lunes, junio 16, 2008

Terra de Remences 2008, el día que Condreu quiso ser el Gavia


Supongo que no es casualidad que alguien vaya a todas las ediciones que se han celebrado de una marcha cicloturista. Y eso es lo que me pasa con la Terra de Remences. Once ediciones y las once las he corrido. Pero no es mérito mío, sino del Club Ciclista Bas y de la gente de Sant Esteve de’n Bas. Desde el principio fue una marcha con vocación de ser grande y basta ver el número de voluntarios que reúne para darse cuenta del empeño de sus organizadores en que la marcha sea cada año un éxito.

Las bajas que ha sufrido la organización, el fallecimiento hace dos años de su entonces presidente Josep Font Bofill y hace pocos meses de Lluis Bartrina Foix, una de las almas de la marcha, no han podido mermar la ilusión del resto, ni la calidad del producto final. Desde aquí el recuerdo más entrañable para ellos. Son responsables de un evento que supone el impulso de toda una comarca.

Hay marchas que uno hace para tenerlas en su curriculum y hay otras marchas que se han convertido en clásicas y que son punto de reunión de la mayoría de cicloturistas de cada club, y también la ocasión de ver a un montón de conocidos. Remences se ha convertido en un clásico de este estilo de marchas y es la primera gran cita de la temporada: el punto de referencia del cicloturismo catalán.

Este año, debido a la locura del deporte popular que este país está viviendo, Terra de Remences limitó las inscripciones a 2.500 (considerando que el año pasado hubo 2.200 inscritos no está mal). Por cierto. Parece que en las grandes marchas se ha puesto de moda este año la caza del corredor no inscrito. No me parece mal. Aunque quiero pensar que solamente una minoría ínfima de deportistas intentaría hacer uso de los servicios de una marcha organizada sin haber pagado. Pero quizás con la limitación de inscripciones se crea el efecto perverso de fomentar aquello que intentamos evitar…

Como decía, este año también había que estar en la linea de salida. Y eso que las previsiones meteorológicas no podían ser peores. Después de dos días continuos de lluvias en Catalunya, el domingo 11 de Mayo se preveía igual, especialmente en la zona de Girona. Ante esas prespectivas hubo mucha gente inscrita que prefirió no arriesgarse. Yo estaba inscrito en la marcha larga, pero hacer la marcha corta era una posibilidad, e incluso había otra, que era alargar la corta subiendo Bracons y bajar por la misma vertiente. Todo iba a depender del tiempo.

La marcha corta de la Terra de Remences es ya un clásico, con un recorrido sencillo pero que funciona, con las subidas a Capsacosta primero y a Coll de Canes después, con un tramo llano en medio donde se vuela. Estos 90 kilómetros son comunes a la marcha corta y a la marcha larga. La versión larga, en busca del recorrido ideal ya ha tenido cuatro recorridos: el inicial, el clásico, iba hacia Besalú, el lago de Banyoles y después tenía las tachuelas de Mieres y Santa Llúcia. El año 2004, debido a unas obras, se modificó ese recorrido y se fue hacia Amer y Angles para volver por Sant Martí de Llemena, en un bucle muy rápido. Es el que se denominó “Territorio Armstrong”, puesto que ahí solía entrenar el americano cuando vivía en Girona. 2005 fue el año de la inclusión de Condreu y Bracons en sentido contrario al actual. Desde 2006 se cambió el sentido de este último bucle con Bracons y Condreu. No sé si éste recorrido se mantendrá por mucho tiempo, pero lo cierto es que tiene de todo, sobre todo dureza, pero otros alicientes no faltan a la comarca: Collfred ya lo descubrió Pedalier y Falgars de’n Bas es una alternativa a Condreu…

En cualquier caso siempre es un recorrido que se hace duro. Cuando era más fácil, porque uno tiende a apretarse más, cuando el recorrido incluye un señor puerto como Bracons, no hay más remedio que emplearse a fondo para subirlo e intentar guardar algo de fuerzas para los 70 kilómetros que faltan para terminar cuando coronas.

La marcha empieza y el tramo llano del principio es el momento de saludar a los viejos amigos, compañeros de fatigas en alguna marcha de hace tiempo en alguna carretera remota. Aunque no conviene dormirse, que la gente aprieta desde el principio. Tras el consabido estrechamiento a la entrada de Olot el pelotón se estira, y en muy poco tiempo llegamos al pie del primer puerto.

Al coronar Capsacosta veo a Xavier Tondo parado en el avituallamiento. Vaya lujo tener a Xavi siempre en Remences, y además compartiendo grupo con los cicloturistas. Con lo fuerte que anda este año, victoria en la subida al Naranco incluida. También participó Carles Torrent, como siempre, y esta vez si que fue rápido, con los primeros. Joan Llaneras es otro que no suele fallar, aunque sus nuevas obligaciones profesionales le tienen ahora más tiempo en Mallorca y en esta edición no pudo venir. Este año trambién se esperaba a Roberto Heras y a Luis Enrique, entre otros, pero finalmente no pudieron asistir.

En el tramo llano que hay entre Capsacosta y Canes, que pasa por Sant Joan de les Abadesses los rodadores hacen de las suyas y siempre se va a mil. Ahí sí que hay que apretar los dientes para no perder un buen grupo. Y probablemente es recomendable no gastar demasiadas energías. Canes es el momento de forzar para los que hacen la corta, y el momento de reservar todavía un poco para los que hacemos la larga.

La bajada del Coll de Canes hacia Olot es muy rápida y cada año se produce algún susto. Por eso la organización dispone un montón de voluntarios con banderas amarillas a la entrada de las curvas más peligrosas (¿o lo son todas?). A pesar de todas la precauciones, en esta ocasión la bajada de saldó con 3 hospitalizaciones, con una rotura de femur incluida.

A los 90 kilómetros se produce la separación entre los que hacen la marcha corta y los que hacemos la marcha larga. Hasta ese momento no había caído una sola gota, por lo que, a pesar de los amenazantes nubarrones, aparcamos las tentaciones de hacer la corta y empezamos a subir Bracons. El avituallamiento al principio de puerto es la excusa ideal para meternos por dentro de Joanetes y soportar unas rampas tremendas de regalo, que no sufriríamos si siguiéramos recto por la carretera.

La subida a Bracons permite ver la construcción del túnel que ha sido objeto de encendido debate en Catalunya entre políticos. No me atrevo a valorar las repercusiones económicas para la comarca que pueda tener el túnel, pero lo que sí puedo asegurar es que la agresión al medio natural y al entorno es evidente. Pero la suerte está echada y a finales de este mismo año las comarcas de La Garrotxa y Osona quedarán unidas por este túnel de 3 carriles que pasará a ser el tercero más largo de Catalunya, después del Túnel del Cadí y el Túnel de Viella.

En Bracons, desde el principio, uno baja platos y sube piñones hasta no poder más. El kilómetro final se hace siempre muy duro, mientras vemos a bastantes ciclistas bajando y nos advierten que arriba está lloviendo. Pero ya da igual, ya estamos arriba. Hay que comer algo y ponerse el chubasquero, ese chubasquero que durante los primeros 90 kilómetros pensé que podría haber dejado en el coche y que no hacía más que molestar en el bolsillo trasero. Qué equivocado estaba.

A los pocos kilómetros de la bajada de Bracons la lluvia desaparece, y podemos disfrutar (¿?) de una bajada que tiene algún repechón realmente incómodo. Vamos, de poner otra vez el plato pequeño… y las piernas a punto de estallar. Ese es terreno de ir formándose grupos y afrontar el llano que nos llevará al pie de Condreu. Por primera vez había un control de chip en Manlleu, junto al avituallamiento. Ahí se pasa a toda máquina, sin parar, pero hay que tomar un gel o una barrita, que los kilómetros no pasan en balde. En una marcha respetuosa con el medio ambiente como Remences te dan una bolsita para depositar restos de barritas, papeles, etc. Perfecto. Aunque yo prefiero por comodidad y rapidez meter los papeles o restos de gel en el interior del maillot. A la llegada lo meto en la bolsita y lo entrego para participar en el sorteo de diversos productos con el que la organización fomenta la minimización de residuos. A ver si hay suerte.

