La subida a Sant Martí del Canigó tenía un halo de misterio antes de que la subiera en bicicleta. Por un parte, informaciones procedentes del BIG señalaban una subida mostruosa de poco más de un kilómetro con un desnivel medio del 27% (¡!) y puntas del 30%. Por otra parte no encontré demasiadas fotos en flickr ni en internet en general, por lo que no conseguía hacerme una idea de esta supuestamente terrorífica subida.
Sobre su ubicación, ningún problema, ninguna duda. La llegada al pueblo de Casteil (en mi caso salí de Prades para seguir dirección a Taurinyà, Fillols, Vernet les Bains y Casteil) no deja lugar a dudas para localizar el principio de la ascensión que, además, está cerrado con una barrera. Las señales de prohibido el paso a coches y prohibido aparcar a ambos lados de la ruta son obviedades innecesarias cuando se trata de una estrecha pista cimentada (cemento muy rugoso) con curvas de herradura empinadísimas en su parte interior. Unicamente compartí la pista con numerosos excursionistas, pero ninguna otra bicicleta subía por ahí, ¿por qué será?
La subida es muy dura, aunque con la BTT es perfectamente posible realizarla. El desarrollo de la BTT así como el calzado de montaña eran precauciones que tomé a sabiendas de lo que me esperaba. De todas formas las cifras que arroja mi pulsómetro-altímetro-velocímetro Polar S 710 no tienen nada que ver con las previsiones que manejaba. Me salieron 1,7 kilómetros a una media del 12,6%. Considerando que hay un pequeño descenso en mitad de la subida pongamos un desnivel medio del 15%, pero calculando a ojo no me pareció que hubiera rampas superiores al 20%. O sea que no era tan fiero el león.
La subida en sí vale la pena y merece un viaje hasta Casteil. El primer tramo está expuesto al sol con curvas de herradura que se suceden una tras otra. Después del descansillo, la pista se mete en en bosque cerrado y continúa hasta el Monasterio. A la llegada, no hay espacio para casi nada, ni siquiera para una buena panorámica que merezca una foto. A la derecha se accede al Monasterio y a la izquierda está el centro de Información y sospecho que una pista donde se puede observar la magnífica vista que nos ofrece la foto de flickr.
La excursión es recomendable completarla con la subida a Coll de Jou, que nace en el mismo Casteil, con tramos duros de verdad y una lejana panorámica de la primera fase del ascenso a Sant Martí, en la que se observan perfectamente las curvas de herradura. Una vez completado Coll de Jou, hay que volver sobre nuestros pasos hasta Casteil y Vernet les bains y podemos llegar a Olette. Ahí se inicia un pequeño monstruo que es el Col de Porthus, en su día asfaltado pero hoy es solo una pista en un estado infame, ciclable solo en BTT, que en cualquier caso sería recomendable por los tremendos desniveles que tiene. Solo decir que sus últimos diez kilómetros tienen 950 metros de desnivel, y que un tramo intermedio son 3 kilómetros a más del 11% está todo dicho.
Una vez coronado Porthus, hay que pasar una barrera y bajar dirección Nohedes, para seguir por Ria hasta Prades de nuevo. Bonita excursión con un total de 93 kilómetros y un desnivel acumulado de casi 2.500 metros.
Puertos de montaña, historia del ciclismo y mucho más. Aqui podremos compartir nuestros conocimientos de ciclismo y especialmente de puertos de montańa.
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jueves, agosto 21, 2008
domingo, septiembre 30, 2007
Chalet de Cortalets , camino al Canigó
Lo más cerca que había estado de la cima del Canigó era en el Col de Mantet, a 1.760 metros . No está mal, pero muy lejos todavía de los 2.784 metros de la cima más alta de los Pirineos Orientales. La emblemática cima de los catalanes, visible desde buena parte de Gerona y también perfectamente visible desde la parte francesa.
Para los que estamos acostumbrados a ir en bicicleta de carretera, a veces eso resulta una limitación. Por eso, por una vez, decidimos coger la Bicicleta Todo Terreno y emprender una aventura doblemente novedosa para nosotros. Por un lado coger la BTT en vez de la flaca y por otro subir a pie al Canigó los últimos cinco kilómetros. El resultado final, una experiencia brutal, un día de deporte espléndido y una espita abierta para seguir intentando aventuras nuevas más allá de la bicicleta de carretera.
