jueves, julio 22, 2010

Puerto de Pailheres, Tour 2010



Una de las mejores experiencias de mi vida. Para alguien como yo que siempre ha disfrutado de la bici, pero que no empezó a ir a ver en directo las etapas del Tour hasta casi los 40, llevar a mis hijos de 10 años a disfrutar del Tour sobre la bicicleta es algo muy especial. Toda la gente que está esperando el paso de la caravana y de los corredores profesionales, anima a todos los ciclistas que se atreven a subir en bici un puerto de primera como Pailheres. O sea que podéis imaginar cómo anima todo ese gentío a dos chavales de 10 años que se atreven con Pailheres.
Emocionante. Viva el ciclismo y viva el Tour.

viernes, mayo 28, 2010

Circuitos, el nuevo habitat del ciclista

(Publicado el n. 14 de la revista PdlPro) Fotografía Sergi Ros

El Circuit de Catalunya acogió el final de la 90ª edición de la "Volta" Ciclista a Catalunya, el domingo 28 de marzo, en una última etapa que arrancó desde el espacio donde se ubicará el futuro Esport Parc Internacional de Catalunya, junto al Car de San Cugat del Vallés. El año pasado, en la 89ª edición de la "Volta", se llegó por primera vez al circuito de Montmeló, en el que fue su estreno como escenario de una prueba de ciclismo internacional de alto nivel, viendo el triunfo del neozelandés del equipo Columbia Greg Henderson.

Este año 2010 la Volta ha llegado de nuevo al Circuit, aunque esta vez de una forma mucho más atractiva para el público. Si el año pasado los corredores llegaron al circuito y directamente disputaron el sprint, este año se favoreció el espectáculo y los corredores debían dar 8 vueltas al circuito. La escapada de Zubeldia y Roy animó la competición y entretuvo a los escasos cientos de espectadores que asistieron a ver el final de etapa y de la Volta. Como suele ocurrir, el pelotón midió perfectamente la distancia y cogió a los escapados a falta de una vuelta. La llegada al sprint se resolvió con el triunfo del argentino del Saxo Bank Juan José Haedo. Y luego, el podium que ocupan normalmente motoristas y pilotos de Formula 1 estuvo ocupado esta vez por los tres primeros clasificados de esta Volta a Catalunya: Joaquim Rodríguez, Xavier Tondo y Rein Taaramae. Dos catalanes de tres premiados. Un gran éxito para el ciclismo catalán, sin duda. Pero no sólo en lo deportivo. La inclusión del Circuit de Catalunya en el recorrido de la Volta es también un gran acierto.

La introducción del ciclismo en circuitos de motociclismo y de automovilismo es un hecho recurrente, y más frecuente de lo que se pueda pensar en un principio. Sin ir más lejos, el Circuito holandés de Assen (considerado como la Catedral del Motociclismo) albergó la salida de la Vuelta a España 2009, en una contra reloj individual con victoria de Fabian Cancellara. Las gradas del circuito presentaban un excelente aspecto y la intensidad con la que se vivió ese prólogo holandés sirvió de anticipo de la pasión con la que los holandeses siguieron las tres etapas de la Vuelta en Holanda.

También el año pasado el Tour de Francia, en su Grand Depart de Mónaco, pisó el circuito de Formula 1 de Montecarlo en su etapa prólogo. Como sabéis, el circuito de Montecarlo es un circuito urbano, por lo que su recorrido no es permanente, y de los 15 kilómetros que constaba la prueba inicial del Tour 2009 aproximadamente la mitad transitaba por lo que sería el circuito automovilístico. Los corredores desfilaron por una gran parte del circuito y de sus míticos enclaves (la Rascasse, Sainte-Dévote, le Casino, Mirabeau…). ¿El ganador de ese prólogo? Si es una contrareloj y la corría un suizo, !entonces ganó Cancellara!

Pero sigamos. ¿Quién no recuerda el Campeonato del Mundo de ciclismo que ganó Mario Cipollini en Zolder 2002? Ese mundial sobre un circuito llano, pensado para el Rey León que se resolvió como estaba previsto. Lástima del incidente de Freire en la última vuelta, porque ese año le pudo haber dado un susto a Cipolllini. El circuito de Zolder, también conocido como Terlaemen, es un autódromo de 3.977 metros de extensión situado en Heusden-Zolder, Bélgica. Fue construido en 1963 y acogió el Gran Premio de Bélgica de Fórmula 1 en 10 ocasiones durante las décadas de 1970 y 1980. El piloto canadiense Gilles Villeneuve murió en este circuito al chocar durante las clasificaciones en el Gran Premio de Bélgica de 1982.

Siguiendo con Bélgica, probablemente no es un hecho demasiado conocido, pero la Lieja Bastogne Lieja discurre por una parte del Circuito de Spa Francorchamps, puesto que éste es un circuito semipermanente que une los pueblos de Spa Francorchamps, Malmedy y Stavelot. Con el paso de los años, el trazado del circuito fue modificado varias veces hasta alcanzar los actuales 6,973 km. Nombrar el circuito de Spa es imaginar la mítica curva Eau Rouge-Raidillon: tras atravesar la lenta horquilla de La Source, los pilotos aceleran por una recta en bajada tras lo cual deben encarar una subida con una serie de curvas zigzagueantes (la primera de las cuales es Eau Rouge) que finalizan en contracurva ciega.

Spa Francorchamps fue también escenario de un final de etapa del Tour de Francia de 1989, en concreto de la 3ª etapa, con la victoria de Raúl Alcalá, el mejor corredor mexicano de todos los tiempos.