La subida a Coll de Condreu es muy tendida, aunque no por ello se hace menos dura. Condreu sería el Portalet y Bracons sería Marie Blanque. No hace falta que diga más, ¿no? El que aprieta demasiado en Bracons ya sabe dónde lo pagará. Yo debí apretar demasiado en Bracons porque me quedo del grupo donde voy y empiezo a sufrir. Menos mal que mi compañero Pedro se queda conmigo y me hace las labores de gregario. ¡Gracias Pedro!

Condreu va dejando al lado lugares preciosos que vale la pena visitar: Cantonigros, Tavertet, Rupit, Pruit, El Santuario del Far. Rincones maravillosos de calles empedradas donde el tiempo parece haberse detenido. Pero no era el día más adecuado para acercarse a visitarlos. A medida que vamos subiendo la lluvia arrecia. De hecho ¡menos mal que no me quité el chubasquero! Pero al paso por Cantonigros parece que me recupero. La lluvia me anima y me saca del estado agónico en el que me encontraba. Cuando se llega al avituallamiento alguien que no conozca la marcha puede pensar que la marcha ya está lista, pero no es así. Todavía queda un tramo rompepiernas hasta que, ya en pleno aguacero, coronamos y empieza el descenso.

No es una bajada especialmente rápida ni peligrosa, ya que el asfalto está en perfecto estado. Pero el agua lo complica todo. Tras las dos primeras curvas en que uno se da cuenta de que los frenos no responden, me decido a bajar sin demasiadas precauciones. La verdad es que con tanta agua el asfalto ya está limpio y aunque la intuición pide bajar despacio uno puede incluso plegar un poco. Empiezo a notar el frío, a pesar de llevar los guantes largos de invierno, ahora empapados. Los pies los tengo congelados. No queda más alternativa que ir bajando rapidito, que cuanto antes lleguemos antes nos secaremos. Curiosamente, a pesar del agua y a diferencia de Canes, en la bajada de Condreu no se produce ninguna caída importante.

Durante unos minutos el fantasma del Gavia planea encima de Condreu, pero finalmente no hubo drama. Tuvimos nuestro punto de épica, con frío, un buen aguacero, el cielo oscuro y las luces de los coches encendidas. Pero podremos terminar perfectamente y explicar que estuvimos en Remences el día que Condreu quiso ser el Gavia del 88.

Por fin llegamos a Sant Esteve de’n Bas completamente empapados, pero satisfechos de haber completado la marcha larga y haber vencido las inclemencias del tiempo. Me cuentan que llega gente con síntomas de hipotermia. En el polideportivo, cada uno cuenta su batallita y la ducha es el mejor momento del día.

Es la primera vez en once ediciones que me mojo. Pero incluso así, o precisamente por eso, ha valido la pena de nuevo ir a Sant Esteve de’n Bas a correr. Repasando las clasificaciones, nos damos cuenta de que finalmente, de los 2.500 inscritos, se clasificaron 1.800 (600 hicimos la larga y 1.200 la corta). La organización ya ha previsto el envío del maillot conmemorativo de la marcha (así como la devolución de la fianza del chip) a todos los inscritos que finalmente no participaron. Como tiene que ser.

No dejéis que la próxima vez os lo cuenten. Terra de Remences se merece correrla. No sé si once veces, pero seguro que más de una.

sábado, junio 07, 2008

Puentes y viaductos en Francia



Pont de st Nazaire
Cargado originalmente por tehu
(Publicado en el número 22 de la revista Pedalier)

El Viaducto de Millau es una construcción impresionante, el puente más alto del mundo, que alcanza una altura máxima de 343 metros. Mezcla de hormigón y acero, el viaducto, de 2.460 metros de largo y 32 metros de ancho, es la porción que le faltaba a la autopista A75, "La Meridiana", para unir París y el Mediterráneo de un sólo trazo por el Macizo Central. Fue proyectado por el prestigioso Norman Foster e inaugurado en el año 2004 después de 36 meses de trabajos. El puente, de silueta fina y blanca, ligeramente curvada, está asentado en siete pilares de líneas estilizadas en forma de flecha, el mayor de los cuales alcanza los 245 metros al nivel de la autopista, lo que permite que en ocasiones el puente esté por encima de un mar de nubes, en una de la imágenes más espectaculares que nos puede ofrecer.

Durante mucho tiempo Millau sufrió problemas de atascos de tráfico en los meses de verano, ya que es paso obligado de todos los habitantes de París que desean ir a la costa mediterránea de Francia. Los atascos se producían porque los coches tenían que atravesar las estrechas calles de Millau para poder cruzar el Río Tarn. Este puente es todo un logro para la ingeniería y la arquitectura, ya que logra incorporarse al paisaje de la zona de la forma menos agresiva posible. Uno esperaría, viniendo del sur, verlo a mucha distancia, pero su integración en el medio sólo permite verlo cuando uno ya está dentro.

Se trata de una verdadera joya, solo comparable a otros grandes puentes franceses modernos como el Puente de Saint Nazaire o el Puente de Normadía.

Pero, ¿qué tienen que ver esas construcciones con el ciclismo? Más de lo que parece. Posiblemente solo ver unas construcciones como las descritas ya merecería un peregrinaje similar al que provocan grandes puertos pirenaicos o alpinos. Pero no sólo eso, es sorprendente descubrir que en el Tour de 1999, en la famosa etapa del Passage du Gois (2ª etapa, Challans-Saint Nazaire, de 176 kilómetros), en la parte final del recorrido existía un pequeño puerto puntuable de cuarta categoría. ¿Puerto de montaña? No, simplemente se atravesaba el Puente de Saint Nazaire, para finalizar diez kilómetros después en la localidad del mismo nombre.

¿Recordáis el passage du Gois? En la etapa del Tour de 1999 la carretera húmeda y estrecha se convirtió en una trampa para el pelotón, que afrontó el inicio del paso como si fuera un sprint. Fue simplemente espectacular. El passage du Gois es una parte de la carretera que lleva de la isla de Noirmoutier a Limoges y se trata de un paso cubierto de agua por la marea durante 18 horas al dia. Su principal particularidad reside en la longitud del tramo, de 4,5 kilómetros. En el año 1942 el Gois y sus dependencias fueron catalogados como monumento histórico. Pero esta es otra historia y deberá ser contada en otro momento…

Ahora volvamos al Puente de Saint Nazaire, que sin duda es el puente más largo que cruza el estuario del río Loira en Saint Nazaire, con sus 3.356 m de longitud. La parte céntrica, el tablero, mide 720 m de longitud, con 60 m de altura, y permite que pasen los barcos de alta mar dirigiéndose a los puertos de Montoir, Donges, y Nantes. Los tramos de acceso los constituyen dos viaductos de hormigón. El conjunto es impresionante y se puede ver desde muy lejos mar adentro.


¿Es este el único puente famoso por el que ha circulado el Tour de Francia? No, seguro que no. Probablemente la caravana de la Grand Boucle haya circulado muchas veces por otros puentes, pero tampoco olvidaremos fácilmente el Puente de Normandía, por el que circuló la cuarta etapa del Tour de 1995 (Alençon-Le Havre, de 154 km.) que tuvo como ganador a Mario Cipollini, también al sprint. Muchos todavía guardamos en la retina las espectaculares imágenes televisivas de esa jornada.

El Puente de Normandía tiene una altitud máxima de 72 metros sobre el estuario del río Sena, entre Le Havre y Onfleur. Se trata de un puente de 2.141 metros de longitud total, con una arcada central de 856 metros y dos viaductos laterales de 548 y 738 metros. Fue construido entre 1992 y 1995 y se caracteriza por sus dos Y invertidas (los pilares de sustentación) que sostienen los 92 cables de acero.

Por último, no me gustaría dejar de destacar otro de los puentes más importantes de Francia. Se trata del puente de que une La Rochelle con la Ille de Re. El puente tiene una longitud de 2,9 kilómetros y fue inaugurado en el año 1988.


