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sábado, marzo 25, 2017

Strade Bianche, la historia empezó ayer.

Strade Bianche by Montefusco Cycling
Espectaculares imágenes de la Strade Bianche
(Artículo publicado en el número 15 de la revista Ziklo)

Parece increíble que una clásica pueda nacer de la noche a la mañana. La misma definición de clásica contradice la novedad, la modernidad. Este año 2017 la Strade Bianche, con solo 11 ediciones, ya ha sido incluida en la categoría UCI World Tour, al lado de los monumentos ciclistas más importantes como Tour de Flandes o Roubaix, con más de 100 ediciones disputadas.

En un párrafo se resume la historia. El año 1997 nació la Eroica Strade Bianche, como clásica ciclista con bicis de época por caminos sin asfaltar. El año 2007 se disputó la primera edición para profesionales, organizada por RCS, también organizadora del Giro d'Italia, con la victoria del ruso Kolobnev. Y para completar la competición y el fin de semana ciclista, por primera vez este 2017 también se ha disputado la Strade Bianche para féminas.

La historia de la Strade Bianche se ha ido escribiendo capitulo a capítulo, y a esta rápida irrupción en la primera linea del ciclismo internacional han contribuido sus prestigiosos ganadores: Fabian Cancellara en tres ocasiones, Kwiatkowski que este año ganó por segunda vez, Stybar, Gilbert, etc. Pero también quiero recordar aquí la etapa de Montalcino en el Giro d'Italia de 2010 que también ayudó a popularizar los caminos sin asfaltar de la Toscana y que es una de las más memorables páginas del ciclismo de los últimos años, con la victoria de un Cadel Evans rebozado en barro al llegar a meta.

Los italianos aman las clásicas del Norte, su revista Bicisport dedica cientos de páginas (literalmente) a analizar cada temporada las clásicas belgas y francesas. La Strade Bianche no es más que una réplica de esas carreras. Como decía el slogan de la Strade Bianche de 2015, se trata de “la clásica del norte más al sur de Europa” La Classica del Nord più a sud d'Europa.

Como decía, no se puede hablar de ciclismo en la Toscana sin hablar de la Eroica (concretamente la Eroica tiene lugar en Gaiole in Chianti). De hecho la Eroica ha seguido su camino aparte de la Strade Bianche y hablando con algunos ciclistas toscanos nos decían que la prueba verdaderamente dura es la versión larga de la Eroica, con 200 kilómetros de recorrido de los cuales 175 son sin asfaltar! Y además con bicicletas de época, con su peso y sus componentes que no tienen nada que ver con lo que tenemos hoy día. Este año 2017 la Eroica celebrara su 21ª edición y se disputará el día 1 de Octubre. También cabe señalar que su marca Eroica se ha exportado a otros países, que también celebran su Eroica particular.

En nuestro viaje a la Toscana, nuestros planes pasaban no sólo por presenciar la Strade Bianche profesional y disputar la cicloturista, sino también por buscar algunas subidas cercanas. Esas subidas incluidas en el reto BIG y que nos apasionan a los chalados de las cuestas duras. En nuestra lista estaban Passo della Futa, Abetone (final de etapa en el Giro los años 1954, 1959, 2000 y 2015), San Pellegrino in Alpe, incluso alguna otra (Il Ciocco) que se subía en los Giros de los años 70 y que tuvo como vencedor a José Manuel Fuente.

Strade Bianche by Montefusco Cycling
Junto al Memorial Gastone Nencini
Una de las primeras subidas que nos planteamos fue el Passo de la Futa, una subida muy especial, con mucha historia en su cima, puesto que existe por un lado una placa dedicada al histórico ciclista italiano Gastone Nencini (natural de la vecina localidad de Barberino di Mugello), y por otra parte muy cerca de ahí hay un impresionante cementerio de soldados alemanes (más de 30,000 lápidas) que murieron en la segunda guerra mundial. Coronar a 903 metros no resulta demasiado destacable, pero a principios de marzo en el norte de Italia pues resultó ser bastante frío. Para el segundo día teniamos previsto subir al Abetone, una estación de esquí muy popular para los esquiadores italianos, cuya carretera llega a los 1400 metros. La gélida experiencia del día anterior, y las recomendaciones de algunos italianos con los que charlamos, nos hizo cambiar los planes y sustituir la subida al Abetone por una ruta mucho menos arriesgada y por supuesto mucho menos fría. Nos decidimos por una verdadera ruta por las carreteritas estrechas la Toscana. Para que os hagáis una idea, en 84 kilómetros sumamos 1600 metros de desnivel, ya podéis imaginar que el recorrido no era precisamente llano. Como colofón a la ruta visitamos las bodegas del Castillo de Verrazzano, un verdadero privilegio y una verdadera sorpresa descubrir que ese castillo fue propiedad del navegante que descubrió la bahía de Nueva York (y que da nombre al famoso puente de Verrazano donde se inicia la Maraton de Nueva York).
Strade Bianche by Montefusco Cycling
Toscana: Ciclismo, castillos, viñedos y vinos
Lógicamente en un viaje a la Toscana vale la pena dedicar un par de días a visitar Florencia. La Catedral de Florencia y el David de Miguel Angel son sólo algunos de los muchos alicientes que nos ofrece esta maravillosa ciudad. Las opciones turísticas son tantas (Pisa, Asís, San Gimignano...) que uno puede perder de vista fácilmente el objetivo deportivo por el que vino...
A nivel puramente ciclista, cabe destacar que muy cerca de Florencia (localidad Ponte a Ema) también podéis visitar un museo dedicado a Gino Bartarli, el fraile volador.

El sábado era el día de la carrera profesional, y también el día de recoger los dorsales de la marcha del domingo. El día se levanta lluvioso y el gentío se acumula por la mañana en la Fortezza Medicea, donde se hace la presentación de los equipos profesionales y la recogida de dorsales, con lo que decidimos dedicar el día completo a esos menesteres y a visitar Siena y su maravillosa Piazza del Campo, donde está situada la linea de meta de todas las pruebas (profesional, femenina y cicloturista). El casco antiguo de Siena está catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Maravilloso. El ambiente ciclista en toda Siena es impresionante. Mientras uno está en la Piazza del Campo esperando la llegada de la carrera se puede encontrar a un tal Paolo Bettini o a un tal Fabian Cancellara paseando entre la multitud como dos aficionados más.