Y si antes nombraba el circuito de Zolder, hay que dejar claro que la inclusión de circuitos de velocidad en Campeonatos del Mundo de Fondo en carretera tiene una larga tradición. El mismo circuito de Zolder ya vió la disputa del Mundial de ciclismo de 1971. Y antes, el autódromo de Montlhery en Francia (1933), Reims-Gueux también en Francia (1947-1958), Zandwoort en Holanda (1959), e Imola en Italia (1968, con victoria local de Vittorio Adorni). El circuito alemán de Nurburgring ha sido escenario nada menos que de tres mundiales, los años 1927, 1966 y 1978 y es que pasa por ser uno de los circuitos más duros con exigentes repechos.

Mención aparte merecen los circuitos Lasarte y de Montjuic. El Circuito de Lasarte fue sede del Gran Premio de España de automovilismo en 10 ocasiones en la décadas de 1920 y 1930 y en él se celebró el mundial de ciclismo de 1965 en el que Tom Simpson se enfundó el maillot arco iris. En el caso de Montjuic (donde Felice Gimondi ganó en 1973 y Claude Criquielion en 1984) cabe señalar que sin ser un circuito automovilístico permanente sí que tiene una larga tradición de carreras entre las que destacan las 24 horas motociclistas de Montjuic. Por cierto, que el año 2009, aprovechando la llegada del Tour de Francia a Barcelona, se recuperaron esas míticas 24 horas motociclistas de Montjuic que se corrían en los años 60 y 70, pero esta vez en bicicleta. Este año 2010 se celebrará la segunda edición de las 24 horas ciclistas los días 4 y 5 de Septiembre, en un duro circuito por la montaña olímpica barcelonesa.

El autodromo Enzo y Dino Ferrari, de Imola no sólo fue escenario del Mundial de 1968, sino que el año 2009 también vió la celebración del Campeonato italiano, con victoria para Pozzatto, de la misma manera que en 1988, que también fue escenario del campeonato italiano, la victoria fue para Pierino Gavazzi. Qué decir de Imola, un escenario trágico donde el piloto brasileño Ayrton Senna murió tras perder el control de su Williams en la curva de Tamburello y estrellarse contra un muro de cemento el 1 de mayo de 1994. Imola también ha sido escenario de finales de etapa del Giro de 1968, que en su 15ª etapa vió el triunfo de Marino Basso, y del Giro de 1992 (el primero de Indurain), con una etapa finalizada en Imola y triunfo de Roberto Pagnin.

El ciclismo y los circuitos de velocidad tienen por fin su punto de encuentro. Precisamente en los días anteriores a la llegada de la Volta a Catalunya al Circuit, la Federació Catalana de Ciclisme llegó a un acuerdo para que los ciclistas puedan rodar en el Circuit de Catalunya. Una gran noticia para los ciclistas y cicloturistas catalanes, que de esta forma podrán rodar con tranquilidad sin tener que estar pendientes de coches y otros vehículos que sienten al ciclista como un intruso de la carretera. Con una distancia global superior a los cinco kilómetros, se trata de un circuito completo, con dos repechos que ponen la salsa a un circuito ya de por sí entretenido, con su característica forma de "croissant". Es una gozada entrenar ahí e incorporarse en alguno de los numerosos pelotones que se montan. Y para el ciclismo infantil es una mina de oro. Poder entrenar sin riesgo para los niños es una clara inversión de futuro.

El Circuito de Cataluña es una instalación pública, cuya titularidad pertenece al consorcio formado por la Generalitat de Cataluña, el Real Automovil Club de Cataluña (RACC) y el Ayuntamiento de Montmeló. Este acuerdo permite la explotación de una instalación en un horario de poca ocupación. Por el módico precio de 5 Euros (existe un abono mensual de 25 Euros), se puede acceder al Circuit cada martes y cada jueves desde las 18,30 hasta las 22,00 horas. Esto será posible durante todo el año (excepto en casos especiales), aunque cabe tener en consideración que durante el invierno habrá que circular con luces, porque esto no es Dubai y el circuito no está totalmente iluminado.

Después de las malas noticias de los últimos años, con la desaparición de la Setmana y de la Escalada a Montjuic, a nivel deportivo el ciclismo catalán goza de muy buena salud como demostraron Joaquim Rodríguez y Xavier Tondo. Esperemos que el acuerdo de la FCC y el Circuit de Catalunya sea duradero y se convierta en otra gran noticia para el ciclismo catalán.

jueves, mayo 20, 2010

La albiceleste sobre ruedas

(Publicado en el n.14 de la Revista PdlPro) Fotografías Sergi Ros

Cuando en España hablamos de ciclistas argentinos en el pelotón el primero que nos viene a la cabeza es el hispanoargentino Juan Antonio Flecha, nacido en Junin, Buenos Aires, el 17 de Septiembre de 1977, aunque con 11 años emigró a España y hoy es un catalán más entre nosotros. Atípico, eso sí, por ese amor a las clásicas, al pavés y al frío. Más que argentino parece belga.

También es fácil que nos vengan a la memoria pistards que han conseguido destacadas clasificaciones como Juan Esteban Curuchet, Walter Pérez, Dario Colla... Y es que la tradición de la pista argentina es muy importante, superior al ciclismo en ruta. No podemos olvidar facilmente la medalla de oro de Juan Esteban Curuchet y Walter Pérez en los Juegos Olímpicos de Pekin 2008 en la modalidad de Madison. Sobre todo porque relegaron al segundo a lugar a nuestra pareja formada por Tauler y Llaneras.

Sin embargo, el principal representante del ciclismo argentino en Europa es Juan Jose Haedo, el ciclista de Chascomús nacido el 26 de Enero de 1981. La trayectoria de Juan José Haedo durante los últimos años ha dado la razón al danés Bjarne Riis cuando el año 2007 confió en este potente esprinter argentino para el equipo CSC. Su paso por el equipo americano Toyota le supuso una gran experiencia y un buen número de victorias, especialmente en el Tour de California y en el Tour de Georgia. Ya una vez en el CSC, sus victorias son numerosas, entre las que podemos destacar la Clásica de Almeria 2008, el GP de Cholet-Pays-de-Loire en 2009 y este año 2010 ha empezado con mucha fuerza con sus victorias en la Vuelta a Colonia, en la Vuelta a Bombay (la primera carrera ciclista profesional en India reconocida por la Unión Ciclista internacional) y la última etapa de la Volta Ciclista a Catalunya.