La Rochelle es otra ciudad con un pasado ligado al ciclismo español, no en vano, en 1956 Miguel Poblet ganó allí una etapa del Tour de Francia. Ciudad también con gran tradición, puesto que ya en 1905 fue final de etapa en el Tour, repitiendo ese honor los años 1948, 1949, 1959, 1962, 1965, 1970, y 1983.

Como ya sugería antes, la visita de estas construcciones es obligada, pero es que además, se trata (especialmente la isla de Re) de destinos turísticos importantísimos. Un motivo más para llevarse la bicicleta de vacaciones.

martes, junio 03, 2008

Con el viaducto por testigo

(Publicado en el número 22 de la revista Pedalier)

(Fotografia: Sergi Ros)

Un solo vistazo a una foto del Viaducto de Millau hace imposible no desear verlo en directo, atravesarlo. El viaducto (Le Viaduc, así sin más datos, el viaducto por antonomasia) merece por sí solo una visita, pero si además aprovechamos para conocer un poco más la región de Aveyron y subir algún puerto interesante, pues mucho mejor. Y eso es lo que hicimos.

La etapa que planeó Angel Morales (inmejorable, como siempre!) empezaba por la ascensión a a Causse Noir, escenario de una histórica victoria de Marino Lejarreta en el Tour de 1990, con Miguel Indurain en segunda posición en una de sus primeras demostraciones de fuerza. La subida no es particularmente dura (7,5 km al 6,34 de media), pero nos regala una visión imponente del viaducto desde toda la ascensión. Llegando arriba aprovechamos para coger un desvío hacia Le Puncho d’Agas, que es el pico donde se ubica una gran antena y también una pista de lanzamiento de parapente, con lo que, además de las vistas, espléndidas de nuevo sobre el viaducto, el vértigo está garantizado.

De regreso a la ruta, en lugar de descender toca sube y baja unos kilómetros hasta encarar el descenso hasta las Gorges du Tarn, otro de los puntos turísticos del recorrido. Unos cuantos kilómetros junto al río que aprovechamos para rodar rápido y para apreciar varios túneles naturales que la carretera atraviesa. Numerosas ofertas de deportes de aventura ponen de manifiesto el importante caudal del río Tarn esta primavera. La envidia nos corroe en estos tiempos de escasez de agua.

Llegamos así a La Malene para afrontar el segundo puerto del día, el desconocido col de Rieisse, que hemos incluido en nuestra ruta al estar en la lista del BIG. Pensábamos que sería difícil que este desconocido siquiera pudiera igualar a Causse Noir, pero la verdad es que fue la gran sorpresa del día. Ya desde el puente sobre el Tarn en La Malene se adivinan un montón de curvas de herradura y unos cuantos quitamiedos a modo de balcón sobre el río, pero a medida que vamos ascendiendo, y cuando la dureza lo permite (4 kilómetros al 9,2% de media) las vistas sobre el río y sobre la propia carretera son cada vez más espectaculares. No pretendo gastar energías intentando explicar las panorámicas. Las fotos de Sergi hablan por sí solas. Una imagen de la virgen al principio de la subida da fe del esfuerzo que supone llegar a la cima.

Por tanto otro gran descubrimiento gracias al BIG, que cada vez más se convierte para mí en “1.000 subidas que escalar antes de morir”, parafraseando el título del famoso libro de Patricia Schultz.

Justo en el cartel de Rieisse vemos indicaciones de las famosas grutas de Aven Armand. A pesar de estar tan cerca, no podremos visitarlas, pero queda anotado entre los deberes pendientes descender a más de 50 metros de profundidad en un moderno funicular para descubrir esas cuevas.

Después de coronar, el amigo Angel nos había preparado una sorpresa en forma de duras rampas para llegar a la cota más alta de toda la etapa. Se trata del Mont Buisson, a 975 metros de altitud. Una vez coronado este duro repecho iniciamos un descenso vertiginoso que nos llevará a Le Truel, con unas vistas de nuevo impactantes sobre la propia carretera y sobre el Tarn. La carretera es estrecha, con grava y sin quitamiedo. Sugiere disminuir la marcha y disfrutar del paisaje, aunque los frenos a duras penas resisten la pendiente. Sólo un pinchazo, por una vez bienvenido, permite parar y disfrutar del momento, de la carretera y del silencio.

Una vez de regreso a Millau, 110 kilómetros después, buscamos buenas vistas del viaducto, esta vez desde más cerca. Como mínimo hay 3 Areas de servicio donde poder parar, apreciar el viaducto en toda su grandeza y fotografiarlo. Una de ellas está en la parte norte de la propia Autopista, o sea que aunque vayamos de paso, no hay excusa para no detenerse y admirarlo en todo su esplendor. Otra de las áreas de servicio (la que estaría en la zona sur) tiene su propia tienda de souvenirs y es que el viaducto se ha convertido en una atracción turística en sí mismo. Cómo no.

Una vez hechas las fotos, ya sólo queda recoger y echar un último vistazo. Un día que supone un madrugón y una paliza de coche de 800 km, pero que ha valido la pena. Un día para disfrutar y para hacer Turismo. Para conocer maravillas naturales y artificiales. Sencillamente, para disfrutar del cicloturismo.

sábado, mayo 10, 2008

El Centro Tour de Flandes, un museo de ciclismo

En la puerta, un coche del Molteni de los años 70 da la bienvenida a los visitantes. Se trata del Centro del Tour de Flandes , situado en la localidad de Oudenaarde. Es un complejo dedicado íntegramente a la famosa clásica flamenca, que incluye:
  • el Museo del Tour de Flandes,
  • una brasería “De Flandrien” (lugar ideal para seguir las clásicas por televisión),
  • un auditorio
  • una tienda especializada en artículos de ciclismo ("De Rondeshop")

El Centro está abierto de 10,00 a 18,00 horas.

La entrada nos sitúa junto a la tienda, que merecería por sí misma ser objeto de visita. En De Rondeshop destaca por encima de todos los objetos, el maillot de verano marrón y negro del Molteni que lució Eddy Merckx, pero en la tienda podemos encontrar mucho más que ropa de ciclismo estilo retro. Encontraremos libros, juegos de mesa, todo relacionado con el ciclismo histórico en general y el Tour de Flandes en particular.

También junto a la entrada nos reciben varias bicicletas históricas que han recorrido los adoquines y los muros flamencos.

En el mostrador uno puede comprar la entrada al Museo, por unos módicos 6 Euros. En el momento de comprar la entrada tenemos la posibilidad de seleccionar uno de los corredores que han hecho historia en el Tour de Flandes (Eddy Merckx, Ritten van Lerberghe, Gaston Rebry, Briek Schotte, Rik Van Steenbergen, Rik Van Looy, Eric Leman, Walter Godefroot, Jan Raas, Eric Vanderaerden, Edwig Van Hooydonck y Johan Museeuw). Una vez entremos en el Museo, acercando el código de barras de la entrada podremos conocer detalles y anécdotas del ciclista que hayamos elegido.

El Museo es una experiencia audiovisual donde uno puede observar los detalles topográficos de los principales muros de la clásica, así como revivir en video el paso de los ciclistas en momentos emblemáticos. También podemos fotografiarnos en un fantasioso podium del Tour de Flandes junto a Tom Boonen y Peter Van Petegem. La experiencia se puede completar subiendo los principales muros en una bicicleta conectada a un simulador tipo Cardgirus sintiendo en primera persona la dureza del desnivel y el apoyo de los aficionados. Un mural con fotos de todos los vencedores permite también poner rostro a todos y cada uno de los vencedores de la clásica belga.

En pleno paseo por el Museo vemos a un tipo con uan cara que resulta familar… No cuesta demasiado reconocer a Freddy Maertens. La foto es obligada y él, muy amable, se presta de buen grado, e incluso chapurrea algunas palabras en castellano. Campeón del Mundo dos veces (en Ostuni-Italia 1976 y en Praga-Checoslovaquia 1981) y medalla de plata también del Mundial de Barcelona en 1973. Sin embargo lo primero que se nos ocurre al intercambiar cuatro palabras con él, es su victoria abrumadora en la Vuelta a españa de 1977, con 13 victorias de etapa, siendo líder de principio a fin. Un mito viviente, al que encontraremos luego cobrando los artículos de la tienda, como una quinceañera cualquiera. Un poco triste, pero es así…

Los pequeños ciclistas en plástico que vemos en la fotografía es otro detalle que emociona a los que de críos pasamos horas jugando con ellos imaginando grandes clásicas.

