jueves, febrero 12, 2015

La carretera más bonita de Catalunya

Costa Brava road Cycling
Una imagen vale más que mil palabras (Foto Antxon Epelde)

(Publicado en el n.4 de la revista Ziklo)
No conocía a Jon. Colaboro en su revista desde hace muchos años y hemos labrado una buena amistad a golpe de correo electrónico y buena voluntad. Decidimos por fin encontrarnos en mi terreno y una escapada a Catalunya resultó ser una excelente excusa para trabajar, para rodar y para hacer algunas fotos, con lo que también vino Antxon. Jugando en casa no me costó demasiado encontrar el mejor lugar para quedar y mostrarle lo privilegiados que somos los catalanes. Tenemos mar, montaña, buen clima todo el año, un paraíso cicloturista.

Una carretera espectacular
El lugar de encuentro fue el Balneario Vichy Catalan, en Caldes de Malavella. Un entorno fantástico, un edificio histórico, una localidad termal con una ubicación privilegiada: cerca de la Costa Brava, cerca de Girona, cerca del Montseny, con el aeropuerto muy próximo... Todo esto está muy bien, pero es que además salir en bicicleta desde ahí ofrece una serie de opciones maravillosas. Les Gavarres, Montseny y, sobre todo, la carretera de Tossa de Mar a Sant Feliu de Guixols.

No sé si es cierto que es la carretera más de Catalunya. En cualquier caso es algo subjetivo pero para mí, si no lo es, debería estar cerca. La Costa Brava es un lugar mágico. Y en esa carretera podemos disfrutar de kilómetros de costa escarpada con vistas impresionantes sobre el normalmente tranquilo Mar Mediterrráneo. Dos factores juegan a su favor: se puede rodar en ella todo el año (algo de lo que no pueden presumir las carreteras de montaña del pirineo catalán) y el tráfico en ella es, contra lo que pueda parecer, muy escaso. ¿Más? El asfalto está perfecto y los quitamiedos junto a la carretera son de madera, a juego con el entorno. Es una carretera muy especial. Incluso los días de mucho viento se disfruta más de la atmósfera clara y las vistas sobre el mar. ¿Se nota que me gusta?

Costa Brava road cycling by Montefusco CyclingLa masificación del turismo afortunadamente no ha llegado ahí, las construcciones de hoteles y apartamentos y la turoperación turística a lo bestia se concentra en Lloret de Mar. Tossa de Mar ya es diferente, más tranquilo, familiar, me encanta su castillo y sus playas. Y de repente, cuando empieza la carretera que une Tossa de Mar con Sant Feliu de Guixols parece que toda la masificación se convierte en tranquilidad, en aire puro, en pinar mediterráneo junto al acantilado. 25 kilómetros de curvas y contracurvas con el mar al lado, pequeñas calas que se esconden y miradores que aparecen. Esta parte de la Costa Brava está protegida. Existen algunas construcciones, pero nada que ver con lo que hemos dejado atrás. Es el paraíso cicloturista.

No la tengo tan cerca, debo ir en coche cada vez que quiero rodar ahí y sentirme un privilegiado.
Además, manías mías, siempre la hago así, en este sentido norte. Será porque circular junto al acantilado te permite mejores vistas todavía. Entre gustos no hay nada escrito.

Costa Brava road cycling
Al fondo, el castillo de Tossa de Mar
Mientras yo les explicaba el recorrido a Jon y a Antxon, y les hablaba de la mejor carretera de Catalunya, notaba su escepticismo frente a mi pasión. Especialmente Antxon, que ha fotografiado miles de paisajes espectaculares. Una vez llegamos al destino no hace falta que Antxon reconozca que yo tenía razón. Basta ver cómo a cada momento nos pide detenernos y regresar sobre nuestros pasos para una serie de fotos. Continuamente. No hace falta que me lo diga. Hoy le toca trabajar duro: subir a la furgoneta, escalar la montaña unos metros, buscar el mejor ángulo para conseguir la mejor perspectiva. El resultado lo tenéis en vuestras manos.

De repente, en Sant Feliu de Guixols regresa la masificación, que continúa por Platja d'Aro y sigue dirección norte. Se acabó el paraíso, vuelta a la cruda realidad. Para ser honestos, hay que decir que únicamente en verano es realmente incómodo moverse por estas poblaciones eminentemente turísticas. Otoño, invierno y primavera aún es posible circular sin excesivos agobios. Eso sí, la carretera junto a los acantilados se ha terminado.

Los complementos y las variantes de esta carretera son múltiples, con lo que se pueden componer numerosos recorridos. En el recorrido que monté para Jon y Antxon complementé la carretera de Tossa a San Feliu con un par de subidas en la montañosa zona vecina de Les Gavarres. Un verdadero oasis de buenas carreteras y poco tráfico incluso en pleno verano. Las subidas a La Ganga y Santa Pellaia son carreteras estrechas, reviradas, serpenteantes, rodeadas de bosque, ideales, en fin para rodar en bicicleta.

Costa Brava road cycling by Montefusco Cycling
Los ciclistas, entre la inmensidad de mar y el bosque
¿Sois más de retos? Ningún problema, también podríamos combinar la carretera más bonita de Catalunya con un alto de primera categoría (catalogado así generosamente en alguna Setmana Catalana o Volta a Catalunya) como el Alto de Sant Grau, que une nuestra famosa carretera con la localidad de Llagostera. ¿Retos todavía más duros? Aquí los tenemos también. ¿Sabéis que el kilómetro más duro de toda Catalunya se encuentra justo aquí mismo? El Alt de Mas Nou, una carreterita que desde Platja d'Aro lleva al Golf d'Aro, y que fue final de etapa en numerosas Voltas a Catalunya en los años 70 y 80, sólo fijaros en los nombres de sus ganadores para saber si hace falta ser buen escalador para ganar aquí: 1974 Bernard Thevenet, 1975 (Giovanni Battaglin), 1976 (José Enrique Cima), 1977(Johan de Muynck), 1978 (Francesco Moser), 1979 (Jourdan), 1980 (Johan Van de Velde) y 1997 (Fernando Escartín).

Costa Brava road cycling by Montefusco CyclingSon 1,4 km a una media del 14,2%, y el kilómetro en cuestión tiene un desnivel medio del 15,2% con un desnivel máximo del 24% (Datos de APM). Ahí queda eso para el que quiera ponerse a prueba.

En nuestro caso, ya al final de temporada, me llevé a Jon por La Ganga y Santa Pellaia, subidas preciosas más tranquilas rodeadas de bosque sin esos desniveles. Después de 110 kilómetros regresábamos al Balneario Vichy Catalan en Caldes de Malavella para disfrutar al rato de sus circuitos termales y sus masajes, un gran complemento para la actividad ciclista, y poco después una espléndida cena en el restaurante del hotel. Allí nos pudimos reunir, por fin, una importante representación de Ziklo en Catalunya con Jordi Escrihuela y Sergi Ros. Una cena repleta de anécdotas, planes de futuro, también recuerdos, puertos subidos y por subir. Una cena larguísima que se hizo muy corta.

Un día soleado, una magnífica compañía, un hotel espléndido, un recorrido sin apenas tráfico y la mejor carretera de Catalunya. ¿Qué más se puede pedir?

lunes, septiembre 15, 2014

Reunión BIG en Catalunya: un encuentro de viejos amigos

Fotos de Sergi Ros. www.rosdemora.com
(Publicado en el n.3 de la revista Ziklo)

Muchos de vosotros ya conoceis El BIG (Brevet Intertational du Grimpeurs o Asociación Internacionals de Escaladores). Una asociación de gente que intenta conseguir el reto de subir las 1.000 subidas más emblemáticas de Europa (y algunas de las más importantes a nivel mundial).

Asociación nacida en Bélgica hace más de 25 años y que poco a poco ha ido creciendo hasta los más de 4.950 miembros actuales (final de Julio de 2014), entre los que se cuentan 361 españoles. La mayor parte de ellos son europeos, destacando la gran cantidad de holandeses y belgas que se unen a este reto.