De las diversas posibilidades de acceso al Canigó, escogimos la que pasaba por el Chalet de Cortalets. Por un lado porque se trataba de un BIG y por otro lado, porque el acceso a pie a la cima por esta vertiente no tiene ninguna dificultad técnica, factor a considerar para unos novatos como nosotros. La otra vía de ascensión es la que se hace desde el Refugio de Meiralles y tiene algún tramo que sí resulta complicado, como es el paso por la popular chimenea del Canigó.
El principio de la ascensión lo situamos en Prada de Conflent. Desde allí, la vista del Canigó impresiona. No sólo del pico, sino del macizo en global. Y pensar que desde Prada de Conflent hasta a cima nos quedaban más de 2.400 metros de desnivel... pues la verdad que intimida. La previsión del día es subir en BTT desde los 350 metros hasta los 2150 del Chalet de Cortalets, en aproximadamente 30 kilómetros (desnivel medio aproximado de 6%) y una vez allí dejar las bicis y cambiar las botas con calas por botas de trekking más cómodas para poder subir hasta la pedregosa cima del Canigó, a 2784 metros. Para ello, claro, hay que subir con las mochilas y un peso adicional que sin duda se nota con el paso de los kilómetros.
Desde Prada tomamos la carretera dirección a Villerach. La ascensión se hace en todo momento por una pista muy ancha que no tiene ninguna dificultad. Incluso los primeros 10 kilómetros son sobre asfalto y con un perfil básicamente llano, por lo que el desnivel se concentra en los últimos 20. Durante la ascensión vamos encontrando diferentes refugios, como el Refugi de Mas Malet (a 850 metros de altitud, y a los 15 kilometros de ascensión) y el Refuge La Mouline (a 1180 metros, cuando llevamos 20 kilometros). Especialmente difícil resulta el tramo inmediatamente posterior a este último refugio. En el lado positivo destacar que las zonas con mayor pendiente estan parcialmente asfaltadas. Uno no sabe si alegrarse o no cuando llega el familiar asfalto, porque eso significa dureza… Otro factor positivo es que la ascensión, al realizarse en la vertiente norte, se realiza en medio de un bosque que nos protege del sol de primeros de agosto. También hay que destacar que en el principio de la ascensión tenemos unos desfiladeros espectaculares (Las Gorges de la Fou), que, a juzgar por el número de barranquistas que vimos, debe ser un paraíso para los amantes de los descensos de barrancos. ¿Quizás una nueva etapa de nuestro periplo multideportista?
Así llegamos al Coll de Cortalets, una amplia explanada donde confluyen como mínimo cuatro pistas. A la izquierda, con una barrera, está señalizado a 800 metros el Refugio (donde nos dirigimos, aunque resultaran ser casi dos kilometros), más a la derecha está la pista por la que bajaremos y que lleva a Taurinyà. Luego otra pista más estrecha y por fin la que nosotros hemos seguido. Una vez en el Chalet de Cortalets, hay que beber algo, cambiarse el calzado y atar las bicicletas con una cadena.
La bajada por la pista de Taurinyà es realmente infame. El estado de la pista es terrible y no podemos coger velocidad, so pena de asumir grandes riesgos. Suponíamos que la pista de Taurinyà sería una manera de bajar más rápido, pero no fue así. Un consejo para aquellos que os animéis a hacer esta salida: regresar por el mismo sitio que subisteis. A la llegada al asfalto aprovechamos para apretar un poquito y pasamos a toda velocidad por la abadia de San Miquel de Cuixà, una de las joyas del románico catalán. Habrá que volver en otra ocasión para visitarla como se debe.
Al llegar a Prada de nuevo y observar la cima del Canigó parece mentira que sólo unas pocas horas entes estuviéramos ahí arriba, 2.500 metros por encima. Alucinante. Finalmente, contando paradas nos salen unas 9 horas.