Pero los detalles son muchos y una visita rápida como la nuestra (el museo cierra a las 18,00 horas) no permitió descubrir muchos de ellos. No fue sino a la vuelta, viendo fotografías de otros compañeros, cuando pude apreciar más detalles como el adoquín que recuerda a cada ganador del Tour de Flandes. El de Stijn Devolder, ganador en 2008, ya estaba a punto.

Por muchas fotos que veáis y mucho que leáis, sigue valiendo la pena la visita al Centro del Tour de Flandes. Es un lugar de obligada visita para los amantes de la historia del ciclismo.

(Gracias a Luigi Candeli por algunas de las fotos)

lunes, mayo 05, 2008

El anacronismo de la París Roubaix



La clásica más dura, "La dura de las duras" como reza el cartel que anuncia la París Roubaix junto al propio velódromo. Una prueba de otro tiempo, puesta en cuestión durante años, pero que de nuevo vuelve a estar de moda. Por eso, ya que estábamos en Flandes, no podíamos dejar pasar la oportunidad de acercarnos a Roubaix, territorio casi flamenco, y que ha visto numerosas victorias belgas. De hecho más que francesas.

Uno mitifica lugares que vistos de cerca no responden a la expectativas creadas. El velódromo de Roubaix es uno de ellos. Ni siquiera está bien señalizado en la propia ciudad. Roubaix se confunde con Lille, no es más que un suburbio. A duras penas, a medida que nos acercamos, vemos carteles de "Parc des esports". Nada hace pensar que un fin de semana de abril de cada año, el velódromo de Roubaix es el centro del ciclismo mundial, final de uno de los monumentos ciclistas más importantes.

Dando un paseo por todo el complejo deportivo, un soleado domingo por la tarde, uno se da cuenta del uso social de todo el complejo deportivo. Múltiples campos de futbol, los niños jugando en la pista del velodromo, donde unicamente una niña pequeña rueda con su bicicleta. La pista es de cemento, nada que ver con las carísimas y modernas maderas que visten los velódromos modernos. El cemento no necesita ningún mantenimiento, soporta todo.

En uno de los accesos al recinto deportivo, cerrado por cierto, se encuentra uno de los detalles ciclistas más significativos de todo el recinto, por no decir el único. Es un adoquin gigantesco, sobre un pedestal que reza “El adoquín, emblema de la carrera ciclista Paris Roubaix, colocado con ocasión de la 100a edición de la prueba, el 14 de abril de 2002. Ofrecido por los Amigos de Paris Roubaix y la ciudad de Roubaix”. Justo enfrente de ese acceso al recinto está el Bar “Au Pave”, sede del Velo Club Roubaix.

Ese es el acceso que toman los ciclistas para entrar al velódromo, después de recorrer el último tramo de paves, unos metros antes, poco antes de que rompan 90 grados a la derecha para enfilar hacia el velódromo. Se trata de un tramo de 300 metros, catalogado con una sola estrella por la organización. Un tramo simbólico, con un adoquín moderno y carente de dificultades. Un día normal, ese tramo está ocupado por coches mal aparcados. Ni siquiera soporta el tráfico rodado. Nada hace pensar que es el último escollo de una clásica centenaria y un monumento ciclista: la mítica París Roubaix.

Probablemente un domingo por la tarde no es el mejor momento para palpar la épica de un lugar mítico del ciclismo enclavado en un parque de deportes municipal, que tiene como evento principal un vulgar partido de futbol . El Bar del recinto aloja multitud de trofeos del torneo de fútbol más anónimo. Y sin embargo ni una sola imagen, ni un solo poster, ni una sola placa para la París Roubaix.

Con estos antecedentes, a quién le puede interesar visitar los vestuarios del velódromo? Quién puede querer ver las placas de las duchas, que recuerdan cada uno de los vencedores de la Roubaix? Seguramente a muy pocos. Solo a los amantes de la historia del ciclismo. Pero esas duchas son el ejemplo perfecto de la fusión del deporte actual superprofesionalizado, con la épica del deporte de hace dos siglos. Por eso los grandes campeones, cuando llegan a Roubaix no se duchan en los lujosos autobuses de sus equipos, sino que van a las duchas del velódromo más famoso del mundo.

Por eso, a pesar de la decepción, a pesar de no poder más que ver el propio velódromo y el gigantesco adoquín de una entrada, a uno le queda la nostalgia de las imágenes que cada año vemos por televisión. Y los años venideros, cuando vea el final de la clásica más dura, seguiré imaginando el velódromo más grande, más glamuroso, con más gente. Al fin y al cabo, forma parte de la historia del ciclismo.

domingo, marzo 30, 2008

Alicante, duro como el turrón.

Es muy difícil resumir en dos días de cicloturismo una provincia como la de Alicante, pero las circunstancias (familia) y las prioridades (BIGs) me marcaban unas lineas claras: Xorret de Cati y Tudons-Aitana. A su alrededor había que montar las etapas.

Viniendo de Valencia, imaginé una primera etapa de unos 80 kilómetros en la que debía subir el Alto del Campello (habitual final de etapa en la Vuelta a la Comunidad Valenciana), pasar por Onil, llegar a Castalla y desde ahí subir Xorret de Catí, paraje singular que ha sido final de etapa en 3 ocasiones en la Vuelta Ciclista a España. Aún no siendo una subida catalogada como BIG, a pesar de su dureza, para mí es sin duda un lugar de visita obligada para todo cicloturista que se precie, entre otras cosas por el Monumento al Ciclista que la Diputación de Alicante levantó allí y que conmemora las diferentes llegadas de la Vuelta a España.

Empezando desde Vallada, subir en frío es francamente imprudente. Por eso, atiendo la sugerencia de un amable ciclista de la zona, y decido calentar un poco para enfrentarme a las terribles rampas del 16% que voy a encontrar en el primer kilómetro. El principio de la subida no es dificil de localizar, puesto que las indicaciones de la Ruta de las ermitas son visibles por la localidad. De hecho el nombre de tal ruta unicamente tiene sentido durante los primeros 500 metros, porque una vez pasada la Ermita de San Sebastián ya no encontraremos ninguna más.

De la subida poco hay que explicar: 39x27, el desarrollo máximo que llevo, y a sufrir todo lo que puedo. Cadencia, calculo que alrededor de 30 pedaladas por minuto, je, golpe de riñones y para arriba como puedo. Ni siquiera puedo levantarme mucho puesto que empieza a llover y el suelo empieza a resbalar. Creo que el hecho de tener a los críos animándome es lo único que me permitió coronar con éxito esta subida de poco más de seis kilómetros.

Para que os hagáis una idea del valor de Campello como puerto, sólo os citaré los nombres de algunos vencedores en finales de etapa que llegaron aquí en varias ediciones de la Vuelta a la Comunidad Valenciana: Boogerd (2001), Di Luca (2002), Contador (2007). Este palmarés ya lo quisiera cualquier puerto!

Con una Semana Santa como la que hemos pasado, fría y pasada por agua, una vez descendido el alto del Portixol, continuación del Alto de Campello, llego a Ontinyent y decido subirme al coche de apoyo, je, y proceder directamente hasta Castalla, donde comer una paella tremenda, de forma temeraria, puesto que a los pocos minutos debía enfrentarme al segundo objetivo del día, Xorret de Catí, con rampas de hasta el 24%.

Xorret de Catí ya asusta sólo empezar con un cartel del 20% al inicio. Si en Campello iba a 30 pedaladas por minuto, aquí ya ni os cuento. Un drama. Otra vez son los críos los que me salvan de un KO bochornoso y consigo coronar cuando la paella empezaba a regurgitar.

Sabía que arriba no había cartel, y sabía que las llegadas de la Vuelta se realizaban a los pocos kilómetros de bajar. En concreto llego hasta el Area Recreativa y, un poco más adelante, al Hotel. Justo enfrente de su parking está el Monumento al ciclista. Un monumento con un ciclista de tamaño natural que recuerda inevitablemente el monumento que hay en la cima del Tourmalet, aunque eso no le resta, a mi juicio, ni el más mínimo valor.