Las sagas familiares argentinas son una tradición. Los Curuchet, los Borrajo, los Alexandre. Y ahora los Haedo. Que forman parte de una larga estirpe ciclista, puesto que su padre fue un famoso pistard argentino (Juan Carlos Haedo). Lucas Sebastián Haedo es el siguiente de la saga que pasó al profesionalismo. Nacido el 18 de Abril de 1983, vino a España con 17 años y corrió como juvenil en el Estrella de Levante y después corrió cinco años en el Diputación de León. Pasó a profesionales en el año 2009 con el modesto Colavita-Sutter Home y allí obtuvo dos victorias, una de ellas en el Tour de San Luis. Este año 2010 ha dado el salto a un gran equipo con su hermano Juan José en Saxo Bank, con el que reside en Girona, formando parte de la colonia de americanos afincados en la ciudad donde Armstrong también tuvo residencia.

El Tour de San Luis es otro ejemplo del buen estado de salud del ciclismo argentino. Una prueba que se disputa en Enero aprovechando el verano argentino aunque con la competencia del Tour Down Under en Australia. Una muestra del nivel emergente de esta prueba es la victoria de Vicenzo Nibali en esta edición de 2010, un corredor top ten en el Tour de Francia 2009. Otra carrera importante que cabe destacar es la Doble Bragado.

Lucas Haedo debutará este año en el Giro d'Italia, bonito reto al que enfrentarse en un primer año entre los grandes. Y sin la compañía de su hermano puede tener la posibilidad de meterse en los sprints con Freire, Petacchi y compañía. Así lo hizo también en el Tour de Romandía, donde ultimó su puesta a punto para el Giro.

El último de los argentinos que ha pasado al campo profesional es Jorge Montenegro, nacido en Mar del Plata el 7 de Mayo de 1983. Tras un exitoso paso por la categoría élite, en el que se incluye la Copa de España 2009 con victorias en Aitzondo y Legazpi, pasó a profesionales con el equipo Andalucía Cajasur en la Vuelta a Portugal del año pasado. Un hombre importante en su carrera ha sido el técnico Fernando Devecchi, que siempre ha confiado en Jorge y que fue pieza clave en su paso a profesionales, una vez Fernando quedó como director deportivo del equipo Andalucía Cajasur, tras la renuncia de Juan Martínez Oliver.

Jorge vino de Argentina, corre para el Andalucía y reside en Tenerife, curiosa mezcla de destinos. Las carreras en que se siente más a gusto son las pruebas de un día y con su paso al profesionalismo este año 2010 ha sido el de su debut en las clásicas del Norte de Europa. Todavía no en las pruebas Fuera de categoria de la UCI, pero sí en el fin de semana de Drenthe (Holanda). ¿El resultado? Una séptima posición en la Albert Profonde van Drenthe, la primera vez que Jorge corria en el norte de Europa con adoquín y con el tiempo tan frío... Una fantástica actuación.

Qué lejos quedan esos tiempos corriendo en Mar y Sierra, esas carreras narradas por Jorge Sequeira y esos fines de semana en casa de Héctor Loscalzo, presidente del club. El pequeño Montenegro ya está entre los grandes y su entrega dará, seguro, muchas alegrías al Andalucía Cajasur.

Y no podemos olvidar a los pioneros. Martin Garrido y Maximiliano Richeze son otros argentinos que han estado corriendo en Europa en los últimos años. Martín Garrido corrió 10 años como profesional, tres de ellos en el equipo español Colchón Relax y los últimos años en Portugal, consiguiendo como victoria más destacada el Tour de San Luis de 2008, mientras Maximiliano Richeze, también un hombre rápido, se vió involucrado en un asunto de dopaje en el Giro de 2008, tras ganar dos etapas y tuvo que dejar la competición.

Para los próximos años más ciclistas argentinos están desembarcando en el ciclismo nacional. Y lo están haciendo con éxito. Cafés Baqué fichó recientemente al corredor Daniel Díaz, y ya les ha empezado a dar frutos. Tres victorias casi consecutivas en una semana: Beasaín, Estella y Palencia. Por su parte, Mauricio Muller ya lleva años en Catalunya obteniendo buenos resultados, y compartiendo grupeta con Joan Llaneras. Este año corre en el equipo Azysa Ceya Conor y sigue a la espera de un posible paso al profesionalismo, que sería más que merecido.

Argentina viene pegando fuerte. No tanto como la selección de futbol, el deporte que allí es religión. Pero su nivel es cada vez más alto y grandes resultados no tardarán en llegar.

Como colofón, una bonita curiosidad. Precisamente el día que habíamos acordado la foto con los tres argentinos del pelotón profesional (que podéis ver junto a esta líneas), ese día ganó Juan José Haedo en el Circuit de Catalunya, en la etapa final de la Volta a Catalunya. Maravillosa coincidencia. Y nos regaló una imagen preciosa con los brazos levantados mientras un compañero de equipo levantaba las manos detrás de él. Alguien que le lanzó y se alegró tanto como él. Su hermano.

viernes, abril 23, 2010

Pedaleando en Tierra Santa




Salimos de Barcelona tras la nevada de principios de Marzo con un ambiente gélido. En pocas horas nos plantamos en el otro extremo del Mediterráneo con una diferencia de temperatura superior a los 25 grados. Al llegar recibimos las bicis con las que íbamos a afrontar esta semana de pedaleo por Israel. Esta vez nuestra compañera de viaje no iba a ser la flaca de carretera, sino que iba a ser una polivalente Mountain Bike con suspensión delantera y portaequipajes trasero, que distaba mucho en características y en peso de nuestra compañía habitual. Sin embargo ya os avanzo que Israel es un destino tan singular que merece ser disfrutado paseando y saboreando las ciudades, pedaleando por las carreteras y, cómo no, descubriendo sus desiertos a lomos de una bicicleta de montaña.
 
