sábado, junio 27, 2009

Eugene Cristophe y la forja de Santa Marie de Campan


Los tiempos históricos del Tour. Si 1906 fue la primera ocasión en que el Tour ascendió al Tourmalet, la edición de 1913 pasará a la historia como aquella en que el entonces líder Eugene Cristophe, en la etapa de Bayona a Luchon (326 km!), estaba escapado en la subida al Tourmalet, con más de 5 minutos de ventaja sobre sus perseguidores. Ya bajando, después de una caída tuvo que recorrer 14 kilómetros a pie (algunos tramos por la propia carretera, y en ocasiones cortando campo a través)hasta Santa Marie de Campan hasta encontrar una herrería donde reparar su horquilla rota y así poder continuar. Cosas del Tour, que en esos tiempos no permitía la asistencia mecánica ni la sustitución de componentes. Toda la operación de forjado de la horquilla la hizo bajo la supervisión de Henry Desgrange, el patrón del Tour, que llegó a sancionarlo con 10 minutos por pedir a un chico que le auxiliara para avivar el fuego de la forja. Cristophe, todo coraje, no se dió por vencido y llegó al final de la etapa.

En el año 2003, en la edición del centenario del Tour, se puso una placa para recordar los hechos que ocurrieron en 1913. Como dice la placa: "Con ocasión del centenario del Tour de Francia, se homenajea a Eugene Cristophe que durante el Tour de 1913 reparó la horquilla de su bicicleta en esta forja de Sainte Marie de Campan. Eugene Cristophe, lider de la prueba, perdió aquí toda posibilidad de victoria, pero dió una formidable lección de coraje y de tenacidad. El Tour de Francia recuerda con respeto este comportamiento ejemplar. 21 de julio de 2003".


A mí se me pone la carne de gallina al leerla. Esos son los valores del ciclismo que el Tour de Francia encarna año tras año, luchando contra corriente, enfrentándose a todo el mundo en su cruzada contra el dopaje y contra cualquier tipo de atajo que no sea el esfuerzo y el sacrificio.

Cada vez que he ido al Tourmalet he buscado esa placa. Y por fin este año la encontré. Bajando del Aspin (o de la Hourquette d'Ancizan, puerto precioso que, como el Aspin, une el valle de Arreau con el valle de Campan), pasada la plaza donde empieza el Tourmalet (ver foto). Continuando la carretera hacia Bagneres de Bigorre, un centenar de metros a mano derecha, a pie de carretera, ahí está. Placa mítica en un pueblo mítico.



miércoles, junio 10, 2009

Mont Aigoual, Perjuret y la leyenda de Riviére

(Publicado en el n.30 de la revista Pedalier)
(Fotografia Sergi Ros)

Otras veces ya nos habíamos acercado a la zona francesa de Les Cevennes i de Les Causses. Habíamos ya descubierto atracciones naturales como el Circo de Navacelles y artificiales como el Viaducto de Millau. En pleno parque natural de Les Cevennes, en el centro, nos quedaba por descubrir el Mont Aigoual, a una altitud de 1.565 metros, considerable para tratarse de una zona de media montaña. Una montaña que domina toda la región y a la que se puede acceder por múltiples vertientes: Meyrueis, Rousses, Le Vigan o Vallerauge.

En el recorrido que nos propuso Angel Morales aparecían también otros alicientes, como la bajada por el col de Perjuret y el monumento a Roger Riviere, o la subida al Col de Faisses, perteneciente al reto BIG (lo mismo que el Mont Aigoual), que da acceso a la cornisa de Las Cevennes, una carretera con una vista aérea sensacional. En total 115 kilómetros y tres puertos de montaña: Mont Aigoual, Col des Faisses y Col du Pas, ya de regreso a Vallerauge, punto de partida y final de nuestra salida.