El recorrido de la Strade Bianche profesional se caracteriza por los tramos de “carreteras blancas” (Strade bianche) o caminos sin asfaltar. El recorrido tiene 175 km de los cuales 62 km son sin asfalto. En la versión cicloturista, la granfondo tiene 130 km de los cuales 27 son sterrato. Por cierto que unos días antes de la carrera se hizo el bautismo de uno de los tramos de sterrato que pasará a denominarse tramo Cancellara en honor al tres veces ganador de esta prueba. Se trata de un larguísimo tramo de 11 km cerca de la localidad de Asciano. Los italianos saben muy bien cuidar estos detalles y generar esos lugares míticos que luego son destinos de peregrinaje para los aficionados al ciclismo.

También hay que decir que si bien la característica principal del recorrido son los tramos sin asfaltar, otra peculiaridad muy importante de la Strade Bianche son las durísimas, aunque cortas, rampas que van sucediéndose a lo largo del recorrido. Durante varias ocasiones vimos en el gps porcentajes del 16% y el 17%. Es de sobra conocida tambien la dura rampa final de entrada en la ciudad medieval de Siena, que no es asfaltada sino con las típicas losas grandes que pueden ser traicioneras un día de lluvia.

Sólo un breve apunte sobre la victoria del polaco Kwiatkowski, que se deshizo de unos compañeros de escapada tan fuertes e incómodos como el campeón olímpico Greg Van Avermaet, el 3 veces campeón mundial de ciclocross Stybar y el belga Tim Wellens. Eso es lo que se llama una escapada real.

Strade Bianche by Montefusco Cycling
Cielos grises, lluvia, barro, una verdadera clásica
Y llegados al domingo, el día de la cicloturista, tal como preveían las predicciones meteorológicas, el clima que tuvimos fue realmente malo. Supongo que para los belgas, ingleses e italianos del norte (muchos participantes de esas procedencias) la lluvia es un ingrediente habitual en sus salidas, pero para nosotros los mediterráneos la lluvia es siempre una incomodidad, especialmente salir con lluvia, si te pilla a media salida pues qué le vamos a hacer... Existen la Granfondo, con 130 kilómetros y la mediofondo, de 77 km, que se separan a a los 30 km, con lo que este año hubo muchos corredores que se decidieron por la versión corta.

Lógicamente, el hecho de circular por tramos sin asfaltar en un dia lluvioso convierte el terreno en un barrizal. Tremendo sufrimiento para nuestras bicis de carretera, hasta el punto que en mi caso particular no pude poner el plato grande en toda la prueba, con el desviador totalmente bloqueado lleno de barro.

Strade Bianche by Montefusco Cycling
Llegamos a la meta Siena en la Piazza del Campo, con un gran ambiente ciclista y muchos turistas despistados que desconocen de qué va todo esto de las bicis. Al fin, una buena ducha con agua bien caliente, lavado rápido de las bicis puesto que hay que empaquetarlas de nuevo en cajas para volar a Barcelona. Pero la aventura no ha terminado ya que la lluvia y el viento provocan problemas en el aeropuerto de Florencia, y el avión tiene que salir finalmente desde Bolonia tras un traslado en autocar que no apetece mucho. En el mismo avión y en las mismas condiciones que nosotros hay un montón de corredores profesionales del Movistar, Orica-Greenedge, Katusha y también alguno del Bora. Menuda manera de descansar para los profesionales, tras la Strade Bianche y el GP de Larciano que se disputó el mismo domingo.

Finalmente llegamos a casa de madrugada tras una grandísima experiencia. Una verdadera clásica del Norte, aunque en Italia, con un clima frío y húmedo. Tramos sin asfaltar, lluvia, barro. Una clásica que ha llegado para quedarse, y con todos los ingredientes, también turísticos, para convertirse en una de las primeras citas de la temporada para los ciclistas viajeros. Y además esto es Italia. Pocas excusas hacen falta para visitar este maravilloso país, y aquí tenemos una buena!

jueves, febrero 12, 2015

La carretera más bonita de Catalunya

Costa Brava road Cycling
Una imagen vale más que mil palabras (Foto Antxon Epelde)

(Publicado en el n.4 de la revista Ziklo)
No conocía a Jon. Colaboro en su revista desde hace muchos años y hemos labrado una buena amistad a golpe de correo electrónico y buena voluntad. Decidimos por fin encontrarnos en mi terreno y una escapada a Catalunya resultó ser una excelente excusa para trabajar, para rodar y para hacer algunas fotos, con lo que también vino Antxon. Jugando en casa no me costó demasiado encontrar el mejor lugar para quedar y mostrarle lo privilegiados que somos los catalanes. Tenemos mar, montaña, buen clima todo el año, un paraíso cicloturista.

Una carretera espectacular
El lugar de encuentro fue el Balneario Vichy Catalan, en Caldes de Malavella. Un entorno fantástico, un edificio histórico, una localidad termal con una ubicación privilegiada: cerca de la Costa Brava, cerca de Girona, cerca del Montseny, con el aeropuerto muy próximo... Todo esto está muy bien, pero es que además salir en bicicleta desde ahí ofrece una serie de opciones maravillosas. Les Gavarres, Montseny y, sobre todo, la carretera de Tossa de Mar a Sant Feliu de Guixols.

No sé si es cierto que es la carretera más de Catalunya. En cualquier caso es algo subjetivo pero para mí, si no lo es, debería estar cerca. La Costa Brava es un lugar mágico. Y en esa carretera podemos disfrutar de kilómetros de costa escarpada con vistas impresionantes sobre el normalmente tranquilo Mar Mediterrráneo. Dos factores juegan a su favor: se puede rodar en ella todo el año (algo de lo que no pueden presumir las carreteras de montaña del pirineo catalán) y el tráfico en ella es, contra lo que pueda parecer, muy escaso. ¿Más? El asfalto está perfecto y los quitamiedos junto a la carretera son de madera, a juego con el entorno. Es una carretera muy especial. Incluso los días de mucho viento se disfruta más de la atmósfera clara y las vistas sobre el mar. ¿Se nota que me gusta?