Capítulo 1. La antigua Yafo y la moderna Tel Aviv

Empezamos por un agradable paseo por la costa. Ya desde el principio vimos que este no iba a ser un viaje de excesiva exigencia física, pero ¿quién quiere machacarse cuando hay tanto por ver, por descubrir, por aprender?
El primer día de pedaleo urbano descubrimos la ciudad antigua de Yafo y nuestro guía nos explica que esta ciudad conforma un único municipio con Tel Aviv, y que fue el lugar de la primera derrota de Napoleón en su campaña por Oriente. También conocemos la juventud de la ciudad más cosmopolita de Israel: Tel Aviv, que fue fundada a principios del S XX. Una ciudad totalmente occidental. Unicamente el Mercado del Carmelo, cuya visita es totalmente recomendable, nos recuerda que estamos en Oriente Medio. Otra atracción interesante es el Museo de la Diáspora, en la zona universitaria, que constituye una fascinante ventana abierta a la comunidad judía de todo el mundo.
Ese mismo día por la tarde descubrimos el carril bici que une Tel Aviv con Jerusalen. Unos 75 kilómetros de asfalto y, en ocasiones, tierra. Una posibilidad muy interesante para iniciar el peregrinaje hacia la Ciudad Vieja. Aprovechamos el día al máximo y ya por la tarde descubrimos la arquitectura típica del movimiento Bauhaus alemán, del que su principal muestra es Tel Aviv. Se trata de construcciones simples, funcionales, económicas y ecológicas.
La noche de Tel Aviv es un mito entre los jóvenes israelitas, aunque nosotros preferimos guardar fuerzas para el día siguiente. Pero la información ahí está, para el que la quiera aprovechar.

Capítulo 2. Cesarea y Monte Carmelo

Es el primer día de pedaleo real fuera de la ciudad. La furgoneta nos deja en las proximidades de Cesarea, donde podemos ver un impresionante acueducto junto al mar que abastecía de agua la ciudad y que superaba los 7 kilómetros de longitud. Como iremos descubriendo en muchas otras ciudades que veremos estos días, los restos de ciudades más modernas se superponen a los restos más antiguos, siendo visibles algunos restos persas, romanos, bizantinos, árabes, de los cruzados y de los otomanos. Cesarea vivió su máximo esplendor en la época romana, en la que fue el puerto principal del Imperio en Oriente Medio. Cabe destacar los restos bien conservados del hipódromo (curioso) y del restaurado anfiteatro romano.

Continuamos hacia Haifa, pero sobre el plan previsto inicialmente hacemos un cambio, que supone la subida al Monte Carmelo, que se alza hasta los 560 metros de altitud. Una subida irregular que en momentos se hace muy dura. Es el primer día que salimos realmente a la carretera y hemos elegido un día caluroso y un puerto exigente. Finalmente llegamos a Isifiya donde comeremos lo que los siguientes días se convirtió en un clásico: Falafel con limonada (o Coca Cola). Un fantástico bocadillo en pan de pita con verdura troceada. La curiosidad de Isifiya es que se trata de una de las principales poblaciones cuya mayoría religiosa es drusa. La complejidad del panorama religioso en Israel empieza a asomar.

Tras el falafel, rápido descenso hacia Haifa puesto que allí nos espera Emilio Roitman, un argentino que es el director general de la Federación Israelí de Ciclismo, que nos muestra con orgullo el circuito donde se disputará el Campeonato de Europa de BTT el próximo mes de Julio. Un selectivo circuito, diseñado con mimo, con zonas muy técnicas y un buen porcentaje de singletrack. Habrá que estar muy atentos a la salida... y sobre todo prever el calor que hará en el mes de Julio.

Capítulo 3. Barcos de guerra en la frontera
 
Damos las primeras pedaladas del día en Rosh Ha Nikra, el punto más al norte de la costa israelita, en el límite con Líbano. Con un funicular, se puede bajar al nivel del mar a ver las grutas que se han formado en la roca calcárea, tras el continuo golpeo de las olas. Interesante, aunque lo que más nos sorprende es el barco de guerra que está controlando la frontera con el Líbano. Luego, bajamos dirección sur por un agradable carril bici junto a la costa. Por momentos me parece estar en Catalunya, pedaleando cerca de Ampurias, por ejemplo, con los mismos paisajes, mismos olores y ruinas romanas a nuestro lado. En otros momentos vuelvo a una realidad diferente, pasando junto a Campos de tiro o zonas residenciales protegidas con alambradas. Me sorprende la naturalidad con la que ellos toman todo esto. Pero a nosotros nos choca.
Llegamos finalmente a San Juan de Acre (Akko), Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una ciudadela fortificada donde dedicaremos el día, visitando sus mercados y comiendo el inevitable falafel junto a una población mayoritariamente musulmana. Cenar en uno de sus restaurantes cerca del mar es otra experiencia recomendable. Y permitidme una sugerencia, el restaurante Uri Buri, junto a la entrada del Tunel de los Templarios.