Hay que decir que es una zona ya al límite de lo que se puede hacer en un día. Más de cuatro horas de coche desde Barcelona es francamente pesado, quizás más duro que la propia salida en bicicleta. Un fin de semana largo sería la solución ideal para cribar toda esta zona rural y de media montaña.

El principio de la etapa nos ofreció una subida larguísima, de más de 28 kilómetros no demasiado duros pero que van castigando, hasta llegar a la estación meteorológica que hay en la cima de Mont Aigoual, visible en casi todo momento mientras ascendemos. Las placas de nieve que se ven auguran el frío, y la forma de las nubes augura que además, el viento arriba puede ser fuerte.

Después de unos últimos kilómetros de ascensión muy llevaderos llegamos a la cima donde, como sospechábamos, la ventolera es tremenda, parece que se va a llevar las bicis apoyadas sobre el quitamiedos. La vista desde arriba es espectacular, además de un paisaje grandioso en todas direcciones se pueden ver muchos kilómetros de la ascensión que acabamos de realizar, en la ladera de enfrente.

El viento sopla cada vez más fuerte y la temperatura baja. No me sorprende leer en Meteofrance que la temperatura mínima de un mes de Mayo en Francia se haya registrado en este observatorio del Mont Aigoual (-8º el año 1909). Aunque resulta curioso que en este remoto monte del centro de Francia bajen más las temperaturas que en Alpes o Pirineos. Algunas paredes de nieve a principios del mes de Mayo y la existencia de la estación de esquí de Prat de Peyrot, dan fe de que la nieve es habitual ahí en invierno.

Nos espera un larguísimo descenso que empalma la bajada del Mont Aigoual con el Col de Perjuret, con largas rectas y amplias curvas donde es fácil coger mucha velocidad. Hay que ir con mucho cuidado sobre todo por el aire, aunque a medida que vamos perdiendo altura la temperatura sube y el aire cede. Pero fue ahí, ya casi finalizando el descenso, donde cayó Roger Riviére el día 10 de Julio en la etapa Millau-Avignon, del Tour de Francia de 1960.

Ese año, en su cuarta participación en el Tour, partía como uno de los principales favoritos. Ganó la contra reloj inicial y mantenía un duelo con Gastone Nencini e incluso con su propio compañero de equipo Henry Anglade. Ese día, Nencini tenía el liderato y Riviére le seguía allí donde Nencini iba. Si conseguía mantener su rueda, con toda probabilidad le derrotaría en la contra reloj final del Tour y podría proclamarse vencedor. Pero en las curvas rapidísimas del Perjuret, Nencini, un gran bajador, puso al límite las posibilidades de Riviére, hasta que cayó por un barranco. Su compañero de equipo Rostollan vió la bicicleta de Riviére, se bajó de la suya y corrió carretera arriba para avisar al director deportivo de lo que había ocurrido. Durante cinco minutos nadie pudo encontrar a Riviére, parecía que se había evaporado. Finalmente, lo localizaron 20 metros más abajo totalmente inmóvil, con los ojos abiertos y la columna partida, lo que le impedía el más mínimo movimiento ni una llamada de auxilio. Un helicóptero pudo rescatarlo y lo llevó al Hospital de Montpellier, donde se confirmó la gravedad de su caída.

Roger Riviére fue por tanto un corredor con una carrera profesional muy breve. Debutó en 1957, con 21 años y destacó sobre todo en la pista, consiguiendo el récord de la hora, que batió por dos veces (el 18 de septiembre de 1957, 46,923 km y el 23 de Septiembre de 1959 con 47,347 km). Este último récord lo mantuvo hasta que el belga Ferdinand Bracke lo batió el 30 de Octubre de 1967. También fue 3 veces campeón del mundo de persecución (1957-58-59).

Después de la caída Riviére nunca recuperó la movilidad en las piernas y vivió desde entonces en una silla de ruedas. Abrió un restaurante en Saint Etienne llamado Le Vigorelli (estadio de Milan en cuya pista batió los dos récords de la hora), que fracasó. Otros dos negocios que intentó siguieron por el mismo camino. Falleció de cáncer de garganta en 1976, a los 40 años.

