupando. Eso y lo buena gente que son estos cracks de la bici y apasionados de las subidas.

Si la salida trataba de descubrir un lugar para admirar el cielo nocturno leridano, lo que el destino nos deparó fue una jornada climatológicamente perfecta. El cielo era nítido, el aire que había soplado el día anterior había dejado la atmósfera limpia como pocas veces, y con el marco del Montsec, la verdad es que no podíamos sentirnos más afortunados.


El lugar de salida fue Cellers, pequeño pueblo a sólo 12 kilómetros de Tremp y junto al pantano de Terradets. El hotel es el lugar ideal para dejar los coches y a la vuelta poder comer algo antes de volver a casa. La salida la hacemos dirección sur hacia la localidad de Ager, donde nace este pequeño coloso de Coll d’Ares con sus 14 kilómetros de longitud que a través de una carretera estrecha nos llevará en poco más de tres kilómetros al Centro de Observación del Universo (COU), un espacio lúdico que dispone un planetario multimedia interactivo y una cúpula de observación de 12 metros de diámetro. Allí es donde suele haber la exposición permanente y es un centro más de divulgación que científico. La carretera continúa subiendo de forma constante, el asfalto en perfecto estado y una valla de protección en madera que es un auténtico lujo. La carretera dibuja curiosas formas que permiten lucirse a nuestro fotógrafo Sergi y ofrece permanentemente una visión enorme del valle.

Una vez coronado Coll d’Ares, nos queda una impresionante vista del Pirineo y de todo el valle. A la derecha queda una zona de lanzamiento de Parapente. El paisaje es impresionante. De vértigo. El Montsec queda aislado y mientras por un lado se observa todo el Pirineo por el otro podemos ver incluso la montaña de Montserrat, ya muy cerca de Barcelona. Y todo, desde una altitud relativamente modesta, como son los 1.534 metros a los que corona el puerto. Aunque para llegar al Observatorio Astronómico todavía hará falta un esfuerzo más y vencer la más dura de las rampas, de hormigón y que llega al 20%. Espectacular.


El descenso es más largo, la bajada por Alsamora tiene más de diecisiete kilómetros, y mantiene la misma tónica que la subida, asfalto en buen estado excepto un kilómetro con un piso muy deteriorado por no decir malo de solemnidad, y que a su salida provocó la caída de Dani. Lo que pasa cuando te plegas demasiado y el suelo está lleno de gravilla. Cómo debería estar para que se caiga Dani, un tipo al que he visto levantar las dos ruedas en plena plegada y quitarse las perneras en marcha…


Poco después llegamos a Puente de Montañana y nos vamos en dirección a Tremp, capital de la comarca de Pallars Jussà, ascendiendo los 10 kilometros de Montllobar. Ahí redescubro lo que ya todos sabemos. Nuestro deporte no premia los genes, no premia simplemente unas buenas condiciones físicas, aunque sean excelentes. El ciclismo recompensa el esfuerzo, el sacrificio, el entrenamiento duro. Y así puede ocurrir que yo me vea subiendo al lado de de un corredor capaz de haber ganado tres Escaladas a Montjuic para Sub23. Veo sufrir a Juan Carlos, un exprofesional que sin entreno ni motivación no tiene en las piernas los kilómetros suficientes para exigirse al máximo. Ahí estamos el resto de la grupeta y el resto del club para reconvertir a un excelente profesional sin fortuna en su paso por el ciclismo, en un gran compañero de batallas cicloturistas que, seguro, nos ayudará a disfrutar todavía más de las salidas en bici. Un par de salidas más como ésta y lo tendremos en el bote, enganchado de nuevo a sufrir pero también a disfrutar de los excelentes paisajes que nos ofrece la montaña. Sin el estrés de la competición, sólo por el placer de vencerla.

¿Con qué otros puertos se puede combinar esta ascensión? En nuestro caso hicimos una ruta de 100 km con Ares, Montllobar y Castell de Mur, una salida con 2300 metros de desnivel y que probablemente en una prueba profesional no sería una etapa reina, pero os aseguro que dejaría tocado a más de uno. Existen otras posibilidades como Fontllonga, un puerto de carretera ancha y no demasiado desnivel pero con excelentes vistas del Pantano de Camarasa. Incluso es interesante citar la subida a Llimiana y su continuación hacia Hostal Roig.


Este año 2009 se ha celebrado la primera edición de la Marxa del Montsec, que explora exactamente todos estos puertos. Su versión larga llega a los 156 km y se sube todo: Port d’Ager, Coll d’Ares, Montllobar y Fontllonga, un desnivel acumulado de 3.100 metros, casi nada. Si os queréis machacar principios de julio, ya os lo podéis apuntar para el año próximo.


En la zona de Tremp también cabe destacar la celebración de la marcha cicloturista “La Pallaresa” que se suele disputar a principios de Septiembre y que tiene un recorrido ya clásico subiendo el durísimo Coll de Cantó y el más modesto Coll de Boixols, a veces en un sentido y a veces en sentido contrario. Coll d’Ares también se puede combinar con estas subidas si os queréis exprimir a fondo.


En fin, que aunque no sea un Observatorio con la historia ciclista reciente de Calar Alto o sobre todo, de las dimensiones del Roque de los Muchachos, este pequeño observatorio tiene unas características que también seducen, y de qué manera, al cicloescalador.


Finalmente nos tuvimos que conformar con el cielo diurno, que no es poco, aunque nos quedamos sin ver las estrellas del cielo del Montsec. Aunque bien pensado las estrellas las tenía yo a mi lado. ¿Cómo puedo definir sino a gente que anda como Dani, Uri, Jordi o Juan Carlos?

miércoles, marzo 24, 2010

Regreso al Nebelhorn o cómo una derrota termina en victoria

Artículo publicado en el n.36 de la revista Pedalier. Foto de Sergi Ros.

Yo iba sin ninguna esperanza. Acababa de leer el ya mítico artículo de Ángel Morales y Rubén Berasategui en Pedalier (número 30) y sabía lo que me esperaba con todo lujo de detalles. Ellos habían ido a por el Nebelhorn y no habían conseguido subirlo entero en bici, aún estudiando el tipo de material a utilizar, habiendo analizado a fondo los mapas... Ángel y Rubén, dos tipos acostumbrados a las pendientes fuertes, dos pioneros, descubridores de monstruos y además fuertes como pocos...

Por lo tanto yo tenía claro que iba a acercarme a conocerlo pero ni siquiera sabía si llegaría arriba. Os tengo que decir que me gustan las pendientes fuertes, aunque el Nebelhorn supera lo imaginable. Digamos que cuando pensaba en él no se me ocurrían otras palabras que no fueran reto, sufrimiento extremo y peligro. Disfrutar, paisaje o cicloturismo son palabras que dejo para otras subidas.

Yo me presentaba allí con la bicicleta de carretera (eso sí, con triple plato) y sin una preparación específica para afrontar una subida de este calibre. Las circunstancias eran las que eran y yo había ido a hacer otro tipo de subidas, pero estando en Oberstdorf, no intentar subir hubiera sido un sacrilegio.

La compañía que llevaba condicionó la subida. Xavi Cossials y Xavi Joya son dos viajeros empedernidos. Dos tipos, sobre todo Cossials, que han viajado con sus bicis por un montón de países, subiendo cuestas imposibles, siempre a la búsqueda de subidas incluídas en el reto BIG. Siempre con su BTT y su triple plato, asegurando (casi siempre) que pueden llegar arriba. Nos planteábamos un nuevo reto (¿El reto?) a lomos de nuestras bicis.


Al regreso de una etapa por los alrededores de Oberstdorf, decidimos aprovechar el buen tiempo de principios de Julio en el sur de Alemania para intentar acercarnos a descubrir a este nuevo mito del cicloturismo moderno. Tras localizar el principio de la subida (no es difícil, junto al estadio de saltos de esquí), nos informamos en la taquilla del Nebelhornbahn (el telecabina que sube hasta la cima del Nebelhorn, a 2224 metros). La información que recibimos allí fue del todo incorrecta. Nos dijeron que un coche, aún no siendo 4x4, podía subir sin problemas hasta el albergue Edmund Probst Haus, a 1932 metros. Una barbaridad, si un día queréis jugaros la vida, podéis intentarlo… Otra opción que habíamos barajado era subir como pudiéramos y bajar con la bici en el telecabina, pero eso no está permitido.

La primera parte de la subida al Nebelhorn era la única que personalmente consideraba asequible, justo hasta la estación de telecabina de Seealpe, a 1280 metros. Con rampas superiores al 20%, son unos 4 kilómetros muy duros, pero con el triple plato, pues a golpe de riñón se hace.