Costa Brava road cycling by Montefusco CyclingLa masificación del turismo afortunadamente no ha llegado ahí, las construcciones de hoteles y apartamentos y la turoperación turística a lo bestia se concentra en Lloret de Mar. Tossa de Mar ya es diferente, más tranquilo, familiar, me encanta su castillo y sus playas. Y de repente, cuando empieza la carretera que une Tossa de Mar con Sant Feliu de Guixols parece que toda la masificación se convierte en tranquilidad, en aire puro, en pinar mediterráneo junto al acantilado. 25 kilómetros de curvas y contracurvas con el mar al lado, pequeñas calas que se esconden y miradores que aparecen. Esta parte de la Costa Brava está protegida. Existen algunas construcciones, pero nada que ver con lo que hemos dejado atrás. Es el paraíso cicloturista.

No la tengo tan cerca, debo ir en coche cada vez que quiero rodar ahí y sentirme un privilegiado.
Además, manías mías, siempre la hago así, en este sentido norte. Será porque circular junto al acantilado te permite mejores vistas todavía. Entre gustos no hay nada escrito.

Costa Brava road cycling
Al fondo, el castillo de Tossa de Mar
Mientras yo les explicaba el recorrido a Jon y a Antxon, y les hablaba de la mejor carretera de Catalunya, notaba su escepticismo frente a mi pasión. Especialmente Antxon, que ha fotografiado miles de paisajes espectaculares. Una vez llegamos al destino no hace falta que Antxon reconozca que yo tenía razón. Basta ver cómo a cada momento nos pide detenernos y regresar sobre nuestros pasos para una serie de fotos. Continuamente. No hace falta que me lo diga. Hoy le toca trabajar duro: subir a la furgoneta, escalar la montaña unos metros, buscar el mejor ángulo para conseguir la mejor perspectiva. El resultado lo tenéis en vuestras manos.

De repente, en Sant Feliu de Guixols regresa la masificación, que continúa por Platja d'Aro y sigue dirección norte. Se acabó el paraíso, vuelta a la cruda realidad. Para ser honestos, hay que decir que únicamente en verano es realmente incómodo moverse por estas poblaciones eminentemente turísticas. Otoño, invierno y primavera aún es posible circular sin excesivos agobios. Eso sí, la carretera junto a los acantilados se ha terminado.

Los complementos y las variantes de esta carretera son múltiples, con lo que se pueden componer numerosos recorridos. En el recorrido que monté para Jon y Antxon complementé la carretera de Tossa a San Feliu con un par de subidas en la montañosa zona vecina de Les Gavarres. Un verdadero oasis de buenas carreteras y poco tráfico incluso en pleno verano. Las subidas a La Ganga y Santa Pellaia son carreteras estrechas, reviradas, serpenteantes, rodeadas de bosque, ideales, en fin para rodar en bicicleta.

Costa Brava road cycling by Montefusco Cycling
Los ciclistas, entre la inmensidad de mar y el bosque
¿Sois más de retos? Ningún problema, también podríamos combinar la carretera más bonita de Catalunya con un alto de primera categoría (catalogado así generosamente en alguna Setmana Catalana o Volta a Catalunya) como el Alto de Sant Grau, que une nuestra famosa carretera con la localidad de Llagostera. ¿Retos todavía más duros? Aquí los tenemos también. ¿Sabéis que el kilómetro más duro de toda Catalunya se encuentra justo aquí mismo? El Alt de Mas Nou, una carreterita que desde Platja d'Aro lleva al Golf d'Aro, y que fue final de etapa en numerosas Voltas a Catalunya en los años 70 y 80, sólo fijaros en los nombres de sus ganadores para saber si hace falta ser buen escalador para ganar aquí: 1974 Bernard Thevenet, 1975 (Giovanni Battaglin), 1976 (José Enrique Cima), 1977(Johan de Muynck), 1978 (Francesco Moser), 1979 (Jourdan), 1980 (Johan Van de Velde) y 1997 (Fernando Escartín).

Costa Brava road cycling by Montefusco CyclingSon 1,4 km a una media del 14,2%, y el kilómetro en cuestión tiene un desnivel medio del 15,2% con un desnivel máximo del 24% (Datos de APM). Ahí queda eso para el que quiera ponerse a prueba.

En nuestro caso, ya al final de temporada, me llevé a Jon por La Ganga y Santa Pellaia, subidas preciosas más tranquilas rodeadas de bosque sin esos desniveles. Después de 110 kilómetros regresábamos al Balneario Vichy Catalan en Caldes de Malavella para disfrutar al rato de sus circuitos termales y sus masajes, un gran complemento para la actividad ciclista, y poco después una espléndida cena en el restaurante del hotel. Allí nos pudimos reunir, por fin, una importante representación de Ziklo en Catalunya con Jordi Escrihuela y Sergi Ros. Una cena repleta de anécdotas, planes de futuro, también recuerdos, puertos subidos y por subir. Una cena larguísima que se hizo muy corta.

Un día soleado, una magnífica compañía, un hotel espléndido, un recorrido sin apenas tráfico y la mejor carretera de Catalunya. ¿Qué más se puede pedir?

martes, agosto 24, 2010

Inglaterra: Piedras, nubes y ovejas

Publicado en el n. 37 de la revista Pedalier


Inglaterra Wrynose
Cargado originalmente por isus
Visitar un país como Inglaterra en lo ciclista es una experiencia nueva y diferente. ¿Cómo identificar una carretera inglesa? Fácil. Primero, los vehículos circulan por la izquierda, las distancias están en millas y la altitud en pies. Curioso, ¿no? Segundo, las cuestas son una constante en cualquier recorrido, el paisaje es montañoso, todo pasto, y aunque la altitud nunca supera los 900 metros, las pendientes son muy serias, no es difícil encontrarse con cuestas del 20%. Tercero, otro hecho distintivo son los muros de piedra que suele haber a los lados de muchas carreteras. Las piedras sobre las que circulamos en Flandes o en el Norte de Francia nos las encontramos en Inglaterra delimitando la carretera. Otra característica del marco inglés son los cielos espectaculares con unas nubes dramáticas que ofrecen todo tipo de matices. Durante nuestra estancia disfrutamos de fantásticos paisajes con unas nubes amenazadoras, aunque tuvimos la fortuna de que llovió muy poco. Y por último no entendería un paisaje rural inglés sin ovejas. ¿De dónde salen tantas?