Pude disfrutar fotografiando el monumento desde todos los ángulos en un día muy muy gris y brumoso, con lo que las fotografías consiguen un efecto especial que particularmente me encanta:

http://www.flickr.com/photos/17894945@N04/

Perfil del Campello: http://www.rutasdeciclismo.es/index.php?page=puertos&id=70&PHPSESSID=e229f3f5e56d80bcb57bda0a69a54e5b

Perfil de Xorret de Catí

http://www.rutasdeciclismo.es/index.php?page=puertos&id=22&PHPSESSID=e229f3f5e56d80bcb57bda0a69a54e5b

Desde Petrer, autovía directa hasta Benidorm pasando por Alicante. Una vez en Benidorm, dos días completos dedicados a visitar Terra Mítica y disfrutar de sus múltiples atracciones. Eso sí, cada vez que entraba en Benidorm o la observaba desde lo alto, no podía dejar de pensar en todos los alcaldes que ha tenido Benidorm en los últimos 40 años (en concreto me acordaba de sus madres), empezando por Zaplana. Qué desastre! En qué han convertido esta zona maravillosa! Eso sí, con los bolsillos llenos, estarán orgullosos!

La segunda etapa consistía en la subida al puerto de Tudons, su continuación hasta Aitana si era posible, y Ares-Confrides para volver a Benidorm en un bucle de unos 85 kilómetros. Finalmente me decidí por hacerlo en ese orden (Tudons-Ares) y no al revés, para poder subir también Finestrat, un puertecito de tercera que salió del anonimato en el Mundial de 1992 que se celebró aquí, y que tuvo como ganador a Gianni Bugno, por delante de Jalabert y Konyshev. Además, consideré que Aitana era un tramo suficientemente duro como para no hacerlo de segundo puerto y poder pagarlo…

En el año 2001 la Vuelta a España llegó a Aitana, en lo que el recintemente fallecido Enrique Franco llamó el Ventoux español. Allí ganó el danés Moller, delante de Simoni y Sastre, en una Vuelta que finalmente Casero arrebataría a Sevilla en la última contra reloj.

Total, que me veo subiendo Finestrat y Tudons el domingo 23 con un aire en contra considerable (tendría razón Enrique Franco con lo del Ventoux?), y bastante frío a pesar del día soleado. Se trata de un puerto bastante irregular, hecho que añadido al aire que soplaba, convertía una perfecta mañana de cicloturismo en una verdadera putada. Cuando no vas bien, te descuentas de kilómetros (y mira que llevaba los perfiles encima) y no ves el momento de que llegue la cima. Por eso decía que casi agradecí que no se pudiera subir hasta la cima de Aitana. No sé qué deben guardar ahí arriba, pero lo tienen protegido como un verdadero tesoro!

Con los pies y manos congelados, voy bajando Tudons hasta Benasau y afronto el puerto de Confrides (y el paso por el pueblo) con tranquilidad, con el aire que poco a poco se va poniendo a mi favor, ya de regreso a Benidorm. Así, afronto una larguísima bajada hasta Callosa de’n Sarria para terminar de nuevo en Benidorm. Desde luego Confrides por Benasau es un puerto sin ningún valor, como probablemente Tudons por donde lo bajé. Pero ambos son dos señores puertos subidos desde el mar.

En fin, 3 BIGs más al saco (y van 105) y Xorret de Catí, que vale más que todos ellos!

Perfil de Tudons

http://www.rutasdeciclismo.es/index.php?page=puertos&id=47&PHPSESSID=e229f3f5e56d80bcb57bda0a69a54e5b

Perfil de Aitana

http://www.rutasdeciclismo.es/index.php?page=puertos&id=58&PHPSESSID=e229f3f5e56d80bcb57bda0a69a54e5b

Perfil de Ares-Confrides

http://www.rutasdeciclismo.es/index.php?page=puertos&id=62&PHPSESSID=e229f3f5e56d80bcb57bda0a69a54e5b

miércoles, marzo 26, 2008

Homenaje al ciclista


homenaje al ciclista
Cargado originalmente por claudio_m
A veces hay delicias tan cercanas que somos incapaces de descubrir.
En Granollers, al lado de casa, en la calle del Condestable de Portugal, se halla esta escultura, llamada "Homenaje al ciclista", realizada por el escultor Alfredo Lanz, nacido en 1945 en Madrid y residente en Barcelona desde 1970.
Al verlo, es inevitable pensar en Miguel Indurain y su Espada batiendo el récord de la Hora. El casco futurista y las ruedas lenticulares no dejan mucho espacio a la duda.
En cualquier caso, una obra digna de ser visitada.

lunes, marzo 10, 2008

El estadio Olímpico de Berlín


Berlín es una ciudad llena de alicientes. Llena de atracciones: la Columna de la Victoria, los restos del Muro, la Puerta de Brandenburgo, Unter den Linden, el Monumento recordatorio del Holocausto, Postdamer Platz, el Zoológico…

Pero para un amante del deporte es obligado visitar el Estadio Olímpico de Berlín. Desde fuera tiene un aire decadente, quizás acorde con la climatología fría de la Alemania del norte. Ese aire decadente se convierte de repente en un soplo de modernidad al ver la reforma interior y la cubierta que permite proteger los 75.000 espectadores de aforo máximo en caso de lluvia. Unicamente la puerta de Maraton mantiene una ínfima parte del estadio expuesto a las inclemencias del tiempo.


Paseando por los exteriores del estadio no es difícil imaginarse, igual que en muchas de las amplísimas avenidas berlinesas, a soldados desfilando marcialmente. La huella del pasado está presente en toda la instalación, a pesar de la reforma que se hizo para que el estadio acogiera la fase final de la Copa del Mundo de Futbol de 2006, no sin debate previo, puesto que se barajó la posibilidad de demoler el estadio, salvado únicamente para mantener viva la memoria de la historia.

El estadio Olímpico se construyó para albergar los Juegos Olímpicos de 1916, que finalmente no se pudieron celebrar por la Primera Guerra Mundial. Por lo tanto, no fue hasta 1936 que Hitler pudo utilizar las Olimpiadas de Berlín como el instrumento más grande de propaganda que se recuerda, a pesar de las míticas victorias de Jesse Owens.

http://en.wikipedia.org/wiki/1936_Summer_Olympics


El complejo deportivo se completa con las piscinas olímpicas (en un deficiente estado de conservación) y el Langemark Halle, presidido por la inmensa torre del campanario, de 77 metros de altitud. http://berlinerunterwelten.de/es/002/d/dat_olympiastadion/content.htm

Se podría esperar que un lugar como este tuviera un museo. En su lugar, encontramos la tienda de merchandising del Hertha Berlin, el equipo de la ciudad, con un nivel deportivo mediocre, que ni siquiera le permite haber jugado la Copa del UEFA los últimos años. El Museo se halla al aire libre: las esculturas “Los lanzadores de disco” y “los relevistas” dan una imagen solemne y bélica, de acuerdo con las instrucciones de sus promotores. A la vez, existen unos pequeños monolitos que recuerdan los atletas alemanes que consiguieren la medalla de oro en cada uno de los Juegos Olímpicos.

En concreto, el monolito que conmemora los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976 es el que contiene la figura de un ciclista en la piedra. Se conmemora de esta forma las medallas de oro que consiguieron los atletas de la República Federal Alemana en esos Juegos Olímpicos, que fueron Gregor Braun, medalla de oro por partida doble, en persecución individual y en persecución por equipos, junto con Hans Lutz, Gunter Schumacher y Peter Vonhof, así como los regatistas de vela Frank Hubner y Harro Bode (Categoría 470), así como los hermanos Jörg y Eckart Dietsch (categoría Flying Dutchman).