Cada año se hace una reunión con objeto de subir la mayor cantidad de BIGs (subidas catalogadas en la superlista de 1000) y para conseguir que los miembros de la asociación se conozcan, compartan experiencias y se reúnan físicamente alrededor de una mesa y sobre la bicicleta para disfrutar conjuntamente de su pasión ciclista. Los últimos años estos encuentros han tenido lugar en Flandes (2008), Oberstdorf (Alemania) en 2009, Yorkshire (Inglaterra) en 2010, Córcega (2011), montañas del Tatras (Republica Checa-Polonia) en 2012 y Ardenas (Bélgica) en 2013. Este año tocaba en Catalunya y la verdad es que preparamos un buen menú de montañas para nuestros invitados europeos.

El programa incluía las principales subidas catalanas incluidas en la superlista de 1000 subidas:
Primer día: Turó de l’Home y Coll Formic
Segundo día: Bracons y Vallter 2000
Tercer día: Rassos de Peguera y Coll de Pal
Cuarto día: El Cantó y La Bonaigua
Quinto día: Llac de Sant Maurici y Montserrat

Asímismo, hay numerosas subidas cercanas que los asistentes a la reunión podían intentar realizar, antes, durante o después de la reunión: Tour de Madeloc (en Banyuls sur Mer), Coma Morera (cerca de Puigcerdà), Portillon (Bossost) o todas las subidas andorranas. Estos encuentros se caracterizan por la libertad con la que cada uno se mueve. A diferencia de los stages tradicionales a los que estamos acostumbrados, donde todos los ciclistas van más o menos agrupados haciendo exactamente el recorrido propuesto, las reuniones del BIG se caracterizan por la autonomía de cada participante en función de sus fuerzas o de sus intereses personales. En este caso teníamos 3 asistentes que iban con sus mujeres en autocaravanas y que funcionaban por libre. También tuvimos la asistencia de numerosos miembros catalanes del BIG que en algún momento participaron de la reunión haciendo alguna de las subidas propuestas.

El primer día ya se sabía que nos íbamos a mojar. Desde mucho antes, las previsiones de ese primer día eran horrorosas, y se confirmaron. Uno de los puertos más duros de Catalunya como es el Turó del Home se tendría que subir con lluvia desde el minuto uno, y con las condiciones adversas que hay a 1.700 metros, os podéis imaginar. Los asistentes catalanes renunciamos a subir y preferimos hacer de asistencia a los miembros lejanos que no iban a dejarse intimidar por un poco de agua después de viajar 5.000 km… Personalmente tengo el Turó del Home a tiro de piedra y lo puedo hacer cualquier día…
Las condiciones mejoraron tras el descenso del Turó y se pudo afrontar Coll Formic sin lluvia, con unas condiciones mucho mejores. El primer día había sido duro para aquellos que querían hacer el programa a toda costa.

El segundo día incluía las ascensiones a Bracons y Vallter 2000, las dos subidas gerundenses por antonomasia. Bracons, muy conocido por todos los cicloturistas catalanes por su inclusión en la marcha cicloturista Terra de Remences, y Vallter 2000, también muy conocido por su inclusión en las últimas ediciones de la Volta a Catalunya y en la Marxa 100% Tondo. Esta vez el habitual mal tiempo de Vallter no apareció y pudimos disfrutar de una subida sin agua ni excesivo frío, e incluso diría que con algo de viento de cola. Vallter 2000 siempre es un reto y coronarlo supuso el primer contacto de nuestros visitantes con una cima de más de 2000 metros en el pirineo catalán.

Hay que decir que la logística de todo el encuentro era sencilla. Al tratarse de una ruta itinerante, todo mundo debía tener coche para trasladarse de un punto a otro, y también de la base de un puerto al siguiente. Se trataba de optimizar el espacio y meter en los coches 3 ó 4 personas y bicis. Como veis, toda la organización muy casera, puesto que se trata de una asociación sin ánimo de lucro, sino únicamente la voluntad de difundir la pasión por la escalada en bicicleta. A veces es gratificante reencontrar estas salidas “entre amigos” frente a las salidas cada vez más profesionalizadas que podemos encontrar hoy día.

La tercera jornada tenía en el menú dos colosos del Berguedà como son Rassos de Peguera y Coll de Pal. Habiendo dormido en Berga, la subida a Rassos se hizo a primera hora, tras desayunar. Allí nos acompañaron nuevos amigos venidos de Francia y de Holanda, que se unieron temporalmente al encuentro, de tal manera que la foto de grupo en el cartel de Rassos fue la más numerosa de toda la reunión. Los niveles de los asistentes eran muy diferentes, de tal manera que los que iban más despacio salieron un tiempo antes y así la reunión para la foto no se tuvo que hacer esperar demasiado.

Esa es otra de las características de los encuentros del BIG. Las velocidades son muy diferentes y casi diría que la rapidez o la velocidad son secundarias. Es más importante charlar con todo el mundo, ejercer de cicerones con los visitantes y que todo el mundo se sienta a gusto. Compartir experiencias con cualquiera de los asistentes es un privilegio. Gente con un curriculum escalador que no deja indiferente a aquel que le apasione subir montañas en bicicleta.

Tras Rassos de Peguera venía Coll de Pal. Un señor puerto. Un puerto con mayúsculas que esta vez tenía el aliciente de que el miembro del BIG y también colaborador de esta revista Angel Morales iba a subir por 25ª vez este año, lo que le acredita como padrino de la subida. Un verdadero experto en los Alpes, un profundo conocedor de las montañas más duras de todo el mundo y que al final es el padrino de la subida que hay en la puerta de su casa. Subir con Angel es siempre un privilegio, y esta vez, con sus perfectas y detalladas indicaciones, incluso el coloso de Coll de Pal se hizo menos duro.

La cuarta etapa tampoco tenía desperdicio. Tras un largo traslado en coche y tras dormir en Sort (el afortunado pueblo ilerdense donde “La Bruixa d'Or” es la verdadera atracción), ese jueves íbamos a subir Coll de Cantó y la siempre imponente Bonaigua,que con sus más de 2000 metros, es siempre uno de los puertos catalanes con problemas por la nieve en invierno.

El puerto de Cantó se hizo con viento de cola, un puerto con bastante tráfico, con una carretera muy ancha y en muy buen estado. Otro de los puertos clásicos catalanes que aunque a los que vivimos en la capital catalana nos cae algo lejos, siempre buscamos alguna excusa para poder subirlo. Por ejemplo, una excelente excusa es año tras año la Pallaresa, marcha cicloturista que desde Tremp hace un bucle con Cantó y Boixols. Recomendable.

Y si Cantó lo subimos con el aire a favor, la Bonaigua tocaba subirlo con el aire en contra. El puerto, ya de por sí interminable, con el añadido del aire en esas rectas larguísimas por la vertiente d'Esterri d'Aneu, se convirtió en uno de los cocos del encuentro. Pero eso sí, en la zona de curvas más entretenida, y cerca de la cima, el sol lucía radiante y pudimos disfrutar de una buena sesión de fotos una vez coronamos. Este día la nota diferente la puso Luigi, nuestro joven acompañante italiano (joven de espíritu, con sus 67 años) no tuvo bastante con el menú propuesto, sino que tras empezar antes que el grupo, se fue hasta Bossost donde subió el Portillon, otro puerto en la lista que le faltaba. Un día bien aprovechado para Luigi con 3 BIGs al zurrón!