Y el ánimo a tope para, de una vez, hacer el Duatló d’Alta Muntanya de Catalunya que se disputa a mediados de Octubre desde Queralbs, en la zona de Nuria, y que incluye la subida al Puigmal, a más de 2900 metros .
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viernes, noviembre 03, 2006
Jau y Mantet, donde las piedras se convierten en ovejas
(Artículo publicado en el número 12 de la revista Pedalier)
Teníamos pendiente una salida por la Catalunya Norte. Se trata de un territorio muy bien comunicado con Barcelona, al que se llega en tan sólo un par de horas por la autopista A7. Una zona poco conocida pero que es un verdadero paraíso para el cicloturista. Esta vez íbamos a conocer Jau y Mantet, pero las posibilidades son múltiples, basta coger la carretera de Perpignan a Boug Madam - Puigcerdà y mirar a izquierda y derecha.
Estamos en una zona que pertenecía a la corona española hasta el Tratado de los Pirineos (año 1659), con el que se dio por finalizada la guerra entre España y Francia. En dicho tratado se estableció que las comarcas del Rosselló, Vallespir, Conflent y una parte de la Cerdanya pasaban a la corona francesa. Esto explica que muchos lugareños hablen en catalán y que la rotulación de pueblos y calles esté en los dos idiomas, francés y catalán. Estamos en lo que se conoce como la Catalunya Norte.
El recorrido planeado incluye la subida a dos colosos como Col de Jau (1506 metros) y Col de Mantet (1760 metros). En ambos casos subiremos y bajaremos por la misma vertiente puesto que bajar por la cara norte de Col de Jau (hasta Axat) alargaría mucho la salida, que prevé 110 kilómetros. La subida a Col de Jau es en principio más fácil que la que tendremos después. No se trata de un puerto muy duro, aunque sí considerablemente largo, con más de 23 km de ascenso. El plato fuerte lo dejamos para el final, Col de Mantet, con unos últimos 9 km con rampas del 15 y 16%.
Llegando desde Perpignà ya observamos la impresionante mole del macizo del Canigó a nuestra izquierda. Dejamos pues los coches en Prades (Prada de Conflent) y emprendemos nuestra ruta buscando la localidad de Catllà. Al paso por dicho pueblo ya observamos la doble rotulación de todos los pueblos de la zona. En francés y en catalán. Después de pasar por la rotonda que dirige al Col de Roque Jalere, empezamos propiamente la subida a Col de Jau. Los pueblos que atravesamos son pueblos con mucho encanto. En primer lugar pasamos por Molitg Les Bains (Molig Els Banys), un pequeño pueblo con aguas termales. Luego pasamos por Mosset, que también tiene el cartel de “Uno de los pueblos más bellos de Francia”. La ascensión continua sin demasiados sobresaltos y la dureza la pone más el aire que sopla en contra que la propia subida, que mantiene unos porcentajes alrededor del 7%. Coronamos, las fotos y para abajo.
El descenso de Col de Jau por la misma vertiente nos permite a su paso por Mosset una magnífica vista del Canigó, “la montaña sagrada de los catalanes”, según reza el tópico. Este abrupto macizo, que se eleva hasta los 2.784 metros, fue la fuente de inspiración de Mossen Cinto Verdaguer para su poema “Canigó” que supuso el renacimiento de la cultura Catalana. Y también alberga las interesantes abadías de Sant Miquel de Cuxà i Sant Martí Martí del Canigó, ésta última también de alto interés ciclista puesto que, estando en lo alto de un risco, dicen los rumores que para llegar a ella hay que salvar un desnivel de 270 metros en 900 metros de carretera. ¿Quién se atreve a intentarlo?
Una vez en Prades nos dirigimos a Villefranche du Conflent (Vilafranca de Conflent). La carretera va subiendo ligeramente y nos permite divisar en lo alto el turistico castillo de Fort Liberia y cuando llegamos al pueblo podemos ver la impresionante ciudad amurallada y el Museo de la Prehistoria enfrente. Una rotonda anterior nos llevaría a Vernet Les Bains y Casteil (la indicación que deberemos seguir para llegar a Sant Martí del Canigó), pero hay que continuar unos cientos de metros y encontraremos el desvío hacia Py-Mantet.