El estadio Olímpico de Berlín, por tanto, es de obligada visita. Y no sólo para los italianos, con lo que les gusta mitificar lugares. Está claro que para ellos este estadio será siempre donde Italia consiguió la Copa del Mundo de 2006. Escuchar a sus jugadores cantar el himno de Italia poco antes de jugar la final ante Francia pone los pelos de punta.

lunes, febrero 18, 2008

Fin de semana en las Ardenas

(Publicado en el numero 20 de la revista Pedalier)

Cuando uno se acerca de nuevo a Bélgica habiendo corrido el Tour de Flandes puede pensar que le queda poco por descubrir. Flandes, los muros, el pavés, la pasión... Pero en la Bélgica francófona, en las montañosas Ardenas, también hay otra gran clásica. ¿Otra gran clásica? No, no, la “otra” es el Tour de Flandes. Estamos hablando de la Lieja Bastogne Lieja, de la Decana, de la carrera de un día más bella del mundo, de la clásica más montañosa, de la carrera que no vio un triunfo español hasta el año 2006 con Valverde.

Qué menos que hacer dos días ya que uno se acerca a las Ardenas. Y el primer día podíamos hacer un montón de cosas interesantes. Por ejemplo el Muro de Huy, final de la Flecha Valona desde 1985. Y así completar el fin de semana completo en las Ardenas. De hecho la Flecha Valona el sábado y la Lieja Bastogne Lieja el domingo componían el Fin de Semana de las Ardenas, que se corrió como una prueba conjunta (con clasificación general sumando las dos pruebas) de 1950 a 1964.

Puesto que estábamos alojados en las inmediaciones de Namur, la salida del primer día empezó por la subida a la Ciudadela de Namur, subida empedrada que se hizo conocida en el mundillo ciclista en el Giro de 2006 cuando una de sus etapas terminó allí. En un día lluvioso (cómo no, ¡esto es Bélgica!) ganó el alemán Schumacher delante de nuestro Chechu Rubiera, que tan bien se siente cuando llueve. La Ciudadela y el Castillo de Namur merecen sin duda una visita. La panorámica desde allí sobre el río Mosa es espléndida.

El recorrido que planificamos continuaba dirección sur por el curso del río Mosa desde Namur, pasando por las localidades de Lustin, Yvoir (donde se celebró el Mundial de Ciclismo del año 1975 con victoria del holandés Hennie Kuiper) o Dinant, una preciosa ciudad con una gran oferta de turismo fluvial, una preciosa colegiata y otra ciudadela en lo alto de la ciudad, a la que se accede a través de un teleférico.

Durante el recorrido subimos verdaderos muros totalmente desconocidos, como el Triple Mur de Monty (1,9 km al 9% de media y 21% de máxima, desde Lustin), La Gayolle (1,7 km al 9,5% de media y máxima del 19%, desde Yvoir) y la calle Montagne de la Croix (1,5 km al 9,9% y máxima del 23%, en Dinant). Ese mismo día nos acercamos también a conocer in situ el Muro de Huy (1,3 k n al 9,8% de media y 19% de máxima). La carretera, repleta de “Huy” pintados en el suelo como seguramente recordareis. Sin embargo, lo que es imposible apreciar por la televisión cuando vemos el final de Flecha Valona, es que a lo largo de la subida, al lado de la carretera, hay siete capillas, que representan los siete dolores de la Virgen. Pues sí que son religiosos estos belgas…

Estuvo toda la noche lloviendo y de madrugada no parecía que la cosa fuera a parar. Sin duda íbamos a tener una Lieja pasada por agua. La Lieja Bastogne Lieja en realidad, en su versión cicloturista, se convierte en la Tilff Bastogne Tilff. Los mismos organizadores que el Tour de Flandes, el hecho de tratarse de su trigesimo sexta edición y una participación de más de 8.000 cicloturistas en 2006 eran un sello de calidad en la organización y una garantía de que podía ser una gran marcha.

Existen tres opciones. Hacer la marcha completa, con 226 km, hacer la mediana, de 127 km (que al final se convirtieron en 137) y la corta, de 67 km. En todos los casos se trata de marchas sin tiempo, con salida libre. Pero entre más de ocho mil participantes, hay gente de todos los niveles, eso seguro. El que quiera correr aquí puede hacerlo, y el que no quiera correr tanto y disfrutar de las cotas se encontrará en su ambiente.

Igual que ocurre con la versión profesional, en la marcha cicloturista el recorrido no es siempre el mismo. Las cotas en los alrededores de Lieja son numerosísimas y las posibilidades son múltiples. De hecho es un aliciente para volver el hecho de poder encontrarse con recorridos diferentes. Pero nosotros queríamos aprovechar el tiempo y hacer algunas subidas que no estaban incluidas en el recorrido de este año.

Qué fácil es planificar sobre un papel, y cuántos kilómetros se hacen sobre un mapa, ¿verdad? Dijimos que haríamos la marcha mediana, con dos “excursiones” fuera de la marcha. La primera era la Cote des Hezalles, desde el pueblo de Trois Ponts, con el aliciente de ser un muro terrible que se dice que llega al 30%, y una segunda excursión a la Cota de Stockeu, donde el mítico monumento a Merckx. Pero no solo eso; estábamos dispuestos a continuar la marcha, tras la llegada a Tilff, y seguir hasta Lieja por las famosas Cotas de Sart Tilmant y San Nicolás, incluso la Cota de Ans y llegar a la meta donde llegan los profesionales. Qué bonito que es todo sobre un mapa…

Ya de regreso a la realidad, estaba claro que nos mojábamos. Por supuesto, a pesar de la molestia que para nosotros suponía la lluvia, allí nadie le daba la más mínima importancia y nadie se planteaba no hacer la marcha. Es lo más normal del mundo en Bélgica.

Una vez llegamos a Tilff sorprende el hecho de encontrar aparcamiento tan cerca de la salida en una marcha de estas dimensiones. Es lo que tiene hacer una salida escalonada. Se evitan los atascos monumentales, y ¡también se evitan madrugones monumentales!

La primera cota de la marcha es la Côte de Oneux, desconocida para nosotros pero muy dura, con rampas máximas del 17%, lo que se dice “para ir abriendo boca”. Después, no hay un metro llano. La siguientes cotas son Werbomont y L’Ancienne Barriere, muy diferentes de Oneux, puesto que se trata de cotas largas (ambas de seis kilómetros) pero en absoluto duras. No para de llover, aunque tampoco es una lluvia torrencial. Basta para molestar, empaparnos y hacer que las bajadas se tomen con mucha prudencia.

Al llegar a Trois Ponts y ante la incesante lluvia decidimos dejar Les Hezalles para otra ocasión y empezar directamente el ascenso a la Cote de Wanne. Al llegar arriba, después de una ascensión no demasiado dura, nos decepciona el hecho de que no haya ni siquiera un cartelito indicando que esa es la Cote de Wanne. La mítica Cote de Wanne donde todos los años se inicia el tramo decisivo de la Lieja Bastogne Lieja...

Descendiendo hacia Stavelot parece que el día se aclara un poco, y esta vez no pasará como en Trois Ponts. Hay que llegar a uno de los lugares de peregrinaje dentro del mundo del ciclismo. Hay que ver y fotografiar el monumento a Merckx en la cota donde atacaba siempre y empezaba a fraguar sus victorias. A llegar a Stavelot el monumento a Merckx está perfectamente señalizado (“Stele Merckx”) y ahí nos dirigimos.

Después de poco más de un kilómetro de subida muy dura (más del 11% de media con rampas del 21%) y justo a la salida de un espeso bosque, escondido, a la derecha, queda el relieve de Merckx sobre la piedra. Cuando llegamos al monumento a Merckx, y después de las fotos de rigor, uno no sabe muy bien qué hacer. Tocar la figura del belga, alabarlo... Uno todavía contiene la emoción de haber visitado un lugar único en el universo del ciclismo. Los años pasarán, Merckx se irá, y su monumento seguirá allí, aguantando a menudo la lluvia, en la soledad de la montaña, recibiendo la visita de gente que leyó la historia del ciclismo.

Debo decir que no fuimos los únicos en subir hasta allí. Varios ciclistas (algunos con el dorsal de la TBT, otros sin él) se retorcían en las rampas de Stockeu y llegaban a rendir su homenaje al más gran ciclista de todos los tiempos.