El ciclismo británico está sufriendo un verdadero boom en la actualidad, aunque siempre ha sido un deporte muy practicado en las islas. Hoy día, con la aparición estelar de un sprinter que marcará una época, como es Mark Cavendish, la afición por la bicicleta se multiplica. La creación del equipo Sky este año 2010 con un líder nacional como Bradley Wiggins, también ayuda a que la práctica ciclodeportiva esté en pleno auge.

Nuestra visita a Inglaterra se produjo con motivo del encuentro internacional del BIG 2010, cuya sede principal fue Ambleside, en el distrito de los Lagos, región de Cumbria. Las fechas para las que se eligió el encuentro eran sin duda las más adecuadas, el mes de Mayo, en el que la pluviosidad es la menor de todo el año. El encuentro internacional de BIG es un momento del año para saludar a viejos conocidos, hablar de nuevos puertos escalados, recordar viejos puertos subidos y, en fin, mantener vivo el espíritu de la estirpe del escalador-viajero-explorador que representa en muchos casos el miembro del BIG.

Las vicisitudes de nuestro viaje fueron múltiples y posiblemente si vais a Inglaterra os pueda suceder lo mismo, o sea que tomad buena nota y, sobre todo, precaución. El tema alquiler de coche supone un problema. Además de conducir por la izquierda, hay que tener en cuenta que el cambio de marchas también en el lado contrario que los coches europeos. Hay que aprender a conducir midiendo las distancias por la izquierda, por lo que es relativamente sencillo dar o recibir algún golpe, y más si circuláis pos carreteras estrechas y con mucha pendiente como fue nuestro caso. Si no lo conseguís, es fácil que os pase como a nosotros y un incidente os prive del coche. Imaginaros el drama.

En lo ciclodeportivo, las oportunidades que se presentan en Inglaterra son múltiples. Antes de enumerar algunas de ellas, debo comentar que la mayoría de estas pruebas cicloturistas tienen una finalidad benéfica, con lo que aún se favorece más la participación popular. De estas iniciativas podríamos aprender en nuestro país. Sería bonito.

Aquí van algunas de las múltiples propuestas que ofrece el calendario inglés:

• En primer lugar destaca la Fred Whitton Challenge, una marcha cicloturista en el distrito de los Lagos que reúne la mayoría de las subidas más interesantes y por tanto más duras de la zona. Este año se ha celebrado el día 9 de Mayo. Se trata de una durísima prueba de 112 millas, (180 km) con salida y llegada en Coniston. Existe la posibilidad de hacer lo que ellos llaman la Four Seasons (Cuatro estaciones) Fred Whitton que es la posibilidad de hacer la misma marcha pero por libre y de forma gratuita, tomando tiempos de paso en algunos controles y pudiendo finalmente acreditar la finalización de la prueba. Más información: http://www.fredwhittonchallenge.org.uk/

• Otra posibilidad interesante en Cumbria, también en el distrito de los Lagos, es “The Cumbrian killer” El recorrido largo tiene 145 kilómetros y sube Blea Tarn, Birker Fell, Stickle Pike y Kirkstone Pass. También sube por la durísima vertiente este de Wrynose Pass y luego Hardknott Pass. El desnivel total de la marcha es de 2,620 metros.
• El Tour of Dartmoor es otra dura marcha que en algún medio se ha llegado a comparar a la Marmotte por su dureza. 170 kilómetros y 3.810 metros de desnivel son su carta de presentación. Se celebra el último fin de semana de Septiembre con salida en Devon, al suroeste de Inglaterra.

Y es que una de las principales características de las rutas en Inglaterra son sus cuestas. Para aquellos más entusiastas de las subidas una recomendación, el libro “100 greatest cycling climbs” (guía de las subidas inglesas para los ciclistas de carretera), libro escrito por Simon Warren y publicado recientemente por Cycling weekly (se puede adquirir online a través de http://cyclingweekly.ipcshop.co.uk/). Precisamente esta prestigiosa revista británica hizo una serie ya mítica que se llamaba “Killer climbs” (Subidas asesinas).

Por nuestra parte, descubrimos muchas de ellas en los cuatro días que duró el encuentro BIG, buscando y rebuscando las subidas inglesas que están en la superlista, haciendo un montón de kilómetros en coche y en bici para llegar al pie de ellas. En este reportaje os presentaremos unas cuantas de las subidas que hicimos, quizás las más duras, pero hay gente que volvió a casa hasta con 25 BIGs en la mochila.

En nuestro viaje a Inglaterra también pudimos hacer algunos de los recorridos por los que circulaba la histórica (aunque no tan antigua) Wincanton Classic, que se celebró de 1989 a 1993, también llamada Leeds Classic de 1994 a 1996, y que exploraba en sus recorridos algunas de las subidas emblemáticas de la zona, como Holme Moss que solía colocarse en los kilómetros finales y resultaba decisiva.

Cuando viajo con la bici el tiempo vuela. Sin darme cuenta ya era domingo. Otra vez tocaban las prisas por volver con el vuelo de bajo coste, pero esta vez sin el coche que habíamos chafado el sábado por la noche. Eso significa que Jesús, el fotógrafo, tuvo que acarrear todos los trastos (incluida caja de cartón donde meter la bici) hasta un lugar donde lo pudimos recoger. Y al día siguiente tuvimos, por obligación, que probar la calidad del transporte público inglés: había que llegar en tren y autobús hasta el aeropuerto. O sea que ya me veis apurando al máximo la salida de la mañana, desmontando la bicicleta dentro del tren y metiéndola en la caja de cartón ante la incredulidad del resto del pasaje. Ante los espectadores, mis nulas habilidades mecánicas parecían haber mutado hacia una destreza poco común en el montaje y desmontaje de la bici. Fuera sillín, fuera pedales, allen por aquí, cinta de embalar por allá. ¡Perfecto! Cuando ya estoy listo me giro y veo todo el papel de burbujas fuera de la caja y por tanto el cambio sin proteger. ¡Ya decía yo!