Ya sólo quedaba el último día, con la dura subida al Llac de Sant Maurici, una subida también en la zona de Sort que vale la pena conocer. Nuestros visitantes alucinaron con sus rampas y con las vistas de “Els Encantats” (famoso pico del Parque Nacional d'Aigüestortes, visible desde el Llac de Sant Maurici). Regreso rápido a los coches y vuelta a Barcelona, donde el segundo sector de la etapa implicaba subir a la montaña de Montserrat. Un final mágico, un buen colofón para una reunión de amigos del cicloturismo y de la escalada. Un final con mucho calor, Montserrat en el mes de Julio a primera hora de la tarde es así, pero otra de las características de estos encuentros es que hay que aprovechar el tiempo como sea.

Viernes por la tarde, ya habíamos completado el programa ciclista, pero aún algunos de nuestros acompañantes seguían su viaje. Algunos con visita turística a Barcelona durante un par de días, otros dirección al Pirineo a seguir escalando BIGs y otros incluso dirección a Asturias.

Es lo que tiene la magia del BIG. Nos hace ser viajeros, curiosos e incansables. Lo que para la mayoría de mortales sería de locos, para nosotros es lo normal: ese frenesí de coche, sacar la bici, subir un puerto, bajar, volver a coger el coche y hasta el siguiente destino, dos, tres o cuatro veces al día. Puertos hay muchos y vacaciones hay pocas. O dicho de otro modo, la vida es corta.

¿Quién se anima a apuntarse al BIG? ¿Alguien tiene curiosidad por visitar Grecia en bicicleta el año 2015?


miércoles, junio 25, 2014

Momentos en Roubaix



(Publicado en el n.2 de la revista Ziklo)
Fotos de Sergi Ros de Mora www.rosdemora.com

Este año 2014 Roubaix vuelve a estar de moda. De hecho lo hace cada año, nunca deja de estar en la cresta de la ola. Pero algo nuevo ha pasado: el Tour de Francia ha incluido este año una etapa con 9 tramos de pavés, habituales en la clásica. Y ya se sabe que el Tour todo lo puede y es capaz de poner de moda o hundir lo que se proponga.

Para nosotros Roubaix había sido siempre una etapa pendiente, un destino obligatorio que faltaba por tachar. El viaje a Roubaix es al mismo tiempo un viaje al pasado, a los orígenes del ciclismo.

A modo de flashes, las fotos evocan recuerdos del largo fin de semana que pasamos allí, en el norte de Francia, tocando con Bélgica. Recuerdos que no serán fáciles de borrar.

Esta es la pequeña historia visual de nuestro viaje a Roubaix a la conquista de los adoquines.

Johan Museeuw, el león de Flandes
Bar Le Pave justo frente a la entrada al velódromo. Cinco de la tarde del viernes anterior a la París Roubaix. Cicloturistas de toda Europa comparten tertulia y cerveza en ese local mítico. Especialmente muchos belgas.
Lo recuerdo como si fuera ahora, tantas veces viéndolo en la televisión, luchando con la cara embarrada. El día del triplete del Mapei, el día de su lesión tras la caída en Arenberg en 1998, el día, dos años después, que con el maillot de Domo, se reconcilia con la París Roubaix y la gana mostrando su recuperada rodilla al mundo.
Me parece reconocerlo. Miro las fotos de los vencedores que adornan las paredes del Bar y confirmo mis sospechas. Es Johan Museeuw. Con unos kilos de más y con la cara enrojecida por alguna que otra cerveza. Un mito viviente. ¿Eres tú? Soy yo. ¿Una foto? Cómo no!
Otra vez la fiesta de la bicicleta que es Roubaix se manifiesta en toda plenitud. Antiguos vencedores vuelven una vez al año, toman unas cervezas, son reconocidos y por unos momentos la gloria parece volver. Sólo pocos minutos más tarde vuelve a la realidad cuando le vemos alejarse sólo en un coche rotulado con la imagen de una marcha cicloturista que organiza en el mes de Junio.
Una foto que es algo más que una foto de un mito viviente con fans.

Las bicicletas de Roubaix 
Preparar la bicicleta para ir a Roubaix es una aventura. Cada uno escucha, lee, mira, investiga, y finalmente prepara la bicicleta. En mi caso no fui con la bicicleta “principal”, puesto que no quería hacerla sufrir y pasar por los malos ratos de los tramos adoquinados. Me cogí una bici vieja, le metí doble cinta del manillar, le metí cubiertas de 26 mm e hinché las ruedas a una presión moderada tirando a baja (5,5 kilos o 6 a lo máximo)… y poca cosa más. Otra cosa la descubrí ya sobre el primer tramo de pavés: hay que llevar portabidones en buen estado que sujeten bien los bidones. De lo contrario, al primer tramo de pavés ya los habréis perdido. Cientos de bidones en los tramos adoquinados dan fe que no fui el único que perdí un bidón.
Pero ir a Roubaix no es solo preparar la bicicleta sino preparar todo el material y la ropa de manera adecuada. No hay que olvidarse de los guantes, y ahí estaba yo para correr sin guantes. Cómo se le va a ocurrir a alguien correr sin gafas en una Roubaix polvorienta en la que se preveía un tiempo seco y primaveral. Y las gafas se me olvidaron. La organización también recomendaba llevar 5 cámaras de recambio por lo que pudiera pasar. Esto no es la salida de todos los domingos, aquí el riesgo de pinchazo es casi del 100%. Y si mezclamos pinchazos y caídas seguro que no hay grupeta que se marchara a casa sin ninguna de ellas.
Todo eso es también la experiencia de correr en Roubaix. En la foto vemos una bicicleta al final del recorrido, con una buena dosis de polvo y de suciedad. En el tubo horizontal se puede ver el adhesivo que la organización daba para tener presente en todo momento del recorrido cuáles eran los tramos de pavés. Muy buena iniciativa y una gran “chuleta”.

El Bosque de Arenberg  
Arenberg es el primer tramo calificado de 5 estrellas o dificultad máxima. En la prueba cicloturista el tramo es cronometrado para que el que quiera se pueda medir con los demás.

El ambiente en el Arenberg es especial. Tanto el día de la cicloturista como el día de la carrera profesional. El paso del cicloturista por el tramo adoquinado más famoso se convierte en una tortura para los no avezados. Un inacabable tramo recto de 2,4 km con unos adoquines desiguales que no permiten coger ninguna velocidad

El día de la prueba profesional es uno de los sitios con más ambiente de toda la prueba. Una zona VIP al final del tramo donde las personas importantes pueden ver lo que ocurre en una posición privilegiada. No cabe nadie más, si alguien pretende tener un poco de visibilidad.
Sobre todo un montón de belgas alrededor nuestro. También ingleses (vestidos con el  Rapha Style) e incluso una pareja de americanos que han aprovechado las vacaciones para ver todas las clásicas de primaveras. Sorprende la cultura ciclista que tienen, viniendo de donde vienen!

En las fotos podemos ver los adoquines irregulares que caracterizan Arenberg. Otro nombre que ya está escrito en la leyenda de nuestro deporte.

El anacronismo de Roubaix
Una imagen refleja tantas cosas… ¿Anacronismo decíamos? ¿Cómo se puede entender que en una carrera tan super-profesionalizada, donde hay tanto dinero en juego, nos encontremos un personaje así?

Una furgoneta o una moto vieja dejaron un rastro de aceite en el paves de Arenberg la noche anterior a la París-Roubaix. La solución no pasa por una sofisticada maquinaria capaz de limpiar la ruta y arreglar el desaguisado. La solución pasa por que uno de los “Amis de la Paris Roubaix” en una furgoneta, probablemente en peor estado que la que dejó el rastro de aceite, lance serraduras que sequen el aceite pocas horas antes del paso de los corredores. Todo muy antiguo, muy rural, muy…auténtico.

En la foto podemos observar al personaje que se encargaba de tan importante cometido. Importante porque de no ser por ese trabajo muchos ciclistas profesionales podrían haber caído, circulando a gran velocidad por ahí, exactamente por el “lomo de burro” del camino, por la espina dorsal de la carretera, por el centro.