Una vez en Seealpe hablo con Sergi, el fotógrafo, que sube en el coche siguiéndonos, y me dice que ha visto a los Xavis sufrir mucho en las rampas del 20% y que no cree que lleguen a Seealpe. Mientras estamos esperando y hablando aparece un tipo ataviado con traje típico y nos dice de malas maneras algo que no entendemos. A duras penas intuímos que no se puede subir en coche por ahí y que como nos pille la poli nos van a empapelar. O sea que decidimos dejar el coche ahí estacionado.

Yo me digo, bueno mientras espero a los Xavis voy a ver de qué va esto y a ver si con un poco de suerte veo los rampones del 42%. ¡Tiene que ser acojonante! Mientras subo, me cruzo con un tipo en BTT que no tiene mala pinta. Le pregunto si conoce la subida y me dice que vive en Oberstdorf y que suele subir muy a menudo. Le pregunto si alguna vez ha sido capaz de subirlo en bici hasta el final sin echar pie a tierra y me dice que sí… Interesante. Voy subiendo zonas asequibles hasta que diviso a lo lejos una recta que impresiona. Intento hacerla con mi bici de carretera y me quedo justo en el punto kilométrico que indica que faltan 4 kilómetros para la cima. Allí empieza el verdadero infierno. Pensaba que por atrás me estarían esperando y doy media vuelta y empiezo a bajar.

Cuando bajo hacia Seealp me encuentro a los Xavis subiendo con la bici, y Sergi andando unos metros atrás, cámara de fotos y mochila en ristre. La moral está alta y las ganas de sumar un nuevo BIG a su colección, también. O sea, que media vuelta y a intentar llegar lo más arriba posible, aunque de nuevo la recta infernal se topa en nuestro camino. La pendiente es terrible. Nos paramos y la sensación de derrota es total. Incluída la foto con el pulgar hacia abajo... A los pocos minutos no sé todavía cómo, ni por qué, ni quién fue el que animó al resto para continuar subiendo, pero en lugar de asumir una derrota por KO nos levantamos y continuamos la pelea, aunque sea a pata, hasta donde lleguemos. Mientras haya luz no hay prisa.

Intento hacer algún tramo en bici, pero de repente me topo con la famosa curva a izquierdas del 42%. No se puede explicar, hay que ver ese paredón para darse cuenta de la magnitud de la pendiente. El descanso que hay al coronar la rampa se ve allá a lo lejos, muy arriba, es una sensación irreal. Intento subirla con la BTT de uno de mis colegas. Sin haber subido el tramo anterior y partiendo desde cero, no llego ni a la mitad… El estado del asfalto no ayuda, y los cortes horizontales en el asfalto (¿para facilitar el desagüe cuando llueve?) todavía menos. Al coronar ese tramo monstruoso, el asfalto se deteriora más y más, hasta convertirse en una pista descarnada. Es difícil incluso subir a pie. Los pies resbalan por la pendiente y la grava y no puedo dejar de imaginarme unas zapatillas de carretera subiendo por ahí… Menos mal que llevo las de montaña con la cala pequeña de Shimano que si no me voy para abajo seguro.

Un poco más arriba vemos a un ciclista bajando. Se trata de un húngaro que vive en Austria y nos explica cómo es el resto de la subida. Al poco tiempo descubrimos que también forma parte del reto BIG y, un poco después aparece una pareja de italianos conocidos, Luigi y Cecilia, bajando a pie con la bici a hombros y con cara de pocos amigos. Ese tramo posterior a la rampa infernal es sin duda el de peor superficie de toda la subida. Y la pendiente, lejos de moderarse, continúa en niveles que no nos permiten volver a subir a la bicicleta. Una zona de zig zag y ya vemos al albergue a lo lejos. Los primeros restos de nieve aparecen de repente junto a la carretera y anuncian que estamos ya muy cerca del final.

Los cuatro kilómetros que separan la primera rampa infernal con el albergue se nos hicieron interminables. Hacer la subida, incluso a pie, se convirtió en un verdadero reto. Cada uno subía con su artilugio, nosotros con las bicicletas y Sergi con su mochila y su cámara de fotos.


En contra de lo que podía pensar tras subir un puerto a pie parcialmente, llegar arriba fue absolutamente un triunfo. De alguna manera, con la bici al lado, pero tras horas de caminata habíamos vencido la montaña. Habíamos llegado al refugio Edmund Probst Haus, a 1932 metros, junto a la siguiente estación del telecabina. Llegamos arriba con las fuerzas justas y con la luz ideal para una larga sesión de fotos con Sergi. El posterior sándwich en el albergue nos supo a gloria.

Hay que decir que desde ahí hasta la cima del Nebelhorn quedan todavía unos 300 metros de desnivel, puesto que se llega a los 2224 metros, pero excepto los últimos metros, ese tramo desde el albergue hasta arriba sí que es impracticable en bicicleta.

La bajada ya intuíamos que no iba a ser fácil. Prácticamente no me subí a la bici en esos 4 kilómetros. El riesgo de irse abajo es evidente y con la bici totalmente frenada hay muchos tramos en que la bici se desliza hacia abajo y se pierde el control. En una BTT con frenos de disco probablemente sea otra cosa, pero con frenos de zapata el riesgo es más que evidente.

Una vez conocido el terreno yo pienso que es una subida terrorífica, bestial, pero como dicen mis amigos Carles Nadal y Mauro Repetti, en una BTT con 32-34 detrás, con el asfalto en buen estado, con un estado de forma muy bueno y siendo un biker acostumbrado a mantener el equilibrio con la bicicleta parada (¡o casi!), es una subida que se puede llegar a hacer. Pero si no se cumple uno de esos requisitos, me temo que pondréis pie al suelo…

A la mañana siguiente, desde el albergue de juventud donde estábamos alojados, precisamente desde la ventana de nuestra habitación se veía el Nebelhorn y la estación de Höfatsblick y el Albergue Edmund Probst Haus. Ese ya inconfundible valle sin salida que encierra unos de los monstruos más temidos por los cicloturistas de toda Europa. Y que desde el día anterior iba a formar parte de mi curriculum y de mis recuerdos. Aún habiéndolo hecho a pie.

Pero por mucho que yo os cuente, la subida al Nebelhorn es una experiencia que hay que vivirla. Si la podéis subir en bicicleta, chapeau, pero si llegáis arriba a pie, o incluso en teleférico, esa terrible montaña la tendréis en el saco. Nunca una derrota tuvo un sabor más dulce.

lunes, marzo 22, 2010

Mi primera maraton: Barcelona 2010


Después de volver a correr hace 3 años, en los que me he dedicado a las pruebas de 10kílómetros y a las media maratones, tenía muchas ganas de probarme en la distancia reina, en los míticos 42 kilómetros. Pero si una cosa tenía clara es que a una maraton hay que ir bien preparado, no se puede ir a sufrir y terminarla andando. Le tenía mucho respeto y quería terminarla lo bastante entero como para no odiarla para siempre.

La preparación que había seguido no era probablemente la mejor, pero yo me sentía conforme. Tres salidas a la semana desde el mes de Enero, con tres medias maratones y dos salidas más largas de un par de horas. Mi principal miedo era si sabría correr a ritmo más lento del que estoy acostumbrado. Corriendo a 4,17 el kilómetro una media maraton, me planteaba correr a 5 el kilómetro en la maraton, pero de hecho nunca, ni cuando entreno tranquilo, voy a esa velocidad. De hecho siempre entreno a tope....
Por tanto mi idea inicial de estar sobre les 3 horas 30 minutos pensaba que estaba dentro de mis posibilidades. Lejos de las míticas 3 horas (una quimera para los populares), pero que personalmente consideraba un tiempo aceptable para tratarse de una primera maraton.

Pensaba que podría echar de menos el fondo de hacer alguna salida de 30 kilómetros, y también pensaba que aunque fuera a nivel psicológico, me convendría estar convencido de pasar una distancia tan larga. Pero ya me dijo David que con una base como la que llevaba, el día de la Maraton, el hecho de correr a ritmo más suave y la motivación haría el resto. Mi teoría de la "memoria" del cuerpo y los esfuerzos acumulados durante tanto tiempo encima de la bicicleta suponía que iban también a jugar en mi favor.

Pocos días antes de la Marató el periodista de TV3 Arcadi Alibés presentó su libro "Còrrer per ser feliç". En un momento de su libro, Arcadi comenta que la Maraton es una carrera de 12 kilómetros que comienza en el kilómetro 30. Me gustó esa visión y me hizo reflexionar. Ya sabía que tenía que llegar entero al kilómetro 30, no quería ver el muro, pero esta frase aún me convenció más.