Para concluir un viaje tan accidentado sólo nos falto la aparición de la ya famosa nube de polvo volcánico que obligó a quedarnos en Liverpool más tiempo del previsto. O sea que tuve que pasar 24 horas adicionales en Liverpool. Y, horror, sin la bici, que ya estaba empaquetada. La solución estaba en hacer un poco de turismo y plantarle al mal tiempo buena cara. ¿Qué podíamos visitar en Liverpool? Lo clásico: el museo de los Beatles y Anfield. Fantástico. Pero es que además nos acercamos a la playa de Crosby, al norte de Liverpool, donde asistimos a una puesta de sol espectacular entre más de 100 estatuas fantasmagóricas que componen una obra de arte maravillosa y turbadora. Se llama Another Place y es obra de Antony Gormley. A las fotos me remito.
Foto: Jesús García Pastor

Ya lo veis, la bici es una manera genial de hacer turismo. Aunque ya esté empaquetada.

jueves, febrero 11, 2010

Puertos, monumentos y la pasión por el ciclismo


-->(Publicado en el n.34 de la revista Pedalier)
Hace ya 5 años conocí a Francis en una Terra de Remences y le hablé de las salidas que en nuestro club habíamos hecho por los Pirineos, los Alpes y los Dolomitas. Aquello le interesaba y a mí me gustaba escribir el “diario” de esas salidas. Las disfrutaba (y ahora también) mucho antes de que empezaran, buscando el recorrido y dibujando los perfiles. Las disfrutaba (y ahora las sufro) mientras iba sobre la bicicleta. Y las disfrutaba (las disfruto igualmente ahora) después de terminadas, recordando frente al ordenador las anécdotas y los momentos más interesantes. Es una forma de prolongar ese mágico momento en que llegas a la cima de un puerto y te sientes el rey de mundo. Una cosa llevó a la otra y al poco tiempo vi aparecer uno de mis artículos en la revista Pedalier.
Por aquél tiempo yo pretendía andar rápido. Siempre a cola del furgón de cabeza de mi club, pero con ellos. Pero la familia aumenta, los niños crecen, las cosas se complican y cada vez es más difícil entrenar lo suficiente como para estar en el nivel de la gente joven.

Sin embargo no me obsesioné. Poco a poco fui descubriendo que mi espacio era otro. Un espacio para pedalear en lugares no muy comunes. Para salir de la rutina y buscar carreteras nuevas. Y aquello seguía interesando a Francis y a Jon. De hecho no les interesaba que fuera especialmente rápido sino que les descubriera algún rincón escondido.

Y aquí estoy, a la que puedo reservo un vuelo barato y voy con la bici a alguna parte donde no he estado nunca. Y donde podré subir algún BIG. Uno se acostumbra a las cosas del low cost. Las prisas, el peso del equipaje de mano, el embalaje de la bici, la caja de cartón. Cuántos inconvenientes y cuánto estrés. Pero la recompensa es tan grande...

Me siento bien cuando voy rápido, pero me siento mejor cuando descubro sitios nuevos, cuando circulo por carreteras por las que no circulé antes. Y tiene que ser en montaña, si no nada tiene sentido. Y otro de mis objetivos son los monumentos ciclistas. Monumentos reales como el Géant del Tour que hay en la cima del Tourmalet o el ciclista de Xorret de Catí, o el de Eddy Merckx en Stockeu. O monumentos ficticios como los que nos presenta esta revista cada cierto tiempo, la fuente de Sta Marie de Campan, el bosque de Arenberg, o el mítico Koppenberg.

Cuando hago una de estas salidas a coronar montañas o a descubrir monumentos, intento quedarme con todo. Captar cada detalle. Me lo permite el hecho de no entrar en el modo “sufrimiento agónico” que tanto había utilizado antes cuando quería correr más de la cuenta. Ahora no compito contra nadie. Quizás contra mí mismo.

Esos detalles los intento transmitir cuando escribo. Aunque para dar testimonio de eso tengo el privilegio de tener a un fotógrafo de lujo como Sergi que me acompaña y que es testimonio de cada paisaje y cada rincón. El es capaz de ver cosas que ni yo ni vosotros podéis. Y el resultado son las fotos que veis en Pedalier. Las de Sergi, o las de Antxon o las de Pau. Sí, lo reconozco: yo a veces tampoco he leído los textos y me he quedado sólo con las imágenes.

Me doy por satisfecho con que alguno de vosotros, siguiendo alguno de los artículos que escribí, haya visitado los castillos cátaros en el sur de Francia, o la patria chica de Pantani, o el Viaducto de Millau o algún rincón de Alemania. Sólo con eso me daré por satisfecho. Eso significará que he sido capaz de transmitir aunque sólo sea un poco de la inmensa pasión que siento por el ciclismo.
Una pasión que, como lector, alimenta Pedalier cada vez que está en el kiosko.

sábado, diciembre 19, 2009

Malbun, el castillo del príncipe, el túnel y la estación de esquí.




(Publicado en el número 33 de la revista Pedalier, fotografías Sergi Ros)
Un país diminuto con 160 km2 de superficie y 35.000 habitantes. Eso es Liechtenstein, un país históricamente dependiente de Austria pero desde 1936 mucho más próximo políticamente a Suiza, hasta el punto que la moneda oficial del país es el franco suizo. Son los dos países con los que limita este pequeño principado.