El Velódromo (viejo) de Roubaix
El viejo Velodromo de Roubaix ha sido desde 1943 (sólo con 3 años de excepción: 1987-1988-1989) el lugar donde termina la París Roubaix después de tantos años, aunque justo al lado se haya construido el nuevo velódromo cubierto Jean Stablinski. El encanto del Velódromo de Roubaix es el encanto de lo decadente, de lo clásico. Ver el velódromo en directo es una mezcla de excitación y decepción. Lugar mitificado por todos los amantes del ciclismo y sin embargo en directo es una instalación fuera de su época.

Rodar por su cemento y probar la inclinación de sus curvas es sentirse finisher y sentirse profesional por un día.

En la foto se aprecia la alegría de los diversos grupos que terminan la prueba. Unos levantan los brazos, otros imitan el famoso gesto de Museeuw en el año 2000, cada uno a su aire, los miles de cicloturistas van entrando durante horas, puesto que en los últimos kilómetros se juntan los ciclistas de las 3 distancias posibles, que a su vez tienen salida libre.

El Carrefour de l’Arbre o el cruce del árbol
El Carrefour de l’Arbre no es el tramo duro ni el más largo, poco más de dos kilómetros,  pero durante los últimos años ha sido un tramo definitivo en la resolución de la carrera. Por primera vez introducido en el año 1980, Carrefour de l’Arbre es el segundo tramo de pavés con 5 estrellas tras Arenberg. La curva a izquierdas con la que se inicia el tramo, el restaurante al final, el árbol que le da nombre justo al lado. Ahora ya son lugares que han quedado fijados en nuestras retinas.

El último tramo importante, en el que uno ya no quiere saber más de los adoquines y busca algún pequeño resquicio junto a la hierba para no sufrir más el impacto de las piedras.
Este tramo ha sido los últimos años objeto de polémica puesto que el comportamiento de los aficionados no ha sido el más adecuado. Consecuencias de la ingesta masiva de alcohol en general y cerveza en particular.

El Carrefour de l’Arbre es, efectivamente, el cruce del árbol. Más de dos km de adoquín, tras los cuales ya no será fácil hacer diferencias.

Una fiesta del ciclismo
Ciclistas de todos los países, de todas las condiciones, unos bien equipados, otros con lo justo, algunos disfrazados de época como si esto fuera La Eroica o la Pedals de Clip. La París Roubaix evoca el pasado, eso no se puede remediar.
De lo que se trata es de disfrutar de una jornada festiva en la que por una vez el resultado deportivo es lo de menos y en cambio se trata de disfrutar con los compañeros de grupeta de un día muy especial.
En la imagen vemos uno de los participantes en una bicicleta de madera que, la verdad, dudo que le sirviera para hacer muchos kilómetros. La cantidad de cerveza ingerida por el susodicho es proporcional a su barriga. Hasta tal punto que también dio de beber al caballito que podéis ver en el manillar. La fiesta de Roubaix… y de la cerveza.

El centenario
Justo a la entrada del velódromo hay un sencillo monumento, que representa un adoquín, cómo no, que conmemora los 100 años de celebración de la París Roubaix.
Un adoquín gigante que es el símbolo de toda la prueba. Un adoquín que también reciben los ganadores desde el año 1977.
Si bien la primera vez que se celebró la prueba fue en 1896, con los parones de la Guerras mundiales, fue en el año 2002 en que se celebró el centenario de la prueba y cuando se instaló este adoquín gigante, que ha pasado a ser otro de los puntos de peregrinaje de los cicloturistas de todo el mundo.
Las medallas de Roubaix
Las marchas cicloturistas se valoran por su paralelismo con las pruebas profesionales, por su historia, por su recorrido. Y cuando uno ya tiene todo eso, los detalles marcan la diferencia. Cuando íbamos a Roubaix, los amigos nos encargaban un adoquín, pero ese no es el regalo que ofrece la organización. El regalo que ofrece es una sencilla medalla que acredita que tú pasaste por los terribles tramos adoquinados y que, en cualquiera de sus versiones, terminaste la prueba. Es la medalla que nosotros, en la foto y a lo Rafa Nadal, mordemos comprobando su autenticidad.

En nuestro caso, fuimos a la Challenge Paris Roubaix, prueba que se organiza el mismo fin de semana de la carrera profesional. La Challenge tiene 3 posibilidades: una ruta de 171 km con salida en Busigny (hay que coger un autobús de madrugada hasta la linea de salida), la de 141 km que sale de Roubaix y que incluye los últimos 18 tramos de pavés (desde Arenberg hasta el final), y la de 70 km, tambien con un recorrido circular.

Pero para los más puristas, hay que decir que la genuina Paris Roubaix Cyclosportive se celebra cada dos años (los años pares) el mes de junio con dos distancias, 210 (autoproclamada La Leyenda, aunque no es exactamente el mismo recorrido que la carrera profesional) y otra de 120 km que incluye también los tramos de pavés más famosos. Ya lo sabéis, para 2016.

La tradición
Uno de los muchos alicientes de la París Roubaix. Una de las tradiciones a respetar. Otro anacronismo. Desde 2003, el nombre de todos los vencedores en Roubaix se halla grabado en unas placas que identifican no las duchas, sino unas minicabinas individuales donde el sábado se cambian los cicloturistas y el domingo los profesionales. Esto no son los lujosos vestuarios de los estadios de fútbol modernos. Esto son unas austeras duchas que podrían ser las de cualquier campo de futbol base. Un lugar donde limpiar el polvo, el sudor, el barro y recordar la gloria y la miseria de una de las carreras más bonitas que existe en el calendario internacional.

Después de más de seis horas de lucha contra el resto de corredores y contra las piedras, los profesionales seguirán durante unos minutos más en el pasado. Viviendo el anacronismo que significa una prueba tan especial del Siglo XIX disputada en el Siglo XXI.



sábado, abril 19, 2014

Barcelona, un destino cicloturista inesperado



(Publicado en el n.1 de la revista Ziklo) 
Fotos: Sergi Ros de Mora www.rosdemora.com 

El cicloturismo no es sólo descubrir paisajes naturales bellísimos en la montaña o junto al mar. Una carretera pintada en gris sobre un fondo verde bosque o blanco nieve. El cicloturismo es también curiosidad, cultura, gastronomía, buen clima, sitios diferentes,  gente, carriles bici, incluso ciclismo urbano y lento. Una metrópolis como Barcelona es un reclamo universal, y una ciudad especialmente apetecible para ser descubierta sobre una bicicleta.

Barcelona es una de las marcas más potentes que existen en el mundo del Turismo hoy en día. No es casualidad que el número de turistas crezca cada año, incluso con la crisis. 7,5 millones de turistas en 2012, ¿no es impresionante? El parque hotelero tampoco para de crecer, más de 350 establecimientos, 65.000 plazas hoteleras. Cifras que no se detienen…

Sin embargo, el mensaje que recibimos de Barcelona en relación con la bici es contradictorio. Por una parte es una ciudad amigable con la bicicleta, kilómetros y kilómetros de carril bici, un sistema de uso de bicicleta como medio de transporte como el Bicing, una ciudad eminentemente llana junto al mar… Por otra parte, es una conglomeración urbana que asusta a cualquiera. Millón y medio de habitantes, casi cuatro contando el área metropolitana, muchos coches, tráfico, riesgo…

¿Hay algo más apetecible que pasearse con la bicicleta por el frente marítimo barcelonés desde Sant Adrià del Besós hasta el Hotel Vela pasando por la zona del Forum, la zona de la Vila Olímpica y la Barceloneta? Pocas cosas son comparables a esta experiencia, por eso hay miles de personas que cada día hacen ese trayecto en bicis baratas, en bicis urbanas, en bicis eléctricas, en bicis de montaña, bicis holandesas, e incluso en las nuestras, en bicicletas de carretera. El fin es disfrutar de la brisa marina, de las vistas, del olor a mar, del ambiente de playa que se respira en esa zona todo el año. Sí, definitivamente Barcelona es también un destino cicloturista de primerísimo nivel. No en el sentido que estamos acostumbrados, los stages cicloturistas invernales en zonas cálidas junto al mar, donde machacarse y entrenar duro, sino en un sentido más amplio, más turístico, más global.