(Fotografia: Sergi Ros)
Tras hacer unas fotos en el monumento dedicado al ciclista francés, continuamos el descenso y vamos camino de Florac para llegar a Col du Rey y col des Faisses, que dan acceso a la Corniche des Cevennes, que seguiremos durante unos kilómetros, antes de desviarnos en Le Pompidou para dirigirnos de nuevo al punto de partida: Vallerauge. La carretera es muy estrecha, de esas que no salen en los mapas y únicamente Angel conoce. Afortunadamente, no es de las que nos tiene acostumbrados, con rampas frecuentes por encima de los dos dígitos.

Tras disfrutar de esa solitaria carretera, llegamos finalmente a Vallerauge, donde cerramos una etapa francesa con un recorrido y una historia dignas del Tour de Francia.

Triste, pero digna del Tour.

sábado, mayo 09, 2009

Maraton de los Monegros, otro reto conseguido



Puesto que un día tengo la ilusión de correr la Titan Desert, pensé que correr la Maraton de los Monegros era una buena forma de empezar a familiarizarme con el desierto. Para uno como yo que está acostumbrado a correr en carretera, no debía ser excesivamente complicado hacer los Monegros, que tiene una dificultad técnica nula, aunque de todos los tópicos que leí antes de disputarla (este era uno de ellos), unos cuantos fueron cayendo por el camino.

Me sorprendió poder inscribirme sin dificultad, en una prueba mítica como esta, que forma parte del Circuito Aventura de Orbea. Más en en estos tiempos que el auge del deporte popular hace imposible acceder determinadas competiciones. Pero como digo no fue el caso, y tanto yo como mis compañeros pudimos inscribirmos sin dificultades, aunque es cierto que pocos días antes se llegó al tope de 1500 inscritos que había puesto la organización.

El hecho de que la salida sea a las 14,00, algo nada habitual en las pruebas populares de bicicleta, fomenta la épica del calor extremo. Si bien es cierto que se celebra en el mes de mayo y que este año las lluvias han sido generosas, os aseguro que a las dos de la tarde en los Monegros pega un buen calorcito.

Por tanto, igual que muchos otros catalanes, ahí estábamos saliendo el sábado por la mañana sin excesivas prisas, para llegar con tranquilidad a Sariñena, con tiempo suficiente para recoger los dorsales, los regalos (unos pobres calcetines!) y para comer un poco. No era cuestión de entretenerse y llegar justos a la salida, puesto que si en una marcha de carretera ya es complicado ir adelantando posiciones, mucho más en BTT, en pista de tierra, por ancha que ésta sea. O sea que a falta de media hora ahí estábamos bastante adelante, encontrando y saludando a gente conocida.

Se da la salida, vueltecita por Sariñena para conocer el pueblo y corre corre que te pillo. Del temido polvo, hay que decir que no supuso el más mínimo problema (primer tópico que se fue al traste), aunque en la salida ví a gente con mascarilla de esa de la nueva gripe, je.

Los primeros 50 kilometros pican ligeramente para abajo y llego al kilometro 50 con una media de 25 km/hora, lo que no está nada mal pensando que hablamos de pistas para BTT, anchas y en buen estado, pero pistas al fin y al cabo. A partir de ahí, ya nos habian avisado en la salida que tendríamos el aire en contra. No es que soplara demasiado aire, era de ese que no se nota cuando sopla a favor pero sí cuando sopla en contra…


En ese giro de 180 grados se halla el segundo avituallamiento. Voy tan bien que ni paro, aún llevo barritas en el bolsillo. En muchos momentos me he sentido que iba muy rápido, ayudado por un neumático trasero casi liso que monté para la ocasión. Unicamente temía que pudiera pinchar… Y efectivamente aparece Murphy y pincho, pero no atrás en el neumático liso, sino adelante, en el tubeless montado con cámara. Aunque soy muy despistado y nunca llevo el material adecuado, en esta ocasión parece que lo podré hacer todo solo. Hasta que intento hinchar con la mancha y como si nada. Después de ver pasar innumerables grupos decido pedir una mancha con la que finalmente solvento el tema (qué mal me sabe parar a alguno por la dejadez propia).