En el viaje que hicimos al sur de Alemania tuvimos la oportunidad de acercarnos a Liechtenstein, atraídos porque habíamos leído referencias de la subida a Malbun desde la capital, Vaduz y también atraídos por completar de un plumazo todas las subidas importantes de Liechtenstein. Malbun (a 1.604 metros) es la estación de esquí de este pequeño país. Ofrece la posibilidad de subir un desnivel de 1.141 metros en 14 kilómetros, empezando en Schaan (450 m.) Significa un porcentaje medio del 8,1%, superior al de Alpe d’Huez, que sube el mismo desnivel en 16 kilometros.

Resulta curioso que al otro lado del valle exista otra subida a la que se otorga el mismo nombe, pero en este caso en Suiza, empezando en la localidad de Buchs. Vale la pena tenerlo en cuenta y no confundirnos. También conocida como Buchser Berg, se trata de una subida muy dura de 10,4 km al 9,2% y es perfectamente posible hacer una tras otra.

Ni siquiera a principios de Julio, el tiempo en Europa nos asegura un poquito de sol. El día que decidimos subir a conocer la subida a Malbun el tiempo no auguraba nada bueno, pero cuando uno está a 1.200 kilómetros de casa, no sabe nunca si va a regresar. O sea que había que arriesgarse a un buen remojón. Y la verdad es que, a pesar de todo, valió la pena.

La localización de la subida a Malbun no es difícil, siempre que sepas que la dirección a seguir es la del Castillo donde reside el Príncipe de Liechtenstein. O sea que las indicaciones en Vaduz hacia Malbun son nulas y, sin embargo, las indicaciones hacia el castillo (Schloss) son numerosas, es imposible extraviarse. Si esta carretera está cerrada, para subir a Malbun será necesario utilizar una de las dos carreteras alternativas, una en la salida de Vaduz dirección Coire, o la otra desde Triesen.

El Castillo es muy visible desde abajo y se alcanza apenas en tres kilómetros, tras un par de curvas con adoquines “a lo San Gottardo“ (qué ganas le tengo a éste!). El día era horrible. Poco después de pasar por el castillo empieza una zona de tupido bosque, que por lo menos impide que me moje mucho. Por un lado pensaba que que me iba a perder las vistas del castillo desde arriba, que al parecer son preciosas. Por otra parte, tenía la esperanza de que al subir bastante arriba, pudiera atravesar las nubes y que en lo más alto pudiera lucir el sol y así tener una buena vista del mar de nubes y quizás del valle.

Es día laborable y estoy sólo en la carretera. Durante un momento me asusto y pienso que esos carteles en alemán deben significar que está prohibido el paso. De pronto, a mitad de subida, me encuentro con un largo túnel practicamente en llano y al final del mismo veo otro ciclista y a Sergi esperandome para hacer las fotos. Eso me deja más tranquilo, cuando ya me imaginaba en el cuartelillo de la Polizei, perdiendo el vuelo de vuelta. El túnel es espectacular, perfectamente forrado e impermeabilizado. Al atravesarlo pensaba en el viejo túnel de Viella que he atravesado tantas veces en marcha de La Bonaigua y que ahora, por fin, con la apertura del nuevo túnel ya no tendremos que atravesar más. Húmedo y claustrofóbico túnel que nada tiene que ver con éste. Como suele ocurrir a la salida del túnel y el consiguiente cambio de vertiente, el tiempo mejora ostensiblemente (bueno, mejora o empeora, pero pocas veces sales como cuando entraste). Por fin me desprendo del chubasquero y me empiezo a sentir más cómodo. A menos de un kilómetro de la salida del tunel entramos en Steg (1300m), el último pueblo antes de la estación de Malbun.

Como sospechaba la visibilidad es casi nula, ni rastro del castillo desde arriba y unicamente cuando atravesamos una importante niebla empieza a verse algo del Valle del Rin, así como las construcciones típicas austríacas y suizas. Pienso que las vistas son preciosas, pero no me quiero imaginar esto un día soleado. Debe ser espectacular. La carretera es ancha y perfectamente señalizada, pero hay numerosos desvíos que dirigen a los caseríos en mitad de la montaña. Uno de ellos anuncia un espectacular 24% junto a casa singular. La carretera no deja de ofrecer alicientes, naturales y artificiales.

Finalmente, llegamos a la estación de esquí en un momento que aparece ante nosotros un grandioso anfiteatro alpino donde hay una estación de esquí con dos telesillas y cuatro telesquíes, que dan acceso a 21 kilómetros de pistas poco complicadas. En verano, la extensa red de caminos para excursiones de montaña alrededor de Malbun nos lleva a una naturaleza idílica casi virgen. Gracias a su topografía, es un auténtico paraíso para ciclistas de montaña con un sinnúmero de single trails y caminos técnicamente difíciles.

Una subida diferente, con personalidad propia y con muchos alicientes. Pero si tengo la más mínima posibilidad de volver, lo haré. Tengo la certeza de que las nubes me quitaron algo grandioso.

jueves, mayo 03, 2007

El Santuario de Sant Salvador, un lugar de ciclismo... diferente.

Visitar Mallorca en el mes de abril, en el que el cicloturismo se apodera de la isla, es una terapia fantástica contra todos los males que aquejan el ciclismo. Uno siente que el ciclismo está vivo, muy vivo allí. Es reconfortante pedalear por Mallorca en primavera… Todo vuelve a ser como era.

Curiosamente, visité el Santuario de Sant Salvador el mismo día que Joan Llaneras superó el record de 6 Campeonatos Mundiales en pista que tenía Guillermo Timoner. Un día muy emocionante en el que Joan dedicó la victoria a su tantas veces compañero en la pista, Isaac Gálvez, fallecido en el velódromo de Gante. Un Campeonato del mundo el de Palma de Mallorca que descubrió al mundo el Palma Arena, ese fantástico recinto multiuso donde Guillermo Timoner quería cubrir 100 kilómetros en pista a sus 81 años. Si se lo propone lo conseguirá, seguro.

Incluso para aquellos que no hemos sido grandes seguidores del ciclismo en pista, el nombre de Guillermo Timoner evoca grandes recuerdos. El medio fondo tras moto, ya desaparecido. Su longevidad sobre la bicicleta: el último mundial lo consiguió con 39 años y hoy en día sigue pedaleando...