Por otra parte Barcelona es una ciudad muy ligada al mundo del ciclismo profesional desde hace muchos años. No hace falta que nos vayamos al evento barcelonés por antonomasia, las Olimpiadas de 1992, cuya prueba en linea por cierto se disputó no en Barcelona sino en Vilafranca del Penedés, con triunfo del malogrado Fabio Casartelli. Como digo, prácticamente el único vestigio ciclista de las Olimpiadas del 92 es el Velódromo de Horta, actual sede de la Federación Catalana de Ciclisme.

No hará falta hablar de las Olimpiadas, pero sí de los Mundiales de ruta de fondo en carretera que se disputaron los años 1973 (vaya podium: Gimondi, Maertens, Ocaña, con Merckx cuarto) y 1984 (con victoria de Claude Criquielion, en otro mundial durísimo delante de Corti y Bauer). Siempre en Montjuic, donde también se disputaba la recordada Escalada a Montjuic, que se realizó de 1965 hasta 2007. Una prueba singularísima con su tramo en linea, su tramo contra reloj con la gente apoyando a sus ídolos ciclistas muy de cerca. Hay que recuperarla como sea, desde aquí un llamamiento a las Instituciones públicas para que apoyen su recuperación. No es tanto tema de dinero como de voluntad…

Montjuic, la montaña olímpica, que también ha sido escenario de muchos finales de etapa de la Vuelta a España, de la Volta a Catalunya, de la Setmana Catalana, también extinta. Hubo incluso una época que parecía que las etapas de Barcelona estaban malditas, casi coincidieron en el tiempo una polémica etapa de la Vuelta a España de 1999, cuando se produjo un plante de los corredores por la excesiva peligrosidad del circuito de Montjuic, con la no menos polémica etapa de la Volta a Catalunya del 2000 en la que el fuera de control 81 corredores casi provoca una debacle, únicamente salvados por una decisión injusta de los jueces. La Vuelta a España no volvería a Barcelona, y a Montjuic concretamente, hasta 2012.

Pero Barcelona no podía estar tantos años sin ciclismo y qué mejor manera de tenerlo que ser sede de la mejor carrera del mundo. Fue final de etapa en el Tour de Francia de 2009, ¿cómo olvidarlo? Ni la lluvia deslució ese día, en el que la participación ciudadana estuvo otra vez de diez. La etapa llegaba procedente de Girona y la meta casi llana en la recta del Estadio, sin pasar por la terrible rampa que sube al castillo de Montjuic. Meta que coronó a Hushovd por delante de nuestros Freire y Rojas, qué lástima no haber imitado a José Pérez Francés, que en el Tour de 1967, ganó la etapa Ax les Thermes-Barcelona después de una de las escapadas más largas de la historia de la Grande Boucle. Reminiscencia del paso del Tour por Barcelona es la actual marcha cicloturista Barcelona-Andorra, consolidándose año tras año, sobre el mismo recorrido que siguieron los ciclistas en 2009.

Montjuic es una montaña tan barcelonesa y tan ligada al deporte, que los alicientes se multiplican: Estadio Olímpico, Palau de Sant Jordi, Museo Olímpico, Piscinas Picornell (sí, las de las fotos impresionantes de los saltadores con Barcelona al fondo). Y más allá de lo deportivo las Fuentes, el MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya), el Palau Nacional o el Poble Espanyol.

No me resisto a hablar de la Barcelona ciclista sin citar la otra montaña ciclista barcelonesa por antonomasia: El Tibidabo. Cualquiera que haya empezado a pedalear en bici de carretera y haya salido desde Barcelona, tiene el Tibidabo su destino inicial y su lugar para medirse. La Montaña mágica barcelonesa es accesible hasta por 5 vertientes: Arrabassada, Peu del Funicular, Sant Cugat, Les Planes e incluso desde Molins de Rei por La Creu d’Olorda, en la vertiente menos transitada y más solitaria. No puedo tampoco olvidar el espectáculo de la Volta a Catalunya de 2007 con la llegada en la terrible rampa del parking del Tibidabo, con Samuel Sánchez venciendo en un esfuerzo agónico a Vinokourov. El Tibidabo es un clásico en la Volta a Catalunya, cómo no. La Volta, la prueba que nos queda, la decana, que siempre ha estado al lado de la capital catalana.

El Tibidabo (“Te daré” en latín, fueron las palabras del Diablo a Jesús, que le ofreció todo lo que desde una montaña muy alta estaba a la vista “Todo esto te daré si te postras y me adoras””) es la montaña visible desde toda la ciudad, con su iglesia iluminada por la noche, ofreciendo un increíble y bellísimo espectáculo. El parque de atracciones junto a la iglesia cierra un  círculo perfecto que mitifica la montaña ya desde la más tierna infancia.

¿Por qué no hablamos del clima? En esta ciudad maravillosa se puede practicar el ciclismo todo el año. Incluso en los días más crudos de invierno, los ciclistas barceloneses del norte salen por la NII dirección Costa Brava, los del Sur salen dirección Sitges, para buscar las Costas de Garraf. Los fines de semana de todo el año las vías de salida de la ciudad están repletas de ciclistas: la carretera de La Roca, la Nacional II, la autovía de Castelldefels, el Tibidabo y el Forat del Vent, la otra subida que es vía de la salida de la ciudad y que tiene a sus pies el Velódromo precisamente.

No podemos hacer una referencia a la Barcelona turística sin hablar de gastronomía. La calidad y la variedad de la restauración en Barcelona está fuera de toda duda, y es por sí mismo un potente reclamo. Y para nosotros los amantes de la bicicleta un complemento ideal. La mejor cocina mediterránea la podemos encontrar aquí.

Los alicientes de Barcelona son tantos… Uno más. Otro lujo que tiene esta ciudad. El río Besós, otrora zona degradada y maloliente, se ha convertido en un fantástico parque fluvial en el que conviven amplias zonas de césped excelente con un carril bici asfaltado de más de 5 km que llega hasta Montcada. Ahí se junta gente caminando, patinando, corriendo, en bicicleta… Todo un lujo de zona deportiva inmensa donde el deporte es el protagonista. Y además de forma segura, puesto que los vehículos a motor no tienen acceso.

¿Cómo es posible? Hasta ahora hablando de la Barcelona turística y aún no hemos hablado de la Sagrada Familia, de la Casa Batlló, de La Pedrera, del Parque Güell, la Catedral, el Borne, La Boquería, el Liceo, Las Ramblas, el Camp Nou… No se puede cerrar la lista. Todas esas atracciones se pueden descubrir sobre la bici mucho mejor que en coche (¡imposible!), andando o en transporte público.

Con todas las piezas que hemos nombrado hasta ahora, y muchísimas más que pueden ser turísticamente más que apetecibles, se puede componer un puzzle fantástco, y montar una ruta que en unos 70 kilómetros permite dar un repaso completo a la ciudad. En esos 70 km hay espacio más que suficiente para el turismo pero también para la exigencia física, las rampas de Montjuic no admiten medias tintas, hay que darlo todo, y la subida al Tibidabo aunque no demasiado dura también es de las que te hacen sufrir. Contemplar las magníficas vistas aéreas una vez arriba es la recompensa al sufrimiento.

Barcelona, una ciudad cosmopolita que os espera todo el año, para pedalear y también para conocer tantas cosas interesantes de la ciudad. Barcelona, la ciudad que cada vez que el ciclismo llega se vuelca con él. Una ciudad para sentirse orgulloso. La ciudad que un día, seguro, volverá a tener la Escalada a Montjuic. Y tendrá otra vez el Tour de Francia, se habla incluso de un “Gran Depart”.  La propia ciudad y su gente se lo merecen.

lunes, septiembre 23, 2013

Transpirenaica con alforjas, siete días, ocho kilos

Cirque du Litor
Nunca había pedaleado con alforjas. Siempre he sido más bien de intentar ir rápido.
Pero ya hacía tiempo que me llamaba de la idea de pedalear horas y horas. De viajar más que correr. De sentir que el día se alarga y no tener prisa por llegar.