El día D tuve la fortuna de contar con José Luis a mi lado. El fue el primero en recomendarme no ir tan lento como a 5 el kilómetro al principio. Salgo pues, muy muy tranquilo, con la sensación de estar corriendo muy suave, guardando fuerzas permanentemente. Al llegar a la Meridiana, sobre el km 18 voy todavía muy entero. Pequeñas distracciones sirven para aliviar el paso de los kilómetros y ayudan a avanzar. La presencia de Olga que nos da un gel recuperador y la presencia de mi madre hacen esa función. El peor momento lo pasé en la Avda. Diagonal, un tramo muy monótono que solo salva el ambiente de la gente que se sitúa cerca de la Plaça de Les Glòries. Justo al regreso en dirección al mar aparece el kilómetro 30 y se supone que la carrera empieza ahí. Ya hacía un rato que había puesto en funcionamiento el modo "sufrimiento agónico". En lugar de correr con la cabeza erguida disfrutando del ambiente ya estaba mirando al suelo y contando pasos, simplemente dejando que los minutos y los kilómetros trascurrieran. Es fácil que alguien crea que no es verdad, pero en esos momentos me llegué a descontar del kilometraje. Os podéis imaginar la alegría que supone encontrar el kilómetro 33 cuando la cabeza espera el 32.

El Paso por el Arco del Triunfo es espectacular. Es la versión runner del Alpe d'huez en el Tour. Un pasillo estrecho de gente animando hace que saques fuerzas de flaqueza. Tras el Arco del Triunfo y la piel de gallina ya nos dirigimos a la Plaça Catalunya. Entonce sí que pienso que está hecho. El cuerpo está resistiendo perfectamente y no aparece ninguno de los dolores que en algún momento de los últimos tres meses había sentido, y que temía volver a sentir durante la maraton. Glúteos, cadera, plantas de los pies, rodillas, aguantan sin dar la más mínima señal de aviso. Portal del Angel, Ramblas.. Cada vez hay más gente animando y te llevan en volandas hacia el final. Avda Paralelo marca ya el último kilómetro y aquí ya puedo apretar un poco. Veo que José Luis, que en ocasiones me ha ido esperando, es ahora el que sufre y le veo correr cojeando cada vez un poco más. Pero esto ya está hecho. Llegamos a la Plaça España y brazos en alto para celebrar la victoria al llegar en 3 horas 26 minutos. Una victoria para mí. Acabar mi primera maraton y en un tiempo inferior al previsto. La medalla de recuerdo que muestro orgulloso en la foto será un nuevo tesoro en mi estantería.

Ahora sé que tengo un matoniano dentro de mí. Y sé que ésta de Barcelona fue la primera, pero no será la última.

jueves, febrero 11, 2010

Puertos, monumentos y la pasión por el ciclismo


-->(Publicado en el n.34 de la revista Pedalier)
Hace ya 5 años conocí a Francis en una Terra de Remences y le hablé de las salidas que en nuestro club habíamos hecho por los Pirineos, los Alpes y los Dolomitas. Aquello le interesaba y a mí me gustaba escribir el “diario” de esas salidas. Las disfrutaba (y ahora también) mucho antes de que empezaran, buscando el recorrido y dibujando los perfiles. Las disfrutaba (y ahora las sufro) mientras iba sobre la bicicleta. Y las disfrutaba (las disfruto igualmente ahora) después de terminadas, recordando frente al ordenador las anécdotas y los momentos más interesantes. Es una forma de prolongar ese mágico momento en que llegas a la cima de un puerto y te sientes el rey de mundo. Una cosa llevó a la otra y al poco tiempo vi aparecer uno de mis artículos en la revista Pedalier.
Por aquél tiempo yo pretendía andar rápido. Siempre a cola del furgón de cabeza de mi club, pero con ellos. Pero la familia aumenta, los niños crecen, las cosas se complican y cada vez es más difícil entrenar lo suficiente como para estar en el nivel de la gente joven.

Sin embargo no me obsesioné. Poco a poco fui descubriendo que mi espacio era otro. Un espacio para pedalear en lugares no muy comunes. Para salir de la rutina y buscar carreteras nuevas. Y aquello seguía interesando a Francis y a Jon. De hecho no les interesaba que fuera especialmente rápido sino que les descubriera algún rincón escondido.

Y aquí estoy, a la que puedo reservo un vuelo barato y voy con la bici a alguna parte donde no he estado nunca. Y donde podré subir algún BIG. Uno se acostumbra a las cosas del low cost. Las prisas, el peso del equipaje de mano, el embalaje de la bici, la caja de cartón. Cuántos inconvenientes y cuánto estrés. Pero la recompensa es tan grande...

Me siento bien cuando voy rápido, pero me siento mejor cuando descubro sitios nuevos, cuando circulo por carreteras por las que no circulé antes. Y tiene que ser en montaña, si no nada tiene sentido. Y otro de mis objetivos son los monumentos ciclistas. Monumentos reales como el Géant del Tour que hay en la cima del Tourmalet o el ciclista de Xorret de Catí, o el de Eddy Merckx en Stockeu. O monumentos ficticios como los que nos presenta esta revista cada cierto tiempo, la fuente de Sta Marie de Campan, el bosque de Arenberg, o el mítico Koppenberg.

Cuando hago una de estas salidas a coronar montañas o a descubrir monumentos, intento quedarme con todo. Captar cada detalle. Me lo permite el hecho de no entrar en el modo “sufrimiento agónico” que tanto había utilizado antes cuando quería correr más de la cuenta. Ahora no compito contra nadie. Quizás contra mí mismo.

Esos detalles los intento transmitir cuando escribo. Aunque para dar testimonio de eso tengo el privilegio de tener a un fotógrafo de lujo como Sergi que me acompaña y que es testimonio de cada paisaje y cada rincón. El es capaz de ver cosas que ni yo ni vosotros podéis. Y el resultado son las fotos que veis en Pedalier. Las de Sergi, o las de Antxon o las de Pau. Sí, lo reconozco: yo a veces tampoco he leído los textos y me he quedado sólo con las imágenes.

Me doy por satisfecho con que alguno de vosotros, siguiendo alguno de los artículos que escribí, haya visitado los castillos cátaros en el sur de Francia, o la patria chica de Pantani, o el Viaducto de Millau o algún rincón de Alemania. Sólo con eso me daré por satisfecho. Eso significará que he sido capaz de transmitir aunque sólo sea un poco de la inmensa pasión que siento por el ciclismo.
Una pasión que, como lector, alimenta Pedalier cada vez que está en el kiosko.

sábado, diciembre 19, 2009

Malbun, el castillo del príncipe, el túnel y la estación de esquí.




(Publicado en el número 33 de la revista Pedalier, fotografías Sergi Ros)
Un país diminuto con 160 km2 de superficie y 35.000 habitantes. Eso es Liechtenstein, un país históricamente dependiente de Austria pero desde 1936 mucho más próximo políticamente a Suiza, hasta el punto que la moneda oficial del país es el franco suizo. Son los dos países con los que limita este pequeño principado.

En el viaje que hicimos al sur de Alemania tuvimos la oportunidad de acercarnos a Liechtenstein, atraídos porque habíamos leído referencias de la subida a Malbun desde la capital, Vaduz y también atraídos por completar de un plumazo todas las subidas importantes de Liechtenstein. Malbun (a 1.604 metros) es la estación de esquí de este pequeño país. Ofrece la posibilidad de subir un desnivel de 1.141 metros en 14 kilómetros, empezando en Schaan (450 m.) Significa un porcentaje medio del 8,1%, superior al de Alpe d’Huez, que sube el mismo desnivel en 16 kilometros.

Resulta curioso que al otro lado del valle exista otra subida a la que se otorga el mismo nombe, pero en este caso en Suiza, empezando en la localidad de Buchs. Vale la pena tenerlo en cuenta y no confundirnos. También conocida como Buchser Berg, se trata de una subida muy dura de 10,4 km al 9,2% y es perfectamente posible hacer una tras otra.

Ni siquiera a principios de Julio, el tiempo en Europa nos asegura un poquito de sol. El día que decidimos subir a conocer la subida a Malbun el tiempo no auguraba nada bueno, pero cuando uno está a 1.200 kilómetros de casa, no sabe nunca si va a regresar. O sea que había que arriesgarse a un buen remojón. Y la verdad es que, a pesar de todo, valió la pena.