Ahora parece que se me junta todo: desmotivación por el pinchazo (con lo bien que iba!), principio del segundo puerto de la jornada (vaya puerto más pestoso, con innumerables rampas y descansos, no muy duro pero muy pesado) y la pájara que empieza a asomar.

El segundo tópico sobre los Monegros (que era totalmente llana) también empieza a desmoronarse.

El panorama se complica y ya veo que me va a costar llegar. Ni siquiera una vez coronado el puerto la cosa se arregla, porque entre que el terreno pica para arriba y el airecillo, aquí hay que dar pedales todo el tiempo y no despistarse. En los últimos kilómetros me pasa hasta el apuntador y finalmente llego a la meta con un tiempo de 5h 22 minutos, que hubieran podido ser 5 horas sin el pinchazo. En fin, qué le vamos a hacer.


Una vez en la meta es el momento de la ducha (menuda excursión para localizar las duchas, con lo harto que ya estaba de bici), de la anunciada fideua (sin comentarios, qué difícil debe ser hacer fideua para 1500) y de atender al verdadero acontecimiento del día: el Madrid – Barça. El histórico 2-6 me curó todos los males y mis gritos se debían oir a kilómetros a la redonda.

Bonita experiencia aunque no sé si vale la pena repetir… (bueno, lo del derby sí)

viernes, abril 24, 2009

Amstel Gold Race 2009

(Publicado en el n.30 de la revista Pedalier)

De Amstel Gold Race

La experiencia de mediados de Abril en la Amstel Gold Race empieza mucho, mucho antes. Después de habernos quedado fuera el año pasado, el 15 de Enero era la fecha en que se abrían las inscripciones por Internet. O sea que todos atentos para el primer día inscribirnos.

Sin embargo el día D es imposible acceder a su página (tipo Quebrantahuesos, ya sabéis), y al día siguiente aparece un mensaje donde dice que han agotado las 12.000 inscripciones en 30 horas y que muchas gracias, bla, bla, bla.Bueno, otro año será, 2010?, 2011?


Un día de marzo de repente todo cambia. ¡Uno de los habituales de nuestras escapadas belgas en primavera ha conseguido que un esponsor de la prueba nos invite! Menuda sorpresa. Ahora el tiempo corre y hay que cerrar los vuelos, el alquiler de la furgoneta y los hoteles. Benditas prisas!!


De Amstel Gold Race

Apenas regresar de las vacaciones de Semana Santa ya estamos de viaje otra vez camino de Valkenburg. En esta ocasión vuelo en Ryanair hasta Charleroi, alquiler de furgoneta hasta Lanaken (aún en Bélgica, el lugar más cercano donde encontramos hotel) y el sábado ya está todo a punto para hacer la prueba de 150 kilómetros (existen 5 posibilidades para todos los gustos, 250, 200, 150, 100 y 50 km). A pesar de que nos entregan un chip para control de tiempos, la salida es libre y en nuestro caso es de 7,00 a 11,00. O sea que no hay que madrugar en exceso, al final acabaremos saliendo de los últimos…


De todas formas la gente se lo toma como lo que esto es realmente, una verdadera fiesta de la bicicleta. Numerosos grupos de ciclistas los encuentras parados en alguna terraza almorzando, aprovechando un momento de sol. El que quiere se aprieta unos kilómetros, el que no, se detiene tanto como quiere.