Esta vez se planteó la posibilidad de estrenarme en este tipo de cicloturismo casi de casualidad. Un amigo tenía una semana libre en agosto igual que yo, pensamos en hacer algo sobre la bici, y cuando nos dimos cuenta ya estábamos dibujando etapas sobre un mapa. Fue cuestión de horas descubrir que una semana es el tiempo ideal para intentar hacer una Transpirenaica.

Lo mejor de una transpirenaica es que cada uno puede hacerla a su medida. En bicicleta de montaña o en bicicleta de carretera. Buscando los puertos míticos y más duros o evitándolos si las fuerzas no son suficientes. En 6 ó 7 días, sí, pero también en 15, o empleando todas las vacaciones. Una transpirenaica se empieza a hacer mucho antes de empezar a pedalear. El recorrido que aquí os planteamos es sólo una posibilidad, pero existen tantas como ciclistas. Se trata de consultar mapas, libros, webs, altimetrías, el Especial Pirineos de Pedalier, etc. Toda la información que recabéis es importante y os ayudará.  
Como elemento de referencia sí que pienso que es interesante citar la Hendaye-Cerbere, una Transpirenaica clásica, que organiza el Ciclo Club Béarnais . Tiene dos posibilidades, la primera es la versión Randonneur, con 720 km, 18 puertos, 11.000 metros de desnivel y un máximo de 100 horas para cumplirla y conseguir la medalla del Club Béarnais que lo acredita. La segunda es la versión turista, con 800 km, 28 puertos, 18.000 metros de desnivel y un máximo de 10 días para completarla.  Aquí tenéis el carnet de ruta de la Randonneur:

Hoy día tenemos muchas opciones “comerciales” para hacer una transpirenaica por carretera con coche de apoyo. Permitidme sugeriros dos: una la que ofrece Montefusco Cycling. Para ir con todas las comodidades, la bolsa en la furgoneta, y comida y bebida en la cima de las subidas. Y una segunda opción que no es estrictamente una Transpirenaica, pero casi. Se trata de la Haute Route (www.hauteroute.org ), aún más competitiva, que tiene su versión en los Alpes y también su versión pirenaica. Se anuncia como la marcha más dura del mundo. En su recorrido 2013 hizo los primeros días de Septiembre desde Solsona (Lérida) hasta Anglet-Bayona cubriendo 750 km, con 20.000 metros de desnivel. A los más competitivos os sobran opciones hoy día.

En nuestro caso se plantearon una serie de condicionantes y en función de ellos decidimos tirar para adelante. Teníamos 7 días de vacaciones y queríamos acabar en Cadaqués. No teníamos coche de apoyo. Queríamos pedalear con alforjas y que el resultado de las vacaciones fuera también conseguir un reto. Y creo que conseguimos todo eso, y más.

Esta es nuestra Transpirenaica, sin ninguna pretensión de ser mejor ni peor que otras, simplemente es la nuestra, la que disfrutamos y la que vivimos intensamente mi amigo (mucho más desde ahora) José Luis Arteaga y yo, durante 7 días del mes de Agosto de 2013.

Etapa 1. San Sebastián-Lecumberry.
Decidimos empezar en San Sebastián. Nos parecía un lugar simbólico. La playa de la Concha. Muchas transpirenaicas empiezan en Hendaya o en San Jean de Luz, esta iba a ser una de nuestras variantes. Llegamos un día antes a San Sebastián y nos regalamos con un domingo de descanso, y de pintxos y zuritos. ¿Dónde dormir? Un consejo, probad el Colegio Mayor Olarain, que en Julio y en Agosto no recibe sólo universitarios. Un lugar delicioso, especial, económico y donde os recibirán como si estuviérais en casa. ¡Ah! ¡Importante! Si mandáis las bicis anticipadamente os la cuidaran como si fueran joyas.

El primer día amanece lluvioso. La perspectiva de los más de 700 km que nos esperan durante la semana y la posibilidad de mojarnos hace que nos tomemos las cosas con calma. Desde San Sebastián salimos por el Alto de Miracruz dejando el Arzak a la izquierda y despidiéndonos así de las delicias culinarias de ayer. Nos vamos por Aritxulegui y Aguiña, según nos recomendaron Ruben e Iñigo, excelente manera de evitar la Nacional, aunque la niebla y las nubes nos impidieron disfrutar de esas primeras subidas en todo su esplendor.

A todo esto, en pocos kilómetros estamos totalmente acostumbrados al pedaleo con alforjas y el peso posterior que conlleva. En mi caso, con una BTT con neumático liso, a la que he puesto una parrilla y unas alforjas, mientras mi compañero lleva una bici de carretera también con alforjas. El va más ligero y será quién tire la mayor parte del tiempo. ¡Me he buscado un gregario excelente!

Para llegar a Elizondo debemos recorrer la incómoda N-121A, con tramos prohibidos para bicicletas, saliendo en ocasiones de ella y con vehículos a toda velocidad mientras estás dentro. Desde Elizondo, y ya sin lluvia, encaramos Izpegui, un puerto tampoco demasiado duro, cuyo descenso hacia St Jean de Pied de Port nos pareció espectacular. Paso complicado por esta localidad tremendamente turística y alargamos un poco el día hacia la base del primer puerto de consideración que subiríamos al día siguiente: Burdinkurutxeta. Dormimos finalmente en el Hotel Fronton de Lecumberry (Francia, ojo, no confundir con la localidad navarra).

Etapa 2. Lecumberry-Bielle. 

Podríamos llamarla primera etapa ”en serio”. Primer contacto con la alta montaña. Nada menos que con Burdinkuntxeta-Bagargui. Con cuatro kilómetros consecutivos por encima del 10% de desnivel. Os recuerdo que con una alforjas que pesaban más de 8 kgs.

Bajando Bagargui
Saliendo de Lecumberry nos metemos en plena Route des Cols (que iremos siguiendo durante tantos kilómetros estos días) y en este caso seguimos las indicaciones para el Bosque de Irati, como sabéis uno de los mayores y mejor conservados bosques de hayas y abetos de toda Europa. Las fuerzas están todavía intactas y el temido tramo tan duro lo pasamos sin excesivas dificultades disfrutando de un paisaje impresionante, aprovechando que el sol ha salido y ya no nos abandonará por unos días. Coronamos Burdinkurutxeta, donde coincidimos con un par de ingleses que con su maillot de Sky se hallan a la conquista de los Pirineos demostrando el tirón popular del ciclismo en Inglaterra con sus últimos éxitos. A veces creo que incluso el Tour es una operación de Marketing, que bueno para la industria ciclista el tirón de diferentes países como EEUU, Alemania y ahora Inglaterra. Como para pensarlo.


Coronamos más tarde Chalets de Irati y luego Bagargui. Desde donde iniciamos un largo, precioso y empinado descenso pasando por el pueblo de Larrau, dejando el coco a nuestra derecha, y más tarde dejaremos también el desvío hacia Pierre St Martin que nos hubiera devuelto hacia Navarra, por la que hubiera sido una Transpirenaica más “española”. Al final del descenso nos detenemos en Arette, un pueblecito típico que ama el Tour de Francia y que dedica grandes murales a los esforzados de la ruta. Nos hacemos la foto allí con una imagen donde se recuerda a históricos como Duclos Lassalle o Andre Darrigade.

Después de la segunda jornada ya me doy cuenta que esto de ir con alforjas no es lo que yo suponía. De hecho voy sufriendo a tope todo el tiempo, en las subidas para arrastrar el peso de la bici y las alforjas y en el llano para seguir a José Luis. No es que tengamos prisa, sólo es que después de 6 o 7 horas de bici (una jornada laboral) uno ya tiene ganas de llegar!