La localización de la subida a Malbun no es difícil, siempre que sepas que la dirección a seguir es la del Castillo donde reside el Príncipe de Liechtenstein. O sea que las indicaciones en Vaduz hacia Malbun son nulas y, sin embargo, las indicaciones hacia el castillo (Schloss) son numerosas, es imposible extraviarse. Si esta carretera está cerrada, para subir a Malbun será necesario utilizar una de las dos carreteras alternativas, una en la salida de Vaduz dirección Coire, o la otra desde Triesen.

El Castillo es muy visible desde abajo y se alcanza apenas en tres kilómetros, tras un par de curvas con adoquines “a lo San Gottardo“ (qué ganas le tengo a éste!). El día era horrible. Poco después de pasar por el castillo empieza una zona de tupido bosque, que por lo menos impide que me moje mucho. Por un lado pensaba que que me iba a perder las vistas del castillo desde arriba, que al parecer son preciosas. Por otra parte, tenía la esperanza de que al subir bastante arriba, pudiera atravesar las nubes y que en lo más alto pudiera lucir el sol y así tener una buena vista del mar de nubes y quizás del valle.

Es día laborable y estoy sólo en la carretera. Durante un momento me asusto y pienso que esos carteles en alemán deben significar que está prohibido el paso. De pronto, a mitad de subida, me encuentro con un largo túnel practicamente en llano y al final del mismo veo otro ciclista y a Sergi esperandome para hacer las fotos. Eso me deja más tranquilo, cuando ya me imaginaba en el cuartelillo de la Polizei, perdiendo el vuelo de vuelta. El túnel es espectacular, perfectamente forrado e impermeabilizado. Al atravesarlo pensaba en el viejo túnel de Viella que he atravesado tantas veces en marcha de La Bonaigua y que ahora, por fin, con la apertura del nuevo túnel ya no tendremos que atravesar más. Húmedo y claustrofóbico túnel que nada tiene que ver con éste. Como suele ocurrir a la salida del túnel y el consiguiente cambio de vertiente, el tiempo mejora ostensiblemente (bueno, mejora o empeora, pero pocas veces sales como cuando entraste). Por fin me desprendo del chubasquero y me empiezo a sentir más cómodo. A menos de un kilómetro de la salida del tunel entramos en Steg (1300m), el último pueblo antes de la estación de Malbun.

Como sospechaba la visibilidad es casi nula, ni rastro del castillo desde arriba y unicamente cuando atravesamos una importante niebla empieza a verse algo del Valle del Rin, así como las construcciones típicas austríacas y suizas. Pienso que las vistas son preciosas, pero no me quiero imaginar esto un día soleado. Debe ser espectacular. La carretera es ancha y perfectamente señalizada, pero hay numerosos desvíos que dirigen a los caseríos en mitad de la montaña. Uno de ellos anuncia un espectacular 24% junto a casa singular. La carretera no deja de ofrecer alicientes, naturales y artificiales.

Finalmente, llegamos a la estación de esquí en un momento que aparece ante nosotros un grandioso anfiteatro alpino donde hay una estación de esquí con dos telesillas y cuatro telesquíes, que dan acceso a 21 kilómetros de pistas poco complicadas. En verano, la extensa red de caminos para excursiones de montaña alrededor de Malbun nos lleva a una naturaleza idílica casi virgen. Gracias a su topografía, es un auténtico paraíso para ciclistas de montaña con un sinnúmero de single trails y caminos técnicamente difíciles.

Una subida diferente, con personalidad propia y con muchos alicientes. Pero si tengo la más mínima posibilidad de volver, lo haré. Tengo la certeza de que las nubes me quitaron algo grandioso.

jueves, octubre 22, 2009

Reunión del BIG en Oberstdorf: subidas de ensueño y una pesadilla


(Publicado en el n.32 de la revista Pedalier)
El encuentro oficial del BIG se celebra anualmente y reúne a los miembros de este reto cicloescalador, consistente en subir en bicicleta las 1000 subidas que componen su Superlista. En la actualidad cuenta con casi 2500 miembros afiliados, de los que unos 150 son españoles.

De forma organizada es la octava edición en que se celebra. Pero este es un encuentro singular. La filosofía del BIG y de estos encuentros es muy diferente a lo que estamos acostumbrados en España. La idea es ofrecer la máxima libertad a los participantes. Los niveles son muy diversos y por tanto la organización es muy flexible, decide marcar unas horas aproximadas de salida y de llegada a la cima de cada puerto para hacer las fotos de rigor. Hay que decir que aquí cada uno va a su ritmo y se monta la película como quiere. Por ejemplo, el grupo húngaro, liderado por el incansable Gabor Györgyi, únicamente lo veíamos en el desayuno, y luego ellos hacían un tour parecido al nuestro pero no idéntico, y luego se presentaban a a la hora fijada en la cima del puerto para hacer las fotos.

Yo ya asistí el año pasado al encuentro anual en Flandes, un encuentro muy numeroso en el que además tuvimos un tiempo espléndido. Este año las fechas, a principio de julio, no me convenían en exceso, pero la proximidad de Oberstdorf al aeropuerto de Memmingern, donde llega Ryanair, me hizo decidirme. Este año también hubo una buena participación, de más de cincuenta personas en total, aunque cada etapa tenía altas y bajas en función de los planes individuales de cada cual. De España ibamos tres miembros: Xavi Cossials (que también acudió el año pasado), Xavi Joya (fichaje de de este año) y yo mismo. La mayoría de asistentes eran belgas (no en vano el presidente y fundador del BIG Daniel Gobert es belga), pero había muchos italianos, algunos holandeses, varios franceses, el ya citado grupo húngaro, un rumano... Una verdadera torre de babel con el inglés y el francés como lenguas más utilizadas, aunque el italiano también se escuchaba con frecuencia. Las tertulias por la noche, con una cerveza por medio se convertían en un batiburillo de idiomas. En un momento dado, me sorprendí hablando en francés... cómo es posible, si yo nunca aprendí francés!!

Cabe decir que el encuentro oficial no es el único momento del año en que se encuentran estos locos de las cumbres europeas. Los otros encuentros no oficiales se han bautizado como "cruces de caminos". Por ejemplo este próximo mes de Septiembre hay un cruce de caminos en Liguria para subir un montón de puertos en la costa ligur italiana.

¿Por qué el encuentro se realizó en Oberstdorf y no en otro sitio? A nadie se le escapa que Oberstdorf es el punto inicial de una subida que nos presentó en Pedalier hace muy poco Angel Morales: el Nebelhorn. El motivo final de la reunión es el monstruo. Sin embargo, la idea de hacerlo en esta región de Allgau también se debía a otras razones, como es el hecho de que es un punto muy céntrico a nivel europeo (considerando también el boom de miembros que se están apuntando al reto desde la Europa del Este). Al mismo tiempo, con la base en esta localidad se podían alcanzar numerosos objetivos en Alemania, Austria, Suiza e incluso Liechtenstein, como finalemente ocurrió.

La llegada el viernes al albergue de juventud de Oberstdorf fue un poco deprimente, puesto que sólo llegar cayó un chaparrón tremendo, poco después de sacar las bicis de las cajas y montarlas. La mayoría de asistentes llegó la noche anterior a Elmen, desde donde el viernes se hizo una primera etapa de 108 km en la que se subían Hochtannberg Pass (1675 m.) y Hanntennjoch (1894 m.). Nos cuentan que por la mañana también se mojaron y la verdad es que para los próximos días las previsiones meteorológicas eran muy malas, para qué nos vamos a engañar. Me meto en la cama pensando en que no me voy a quitar el chubasquero en un par de días.

Pero, para empezar, tenemos sorpresa el sábado y el tiempo no sólo parece que nos respetará sino que incluso disfrutaremos de un sol espléndido. La primera subida del día es Allgauer Berghof, una subida muy bonita por una estrecha pista asfaltada, con tramos realmente duros, sobre todo en su parte final. Alguno de los que subieron vio un 25% de desnivel en su ciclocomputador... Al tratarse de nuestra primera subida con el grupo, a pesar de que esto es todo lo contrario a una competición, los más competitivos se aprietan todo lo que pueden. Por una vez creo que voy a llegar el primero, pero finalmente el belga Rafael me pone en mi sitio. Estos belgas, como puede ser que les guste tanto escalar...

De regreso hacia el albergue, tomamos el desvió en la localidad de Fischen im Allgau para subir el Riedbergpass. El principio no es especialmente duro, pero en un momento dado vemos un cartel de tráfico de 4 kilómetros al 16%. Como suele ocurrir no es exactamente así, aunque no anda lejos del todo. Entre estas pendientes y las que hemos subido antes, me alegro profundamente de haber traído el triple plato. El compac aquí podría resultar insuficiente... Arriba nos hacemos una de las fotos de grupo más multitudinarias y poco después decidimos comer algo en una estación de esquí cercana.