El principio de la subida discurre al lado del río Rotja. Un par de saltos de agua nos distraen, mientras atravesamos Sahorre y a la espera de la localidad de Py, donde empieza un infierno de 9 kilometros al 8,3%. Aunque llamar infierno a esa carretera que se empina en la montaña, sería una injusticia. Subir por esas laderas sin compartir asfalto con los coches y escuchando el ruido del silencio, casi sería estar en el cielo. La dureza irregular del puerto la sobrellevamos con un desarrollo adecuado.
La cima del puerto aparece de forma inesperada tras una curva a derechas. La carretera continúa unos kilómetros hasta el pueblo de Mantet, pero el trabajo ya está hecho, no vale la pena llegar más allá. Una vez arriba, bajo un tejadillo de madera, y junto a la información que se ofrece del parque natural, encontramos una poesía: “En el col de Mantet, las piedras se convienten en ovejas”, precioso testimonio de un paisaje singular de una zona dedicada a la ganadería.
Desde el Col de Mantet sale una pista a mano izquierda que llevaría hasta la Collada de Roques Blanques (2252 metros), uno de los puertos emblemáticos de la zona, al que se puede llegar en bicicleta de montaña. No obstante, Roques Blanques también sería accesible desde Vernet les Bains y su continuación por Col de Jou (no confundir con Col de Jau). Aunque la vertiente más conocida de Roques Blanques sería la sur, ascendiendo desde Prats de Molló.
En el descenso hacia Vilafranca, reponemos agua en la fuente de Py. Allí, mientras reponemos líquido, hacemos un breve repaso a la historia de Catalunya con un habitante de Py con el que hablamos en catalán. Y nos lanzamos de nuevo para abajo sabiendo un poco más, pero sobre todo, habiendo descubierto la cara norte del Canigó y habiendo disfrutado de un día increíble en los Pirineos. No es que sea recomendable, es que se trata de una obligación para aquellos que amamos la montaña. En nuestro caso, además, el hecho de subir un día laborable, todavía nos hizo disfrutar más de la ascensión, del poco tráfico, e incluso de los animales, únicos espectadores de nuestro esfuerzo.
Hoy el día es más luminoso. Hoy todo es genial. Poder disfrutar de un día de bicicleta como éste es todo un privilegio, el cansancio no se nota y el esfuerzo ha valido la pena.
Imaginaros que incluso el bocadillo que comimos en Prades, repleto de mantequilla (cómo no), nos supo a gloria.
(Artículo publicado en el número 12 de la revista Pedalier)
Estamos en una zona que pertenecía a la corona española hasta el Tratado de los Pirineos (año 1659), con el que se dio por finalizada la guerra entre España y Francia. En dicho tratado se estableció que las comarcas del Rosselló, Vallespir, Conflent y una parte de la Cerdanya pasaban a la corona francesa. Esto explica que muchos lugareños hablen en catalán y que la rotulación de pueblos y calles esté en los dos idiomas, francés y catalán. Estamos en lo que se conoce como la Catalunya Norte.
El recorrido planeado incluye la subida a dos colosos como Col de Jau (1506 metros) y Col de Mantet (1760 metros). En ambos casos subiremos y bajaremos por la misma vertiente puesto que bajar por la cara norte de Col de Jau (hasta Axat) alargaría mucho la salida, que prevé 110 kilómetros. La subida a Col de Jau es en principio más fácil que la que tendremos después. No se trata de un puerto muy duro, aunque sí considerablemente largo, con más de 23 km de ascenso. El plato fuerte lo dejamos para el final, Col de Mantet, con unos últimos 9 km con rampas del 15 y 16%.
Llegando desde Perpignà ya observamos la impresionante mole del macizo del Canigó a nuestra izquierda. Dejamos pues los coches en Prades (Prada de Conflent) y emprendemos nuestra ruta buscando la localidad de Catllà. Al paso por dicho pueblo ya observamos la doble rotulación de todos los pueblos de la zona. En francés y en catalán. Después de pasar por la rotonda que dirige al Col de Roque Jalere, empezamos propiamente la subida a Col de Jau. Los pueblos que atravesamos son pueblos con mucho encanto. En primer lugar pasamos por Molitg Les Bains (Molig Els Banys), un pequeño pueblo con aguas termales. Luego pasamos por Mosset, que también tiene el cartel de “Uno de los pueblos más bellos de Francia”. La ascensión continua sin demasiados sobresaltos y la dureza la pone más el aire que sopla en contra que la propia subida, que mantiene unos porcentajes alrededor del 7%. Coronamos, las fotos y para abajo.