Capítulo 4 En el Monte de los Olivos y la ciudad vieja de Jerusalén

 (Fotografía Jesus Garcia Pastor)

Después de dormir ya en Jerusalén, empieza un día esperado, con la visita a Jerusalén y especialmente a la Ciudad Vieja, donde visitar el Santo Sepulcro es una experiencia única para aquellos que hemos sido educados en una cultura cristiana.
Desde las proximidades del hotel se ve la ciudad de Belén. No podremos acercarnos a ver el lugar de nacimiento de Jesucristo puesto que Belén se halla en territorio palestino y eso significa que los turistas podemos pasar, pero los israelitas no. En Jerusalén es donde conocimos a Aitor Azpiazu y a su compañera Keren Potash. Con ellos compartiremos visita turística y posteriormente mesa y mantel. Un verdadero lujo tener a nuestro lado un guía que nos transmite una visión objetiva de la compleja situación que se vive en Jerusalén. Y más que lujo tener a un élite de nivel pedaleando a nuestro lado y hablando de ciclismo.
Sobre la bici visitamos los exteriores del Parlamento de Israel, el barrio alemán, el Monte Scopus, y nuestro tour en bicicleta finaliza en el Monte de los Olivos, donde la panorámica de la Ciudad Vieja de Jerusalen, del Monte del Templo y la Cupula de la Roca es inmejorable.
Por la tarde ya dejamos las bicis aparcadas y nos dedicamos a visitar la Ciudad Vieja de Jerusalen. Es muy difícil resumir en unas breves lineas tanta historia, pero es imposible no mencionar la visita al Muro de las Lamentaciones (accesible solamente con la cabeza cubierta o con una kipá), o el trayecto por la Via Dolorosa, siguiendo los pasos de Jesucristo hasta la Iglesia del santo Sepulcro, donde fue enterrado.
Un día de emociones fuertes. Jerusalén merece más de un día, pero hay tanto que ver y tenemos tan poco tiempo...

Capítulo 5 La resistencia de Massada y atardecer en el Escorpión


Otro día especial. La visita a Massada y el Mar Muerto eran dos de mis objetivos prioritarios del viaje a Israel, y otro de los objetivos es la subida en bicicleta a Arad. Y lo mejor estaba todavía por descubrir. Definitivamente, un día para recordar.
Desde Jerusalén hasta Arad viajamos en el coche con las bicis en el remolque. Por el camino recogemos a un cicloturista de alforjas que nos cuenta su aventura, que consiste en intentar llegar desde Tel Aviv hasta El Cairo. Un alemán que trabaja en los Estados Unidos que ha planeado una ruta sin duda llena de problemas y a la que sólo le falta el fuerte aire que soplaba. Nuestra ayuda le acercará un poco a su destino y le dejaremos cerca de Arad, en su camino hacia Be'er Sheva.

Una vez en Arad encontramos de nuevo a Aitor y también a Niv Libner, un élite que compite con Aitor y que este mes de abril pasará a profesionales con un equipo español. Niv nos contó sus experiencias tras ganar el Tour the Israel. Con ellos compartimos unos kilómetros hasta que ellos regresan a Arad y nosotros continuamos hacia Massada, por una carretera solitaria que atraviesa el Desierto. Una carretera con clara tendencia a descender que nos permite disfrutar de un paisaje singular. Incluso nos paramos a visitar un poblado nómada. Llegamos hasta los pies de Massada, donde tendremos que subir a través de una dura rampa en la que hay que llevar la bici a cuestas, no sirve ni la mountain bike, porque hay numerosos escalones que permiten ascender rápidamente hacia la cima. Desde ahí las vistas del Mar Muerto son inmejorables.

Bajamos con el teleférico hasta la base de Massada por la otra vertiente (la del Mar Muerto), salvando un desnivel de 600 metros. Allí Aitor me tiene preparada una bicicleta de carbono, que ya echaba de menos, para compartir una de las subidas que yo tenía marcadas en rojo desde que supe que iría a Israel. Se trata de la subida desde el nivel del Mar Muerto (-419 metros) hasta Arad, venciendo un desnivel de casi 1.000 metros y encontrando el nivel del mar a media ascensión (como podéis ver en las fotos). Una vez llegados a Arad, Aitor, perfecto anfitrión, me tiene preparada una agradable sorpresa a pesar de las escasas fuerzas que me quedan. Se trata de la subida a Ma'ale Aqrabbim (la subida del Escorpión), una subida singularísima que él ha hecho en carrera y que conoce bien. La subida vale la pena, y si el paisaje ya es precioso de por sí, la puesta de sol le da un aire mágico. La noche nos coge sobre la bicicleta para rematar un día realmente bien aprovechado.
Capítulo 6 La mujer de Lot y la tormenta de arena en el desierto

  (Fotografía Jesus Garcia Pastor)

El día empieza muy pronto. El tute del día anterior con Aitor no me permitió bañarme en el Mar Muerto, una obligación ya que estaba allí. Por lo tanto, apenas salir el sol bajo a la playa y sigo las indicaciones que recibí. No meter la cabeza dentro del agua y, por supuesto, no tragar agua! La salinidad del agua es tal, que no existe vida en el mar. Es el punto más bajo de la tierra. El agua es tan densa que parece aceite, y la flotación es total, hasta el punto que cuando flotas es difícil meter las piernas bajo el agua. Una sensación extraña, rodeado de gente mayor que aprovecha las propiedades curativas del Mar Muerto. La infraestructura hotelera de la zona es brutal. Esto es una mezcla de Las Vegas, Benidorm... ¿y Lourdes? Pues eso, una mezcla de todo ello.

Me doy una buena ducha para eliminar cualquier resto de sal y ya estamos de nuevo en camino. Cogemos la furgoneta y nos vamos direccion sur. Observamos las salinas del Mar Muerto y todavía en sus orillas vemos una impresionante industria que es "Dead Sea Works", una de las empresas más importantes de Israel, dedicada a la extracción de sales y minerales del Mar Muerto. Pasamos también junto a la estatua de Sal que representa a la mujer de Lot. Según relata el libro del Génesis, cuando Dios iba a destruir Sodoma y Gomorra dió la oportunidad de huir a Lot y su familia con la condición de que no miraran hacia atrás. La mujer de Lot no cumplió y quedó convertida en estatua de sal...