La marcha en sí pues más dura de lo que cualquiera podría pensar de una marcha holandesa. Obviamente en la zona de las Ardenas las cotas son como las belgas, cortas pero duras. Nos sorprende especialmente la dureza de la penúltima subida, el Keutenberg, que en la distancia impresiona y que nos recordó muchísimo al terrible Koppenberg del Tour de Flandes, sólo que sin adoquines.


El final de fiesta es la subida al Cauberg, en el que el cuerpo ya me pide el triple plato. Termino contento y es el momento de tomar la cerveza (Amstel por supuesto) y comentar la marcha con los colegas en las carpas monumentales que la organización ha dispuesto. La lluvia, que ha hecho su aparición en los kilómetros finales de la marcha, hace que tengamos que anticipar nuestro regreso al hotel, no sin antes hacernos una foto en el podium de la Amstel Gold Race con las misses. ¡Divertido recuerdo para dar envidia a los amigos!


El domingo hizo un día soleado como hubiéramos querido el sábado, pero por lo menos los corredores de la versión profesional no tendrían que asumir tantos riesgos como si la carretera hubiera estado mojada. No me extraña que a Contador no le haga ni pizca de gracia correr la Amstel. Si un año decide correr las clásicas se irá directo a Huy y a Lieja…

La carrera profesional parte de Masstricht y su recorrido es un verdadero laberinto imposible de seguir si no es con las motos delante. . Imaginaros que hay partes del recorrido en las que se pasa una vez en un sentido y la siguiente en sentido contrario… La carrera pasó 3 veces por Valkenburg, las dos últimas por el Cauberg. Un ambiente de fiesta impresionante rodea toda la subida a esta cota, que nace en la misma localidad de Valkenburg. Todo el pueblo vive un ambiente espléndido, su casco antiguo está repleto de gente y los bares y restaurantes hacen su agosto. La cerveza corre a raudales.


De Amstel Gold Race

Antes del último paso por el Cauberg nos acercamos a la meta y allí conocemos a los padres del corredor de Euskaltel Juan José Oroz. Nos cuentan unas bonitas vacaciones siguiendo al hijo por las clásicas belgas. Bravo por Juanjo y un buen trabajo el suyo a favor de Samuel poco después.


La resolución podemos seguirla en una pantalla gigante, que hace más amena la espera de los corredores. La locura se desata con el ataque de Gesink, favorito de la mayoría, por delante incluso del también local Karsten Kroon. Finalmente Ivanov pudo com ambos e impuso su veteranía.


Ya sólo queda animar a todos los españoles que van llegando en grupos diferentes. Ya es cuestión de recoger pronto y pensar en el regreso, que al día siguiente hay que trabajar, como si nada hubiera pasado. Pero después de haber vivido una nueva experiencia que no contábamos vivir este año. Habrá que ir pensando nuevas escapadas.

lunes, marzo 30, 2009

Milán San Remo 2009

(Publicado en el n.29 de la revista Pedalier)
De Milano San Remo

Las marchas cicloturistas que se celebran el mismo fin de semana que la carrera profesional del mismo nombre tienen un aliciente especial. Vivir el ambiente de los profesionales y poder rodar por esas mismas carreteras desde luego es todo un lujo.

En el caso de la Milán San Remo la marcha cicloturista que copia el recorrido de la classicissima la organiza el primer fin de semana de Junio la Unione Ciclistica San Remo. Sin embargo, desde hace tres años, la Gazzetta dello Sport organiza una Milán San Remo amatoriale (en realidad San Remo-San Remo de 120 kilómetros) para ciclodeportistas, que permite recorrer los últimos kilómetros de la clásica italiana, con todas las tachuelas que conocemos de la televisión cada año: Capo Berta, La Cipressa y Poggio di San Remo.