Después de visitar el monumento, llegar hasta la cima de Stockeu no tiene más valor. Coronamos y media vuelta. De regreso hacia Stavelot nos reenganchamos a la marcha y aún queda casi la mitad… En seguida subimos Amermont, con rampas de nuevo al 21%. Allí encontramos a un par de catalanes que vienen de la larga (¡salían entre 5 y 7 de la mañana!). Después pasamos muy cerca de Francorchamps (donde está el circuito belga de Formula 1), subimos col du Rosier y por fin unos cuantos kilómetros llanos hasta llegar al avituallamiento de Aywaille.

Después de comer un poco, el paso de los kilómetros se empieza a notar y al llegar a Remouchamp uno teme las rampas al 20% que se anuncian en La Redoute. El principio es exactamente como había imaginado, como vemos en la tele cada año: discurre al lado de la autopista y la carretera se va empinando. Había un montón de autocaravanas en las cunetas, aunque supongo que algunas menos que el día de la carrera profesional… Justo antes de empezar lo más duro vemos a la derecha el pequeño monumento erigido por el Pesant Club Liegois, en cuya inscripción se puede leer: “Aquí los más grandes campeones ciclistas forjaron sus victorias en la Lieja-Bastogne-Lieja”. Evidentemente la foto allí también es obligada. Las rampas, durísimas, de La Redoute, las subimos ya con todo sabedores de lo poco que queda para acabar.

Ya sólo falta la Cota de Sprimont o de Hornay para llegar a la meta. Al final, 140kilómetros y 2.410 metros de desnivel. Los pies todavía mojados. Me parece que Sart Tilmant y San Nicolas tendran que esperar para otra ocasión. Acabamos satisfechos y recogemos el fruto de nuestra inscripción: diploma auto-rellenable, camiseta TBT, medalla, el maillot-souvenir... Un buen puñado de recuerdos de una marcha que sin duda vale la pena.

Acabamos satisfechos, como decía, pero con la sensación de que aún nos quedan tantas cosas por hacer. Nos quedó por visitar el monumento a Stan Ockers en la Cote des Forges (ganador de la Lieja en 1955 y fallecido en el Velódromo de Amberes un par de años más tarde), nos queda subir la terrible Cote des Chambralles (con rampas al 20%), que se subió en 1989, el famoso año que a Perico sólo le faltó desarrollo para ganar, nos queda subir a Les Hezalles… Y encima nos lo ponen fácil. Los mismos organizadores han creado otra prueba, “Los Gigantes de las Ardenas” con 20 cotas, que, esta vez sí, incluyen lo más selecto de lo más duro que hay en las Ardenas. Una buena excusa para regresar. Como puede ser también la Steven Rooks Classic, que también recorre las Ardenas, pero desde Maastricht, e incluye la citada Cote des Forges, o la Clásica de las Ardenas, desde Soumagne, la Claude Criquielion, desde La Roche en Ardenne y por supuesto la Gran Fondo Eddy Merckx, desde Hamoir. Oportunidades no faltan para el que quiera volver.

Después de estar un par de días allí, es una lástima pensar que en las Ardenas se escribieron páginas tan terribles de la segunda guerra mundial. Un montón de monumentos a pie de carretera recuerdan la tragedia que supuso esa guerra para tanta gente de allí. También vale la pena visitarlos.

Pero, puestos a sentir emociones y evocar el pasado, prefiero hacerlo delante del monumento a Merckx, por siempre el más grande. El también debería salir en los libros de historia.

jueves, febrero 07, 2008

Las clásicas, las raíces del ciclismo

(Publicado en el n.20 de la revista Pedalier)

Yo empezaba a montar en bici con mi club, el Sant Andreu. Entonces todavía llovía por aquí de vez en cuando. Cada vez que empezaba a llover, pasaba a la cabeza del grupo y gritaba “!clásica belga!” y pegaba un tirón, a ver quién me seguía. Mis colegas odiaban la lluvia y solo faltaba que yo anduviera jugando y pidiendo al cielo más agua. Eso era hace muchos años, cuando todavía no pretendíamos correr como profesionales, hacíamos las marchas sin mirar el reloj y parábamos a almorzar (snif). La Vuelta se corría en el mes de abril (¿os acordáis?). Los profesionales debían elegir entre correr la Vuelta o hacer las clásicas del mes de abril. Tiempos en que el dopaje no era la noticia de cada día.

Por supuesto los belgas y los italianos no venían a la Vuelta. Nosotros no entendíamos (y muchos siguen sin entender) que existieran ciclistas con una clásica como único objetivo de la temporada. Ballerini, Tafi o Duclos Lassalle sólo pensaban en la Paris Roubaix, Museeuw en el Tour de Flandes o, antes, Argentin en la Lieja Bastogne Lieja. Muchos iban, y ahora siguen yendo, a Bélgica el mes de abril completo a hacer desde la Het Volk hasta la Amstel Gold Race pasando por Roubaix, Gante-Wevelgem, Tour de Flandes, Flecha Valona y Lieja. Todas las clásicas, una tras otra, peinando muro tras muro todos los pequeños desniveles y adoquines que hay en el norte de Francia y Benelux.

La longevidad de muchos clasicómanos (fijaros hasta qué edad corrieron todos los que he citado antes) alimenta mi ilusión de que mejorando año tras año, un día andaré un poquito en terreno llano, y podré seguir la rueda de los culos gordos del centro de Europa. Bendito sea este deporte, que nos hace más fuertes cuanto mayores somos. Más edad y más experiencia para soportar la dureza de los adoquines. Anacronismos como la Paris Roubaix sólo tienen sentido porque suponen un nexo de unión entre el ciclismo histórico y los tiempos modernos. Incluso el paso a nivel cerrado cerca de Roubaix hace un par de años supone un aliciente más.

Compartir la carretera con otros 15.000 cicloturistas da una idea de la dimensión que un Tour de Flandes, por ejemplo, tiene allí. En Bélgica no tienen el síndrome de nuevos ricos que padecemos por aquí. Ves cada bici, cada maillot y cada accesorio que aquí provocaría carcajadas. Allí simplemente forman parte de una manera de vivir, por el deporte, y no confunden el fin con el medio.

Las clásicas, el norte de Europa, el pavés, el aire, la lluvia, el frío. Y a pesar de todo tan seductoras. Las clásicas son el ciclismo en esencia. Además de piernas y pulmones intervienen habilidad, colocación, suerte, equipo.¡Qué cantidad de variables hay que despejar para poder dar con el ganador de una clásica! No existe mañana, no hay que dosificar, no siempre gana el mejor.

No es casual que la feliz definición de “monumentos ciclistas” no se refiera a las grandes Vueltas, sino a las grandes clásicas. La historia del ciclismo, centenaria ya en muchos casos, se ha escrito en el Poggio di San Remo, en La Cipressa, en el Muro de Grammont, en el Bosque de Arenberg, en La Redoute, pero también en Cauberg, en Huy, en el Koppenberg, en Stockeu y por supuesto en la Madonna del Ghisallo. Para un mitómano como yo, todos ellos son destinos de culto y peregrinaje. Placas, monumentos y museos adornan esos lugares y estimulan mi curiosidad y mis ganas de acercarme a conocerlos. Por eso no entiendo que en la era de los vuelos de bajo coste sólo unos pocos cicloturistas de este país nos acerquemos a descubrirlos.

Quién me iba a decir que años más tarde de gritar “clásica belga” cuando empezaba a llover, iba yo a correr la Lieja Bastogne Lieja o que subiría el durísmo Koppenberg en el Tour de Flandes. Disfrutando de momentos irrepetibles, parando a hacer fotos en lugares míticos sin las prisas de una marcha con tiempos. Subiendo dos veces el Muro de Gramont porque en la primera alguien se bajó delante de mí. Otra vez se trataba solamente de disfrutar sin mirar el reloj.