Ya estamos a punto de empezar la última etapa. En ella vamos a descubrir el Desierto del Negev, pegados a la frontera jordana. Se trata de una zona absolutamente dedicada a los invernaderos que recuerda mucho a la zona almeriense de El Egido. Nos cuentan que en esta zona del desierto (sí, en el desierto, no lo olvidéis) se cultiva el 30% de las frutas y las verduras que se consumen en toda Europa. Impresionante. Atravesamos poblados repletos de tailandeses, que son los que trabajan allí y luchan contra las altas temperaturas en medio del desierto. Nosotros disfrutaremos de una dura etapa con mucho viento, mucha arena y unos amenazadores carteles que indican los campos de minas junto a nosotros. Hay que pedalear duro y rezar. Finalmente tuvimos que rezar. Era el sino de este viaje!

Y aún con toda la variedad que vivimos, nos quedó mucho por descubrir, desde el Mar de Galilea hasta el Monte Hermon, la mayor altitud del país. Israel es, sin duda, una tierra que merece ser visitada de nuevo.

Las míticas montañas de Israel


Un país montañoso como Israel debía tener interesantes puertos que escalar, no sólo desde el punta de vista histórico, por supuesto, sino también desde el punto de vista ciclodeportivo. Aquí van 10 recomendaciones, a modo de 10 mandamientos, los que Dios le dió a Moisés en la cima del Monte Sinaí. Como en éstos, os recomiendo que no faltéis a ninguno:

- Monte Tabor: En las proximidades de Nazareth, una montaña destaca por encima de todas: el monte Tabor, o el monte de la Transfiguración de Jesucristo. La carretera serpentea por la montaña a lo "Alpe d'huez" durante poco más de 4 kilómetros hasta que corona junto a la Iglesia de la Transfiguración. La recompensa de subir las duras rampas desde Daburiya hasta el Monte Tabor son unas vistas impresionantes desde la cima en cualquier dirección, especialmente sobre el Mar de Galilea.

- Monte Carmelo: En las proximidades de Haifa, es una montaña santa para los cristianos por los milagros que realizó en su cumbre el profeta Elías. Son muchas las vertientes posibles por las que acceder al Monte Carmelo, cuya máxima altitud se sitúa en los 560 metros. de entre todas ellas la más recomendable es la que empezando desde el cruce con la carretera 4, sube pasando por Bet Orem. Otra vertiente interesante es la de Nesher. La vertiende de Haifa es menos recomendable por la cantidad de vehículos que circulan por ella.

- Monte de los Olivos: Las mejores vistas de la ciudad Vieja de Jerusalén se observan desde el Monte de los Olivos. A sus pies se halla el huerto de Getsemaní y fue en la cima del Monte de los Olivos desde donde Jesús ascendió a los cielos. A nivel ciclista, decir que es una subida tan dura como corta. Son unos 700 metros de subida asfaltada por encima del 10%, junto al cementerio judío. No os lo podéis perder.

- Monte Herzl: También está en Jerusalén. Theodor Herzl, austríaco, fue el ideólogo del sionismo, con un libro que a finales del siglo XIX marcaría el futuro del pueblo judío, con su libro "Der Judenstaat". En la cima del Monte Herzl se encuentra el Museo del Holocausto y un importante cementerio judío. Para subirlo en bicicleta es recomendable hacerlo por En Kerem.

- Monte Hermon: Se trata de la montaña más alta de Israel, en los Altos del Golán (frontera natural entre Israel y Siria). Si pensábais que Israel era un país desértico en el que no se podía esquiar, estáis equivocados. en el Monte Hermon también hay estación de esquí. Su altitud llega a los 2.800 metros. Destacar la Fortaleza de Nimrod como uno de los puntos culminantes.

- Monte Meron: En el norte del país, casi en la frontera con el Líbano. Una interesante subida que sobrepasa los 1.200 metros de altitud que se inicia en la localidad de Zefat.

- Ma’ale Abraquim: La joya de la corona. La primera vez que leí algo sobre "la subida del escorpión" quedé prendado de su belleza (por lo que explicaban) y su singularidad. Aitor me llevó a conocer esta subida que él ha hecho en carrera y realmente mereció la pena. Los bidones (rellenos de cemento) a lo largo de la ascensión la hacen perfectamente reconocible incluso en la distancia. Por si le faltaba algo, también tiene su historia. Por un lado se trata de un paso que ya desde los tiempos de los romanos se utilizaba para llegar hasta Eilat, en el sur de país, junto al Mar Rojo. Y, por otro lado, y mucho más recientemente, destacar que un atentado en Ma'ale Aqrabim contra un autocar en el año 1950, dejó 11 muertos. Un monolito en la cima recuerda este hecho.

- Arad-Har Quidod: Subir desde el Mar Muerto a -419 metros (el punto más bajo de la tierra!) hasta los 571 metros de la ciudad de Arad supone una experiencia única en el mundo. Curiosamente los kilómetros más duros son los que están bajo el nivel del mar. Una vez llegados a la cota cero, es imposible no hacer la foto de la señal de nivel del mar en plena montaña, realmente curioso. A partir de ahí la subida se va moderando hasta los últimos 5 kilómetros antes de Arad, momento en el que se vuelve endurecer. Los 26 kilómetros totales de ascensión, en una amplia carretera de dos carriles con buen arcén, se hacen duros, duros.

- Mitzpe Ramon: Un crater volcánico situado en el Desierto del Negev, en la ruta hacia Eilat, 90 kilómetros al sur de la ciudad universitaria de Be'er Sheva. La dificultad de la ascensión es relativa, puesto que vence un desnivel únicamente de 330 metros en 5,5 kilómetros, coronando a una altitud de 870 metros. Sin embargo, Mitzpe Ramon es una subida 100% recomendable por sus vistas sobre el Desierto y la contemplación del propio cráter.