Los españolitos, no satisfechos con lo hecho, por la tarde decidimos acercarnos a conocer el Nebelhorn. A pesar de que intentamos buscar aliados, nadie se apunta al reto. Todos esperan al martes, día oficial para subirlo con el resto de miembros del BIG. Lástima que no sabían que el tiempo no les iba a respetar, y hay que pensar que el factor climatológico es vital para plantearse la subida al monstruo. No intentaré resumir nuestra ascensión al Nebelhorn en un breve párrafo puesto que merece un artículo largo o quizás un libro. Solamente os diré que subirlo en bicicleta de carretera, ni con triple plato, es imposible. De cualquier forma, aún subiendo tres kilómetros a pie con la bici al lado, lo considero una de las mejores experiencias que he vivido sobre la bicicleta. Solamente por ver esta subida inhumana, y la recompensa de su paisaje en la cima, vale la pensa intentarlo.

Después de los 3 BIGs (con el remate de Nebelhorn), obviamente llegamos tarde a la cena del albergue, por lo que decidimos regalarnos una cena como Dios manda en una pizzeria de Oberstdorf. El único inconveniente fue que nos perdimos un concurso que había planteado la organización, cuyos premios eran productos típicos de cada uno de los países asistentes, que cada uno había traído desde casa. No hace falta decir cuál era la temática del concurso: puertos, puertos, puertos. Llegamos cuando el concurso ha finalizado y unicamente a tiempo de asistir al briefing presentando la etapa del día siguiente. Cuando explicamos nuestra experiencia se abre un encendido debate, inagotable, sobre la conveniencia o no de que Nebelhorn esté en la lista.

El segundo día para nosotros (tercero para una parte del grupo), domingo, es un disloque. En el menú tenemos las subidas a 3 puertos. En primer lugar la subida a Oberjoch, puerto fronterizo entre Alemania y Austria y posteriormente, ya en Austria, Berwang y Erwahlder Alm. Esta etapa se estructura de una forma un tanto curiosa: subimos con los coches hasta Oberjoch, bajamos hasta la base del puerto y lo volvemos a subir en bicicleta. A continuación volvemos a coger los coches y continuamos por Austria en dirección a Reutte, donde dejamos los coches y podremos atacar las otras dos ascensiones previstas en el día.

Allí, una celebración dominical hace que una parte de la caravana de coches quede colapsada en Reutte, por lo que una buena parte cogerá las bicis desde allí, mientras los que pasamos antes nos unimos a un grupo de holandeses ya mayores que van a intentar el doble BIG del día.
Los otros españoles se habían adelantado para poder hacer las subidas y llegar a tiempo de coger el vuelo de vuelta. El resumen sería que cada uno va por su lado. Yo me he juntado con el grupo de belgas valones procedentes de Namur que también incluye algún flamenco. En ese grupo está el amigo Rafael, que me garantiza un esfuerzo máximo.

Aquí aplicamos una de las máximas del BIG que es: "el más duro súbelo primero". Por tanto, primero atacaremos Erhwalder Alm. A pesar de que el día no es especialmente brillante, la vista desde el Valle es impresionante. Justo enfrente nuestro, mientras vamos hacia Ehrwald vemos el Zugspitze, el pico más alto de Alemania, con 2.963 metros, aunque nosotros subiremos sólo hasta los 1502 metros de Ehrwalder Alm por la vertiente austríaca. A la derecha vemos otra mole de roca impresionante. Esta es sin duda una de las subidas más bonitas que hemos hecho en este encuentro.
Se divisa desde la lejanía una estación meteorológica en la cima del Zugspitze, me pregunto cómo narices lo harán para llegar allá.

Tras un breve callejeo por Ehrwald, llegamos a una valla desde la que no se permite el paso a los vehículos a motor. La carretera se estrecha y se empina mucho. Empiezo a notar en las piernas la subida y bajada "a pie" del Nebelhorn del día anterior. A pesar del tercer plato, el desarrollo da lo justito para no echar pie a tierra. En resumen, al final salen 5,2 km a un desnivel medio de 9,6%, con picos superiores al 14%. Arriba se puede llegar también a través de funicular, y en el restaurante, repleto de gente disfrutando del paisaje, podemos saborear un típico pastel de manzana y una coca cola o una cerveza. Mientras estamos disfrutando del sol, van llegando otros grupos: los italianos, los franceses, algún holandés...

Toca regresar hacia Lermoos y Rottach donde afrontaremos la última subida del día: Berwang. Poca historia para esta subida. Carretera ancha, un desnivel no demasiado importante y un paisaje espectacular, eso sí, aunque no más que cualquiera de las carreteras que desde el valle sube hacia cualquiera de los pueblos.

Por la noche, después de la cena, aparece Claudiu Moga, un chico rumano que hace 20 días que ha salido de su país. Nos cuenta una increíble aventura de 20 días en bicicleta de los que once le ha llovido. Cecilia y Luigi se ofrecen a prepararle un plato de pasta en su autocaravana, puesto que el restaurante del albergue ya hace horas que ha cerrado. Compartimos con Claudiu sus experiencias en el trayecto: desde los problemas de seguridad en su salida desde Rumania, hasta sus fiestas la noche anterior que pasó en vela. En lo ciclista, le hablas del Nebelhorn y no le teme, ya ha subido el Kitzbuheler Horn con las alforjas. Uno podría estar charlando horas con él, pero por primera vez en veinte días tiene una cama donde dormir, o sea que sus ganas de descansar vencen las ganas de los demás por conocer su historia.

El lunes hay otro buen menú con 3 BIGs, aunque supone un desplazamiento en coche de casi dos horas hasta las proximidades de Munich. El día, además, amanece muy cubierto y con ligera lluvia. En mi caso, puesto que tengo el vuelo poco después del mediodía, de entre las diversas opciones que se me presentan, prefiero seguir las de François, que me recomendó acercarme a Suiza y Liechtenstein para subir Stoss y Malbun, respectivamente. De esta forma completaré el largo fin de semana con BIGs en cuatro países diferentes. No está nada mal. Pero lo mejor de todo es la experiencia vivida, volver a ver a gente como Daniel, Helmuth, François o Marc, de los que tengo tanto que aprender y tanto que agradecer. Es un lujo rodar con ellos, poder tomar unas cervezas juntos y hacer nuevos amigos con los que comparto pasión.

Como siempre que viajo, apuro el tiempo al máximo y llego con el tiempo justo al avión. Una vez empaquetada la bici a toda velocidad, facturada la caja y embarcado el equipaje de mano (cuidado con el peso de las bolsas de mano cuando viajeis con Ryanair), hago la cola para subir al avión. Una vez arriba revisamos las impresionantes fotos de estos días con Sergi. Al final, rendido, empiezo a dormitar y se me empiezan a acumular las imágenes, los recuerdos, la gente, los nombres, los puertos, los desniveles. Me voy despertando y me vuelvo a dormir. Todavía estoy como en un sueño. Excepto cuando aparece el Nebelhorn. Entonces el sueño se convierte en pesadilla.

jueves, septiembre 17, 2009

Manchester y Liverpool, futbol, más futbol, los Beatles y la guerra


Aquí os dejo unas fotos de mi paso por Manchester y Liverpool


En Anfield, estadio del Liverpool, este memorial recuerda a los 96 aficionados fallecidos en una semifinal de Copa frente al Nottingham, el 15 de abril de 1989. Otro acontecimiento trágico en la historia del Liverpool fue la final de Heysel (Bruselas). Allí el 29 de Mayo de 1985 en una final de Copa de Europa fallecieron 39 aficionados de la Juventus. A raíz de esos acontecimientos la UEFA sancíonó a los clubs ingleses, que no pudieron jugar competiciones europeas durante 5 años. Los aficionados del Liverpool quisieran borrar de su memoria esos hechos.

El lema del Liverpool: You'll never walk alone. Nunca caminaréis solos.


En la entrada al Museo de los Beatles.

Monumento a Billy Fury, un tipo de Liverpool que llegó a vender tantos discos como Elvis Presley o los mismos Beatles... La estatua se encuentra en Albert Dock, donde está el Museo de los Beatles, el Museo Maritimo y el Museo de la Esclavitud. Liverpool fue el puerto donde se produjo mayor tráfico de esclavos de la historia. Al fondo, se ve el río Mersey donde hay numerosos ferrys que lo recorren.