Salimos de Barcelona el viernes con tiempo. Queríamos pasar por Toulon para subir Mont Faron, mítica cima francesa que se suele subir en todas la ediciones del Tour del Mediterráneo. La lluvia nos impidió intentarlo, pero seguimos camino de San Remo con la seguridad que nos daban las previsiones meteorológicas, de que el el fin de semana iba a ser realmente primaveral, para hacer honor al mundial de primavera, sobrenombre con el que se conoce también a la Milán San Remo. La cena del viernes a base de pasta nos sirvió también para recabar información sobre la salida que teníamos planeada para el día siguiente, que consistía en desplazarnos en coche hasta Niza y desde allí en un bucle de 70 kilómetros subir el famoso Col d’Eze que se sube en la París Niza y también Col de Braus, a 1.000 metros de altitud, e incluido en el reto BIG. La información que nos dieron recomendaba adentrarnos justo en la frontera (Ventimiglia) hacia Sospel y atacar Braus por la otra vertiente.

De Milano San Remo

Además, el propietario de la pizzería también nos informó de la existencia de un carril bici de más de 25 kilómetros de longitud que se extiende desde Imperia hasta San Remo sobre el antiguo trazado del tren. Una verdadera atracción turística para cicloturistas y para cualquiera que quiera disfrutar de un agradable paseo junto al mar.

La salida del sábado finalmente fue una mezcla del pan previsto y la información que recibimos el día anterior: no cogimos el coche (sabia decisión teniendo que estar a mediodía en San Remo para ver el final de la carrera profesional) y fuimos por la carretera de la costa hasta Menton, ya en Francia, desde ahí subimos el Col de Castillon y desde ahí empalmamos con la vertiente de Sospel para coronar Col de Braus. Bonita ascensión con la recompensa adicional de encontrar arriba un bonito monumento dedicado a René Vietto, donde también están depositadas sus cenizas. Durante buena parte del recorrido las vistas sobre los Alpes nevados nos alegraron el pedaleo.
El regreso a San Remo lo hicimos por Sospel y más tarde continuamos por el valle hasta Ventimiglia, en una carretera preciosa al principio y plagada de túneles al final. En resumen, poco más de 105 kilómetros para “calentar piernas” cara a la marcha del día siguiente.

De Milano San Remo

Una vez en San Remo recogemos los dorsales, los regalos (incluido el maillot conmemorativo del 100 edición de la Milán San Remo) y nos enteramos de los problemas organizativos que han hecho que la inscripción se haya limitado a 500 personas, cuando el año pasado aquí hubo más de 1.500. Y los únicos afortunados del estado español que estábamos aquí éramos nosotros…

Poco después decidimos finalmente ver la llegada de los profesionales en la meta, aunque en su momento barajamos acercarnos al Poggio. En esta ocasión lástima que no estuviera Freire para plantarle cara a Cavendish, este inglés que a poco que se lo proponga puede marcar una época en las clásicas y en los sprints de las etapas de las grandes vueltas. Al final, paseando entre los autobuses de los equipos, pudimos saludar a Joaquim Rodríguez y Oscar Pereiro, todo un ganador de Tour.

De Milano San Remo

De la ¿marcha? del domingo cabe decir que por la pinta de los participantes más bien parecía una carrera. Los italianos son con sus bicis como con sus coches. Os las podéis imaginar, qué pedazo de máquinas, impecables, preciosas. La indumentaria, pues a tono con la ropa italiana. Alguno quizás no andara nada pero por la pinta los confundías a todos con profesionales… A la hora de la verdad, salida a toda mecha, puesto que los primeros 40 kilómetros eran llanos, hasta llegar a Col de Ginestro. En ese tramo llano, después de partirse el pelotón en varios grupos, nos quedamos un grupo grande donde de repente aparece el dorsal número 2. “Andiamo, ragazzi” dice, y nos pone en fila de a uno y vamos recogiendo gente hasta que empalmamos con el grupo de delante. Es nada menos que Davide Cassanni, ex profesional (ni recuerdo las que veces que fue internacional con la selección italiana) y ahora comentarista de la RAI. Qué gran tipo y qué gran función cumple. Nos tenía contentos a los cicloturistas con su presencia, además nos reagrupaba y por supuesto, nos llevaba a toda mecha. Yo me sentía como en la carrera profesional, aguantando a los podencos en el llano y esperando mi terreno…