También curiosamente ese día hice un recorrido en el que partiendo de Port d’Alcudia atravesaba la isla y después de subir al Santuario de Cura, pasaba por Porreres, localidad natal de Joan Llaneras y continuaba por Felanitx, donde nació Guillermo Timoner, para finalizar la salida subiendo al Santuario de Sant Salvador. Una etapa llena de alicientes, que recomiendo desde aquí. Y sin olvidar la subida al Santuario de Monti Sion, desde Porreres mismo.

La de Sant Salvador es una subida espectacular, no exenta de dureza. El Santuario de Sant Salvador o de la Mare de Déu de Sant Salvador se encuentra ubicado en la cumbre de la montaña del mismo nombre, a 509 metros de altura. Se llega a él después de 3 kilómetros de aproximación desde Felanitx, y cinco kilómetros de subida desde el cruce al Santuario, con un desnivel medio de poco más del 6%, con rampas máximas del 8% y del 10% llegando al final.

Al llegar al Santuario se puede apreciar la grandiosidad del monumento a Cristo Rey, que fue inaugurado en 1934, con una espléndida vista de prácticamente toda la isla. El origen del Santuario se remonta al año 1348, momento en el que se construyó la iglesia primitiva dedicada a la Pasión de la Imagen. A principios del siglo XVIII se edificó la iglesia actual, colocándose en el altar mayor una imagen de la Virgen, que desde el siglo XV era venerada en el santuario, y situándose en una capilla lateral el retablo del siglo XV, esculpido en piedra, de la Pasión de la Imagen.

Tras recrearnos en la preciosa vista desde Cristo Rey, nos acercamos al edificio donde está la hospedería (las celdas donde es posible pernoctar son pequeñas y muy austeras), el propio santuario y un pequeño restaurante, del todo recomendable. Y una vez se accede al patio interior, la sorpresa. Se puede observar, en el rellano superior desde donde se accede al comedor, toda la serie de maillots de campeón de mundo de Guillermo Timoner enmarcados y perfectamente identificados con el año de su consecución, que en su día fueron donados al Santuario. El corazón me dio un vuelco cuando hice semejante descubrimiento.

Un pequeño museo, una exposición permanente que recuerda la devoción del gran Timoner por la virgen:
“Mi fe en vos fue la causa de mi triple triunfo de Campeón Mundial. Lejos de vos, excelsa madre, cuando lejos de mi patria pedaleaban mis piernas en ansias de triunfo, de mi corazón salía siempre la misma oración, que muy quedo musitaban mis labios resecos, bañados muchas veces con lágrimas de emoción, pedía vuestra divina protección, que nunca me faltó. Aceptad pues, Virgen de Sant Salvador, este jersey, símbolo de campeón como homenaje fervoroso de vuestro humilde Guillermo Timoner”

Fue una verdadera sorpresa encontrar esas reliquias, no religiosas, en el Santuario. Los maillots, ya en un estado deficiente, recuerdan el tiempo que ha pasado. ¡Más de 50 años desde el primer Campeonato del Mundo!
Seguramente pasarán desapercibidos para tanta y tanta gente que visita el santuario, pero no para mí.

Se trata de un pequeño tesoro, muy bien guardado, que vale la pena conocer.

sábado, noviembre 05, 2005

Con la bici en la mochila…

La temporada ya ha empezado y se acercan las marchas y las salidas más esperadas del año. Pero la planificación se ha iniciado unos meses antes, posiblemente un fría mañana de invierno, con la bici recién aparcada y comiendo el bocadillo de tortilla en el bar de siempre. Es el momento de hacer volar la imaginación, pensar en puertos por descubrir, en las mejores marchas del continente, aunque… puestos a desplazarse tantos kilómetros, ¿por qué no aprovechar y quedarnos unos días por allí? ¿Cuántas veces hemos querido hacer esa escapada a subir puertos míticos en los Pirineos o en los Alpes? Este artículo es simplemente una pequeña ayuda para que os decidáis a hacer esa escapada de una vez por todas. Qué mejor motivación para salir a entrenar un día lluvioso que tener en el horizonte esa salida espectacular que hace tiempo estábamos esperando.

Si no nos queremos complicar la vida, lo mejor para esta salidas es buscar un “campamento base” desde donde montar las etapas, con el kilometraje que nos apetezca. Las salidas serán circulares, claro está, con las limitaciones que eso supone en cuanto a la posible repetición de algunos puertos y algunas carreteras. Eso sí, la opción de un único lugar de alojamiento puede permitir obtener mejores precios en el hotel donde pidamos presupuesto. Y también supone un ahorro en gasolina, claro está.

Pero la verdad es que si hacemos una salida muy especial, a una zona que posiblemente no vamos a volver a visitar, sabe muy mal repetir puertos o quedarse a pocos kilómetros de otros puertos míticos… Además, nunca puede descartarse una tormenta repentina, una avería mecánica o cualquier otro imprevisto que pueda obligar a alguno de nosotros subir a un vehículo acompañante. Tener uno cerca, con recambios, con ropa de abrigo, con avituallamientos, y con lo que haga falta, otorga un plus de calidad a la excursión, no hay duda. Le resta espíritu de aventura, admitámoslo, pero personalmente prefiero la aventura de subir todos los puertos previstos a otro tipo de aventuras como hacer 30 kilómetros andando con la bici a cuestas por avería.

O sea que casi sin darnos cuenta ya hemos llegado a la conclusión de “complicarnos la vida”. La ruta no será circular, y llevaremos vehículos acompañantes. Ahí surge la siguiente incógnita, autobús (si el grupo se prevé numeroso) o bien furgoneta. La experiencia nos dice que la elección de furgoneta es ideal, aunque está claro que complica (y encarece) todavía un poco más la logística. Porque, claro, necesitamos chóferes para llevar los coches mientras nosotros vamos en bicicleta.