¿Por qué no echamos marcha atrás unos años? Cuando llovía, cuando no existían pinganillos y cuando el dopaje no era el pan nuestro de cada día. Y para el futuro, me seduce mucho más la versión profesional de la Eroica que la Vuelta a China. Basta de evoluciones forzadas e intereses comerciales. Volvamos a las raíces del ciclismo.

viernes, febrero 01, 2008

Un reto para toda la familia


Cuando uno descubre qué es la Viano Family Challenge se da cuenta que es un sueño participar en ella. No es solamente un evento deportivo en el que puede participar toda la familia, es un motivo para entrenar conjuntamente, un punto de referencia común por el que luchar. ¿Qué necesitas para poder participar en ella? Pues básicamente ser una familia deportista y con espíritu aventurero, con dos hijos entre los 7 y los 14 años, saber un poquito de inglés, y que los dos mayores tengan carnet de conducir. Con eso y un poquito de suerte podeis vivir una experiencia inigualable como ésta.

Una excusa para promocionar una gran furgoneta-monovolumen como es la Mercedes Viano, se convierte de esta manera en un gran objetivo en sí mismo, capaz de congregar a 24 familias de toda Europa: alemanes, austríacos, daneses, italianos, checos, españoles… Equipos de toda Europa representan a las revistas que los han seleccionado y que coesponsorizan la competición. Nosotros representábamos a “Muy Interesante Junior”, mientras las otras revistas españolas eran “Viajar”, “Ser Padres” y “Jetix”.

Esta era la cuarta edición de la Viano Family Challenge. La primera edición de celebró en Cortina d’Ampezzo (Italia) en junio de 2004, la segunda en Mallorca, la tercera edición se disputó en Alemania y esta cuarta volvía a España y se disputaba en los alrededores de Cádiz, a principios del mes de Octubre, asegurando con estas fechas el buen tiempo que finalmente nos acompañó.

Toda la organización es perfecta. Desde el momento en el que se nos comunicó que estábamos seleccionados para participar en la Viano Family Challenge 2007, ningún detalle quedó por atar. Los billetes de avión para todos, las tallas de cada una de las prendas que nos iban a facilitar, la presentación de todas las familias participantes en la página web del evento, la Mercedes Viano que nos prestaban a nuestra llegada al Aeropuerto de Málaga…

La cantidad de obsequios de la organización a los participantes es otro aliciente más. Polos, camisetas, pantalones, un polar, un saco de dormir, mochilas, incluso una parka de invierno (todo de la espléndida marca alemana Jack Wolfskin) son recuerdos que la organización obsequia a los participantes. Una pequeña lotería, aunque sin duda el gran premio de una competición como ésta es la experiencia en sí.

Pero vayamos por partes. Empecemos por el principio. La llegada al hotel NH Sotogrande da inicio a un largo fin de semana muy intenso. Un hotel precioso que estaba ocupado exclusivamente por la gente de la Challenge: un verdadero lujo. Mientras recogemos la ropa, los chalecos y los remos para la prueba de canoa, observamos con quien vamos a tener que competir. Ahí empezamos a darnos cuenta de cómo son nuestros rivales: familias con más altura, más “anchura” (vaya brazos se veían por ahí…) y en general un aspecto de deportistas multidisciplinares que nos dio qué pensar. Mientras, los españoles éramos más normales. No había superatletas como entre los alemanes, éramos simplemente familias con ganas de pasarlo bien. ¿Pretenderán los demás lo mismo? Lejos de intimidarnos, hay que mantener el ánimo alto, que los peques pretenden ganar!!!

La cena de presentación se hizo en el Club de Golf Sotogrande, como probablemente sabéis, una de las urbanizaciones más prestigiosas de toda España.. Ahí se presentó a los miembros de la organización, y también a cada equipo, al tiempo que se nos entregaban los petos de competición, y descubríamos cual iba a ser nuestro número de la suerte, el 15.

Por la mañana, el despertador bien prontito puesto que teníamos una agenda muy apretada. Tras un pequeño desplazamiento ayudados por nuestro road book, llegamos a la primera actividad de día: el tiro con arco. Posteriormente nos acercamos a la finca Experience, donde tenemos otra prueba, la spiderweb o tela de araña, una prueba bastante sencillita en la que unicamente estaban en aprietos las familias con niños de pequeña estatura (como era nuestro caso!!!). En seguida, directos hacia la prueba de escalada, donde teníamos que escalar, pasar un puente tibetano y acabar con un rappel. Todo ello en un entorno espectacular, y con unos medios audiovisuales impresionantes (grúa de filmación incluida) para dejar constancia de la belleza de la prueba.

A continuación, una de las pocas puebas no físicas: teníamos que pintar una Mercedes Viano junto con otra familia, y someternos al final al veredicto de un jurado que calificaría nuestras habilidades artísticas. La comida, en un precioso cortijo andaluz, no es más que un breve paréntesis en la competición puesto que rápidamente debemos trasladarnos hasta la playa, donde tendrá lugar la Olimpiada familiar, con juegos en la arena: tirar de la cuerda una familia contra otra, carrera de sacos, gymkana al lado del mar… Toda una serie de competiciones que nos dejaron agotados y a punto para la ducha y la cena.

Para dormir, la organización nos había preparado un campamento con todas las furgonetas, que rodeaban las tiendas de campaña donde iban a dormir los niños. Nosotros probaríamos la comodidad de la Mercedes Viano para pasar una noche.

Después de una noche ajetreada (os podéis imaginar el descanso de un grupo de 10 nuños durmiendo en una misma tienda, no?) vuelta a la carga. Nos espera otro día lleno de emociones.

Empezamos con la carrera de canoas, en el Embalse de Almodóvar. Todo el tiempo acarreando la canoa en el techo de la furgoneta y por fin íbamos a darle una utilidad. Una breve explicación por parte de los instructores y la carrera comienza ya!! Todo el entrenamiento en kayac del verano pasado en el Pantà de Boadella no iba a servir de nada, puesto que en lugar de competir en un manejable y ligero kayac estábamos compitiendo en una canoa enorme de 4 plazas que no conseguíamos que avanzara en línea recta. Un verdadero desastre que nos hizo quedar antepenúltimos. Definitivamente no teníamos suerte… Sólo nos quedaba esquivar la última posición para mantener el orgullo a salvo!!

A continuación, nuevo desplazamiento en furgoneta y tendríamos que calzarnos los pies de gato y mostrar nuestra habilidad en la escalada deportiva. Uf, totalmente nuevo para nosotros! Con más pena que gloria pasamos el trámite mientras admiramos la habilidad de varios equipos del norte de Europa.

Después de la comida, de nuevo a la playa (en esta ocasión a la playa de Tarifa) donde íbamos a competir con la permanente visión del norte de Africa y de montones de cometas de kitesurf que disfrutaban de una playa preciosa, lugar de peregrinaje de los surferos de todo el mundo.

Ahí tendríamos uno de nuestros momentos de gloria, en la competición que compartirmos con uno de los equipos alemanes. Con ellos debíamos montar una balsa (con los utensilios que la organización nos proporcionaba), salir al mar hasta alcanzar una boya, regresar y desmontar la balsa de nuevo. En esta prueba conseguimos la victoria ante otros 3 equipos y de esa manera sumamos unos buenos puntos que nos librarían de la última posición…

El último día por la noche, entrega de premios. Quizás el premio más importante era el premio al Mejor espíritu de equipo, que finalmente obtuvo una familia alemana. Todos tuvimos nuestra recompensa y los niños pudieron cambiar las bolas que obtenían en cada prueba por más regalos. Yo sufría por si íbamos a poder meter en el avión todo lo que nos habían obsequiado...

No sé si he conseguido reflejar sólo un poco la ilusión con la que hemos vivido esta experiencia. ¿Perfecta? Pues muy, muy cerca. Es posible que introduciendo pruebas de tipo aeróbico (pruebas de resistencia a pie o en bicicleta) las distancias se recortaran entre las familias anglosajonas y las mediterráneas. Pero tal como las pruebas están diseñadas, los mediterráneos estábamos en franca desventaja. Ese es el único pero que le puedo encontrar. Por todo lo demás, un 10 a Mercedes, al equipo que organizó todo, a los lugares donde competimos y donde comimos.

Si el deporte y la aventura marcan tu vida, ésta es definitivamente tu aventura. Austria 2008 os espera!!

Pincha aqui para obtener información!