Etapa 3. Bielle-Sta.Marie de Campan
La etapa que teníamos prevista no era ésta exactamente. Sólamente incluía la ascensión a Aubisque y dormir en Luz St Sauveur, a los pies del gigante Tourmalet. Pero entonces quedaba una etapa un tanto descafeinada con sólo 71 km. Las previsiones meteorológicas eran excelentes ese día, hasta tal punto que decidimos hacer Tourmalet ya por la tarde llegando a Sta Marie de Campan sin alojamiento reservado con la esperanza de encontrar algo, como así fue.

Sería que Aubisque por Laruns no es suficiente, claro... Etapa mítica donde las haya. Un día para recordar mucho tiempo. Etapa con un tiempo extraordinario y repleta de recuerdos ciclistas, de los que nos recomendaba Javier Sánchez Beaskoetxea en el Especial Pirineos. Las bicicletas gigantes del Aubisque, el busto de Lucien Buysse, el Cirque du Litor, coronar el Tourmalet, la placa en la forja donde Eugene Cristophe reparó su horquilla... Una transpirenaica sin todo eso no sería transpirenaica.

Aubisque por Laruns no lo había subido nunca, fue para mí un gran descubrimiento, un Tourmalet como me avanzaba José Luis todo el tiempo. Y con mucha personalidad, me encantaron las bicicletas gigantes, pero especialmente el Cirque du Litor, un lugar cuya sola visión impresiona. Y más un día tan claro y soleado como el que disfrutamos.

El desvío hacia la Via Fignon
Ese día también por fin pude descubrir la Via Fignon, que no es más que la carretera antigua del Tourmalet, sustituida por la amplísima carretera que hoy día pasa por el aparcamiento y la estación de esquí de Bareges. En mi imaginario, la Via Fignon era una carretera perfectamente señalizada, de uso exclusivo para los ciclistas en subida, con carteles identificativos. La realidad es mucho menos romántica. Hace un mes ya subí el Tourmalet por Luz y no fui capaz de encontrarla, aunque a la bajada me detuve en Bareges para informarme, y fue donde me dijeron que para llegar a la Via Fignon debía seguir el cartel hacia “Jardín Botánico” durante la subida, una vez pasado el pueblo.

Efectivamente, esta vez tomamos ese desvío y vamos ascendiendo por una carreterita mucho más estrecha, desde donde se puede ver la nueva carretera al otro lado de la vaguada. Pasado el Jardín Botánico supuestamente unas vallas impiden el paso de vehículos, pero de hecho no es así. Y nos encontramos con una carretera por donde pasan algunos coches, con un mantenimiento muy pobre, de donde no se retiran ni las piedras que se desprenden. Ni una indicación, ni un rótulo que estamos en una carretera destinada a ser un lugar de peregrinaje. La Via Fignon, una idea magnífica que no debería caer en el error del olvido.

A todo esto, Monsieur Tourmalet se muestra en toda su grandeza y en toda su dureza. La BTT, las alforjas, el calor y el Aubisque anterior hacen que la ascensión por la via Fignon sea un calvario. El sol de media tarde aprieta con fuerza, y el momento en el que retomamos la carretera ancha nos ofrece una perspectiva de lo que todavía queda para llegar a coronar el puerto. Desmoralizante. Para José Luis fue el día que más ha sufrido sobre la bicicleta. Yo tengo una colección tan larga para elegir el peor día sobre la bici que no me atrevo a asegurar que fuera éste. Es curioso cómo las fotos de la cima nunca reflejan el sufrimiento de la subida, sólo la satisfacción de haber coronado.

Llegar a Sta Marie de Campan sin alojamiento es una ocasión para conocer alojamientos como la Gite de Sejour con la imagen de un maillot amarillo en su fachada (¡hotel completo!), o el Hotel “Les deux Cols” (Tourmalet y Aspin, obviamente), delicioso hotel familiar donde había una buhardilla libre y donde fuimos atendidos divinamente.

Ese fue uno de los días clave de la Transpirenaica. Sólo por esta etapa ya vale la pena el viaje.

Etapa 4. Sta Marie de Campan-Col de Menté.
Aspin es nuestro primer objetivo del día, ese puerto que queda entre Tourmalet y Peyresourde, a menudo ninguneado y últimamente relegado por la Hourquette de Ancizan. A veces se le cataloga de segunda categoría, especialmente por Campan. Pero es un puerto bonito sobre todo en su kilómetro final. Y con su estación de esquí, si Aubisque tiene Gourette y Tourmalet tiene La Mongie, Aspin tiene Payolle…

Coronado Aspin, nos vamos hacia Peyresourde. Una vez más, otro puerto que yo iba a hacer por una vertiente desconocida. Me pareció muy duro, el cansancio del día anterior se empieza a notar y corono justito, justito. Menos mal que ya conocía el final, porque a lo lejos se veía tráfico en la carretera que sube hacia Peyragudes (por donde subió el Tour 2012 y también la Vuelta a España de este año) y cualquiera podría pensar que había que ir hasta allí arriba...

Bajamos hasta Bagneres de Luchon y desde ahí fuimos por una carretera que tiende a bajar hacia el destino inicial de nuestra etapa, que era St Beat, un pueblo inhóspito famoso por sus mármoles, donde nos fue difícil incluso encontrar un lugar donde tomar una Coca Cola. Los dos puertos de hoy han hecho daño, pero si no avanzamos un poco habremos perdido todo lo que ganamos ayer subiendo Tourmalet...

Junto a la placa de Luis Ocaña
La solución está en subir el durísimo Col de Mente, nada menos que 9,8 km al 8,6%. La ascensión se hace interminable. Es horroroso, qué manera de sudar, me parece que hasta tengo fiebre. No es un puerto vistoso, ni bonito por esta vertiente, únicamente es duro, a secas. El único aliciente que tengo es encontrar la placa que recuerda la caída de Luis Ocaña en el Tour de 1971, a la manera francesa que tanto gusta de la épica: “Lunes 12 de Julio de 1971. Tragedia en el Tour de Francia. En esta carretera, transformada en torrente de barro por una lluvia apocalíptica, Luis Ocaña, maillot amarillo, abandonó todas sus esperanzas contra esta roca”. La parada y las fotos junto a la placa, a falta de unos 3 km, nos permite recuperarnos ligeramente y coronar junto al precioso albergue de la cima, donde pasaremos la noche.

Una habitación justita pero más que correcta y una cena espléndida sirven de colofón de una etapa que se ha hecho muy dura. Otro día en que no he terminado de descubrir el disfrute del cicloturismo de alforjas. Sólo sufrir y sufrir. Noche de no poder descansar bien, de horas en vela y de dudas, de no saber si sería capaz de terminar la Transpirenaica con éxito.

Etapa 5 Col de Mente-Ax Les Thermes

No puedo decir que el sueño fuera reparador. Pero en esta ruta no hay coche de apoyo, no hay opción de tomar atajos. Hay que desayunar fuerte, obligarse a comer bastante y empezar a dar pedales cuanto antes.

La etapa empieza en bajada. Col de Mente nos deja al pie de Portet d’Aspet, su puerto gemelo donde también se escribió la tragedia en 1995 con la muerte de Fabio Casartelli. La curva fatal y el monumento están a los pocos metros de iniciarse la subida. Qué mala suerte, esa caída, cuando Fabio estaba a punto de finalizar el descenso. Una bajada tremenda que corresponde a una subida terrible con puntas del 17% que íbamos a afrontar para empezar la etapa de hoy. Después de coronar nos espera un largo descenso y muchos kilómetros de llano, a la espera del segundo y último puerto del día, Col de Port.