Esto ya es Manchester. Justo en frente de la entrada principal de Old Trafford hay este monumento a las 3 leyendas del Manchester United: George Best, Dennis Law y Bobby Charlton.
No me olvido de la famosa frase de Best: "En la vida he empleado mucho dinero en alcohol y chicas. El resto lo he malgastado"

La entrada a Old Trafford, presidida por Matt Busby, entrenador del United de 1942 a 1969. Una leyenda del club.
Homenaje a los fallecidos en el accidente de Munich, el día 6 de Febrero de 1958, en un accidente aéreo que tuvo lugar al regreso de un partido de Copa de Europa de Belgrado, contra el Estrella Roja. El club sobrevivió a esta catástrofe y pudo rehacer el equipo y ganar la Copa de Europa diez años después, en 1968.

Dentro del estadio, Old Trafford, El Teatro de los Sueños
Tanque real a la entrada del Imperial War Museum North. Buf, está bien, pero me quedo con el futbol...
De nuevo el Museo de la Guerra Imperial, desde el otro lado del río. Un aire a lo Guggenheim, no creéis?
No comment.

sábado, septiembre 05, 2009

El Tour en la puerta de casa

( Fotografia Sergi Ros)

(Publicado en el n.10 de la revista PdlPro)

El pasado mes de Octubre se confirmó la noticia que se estaba esperando los últimos años: Barcelona acogería el final de una etapa del Tour 2009.
Después de muchos años yendo a ver el Tour a los Pirineos por fin lo iba a tener al lado de casa. La sensación de que no llegan nunca, la tensión previa al paso de los corredores iba a sentirla sin tener que sufrir un desplazamiento en coche de más de tres horas. No era una mala notica. Todo lo contrario.

Después de muchos años, pues, el Tour volvía a Barcelona. El año 1957 fue la primera ocasión en que el Tour de Francia visitó Catalunya. Y llegó al mismo lugar que llegó este año: el estadio Olímpico de Montjuic. La victoria correspondió a Rene Privat, que llegó en una escapa de cuatro donde también estaba Bernardo Ruiz. El segundo sector de esa misma etapa, la 15ª, fue Barcelona-Barcelona (10 km contra reloj), con un ganador iluste: Jacques Anquetil, y la despedida del Tour fue la etapa Barcelona-Ax les Thermes.

Pero es 1965 el último año que el Tour vino la ciudad condal. El año que todo el mundo recuerda por la victoria de José Pérez Francés. Un cántabro afincado en Catalunya que en la etapa Ax Les Thermes-Barcelona, de 241 km tuvo la osadía de escaparse de inicio, subiendo Puymorens. Un día de un calor terrible que no sólo no amilanó a Pérez Francés sino que le sirvió de acicate. Cuanto más se acercaba a Barcelona mejor conocía el terreno y más seguridad en sí mismo demostraba. Toda Barcelona salió a la calle, también en la montaña de Montjuic, para saludar el triunfo de un ciclista español. Al mismo tiempo, consiguió el record de la fuga victoriosa más larga de la historia del Tour de Francia (210 km), record que unicamente le fue arrebatado el año 1991, cuando Thierry Marie consiguió la victoria en la 6ª etapa entre Arras y Le Havre tras 234 km de fuga.

Ese día de julio, el tiempo sí acompañó la llegada del Tour y toda Barcelona salió a la calle para recibir a este español de carácter irascible que afirma que no ganó el Tour de 1963 por culpa de Bahamontes, el otro gran homenajeado este año de la llegada del Tour a Barcelona.
José Pérez Francés, genio y figura. En una entrevista que le hicieron el El País, afirmaba que el día que el Tour llegara a Barcelona no lo esperaran en la llegada, que ese día saldría con la bicicleta, como siempre. La leyenda dice que a su edad, 72 años, no sólo anda como una moto sino que suele subir con regularidad las rampas más duras del Rat Penat.

Pero para que el Tour llegue a Barcelona, procedente de Girona debe pasar por muchas localidades que viven el Tour de forma diferente al final de etapa. Permitidme que os explique la experiencia del paso del Tour por una de ellas, donde yo resido: Cardedeu.

Hasta principios del mes de junio, no hay novedades. A falta de poco menos de un mes el Ayuntamiento contacta con los clubs ciclistas del pueblo para buscar voluntariado. Nuestro caso es un poco diferente al de otros pueblos, puesto que tendremos un Sprint Especial. Preocupa el hecho de que pueda haber algún accidente, y se vallan prácticamente los dos kilómetros de paso por el casco urbano. Tiene que haber un montón de voluntarios que refuercen el trabajo de la policía local y protección civil. La etapa se disputa en día laborable, por lo tanto habrá que confiar en la gente mayor y en aquellos afortunados que podemos coger un día de fiesta.

Para empezar a hacer ambiente, la semana anterior celebramos un coloquio con la asistencia del exprofesional Melcior Mauri, que nos explicó curiosidades e interioridades del Tour, después de la experiencia que le otorgan sus 8 participaciones. Otra medida que se recomienda a los ciudadanos es que adornen su balcón con banderas de Catalunya, que es como se celebran aquí los días festivos. También se elabora un díptico que se repartirá en todos los puntos de información explicando qué es el Tour, haciendo un poco de didáctica ciclista a la gente que probablemente con el paso del Tour solo asocie un corte de tráfico monumental y molestias en su quehacer diario. Ahí explicamos la magnitud del Tour, la gente y los vehículos que mueve, las anteriores ocasiones en que el Tour ha visitado Catalunya, incluso explicando qué hace el Tour fuera de Francia (ya sabéis, la globalización). Aunque mucha gente ya es consciente de ello. El Tour es un escaparate formidable, es una transmisión televisiva que llega a todo el planeta. Para muchos es el momento de darse a conocer y de manifestarse. Un buen ejemplo es el de las "Colles geganteres", las agrupaciones populares catalanas que mantienen y portan los gigantes y cabezudos. El día del paso del Tour han acordado sacar a pasear a sus gigantes para dar a conocer esta costumbre festiva catalana.

El día D despierta con amenaza de lluvia. Es un día de esos especiales, casi como el de la final de la Champions. Uno está con esos nervios. El Tour pasa por la puerta de casa. Han convocado a los voluntarios a las 12,00 o sea que con el día libre, decidimos hacer una salida en bici de unos 70 kilómetros que coincida con los kilómetros previos al paso por Cardedeu. Una zona que todos conocemos bien, con los puertos de Sant Vicenç de Montalt (El Pollastre, como se le conoce popularmente) y Collsacreu, ambos clasificados de tercera categoría. La salida nos permitirá ver cómo se empieza a vivir el ambiente sobre la carretera, las autocaravanas en las cunetas y las pintadas de ánimo especialmente a Eduardo Gonzalo (residente en Mataró) y a Joan Antoni Flecha, los dos únicos catalanes que participan en esta edición del Tour. No es como visitar el Tourmalet pero se vive un gran ambiente y en el último kilómetro de Collsacreu revivo tantos puertos subidos horas antes del paso del Tour. También destaca una enorme bandera catalana a la salida de Arenys de Munt. Una salida para disfrutar, jugando a atacarnos y a ver quién pasa primero por las pancartas del Gran Premio de la Montaña, que ya están montadas.

Una vez llegados a Cardedeu recogemos las camisetas de voluntarios (!verdes! ¿Por qué no amarillas?), se nos asigna la zona que debemos controlar y a las 13,00 empieza un plantón que nos mantendrá hasta poco después de las 16,00 cuando hayan pasado los ciclistas. No es la mejor manera de ver el Tour, ver pasar a los ciclistas a toda velocidad unos pocos segundos antes de un sprint especial, pero vale la pena colaborar en un acontecimiento de grandes dimensiones que no es fácil que regrese. Y digo yo que si los que queremos el ciclismo no nos mojamos en cosas como ésta, apaga y vámonos.

El paso de la caravana entretiene a grandes y mayores. Me soprende el civismo con el que se comporta la gente. No hay que enfrentarse con el típico que quiere atravesar la calle o el que se queja del corte de tráfico. La gente lo vive expectante e ilusionada. Yo había incluso previsto algunas frases disculpando las molestias del paso del Tour y los cortes de tráfico, o la fugacidad del paso de los corredores, pero finalmente no serán necesarias. Todas la molestias se dan por buenas a cambio del momento de ilusión de los niños y a cambio de situar Cardedeu en el mapa, de que por televisión se dé a conocer nuestra localidad. Cuando pasa la caravana publicitaria, es una mezcla de Bienvenido Mr Marshall, la cabalgata de Reyes y el paso del Dakar por los pueblos africanos (ya sabéis, tiran cuatro artículos y la gente se pelea por ellos...) pero supongo que todo ello forma parte del espectáculo.