El descenso de Col de Jau por la misma vertiente nos permite a su paso por Mosset una magnífica vista del Canigó, “la montaña sagrada de los catalanes”, según reza el tópico. Este abrupto macizo, que se eleva hasta los 2.784 metros, fue la fuente de inspiración de Mossen Cinto Verdaguer para su poema “Canigó” que supuso el renacimiento de la cultura Catalana. Y también alberga las interesantes abadías de Sant Miquel de Cuxà i Sant Martí Martí del Canigó, ésta última también de alto interés ciclista puesto que, estando en lo alto de un risco, dicen los rumores que para llegar a ella hay que salvar un desnivel de 270 metros en 900 metros de carretera. ¿Quién se atreve a intentarlo?
Una vez en Prades nos dirigimos a Villefranche du Conflent (Vilafranca de Conflent). La carretera va subiendo ligeramente y nos permite divisar en lo alto el turistico castillo de Fort Liberia y cuando llegamos al pueblo podemos ver la impresionante ciudad amurallada y el Museo de la Prehistoria enfrente. Una rotonda anterior nos llevaría a Vernet Les Bains y Casteil (la indicación que deberemos seguir para llegar a Sant Martí del Canigó), pero hay que continuar unos cientos de metros y encontraremos el desvío hacia Py-Mantet.
El principio de la subida discurre al lado del río Rotja. Un par de saltos de agua nos distraen, mientras atravesamos Sahorre y a la espera de la localidad de Py, donde empieza un infierno de 9 kilometros al 8,3%. Aunque llamar infierno a esa carretera que se empina en la montaña, sería una injusticia. Subir por esas laderas sin compartir asfalto con los coches y escuchando el ruido del silencio, casi sería estar en el cielo. La dureza irregular del puerto la sobrellevamos con un desarrollo adecuado.
La cima del puerto aparece de forma inesperada tras una curva a derechas. La carretera continúa unos kilómetros hasta el pueblo de Mantet, pero el trabajo ya está hecho, no vale la pena llegar más allá. Una vez arriba, bajo un tejadillo de madera, y junto a la información que se ofrece del parque natural, encontramos una poesía: “En el col de Mantet, las piedras se convienten en ovejas”, precioso testimonio de un paisaje singular de una zona dedicada a la ganadería.
Desde el Col de Mantet sale una pista a mano izquierda que llevaría hasta la Collada de Roques Blanques (2252 metros), uno de los puertos emblemáticos de la zona, al que se puede llegar en bicicleta de montaña. No obstante, Roques Blanques también sería accesible desde Vernet les Bains y su continuación por Col de Jou (no confundir con Col de Jau). Aunque la vertiente más conocida de Roques Blanques sería la sur, ascendiendo desde Prats de Molló.
En el descenso hacia Vilafranca, reponemos agua en la fuente de Py. Allí, mientras reponemos líquido, hacemos un breve repaso a la historia de Catalunya con un habitante de Py con el que hablamos en catalán. Y nos lanzamos de nuevo para abajo sabiendo un poco más, pero sobre todo, habiendo descubierto la cara norte del Canigó y habiendo disfrutado de un día increíble en los Pirineos. No es que sea recomendable, es que se trata de una obligación para aquellos que amamos la montaña. En nuestro caso, además, el hecho de subir un día laborable, todavía nos hizo disfrutar más de la ascensión, del poco tráfico, e incluso de los animales, únicos espectadores de nuestro esfuerzo.
Hoy el día es más luminoso. Hoy todo es genial. Poder disfrutar de un día de bicicleta como éste es todo un privilegio, el cansancio no se nota y el esfuerzo ha valido la pena.
Imaginaros que incluso el bocadillo que comimos en Prades, repleto de mantequilla (cómo no), nos supo a gloria.
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