Después de coronar el Col de Ginestro se vuelve a buscar la carretera de la costa para ya afrontar los últimos 50 kilómetros que ahora sí, son los mismos que la carrera profesional, con las ascensiones a Capo Berta, La Cipressa y el mítico Poggio. Subiendo Capo Berta, esa tachuela sin importancia que los pros suben a todo trapo, veo un monumento dedicado a la Milan San Remo y tengo que pararme a hacer fotos. A partir de ahí ya pierdo el grupo de Cassani y la verdad es que fue una buena excusa porque mis piernas ya empezaban a sufrir más de la cuenta. La Cipressa también resulto ser más dura de lo previsto y ya no digo el Poggio. No me lo querría encontrar yo con casi 300 kilómetros en las piernas. Sobre todo me quedo con los descensos de todas estas pequeñas cuestas, que son verdaderos balcones al mar en un día precioso de primavera como el que disfrutamos.

De Milano San Remo

Los cuatro compañeros del club nos reagrupamos y afrontamos los últimos kilómertros jugando a ser profesionales y lanzando el sprint, calculo que 30 kilómetros por hora más despacio que lo que vimos el día anterior… Pero profundamente satisfechos y conscientes de que hemos puesto una muesca más en nuestra bicicleta. Unos cuantos mitos más ya están en el bolsillo.

miércoles, febrero 04, 2009

Monumentos ciclistas escondidos en Irlanda


En los pasados años Irlanda ha tenido algunos ciclistas de reputación internacional que han tenido una notable carrera compitiendo principalmente en Europa. Ahí se incluye a Shay Elliot (primer irlandés en portar el maillot amarillo de lider del Tour de Francia), Sean Kelly (maillot verde del Tour de Francia en cuatro ocasiones), Stephen Roche (vencedor de la general del Tour de Francia en 1987), Martin Earley y Paul Kimmage. El ciclista más conocido por los dublineses es Stephen Roche, quien procede de Dundrum, en los suburbios del sur de Dublín. En 1988 él consiguió el insólito hecho de ganar Giro, Tour y Campeonato del Mundo en el mismo año, sin embargo, en los últimos años de su carrera le persiguieron las lesiones. Hay un elegante homenaje en piedra (ver fotos) en su localidad natal Dundrum, donde se puede llegar con el autobús n.48 o con el LUAS (tranvía). Está en la calle principal llegando al centro comercial.


El memorial Shay Elliot merece una visita a las montañas de Wicklow, por lo menos por el escenario. En coche o con el autobús de St.Kevin hay que llegar a Larga (cerca de Glendalough) y dirigirse hacia el sur en la carretera hacia Rathdrum por 1,5 kilometros. En el desvío hacia Drumgoff hayb que tirar a la derecha y el memorial está al coronar la subida, a unos 6 kilómetros.


Sean Kelly tiene una plaza dedicada a él en Carrick on Suir (condado de Tipperary). Recientemente él ha estado muy metido en la dirección de equipos y ahora esponsoriza y dirige un equipo belga-irlandés de jóvenes corredores. Desde que se retiró, ha tomado parte en numerosas carreras benéficas, especialmente para Blazing Saddles (organización pro ciegos). El antiguo compañero de equipo de Kelly en el equipo PDM, Martin Earley (vencedor de etapa en el Tour de Francia), tiene una consulta como terapeuta para deportistas en Store on Trent, Reino Unido. Paul Kimmage, continuó su carrera como periodista, escribiendo un excelente libro explicando sus experiencias como corredor, llamado “A rough ride”. Reveló que el abuso del dopaje estaba extendido en el pelotón y fue castigado severamente por los ciclistas de la época. Sin embargo, sus acusaciones le han proporcionado mucho respeto sobre todo después del Tour de 1998, donde se produjo el Caso Festina. Irónicamente, ese es el año en que el Tour de Francia visitó Irlanda. Kimmage trabaja para el periódico Irlandés Independiente y ahoira es un reputado periodista deportivo.