- Bet Shemesh. La subida de Bet Shemesh a Jerusalén es probablemente la carretera más dura que podéis subir en Israel. No menos de 5 kilómetros rectos y constantes a una media igual o superior al 10%. Los sábados y domingos es una carretera muy frecuentada por los cicloturistas.



martes, abril 20, 2010

Coll d’Ares-Observatorio del Montsec, rodeados de estrellas

(Publicado en el n.35 de la revista Pedalier. Foto: Sergi Ros)

Hay pocas sensaciones comparables a descubrir una nueva subida. En los foros de internet este puerto ya se había ganado su prestigio y a nivel de Catalunya pocos puertos nuevos han causado tanta expectación. Quizás Serra Seca (con el paso del Tour por él) pueda estar a su altura.

Se trata de un puerto con nombre ya conocido: Coll d’Ares. Pero el que hoy vamos a descubrir nada tiene que ver con otros puertos del mismo mitológico nombre (Ares era el Dios de la guerra en la mitología griega). Tenemos coll d’Ares en Girona, con su vertiente catalana que nace en Camprodon y su dura vertiente francesa desde Prats de Molló, así como el puerto de Ares (o Confrides por la otra vertiente) en Castellón.


Pero éste se halla en la Sierra del Montsec, en Lleida y se ha asfaltado recientemente (año 2007). Se trata de una carretera estrecha que sin duda se ha asfaltado para poder acceder al Observatorio astronómico que recientemente se ha inaugurado y que forma parte de la promoción que el Consorci del Montsec está realizando para dar a conocer sus encantos naturales. Sin duda el cielo del Montsec es uno de sus puntos fuertes y ahí están dirigiendo sus esfuerzos.


No podemos hacer referencia a los encantos turísticos del Montsec sin referirnos al Congosto de Mont-Rebei que forma el río Noguera Ribagorçana al atravesar la sierra del Montsec. Constituye el único gran congosto de Catalunya que se mantiene más o menos virgen sin que lo atraviese ninguna carretera, ferrocarril o linea eléctrica. Únicamente lo atraviesa un camino parcialmente excavado en la roca que permite disfrutar de este lugar de una forma espectacular. Las paredes del congosto llegan a alcanzar más de 500 metros de caída vertical. Lástima que ahí no podemos llegar con la bici de carretera, solamente con la de montaña. Ahora que llega el invierno si cambianos las ruedas finas por las gordas puede ser una excelente alternativa.


La salida programada no era menos espectacular. No se trataba solamente descubrir Coll d’Ares y el Observatorio Astronómico, sino también los alicientes de Montllobar y Castell de Mur. 100 kilómetros muy completitos. En esta ocasión, además, la grupeta que me busqué tenía su guasa. Jordi Fonollosa, ideólogo de la salida y gran conocedor de la zona, Dani, Uri y el exprofesional Juan Carlos Cariñena. Una grupeta de lujo, como para ir en malas condiciones. Un día para disfrutar del cicloturismo se podía convertir rápidamente en un día de sufrimiento. Menos mal que el hecho de ir haciendo fotos permitía irnos reagrupando. Eso y lo buena gente que son estos cracks de la bici y apasionados de las subidas.

Si la salida trataba de descubrir un lugar para admirar el cielo nocturno leridano, lo que el destino nos deparó fue una jornada climatológicamente perfecta. El cielo era nítido, el aire que había soplado el día anterior había dejado la atmósfera limpia como pocas veces, y con el marco del Montsec, la verdad es que no podíamos sentirnos más afortunados.


El lugar de salida fue Cellers, pequeño pueblo a sólo 12 kilómetros de Tremp y junto al pantano de Terradets. El hotel es el lugar ideal para dejar los coches y a la vuelta poder comer algo antes de volver a casa. La salida la hacemos dirección sur hacia la localidad de Ager, donde nace este pequeño coloso de Coll d’Ares con sus 14 kilómetros de longitud que a través de una carretera estrecha nos llevará en poco más de tres kilómetros al Centro de Observación del Universo (COU), un espacio lúdico que dispone un planetario multimedia interactivo y una cúpula de observación de 12 metros de diámetro. Allí es donde suele haber la exposición permanente y es un centro más de divulgación que científico. La carretera continúa subiendo de forma constante, el asfalto en perfecto estado y una valla de protección en madera que es un auténtico lujo. La carretera dibuja curiosas formas que permiten lucirse a nuestro fotógrafo Sergi y ofrece permanentemente una visión enorme del valle.

Una vez coronado Coll d’Ares, nos queda una impresionante vista del Pirineo y de todo el valle. A la derecha queda una zona de lanzamiento de Parapente. El paisaje es impresionante. De vértigo. El Montsec queda aislado y mientras por un lado se observa todo el Pirineo por el otro podemos ver incluso la montaña de Montserrat, ya muy cerca de Barcelona. Y todo, desde una altitud relativamente modesta, como son los 1.534 metros a los que corona el puerto. Aunque para llegar al Observatorio Astronómico todavía hará falta un esfuerzo más y vencer la más dura de las rampas, de hormigón y que llega al 20%. Espectacular.