Una vez pasa el pelotón todo vuelve a la normalidad de una forma rapidísima. Las vallas se recogen, se abre el tráfico y como si nada hubiera pasado. Antes de que recojan la pancarta de sprint Especial podemos hacer una foto de grupo todo el voluntariado con la pancarta al fondo. Será un buen recuerdo para rememorar el paso del Tour por la puerta de casa. Quién sabe si no llegará de nuevo hasta dentro de 44 años más, aunque las palabras del alcalde de Barcelona dan a entender que el éxito de este año, reconocido incluso por el director general del Tour, tendrá sus efectos a corto plazo.

Después de la foto, vamos con el tiempo justo para volver a casa y ver el final de la etapa en Barcelona. La participación ciudadana ha sido uno de los objetivos del Ayuntamiento de Barcelona para la llegada del Tour. La idea principal era la creación de una ola amarilla gigante al paso del Tour. Para ello, a la salida del metro (transporte público recomendado ese día, cómo no), se ofrecía unos grandes rectángulos amarillos para que los espectadores pudieran levantarlos y crear ese curioso efecto que finalmente se vió de forma modesta, posiblemente por la lluvia, que cayó con mucha fuerza en las horas previas y amenazó durante todo el día. A pesar de ello, el éxito de público fue total, con unas estimaciones de 250.000 espectadores en Barcelona y un total de un millón durante toda la etapa.

Al mismo tiempo, aprovechando la llegada del Tour, los autobuses de Barcelona y las bicicletas del Bicing también llevaron distintivos de color amarillo, representativo del Tour, durante los días previos. Además, los comerciantes de las calles por las que se desarrolló la carrera intentaron atraer al público con elementos referentes al Tour. Con motivo del Tour, el Ayuntamiento también colaboró en las 24 horas ciclistas de Montjuic, a imagen y semejanza de las 24 horas motociclistas que se celebraron durante los años 50 y 60. Una buena iniciativa popular, pero mal resuelta, con unos precios de inscripción para mí abusivos e injustificables. ¿Más cosas? Sí. En la verdadera fiesta de la bicicleta que se convirtió Barcelona, se superó el récord Guinness del mayor número de bicicletas estáticas al aire libre. 453 personas pedalearon bajo la luvia en el Arc de Triomf, superando las 412 que se habían registrado en Irlanda. La lástima es que la clase tuvo que celebrarse sin música, debido al aguacero que cayo unas horas antes.
Al final, todos los medios valoran muy positivamente el paso del Tour por Barcelona. La participación masiva de la gente e incluso su paciencia y colaboración en temas de tráfico. La guinda hubiera sido la victoria de un ciclista español, pero la suerte no estuvo de nuestro lado y nos quedamos con la miel en los labios con la segunda posición de Freire y la tercera de Rojas.

Cuando acaba la etapa decido volver atrás la grabación de la etapa (lo estaba grabando, cómo no) y ver cómo ha salido nuestro pueblo por la televisión, qué se ha visto de él en todo el mundo. Y descubro que cuando los escapados y el pelotón pasaban por Cardedeu en la 2 y en Teledeporte emitían anuncios. O sea, que hemos sido invisibles. Y ya se sabe, que si no sales en la tele es que no existes.

miércoles, agosto 26, 2009

Carcasona y Pic de Nore


Carcasona es un destino turístico de primera magnitud. Para los catalanes es una magnífica oportunidad de escapar a Francia y ver una grandiosa ciudad medieval que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Destino perfecto para ir con los niños.
Pero si nos gusta ir en bicicleta también es un destino en el que podremos disfrutar de alguna salida llena de alicientes. En primer lugar, para los amantes de las escaladas singulares, el Pic de Nore es una subida que no podemos evitar.
Desde La Cité, la ciudad medieval, es perfectamente visible el Pic de Nore con su gran antena (a lo Ventoux, je) en lo alto. Y un parque eólico en sus laderas que al verlo uno entiende lo de la contaminación visual.

Ciclismo Pic de Nore
En la cima de Pic de Nore
Con diversas posibilidades de acceso, entre otras la de Mazamet, la localidad natal de Laurent Jalabert, la vertiente más interesante del Pic de Nore es la de Villenueve Minervois, que consta de 21 kilómetros no excesivamente duros. Esta vertiente es la que atraviesa Cabrespine (el pueblo que nos servirá de referencia para ir ascenciendo desde Carcasona), sin embargo no hace falta que desviarse hacia la famosa cueva de Cabrespine, con un kilómetro muy muy duro (señal de tráfico del 16%) que no tenía por qué haber hecho…
Ciclismo Chateaux de Lastours
Chateaux de Lastours
Es totalmente recomendable completar el recorrido descendiendo en dirección Mazamet y desviarse posteriormente en dirección a Lastours, un conjunto de cuatro castillos cátaros, absolutamente recomendable de visitar, aunque para ello deberemos bajar de la bici y andar durante aproximadamente hora y media.
Por último destacar que la marcha cicloturista Laurent Jalabert que se celebra desde Mazamet (este año el día 23 de agosto) es una buena ocasión para subir al Pic de Nore.

viernes, julio 24, 2009

Circos de Troumouse y Gavarnie, Col de Boucharo

Uno de los paisajes más bonitos que he visto nunca sobre la bicicleta me lo ofreció el Pirineo este pasado puente de San Juan. Después de un par de etapas muy interesantes subiendo puertos desconocidos para mí como Lac d'Aumar, Pla d'Adet o Luz Luz Ardiden, el tercer día teníamos en el menú la subida a Gavarnie y el Circo de Troumouse. Y la verdad es que lo vivido superó con mucho las expectativas que teníamos.

Desde Luz Saint Sauveur, donde dormimos, salimos a toda pastilla en dirección a Gedre por un falso llano que realmente forma parte de la subida, pero que al estar al principio de la etapa invitaba a correr. Una buena carretera junto al río que va ganando altitud poco a poco. Después de pasar por Gedre está la bifurcación entre Gavarnie y el Circo de Troumouse. La idea es llegar hasta Gavarnie y luego continuar hasta el puerto de Boucharo (o Bujaruelo en español) hasta completar los 31 kilómetros de subida desde Luz.

El paso por Gavarnie nos deja unas imágenes impresionantes del mismo circo de Gavarnie que podéis ver en la foto. Un impresionante salto de agua de 400 metros es visible desde el pueblo. Nos dicen que es el mayor salto de agua de toda Europa. En el video de youtube podéis ver esta maravilla:



Una vez pasado Gavarnie hay que seguir las indicaciones hacia col de Boucharo, por una carretera preciosa con una buena panorámica del circo, pero que poco a poco se desplaza hacia la derecha para ir a buscar el paso hacia España que es Boucharo. Pasamos por las pistas de esqui de Gedre y tras unos kilómetros bastante duros nos deja en el parking a partir del que ya no pueden circular los coches. Faltan un par de kilometros para que el asfalto desaparezca y corone el puerto, pero unas rocas enormes impiden el paso de los coches. Los desprendimientos han dejado muchas rocas en la carretera, que no sólo impiden el paso de los coches sino incluso de las bicis. Hemos de desmontar de la bici para poder completar la ascensión y buscar un cartel que dé fé de nuestra llegada al Puerto de Bujaruelo (2.273 metros).


Podéis ver la altimetría de este puerto aquí: http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=13

Rapidísimo descenso hacia Gedre y vamos a buscar el segundo circo del día, el Circo de Troumouse. Una ascensión también sin salida que nos ofrecerá un paisaje alucinante, precioso, como véis en la foto de abajo. La carretera es muy solitaria al ser de peaje, por lo que aún podremos disfrutar un poco más de la vista e incluso del oído, del silencio más exactamente (en el Lac d'Aumar ya habíamos encontrado otra carretera de peaje).