Aunque, ya puestos, vamos a intentar aprovechar la figura del chofer… Podemos pedirle que se encargue también de los avituallamientos, no estaría de más que supiera de mecánica, y así poder echar una mano en caso de avería. Bueno, pues resulta que el/los chofer/chóferes vienen a trabajar… Por tanto, para “enganchar” a acompañantes de esas características podemos utilizar un recurso que es abaratarles el precio, ¿qué os parece el 50% del precio que paguen los demás? A ellos les parecerá fenomenal…

El “libro de ruta” es muy importante haberlo diseñado con sumo cuidado. Los kilometrajes y las dificultades deben ser adecuados al grupo… o para ser más exactos a la sección del grupo que no anda tan rápido. No hace falta decir que un factor a considerar es la homogeneidad del grupo. Está claro que el hecho de llevar coches acompañantes facilita que haya varios subgrupos y que cada uno de ellos pueda funcionar casi de forma autónoma, pero siempre es preferible que las esperas en la cima de los puertos no sean demasiado prolongadas entre grupo y grupo. Aunque la ruta la hagamos en verano, a más de 2.000 metros puede hacer bastante frío.

Para diseñar la ruta a realizar hay que sentarse con tranquilidad delante del mapa y situar los puertos “objetivo”. Es uno de los momentos “mágicos” de la excursión. De repente, el círculo se va cuadrando y las rutas van enlazando los puertos previstos. Observar los recorridos que se han hecho en carreras profesionales de la zona también nos puede ayudar a elegir buenas rutas. Posiblemente descubriremos alguna carretera escondida que no aparecía en los mapas o nos daremos cuenta de que era más factible de lo que parecía empalmar ese par de puertos que habíamos seleccionado. Si el grupo finalmente no es demasiado homogéneo, se puede pensar en hacer opcionalmente alguna subida sin salida, para aquellos más “cañeros”. Posiblemente dos puertos por día y un tercero opcional puede ser una previsión llena de sentido común.

Sobre el tema comidas, después de varias salidas de estas características, la conclusión es que debemos hacer un buen desayuno y una buena cena. Por tanto es altamente recomendable contratar la media pensión en los hoteles donde nos alojemos. Salir por Europa nos beneficia, ya que los horarios que se estilan, como bien sabéis, son de cenas a partir de las 19,00 horas. Por tanto, y en dependencia de los recorridos y el tiempo previstos, la comida podemos suplirla por unos buenos avituallamientos. Si bien diversos componentes de dicho avituallamiento se pueden traer desde origen en la furgoneta (tipo barritas, embutido, frutos secos, etc.) el pan y la fruta es recomendable comprarlos por la mañana en el lugar donde hayáis dormido. A la que nos hayamos entretenido un poco, no llegaremos muy pronto al hotel, casi con el tiempo justo de hacer unos estiramientos, darnos una buena ducha y bajar a la cena. No está de más que cuando contactéis de buen principio con el hotel le especifiquéis qué tipo de menú vais a querer (¿la típica pasta y carne de segundo, quizás?). Así evitaréis sorpresas de última hora que ya no tienen remedio.

Sobre el alojamiento habréis observado que hemos echado mano de hoteles en lugar de campings, que podría resultar una opción más económica. Esta elección es clave en el importe total de la excursión, como se puede entender, pero hay que considerar que el descanso es muy importante para poder hacer varias etapas de forma consecutiva. No hace falta que sea un cinco estrellas, pero de dormir en un buen colchón a dormir sobre una colchoneta, nuestro rendimiento al día siguiente podría ser muy diferente. Una manera sencilla de abaratar costes es solicitando habitaciones múltiples (triples, cuádruples) que normalmente los hoteles no nos ofrecen. Una opción muy recomendable son los albergues (hostels), donde podemos coger habitaciones múltiples para nosotros sólos. Una página recomendable donde buscar es http://www.hostelworld.com/. Aquí podéis encontrar también hoteles económicos.

A estas alturas se nos está complicando un poco el tema presupuestario. Lo mejor será coger una hoja de cálculo (papel y lápiz vamos) y empezar a calcular por cuánto nos va a salir el viaje. Partamos de un número estimado de participantes. En la columna de gastos tenemos los hoteles (en media pensión, recordad), el alquiler de las furgonetas, la gasolina, los peajes, los avituallamientos (hasta ahí como mínimo, puesto que si se quiere hacer una camiseta o un maillot conmemorativo, alguna excursión turística, todo eso habrá que sumarlo también). En la columna de los ingresos tendremos únicamente las contribuciones de los participantes, a no ser que se consiga financiación extraordinaria. Dependiendo de la envergadura de la expedición y de los contactos de cada uno se puede intentar conseguir sponsors que aporten ciertas cantidades económicas que ayuden a la viabilidad del proyecto. De las Instituciones públicas casi nos podemos olvidar, y lo más factible es encontrar apoyo en el propio club. A partir de ahí, la habilidad de cada uno y sus contactos pueden ser determinantes…

Bien, ya tenemos algunas cosas claras, por lo menos sobre el papel. Ahora solamente falta saber ese “pequeño detalle” que es el número de componentes de la expedición. Este es un punto sumamente delicado, puesto que una excursión a descubrir puertos puede ser muy tentadora, pero a la que se hace el cálculo de los importes a pagar y hay que tomar decisiones, van desapareciendo voluntarios… También está el tema laboral y familiar, y a veces cuesta saber quién podrá venir y quién finalmente no. Por eso es imprescindible pedir una paga y señal con bastante anticipación. El número de gente que haya pagado será la base sobre la que hacer las reservas a los hoteles, la base sobre la que reservar las furgonetas, etc. En este punto vale la pena destacar que las furgonetas deberían ir llenas para optimizar el gasto. Caso de que con la gente preinscrita no se consiga llenar una segunda o una tercera furgoneta, puede ser recomendable intentar llevar un coche particular y ahorrarnos el alquiler.

Y otra cosa, ésta de Perogrullo, que no se os olvide que hay que llevar las bicis!!! Depende del número final de ciclistas, pero una furgoneta de carga hay que dedicarla casi en exclusiva a las bicis…

Y ahora que ya está todo listo, solamente queda esperar el día de la salida, que no haya incidentes y que las furgonetas se mantengan hasta cierto punto alejadas, no sea que en lo más duro de un puerto tengamos la tentación de subirnos a ella…