Con la excepción de Shay Elliot, todos los ciclistas mencionados están todavía vivos.


jueves, enero 29, 2009

Croke Park, un estadio repleto de historia

Croke Park, en Dublín, es un estadio impresionante. Un estadio con 115 años de historia, pero remodelado recientemente y un prodigio de modernidad. A día de hoy, inicio de 2009, es el cuarto estadio con mayor capacidad de Europa, con 82.300 espectadores. Un estadio con el marcador electrónico más grande de Europa. En su interior también hay un impresionante centro de congresos y el Museo de la GAA (Asociación Atlética Gaélica), la mayor organización deportiva irlandesa, propietaria del estadio y gran impulsora de los juegos, la cultura y a lengua irlandesa. En su modernidad cabe destacar el sistema de cuidado del césped que permite un mantenimiento perfecto en cuanto a condiciones de luz y agua (podéis verlo en la foto).

¿Por qué no es un estadio muy conocido en el resto de Europa? Sencillamente porque hasta hace poco allí únicamente se jugaban partidos de hurling y futbol gaelico (las finales anuales), deportes típicamente irlandeses. Unicamente a partir del año 2007 se jugó a fúbol en Croke Park. Concretamente, el primer partido de fútbol fue el disputado entre las selecciones de Irlanda y Gales el 24 de Marzo de 2007. También se disputan actualmente partidos del Torneo de 6 Naciones de Rugby.

Esta apertura de Croke Park a deportes no gaélicos supuso una gran controversia y únicamente ha sido posible hacerlo debido a las obras de remodelación del estadio Lansdowne Road, donde históricamente se han celebrado los partidos de las selecciones irlandesas de fútbol y rugby.

Curiosamente, el record de asistencia a este estadio no lo tiene un partido de un deporte irlandés, sino que lo tiene la ceremonia de inauguración de los Special Olympics del año 2003, que se celebraron en Dublín.

Croke Park también ha sido escenario de conciertos multitudinarios entre los que se pueden destacar los tres que ofrecieron los irlandeses U2 en 2005. The Police, Tina Turner, Bon Jovi, Billy Joel o Westlife son también otros famosos cantantes que actuaron allí.

La historia se escribe en las gradas de Croke Park. El primer domigo sangriento de la historia de Irlanda se produjo en este estadio el 21 de noviembre de 1920, cuando tropas inglesas entraron en el estadio en mitad del partido Dublín-Tipperary y asesinaron a 13 espectadores, entre ellos varios niños, y al capitán del Tipperary Michael Hogan . En recuerdo de esos hechos y del famoso levantamiento de Pascua de 1916 (Guerra de independencia de Irlanda) el fondo sin cubrir se le llama Hill 16. En honor de Michael Hogan, se dedicó otra grada a este jugador fallecido.

También estan bautizadas la grada Cusack (en honor del fundador de la GAA Michael Cusack), la grada Davin y la Terraza Nally. Incluso uno de los túneles está bautizado como túnel Alí en recuerdo del combate de boxeo disputado por Muhamad Alí contra Alvin Lewis en este estadio en el año 1972. Esta peculiaridad también es absolutamente característica de Croke Park, puesto que no es habitual que en los estadios se dé nombre a las gradas.

¿Y qué tiene que ver el ciclismo con todo esto? Pues no mucho, aunque en su museo destaca una vitrina con trofeos ciclistas y unas imágenes que dan fe de que en Croke Park también finalizaron algunas pruebas ciclistas en los años 20.

Sólo le faltaba el ciclismo. Pedazo de historia. Croke Park pone el vello de punta.