El día parece que se va complicando y nos mojamos por segunda vez en la travesía. En Saint Girons no parece que el día vaya a mejorar y ya nos hacemos a la idea de un día pasado por agua. Sin embargo, a medida que nos acercamos a Massat las cosas mejoran y después de un refresco recuperador, afrontamos la subida a Col de Port con un buen sol. Después de los desniveles de los días anteriores, agradecemos un puerto como este, donde los porcentajes no superan el 6%. En el albergue de la cima recuperamos fuerzas y decidimos alargar la etapa no hasta Tarascon sur Ariege como teníamos previsto inicialmente (al final de la bajada), sino hasta Ax les Thermes, ciudad termal que ya conocemos bien, no en vano estamos ya a muy pocos kilómetros de Catalunya.

La carretera de Tarascon a Ax les Thermes es básicamente llana aunque al final se complica, pero lo peor es el intenso tráfico que nos acompaña. En nuestro camino dejamos a la derecha el desvío a Plateau de Beille, por otra ruta que conocemos bien de aventuras anteriores.



Etapa 6 Ax les Thermes-Argeles sur Mer 

La idea inicial de este sexto día era subir Pailheres y Col de Jau, a 2001 y 1506 metros respectivamente. La última etapa de montaña que sobre el papel nos tenía que dejar en Prades, a pie del Canigó, ya sólo pendientes de encarar una sencilla ultimísima etapa. Sin embargo el día amanece muy cubierto, con la niebla apareciendo en la montaña. Mientras desayunamos y vemos la gente por la calle con el paraguas, analizamos el mapa y vemos posibles alternativas a una etapa que la lluvia y el frío pueden arruinar. Hasta ese mismo día no habíamos considerado dejar Pailheres de lado, uno de nuestros puertos favoritos. Sin embargo, vemos claro en los mapas que subiendo Col de Chioula (que corona bastante más abajo, a 1.431 metros) llegábamos igualmente a Axat, nexo de unión entre los dos puertos previstos.

Así lo hacemos, no sin antes reparar el segundo pinchazo de la travesía, todavía en Ax les Thermes. Empezamos a subir y llegamos al cruce que separa la carretera que llega a Pailheres y la que llega a Chioula. Aunque no está lloviendo, decidimos subir Chioula, un puerto que se caracteriza por sus desniveles asequibles. Coronamos a 1.431 metros e iniciamos un larguísimo descenso que por momentos nos cuesta creer. No recuerdo estar bajando nunca tantos y tantos kilómetros.
Pensamos por un momento que encontraríamos alguna trampa en forma de muro de 3 km al 10% o algo así! Pero no hay trampa ni cartón. Quiero destacar el paso por les Gorges de Rebenty y el desfiladero de Joucou, un tramo corto pero precioso con sus túneles excavados en la piedra, con el río a la derecha, muy por debajo del nivel de la carretera.

De tal manera que nos hemos plantado con 60 kilómetros en las proximidades de Axat. Ahí, en una rotonda enorme vemos los kilómetros que nos separan de muchos destinos, y es cuando nos damos cuenta que estamos sólo a 63 km de Perpignan. Nos miramos y no hicieron falta grandes explicaciones. Nos vamos directos para allá.

La realidad superó con creces nuestras previsiones, pues no se trataba solamente de una carretera con tendencia a descender (obviamente, puesto que íbamos dirección al mar), sino que además nos encontramos con un viento favorable (¡sí, eso que muchos pensamos que nunca ocurre!) que nos propulsó hacia Perpignan en menos de dos horas. Una carretera que ya conocíamos de excursiones anteriores a la conquista de los castillos cátaros (Puylaurens, Queribus), perfectamente visibles desde la carretera. Recuerdo momentos a 70 km/hora sin dar pedales. Una media de más de 30 km/hora con las alforjas no estaba nada mal. Había ganas de llegar.

Porque desde Perpignan ya nos quedaba poco para llegar el Mar. Íbamos a completar desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo en 6 etapas, eso nos parecía un éxito. Llegamos pues a Argeles sur Mer, francamente un final de ruta no muy acorde con los sentimientos de euforia que nos invadían. Pretendíamos ver el mar a lo lejos e ir saboreando poco a poco la victoria que supone llegar a él. Pero se mantuvo oculto hasta la misma playa de Argeles, donde pudimos hacer la foto de rigor. Lo malo fue que encontrar alojamiento un sábado por la noche de Agosto no fue fácil. Lo que seguro que fue es caro. ¡Pero ni siquiera eso iba a amargarnos el sabor de la victoria!
 

7ª etapa Argeles sur Mer-Cadaqués

La última etapa venía a ser una especie de homenaje. 73 km al lado del mar, disfrutando en todo momento del olor a mar, de las vistas espectaculares y del buen tiempo, esta vez sí.
Además, de nuevo nos encontramos con el aire ligeramente a favor, cosas de la Tramontana tan típica de estos lares, que siempre sopla de norte.
No nos vamos a engañar, esa zona junto al mar no tiene un perfil llano. De hecho el desnivel fue mayor que el del día anterior. Los continuos repechos hacen que haya que jugar continuamente con el cambio, aunque más que repechos habría que catalogarlos directamente como puertos (estamos nuevamente en la denominada Route des Cols): Col de Belitres para pasar la frontera, Col del Frare, etc. El remate es, una vez llegados a Port de la Selva, la subida al Coll de Perafita, que nos deja justo encima de Cadaqués, a sólo 5 km de bajada de la localidad ampurdanesa, famosa entre otras cosas, por su relación con Dalí. Esta sí que es una entrada digna de una Transpirenaica, la llegada a Cadaqués, con el mar al fondo y un pueblo de postal que nos espera abajo del todo.

Llegada con sol, baño, paella. Ya está. Hay ganas de descansar y celebrar lo conseguido.

Una vez he regresado de la Transpirenaica he aprendido algunas cosas de esta ruta. He aprendido que el sentido de la transpirenaica tiene que ser siempre de regreso a casa, ¡eso ayuda psicológicamente en los momentos de duda! Ahora sé que cada uno puede hacer una transpirenaica diferente, en función de los días de que disponga, de su estado de forma, de los acompañantes, y que incluso es mejor tener la posibilidad de ir cambiando los planes sobre la marcha si el tiempo se complica o alguno flojea: no vale la pena reservar los hoteles con antelación. Es necesario analizar el recorrido con detalle, estudiar los mapas, disfrutar de la confección de las etapas. También he aprendido que no nos ponen las cosas fáciles para meter las bicis en los trenes de media distancia y hay gestionar el envío de las bicicletas por mensajería. Eso son malas noticias. Pero afortunadamente hay múltiples empresas que nos solucionan este problema.

La primera vez que he hecho cicloturismo de alforjas me descubre lo poco que necesita uno para vivir. Lo poco que cabe en las alforjas te sobra para una semana. Ocho kilos es suficiente. Una buena lección sin duda.

La salida de San Sebastián queda ahora muy, muy lejos, hemos conseguido el objetivo de estirar el tiempo al máximo. Qué gran ocasión para dar un repaso a la geografía pirenaica, a los alojamientos franceses (hoteles, Gites d’etape, Gites de sejour, albergues), a la gastronomía francesa (especial mención para la garbure y para la trucha a los que no nos convence la carne), a los vinos (¿eh José Luis?) y también a los conductores franceses, a menudo demasiado bien valorados aquí...

796 km en 7 etapas, con 12 colosos pirenaicos. Los datos que aparecen en el Strava ahí están. Una cosa está clara, esto ya no me lo quita nadie, esto ya lo tengo. Pero afortunadamente hay muchas otras opciones con que seguir ilusionándose, ¿quién sabe si una transpirenaica española? Una opción que este año descartamos frente a los míticos cols franceses, pero que es una segunda opción muy atractiva: Pierre San Martin, cañón de Añisclo, Cantó, Bonaigua... No desmerece, sólo le falta la épica y la historia. Pero ese podría ser el segundo episodio un año de estos, lo que no falta nunca son ganas e ideas. Continuará...