Aquí podéis ver el perfil de la ascensión y una detallada descripción de la misma
http://www.altimetrias.net/aspbk/verPuertoF.asp?id=11
Al final, tras regresar a Luz salen aproximadamente 100 kilómetros muy muy completitos, duros de verdad pero sobre todo, tremendamente bellos. No os lo recomiendo, os digo que es una obligacíón hacerlo para todos aquellos que nos gusta la montaña en bicicleta.

sábado, junio 27, 2009

Eugene Cristophe y la forja de Santa Marie de Campan


Los tiempos históricos del Tour. Si 1906 fue la primera ocasión en que el Tour ascendió al Tourmalet, la edición de 1913 pasará a la historia como aquella en que el entonces líder Eugene Cristophe, en la etapa de Bayona a Luchon (326 km!), estaba escapado en la subida al Tourmalet, con más de 5 minutos de ventaja sobre sus perseguidores. Ya bajando, después de una caída tuvo que recorrer 14 kilómetros a pie (algunos tramos por la propia carretera, y en ocasiones cortando campo a través)hasta Santa Marie de Campan hasta encontrar una herrería donde reparar su horquilla rota y así poder continuar. Cosas del Tour, que en esos tiempos no permitía la asistencia mecánica ni la sustitución de componentes. Toda la operación de forjado de la horquilla la hizo bajo la supervisión de Henry Desgrange, el patrón del Tour, que llegó a sancionarlo con 10 minutos por pedir a un chico que le auxiliara para avivar el fuego de la forja. Cristophe, todo coraje, no se dió por vencido y llegó al final de la etapa.

En el año 2003, en la edición del centenario del Tour, se puso una placa para recordar los hechos que ocurrieron en 1913. Como dice la placa: "Con ocasión del centenario del Tour de Francia, se homenajea a Eugene Cristophe que durante el Tour de 1913 reparó la horquilla de su bicicleta en esta forja de Sainte Marie de Campan. Eugene Cristophe, lider de la prueba, perdió aquí toda posibilidad de victoria, pero dió una formidable lección de coraje y de tenacidad. El Tour de Francia recuerda con respeto este comportamiento ejemplar. 21 de julio de 2003".


A mí se me pone la carne de gallina al leerla. Esos son los valores del ciclismo que el Tour de Francia encarna año tras año, luchando contra corriente, enfrentándose a todo el mundo en su cruzada contra el dopaje y contra cualquier tipo de atajo que no sea el esfuerzo y el sacrificio.

Cada vez que he ido al Tourmalet he buscado esa placa. Y por fin este año la encontré. Bajando del Aspin (o de la Hourquette d'Ancizan, puerto precioso que, como el Aspin, une el valle de Arreau con el valle de Campan), pasada la plaza donde empieza el Tourmalet (ver foto). Continuando la carretera hacia Bagneres de Bigorre, un centenar de metros a mano derecha, a pie de carretera, ahí está. Placa mítica en un pueblo mítico.



miércoles, junio 10, 2009

Mont Aigoual, Perjuret y la leyenda de Riviére

(Publicado en el n.30 de la revista Pedalier)
Mont Aigoual cycling
Fantastica vista del Mont Aigoual (Fotografia Sergi Ros)
Otras veces ya nos habíamos acercado a la zona francesa de Les Cevennes i de Les Causses. Habíamos ya descubierto atracciones naturales como el Circo de Navacelles y artificiales como el Viaducto de Millau. En pleno parque natural de Les Cevennes, en el centro, nos quedaba por descubrir el Mont Aigoual, a una altitud de 1.565 metros, considerable para tratarse de una zona de media montaña. Una montaña que domina toda la región y a la que se puede acceder por múltiples vertientes: Meyrueis, Rousses, Le Vigan o Vallerauge.

En el recorrido que nos propuso Angel Morales aparecían también otros alicientes, como la bajada por el col de Perjuret y el monumento a Roger Riviere, o la subida al Col de Faisses, perteneciente al reto BIG (lo mismo que el Mont Aigoual), que da acceso a la cornisa de Las Cevennes, una carretera con una vista aérea sensacional. En total 115 kilómetros y tres puertos de montaña: Mont Aigoual, Col des Faisses y Col du Pas, ya de regreso a Vallerauge, punto de partida y final de nuestra salida.

Hay que decir que es una zona ya al límite de lo que se puede hacer en un día. Más de cuatro horas de coche desde Barcelona es francamente pesado, quizás más duro que la propia salida en bicicleta. Un fin de semana largo sería la solución ideal para cribar toda esta zona rural y de media montaña.

El principio de la etapa nos ofreció una subida larguísima, de más de 28 kilómetros no demasiado duros pero que van castigando, hasta llegar a la estación meteorológica que hay en la cima de Mont Aigoual, visible en casi todo momento mientras ascendemos. Las placas de nieve que se ven auguran el frío, y la forma de las nubes augura que además, el viento arriba puede ser fuerte.

Después de unos últimos kilómetros de ascensión muy llevaderos llegamos a la cima donde, como sospechábamos, la ventolera es tremenda, parece que se va a llevar las bicis apoyadas sobre el quitamiedos. La vista desde arriba es espectacular, además de un paisaje grandioso en todas direcciones se pueden ver muchos kilómetros de la ascensión que acabamos de realizar, en la ladera de enfrente.

El viento sopla cada vez más fuerte y la temperatura baja. No me sorprende leer en Meteofrance que la temperatura mínima de un mes de Mayo en Francia se haya registrado en este observatorio del Mont Aigoual (-8º el año 1909). Aunque resulta curioso que en este remoto monte del centro de Francia bajen más las temperaturas que en Alpes o Pirineos. Algunas paredes de nieve a principios del mes de Mayo y la existencia de la estación de esquí de Prat de Peyrot, dan fe de que la nieve es habitual ahí en invierno.

Nos espera un larguísimo descenso que empalma la bajada del Mont Aigoual con el Col de Perjuret, con largas rectas y amplias curvas donde es fácil coger mucha velocidad. Hay que ir con mucho cuidado sobre todo por el aire, aunque a medida que vamos perdiendo altura la temperatura sube y el aire cede. Pero fue ahí, ya casi finalizando el descenso, donde cayó Roger Riviére el día 10 de Julio en la etapa Millau-Avignon, del Tour de Francia de 1960.

Ese año, en su cuarta participación en el Tour, partía como uno de los principales favoritos. Ganó la contra reloj inicial y mantenía un duelo con Gastone Nencini e incluso con su propio compañero de equipo Henry Anglade. Ese día, Nencini tenía el liderato y Riviére le seguía allí donde Nencini iba. Si conseguía mantener su rueda, con toda probabilidad le derrotaría en la contra reloj final del Tour y podría proclamarse vencedor. Pero en las curvas rapidísimas del Perjuret, Nencini, un gran bajador, puso al límite las posibilidades de Riviére, hasta que cayó por un barranco. Su compañero de equipo Rostollan vió la bicicleta de Riviére, se bajó de la suya y corrió carretera arriba para avisar al director deportivo de lo que había ocurrido. Durante cinco minutos nadie pudo encontrar a Riviére, parecía que se había evaporado. Finalmente, lo localizaron 20 metros más abajo totalmente inmóvil, con los ojos abiertos y la columna partida, lo que le impedía el más mínimo movimiento ni una llamada de auxilio. Un helicóptero pudo rescatarlo y lo llevó al Hospital de Montpellier, donde se confirmó la gravedad de su caída.

Roger Riviére fue por tanto un corredor con una carrera profesional muy breve. Debutó en 1957, con 21 años y destacó sobre todo en la pista, consiguiendo el récord de la hora, que batió por dos veces (el 18 de septiembre de 1957, 46,923 km y el 23 de Septiembre de 1959 con 47,347 km). Este último récord lo mantuvo hasta que el belga Ferdinand Bracke lo batió el 30 de Octubre de 1967. También fue 3 veces campeón del mundo de persecución (1957-58-59).

Después de la caída Riviére nunca recuperó la movilidad en las piernas y vivió desde entonces en una silla de ruedas. Abrió un restaurante en Saint Etienne llamado Le Vigorelli (estadio de Milan en cuya pista batió los dos récords de la hora), que fracasó. Otros dos negocios que intentó siguieron por el mismo camino. Falleció de cáncer de garganta en 1976, a los 40 años.

Ciclismo Mont Aigoual
El monumento a Roger Riviere en Perjuret (Fotografia Sergi Ros)
Tras hacer unas fotos en el monumento dedicado al ciclista francés, continuamos el descenso y vamos camino de Florac para llegar a Col du Rey y col des Faisses, que dan acceso a la Corniche des Cevennes, que seguiremos durante unos kilómetros, antes de desviarnos en Le Pompidou para dirigirnos de nuevo al punto de partida: Vallerauge. La carretera es muy estrecha, de esas que no salen en los mapas y únicamente Angel conoce. Afortunadamente, no es de las que nos tiene acostumbrados, con rampas frecuentes por encima de los dos dígitos.

Tras disfrutar de esa solitaria carretera, llegamos finalmente a Vallerauge, donde cerramos una etapa francesa con un recorrido y una historia dignas del Tour de Francia.

Triste, pero digna del Tour.