El descenso es más largo, la bajada por Alsamora tiene más de diecisiete kilómetros, y mantiene la misma tónica que la subida, asfalto en buen estado excepto un kilómetro con un piso muy deteriorado por no decir malo de solemnidad, y que a su salida provocó la caída de Dani. Lo que pasa cuando te plegas demasiado y el suelo está lleno de gravilla. Cómo debería estar para que se caiga Dani, un tipo al que he visto levantar las dos ruedas en plena plegada y quitarse las perneras en marcha…


Poco después llegamos a Puente de Montañana y nos vamos en dirección a Tremp, capital de la comarca de Pallars Jussà, ascendiendo los 10 kilometros de Montllobar. Ahí redescubro lo que ya todos sabemos. Nuestro deporte no premia los genes, no premia simplemente unas buenas condiciones físicas, aunque sean excelentes. El ciclismo recompensa el esfuerzo, el sacrificio, el entrenamiento duro. Y así puede ocurrir que yo me vea subiendo al lado de de un corredor capaz de haber ganado tres Escaladas a Montjuic para Sub23. Veo sufrir a Juan Carlos, un exprofesional que sin entreno ni motivación no tiene en las piernas los kilómetros suficientes para exigirse al máximo. Ahí estamos el resto de la grupeta y el resto del club para reconvertir a un excelente profesional sin fortuna en su paso por el ciclismo, en un gran compañero de batallas cicloturistas que, seguro, nos ayudará a disfrutar todavía más de las salidas en bici. Un par de salidas más como ésta y lo tendremos en el bote, enganchado de nuevo a sufrir pero también a disfrutar de los excelentes paisajes que nos ofrece la montaña. Sin el estrés de la competición, sólo por el placer de vencerla.

¿Con qué otros puertos se puede combinar esta ascensión? En nuestro caso hicimos una ruta de 100 km con Ares, Montllobar y Castell de Mur, una salida con 2300 metros de desnivel y que probablemente en una prueba profesional no sería una etapa reina, pero os aseguro que dejaría tocado a más de uno. Existen otras posibilidades como Fontllonga, un puerto de carretera ancha y no demasiado desnivel pero con excelentes vistas del Pantano de Camarasa. Incluso es interesante citar la subida a Llimiana y su continuación hacia Hostal Roig.


Este año 2009 se ha celebrado la primera edición de la Marxa del Montsec, que explora exactamente todos estos puertos. Su versión larga llega a los 156 km y se sube todo: Port d’Ager, Coll d’Ares, Montllobar y Fontllonga, un desnivel acumulado de 3.100 metros, casi nada. Si os queréis machacar principios de julio, ya os lo podéis apuntar para el año próximo.


En la zona de Tremp también cabe destacar la celebración de la marcha cicloturista “La Pallaresa” que se suele disputar a principios de Septiembre y que tiene un recorrido ya clásico subiendo el durísimo Coll de Cantó y el más modesto Coll de Boixols, a veces en un sentido y a veces en sentido contrario. Coll d’Ares también se puede combinar con estas subidas si os queréis exprimir a fondo.


En fin, que aunque no sea un Observatorio con la historia ciclista reciente de Calar Alto o sobre todo, de las dimensiones del Roque de los Muchachos, este pequeño observatorio tiene unas características que también seducen, y de qué manera, al cicloescalador.


Finalmente nos tuvimos que conformar con el cielo diurno, que no es poco, aunque nos quedamos sin ver las estrellas del cielo del Montsec. Aunque bien pensado las estrellas las tenía yo a mi lado. ¿Cómo puedo definir sino a gente que anda como Dani, Uri, Jordi o Juan Carlos?

miércoles, marzo 24, 2010

Regreso al Nebelhorn o cómo una derrota termina en victoria

Artículo publicado en el n.36 de la revista Pedalier. Foto de Sergi Ros.

Yo iba sin ninguna esperanza. Acababa de leer el ya mítico artículo de Ángel Morales y Rubén Berasategui en Pedalier (número 30) y sabía lo que me esperaba con todo lujo de detalles. Ellos habían ido a por el Nebelhorn y no habían conseguido subirlo entero en bici, aún estudiando el tipo de material a utilizar, habiendo analizado a fondo los mapas... Ángel y Rubén, dos tipos acostumbrados a las pendientes fuertes, dos pioneros, descubridores de monstruos y además fuertes como pocos...

Por lo tanto yo tenía claro que iba a acercarme a conocerlo pero ni siquiera sabía si llegaría arriba. Os tengo que decir que me gustan las pendientes fuertes, aunque el Nebelhorn supera lo imaginable. Digamos que cuando pensaba en él no se me ocurrían otras palabras que no fueran reto, sufrimiento extremo y peligro. Disfrutar, paisaje o cicloturismo son palabras que dejo para otras subidas.

Yo me presentaba allí con la bicicleta de carretera (eso sí, con triple plato) y sin una preparación específica para afrontar una subida de este calibre. Las circunstancias eran las que eran y yo había ido a hacer otro tipo de subidas, pero estando en Oberstdorf, no intentar subir hubiera sido un sacrilegio.

La compañía que llevaba condicionó la subida. Xavi Cossials y Xavi Joya son dos viajeros empedernidos. Dos tipos, sobre todo Cossials, que han viajado con sus bicis por un montón de países, subiendo cuestas imposibles, siempre a la búsqueda de subidas incluídas en el reto BIG. Siempre con su BTT y su triple plato, asegurando (casi siempre) que pueden llegar arriba. Nos planteábamos un nuevo reto (¿El reto?) a lomos de nuestras bicis.


Al regreso de una etapa por los alrededores de Oberstdorf, decidimos aprovechar el buen tiempo de principios de Julio en el sur de Alemania para intentar acercarnos a descubrir a este nuevo mito del cicloturismo moderno. Tras localizar el principio de la subida (no es difícil, junto al estadio de saltos de esquí), nos informamos en la taquilla del Nebelhornbahn (el telecabina que sube hasta la cima del Nebelhorn, a 2224 metros). La información que recibimos allí fue del todo incorrecta. Nos dijeron que un coche, aún no siendo 4x4, podía subir sin problemas hasta el albergue Edmund Probst Haus, a 1932 metros. Una barbaridad, si un día queréis jugaros la vida, podéis intentarlo… Otra opción que habíamos barajado era subir como pudiéramos y bajar con la bici en el telecabina, pero eso no está permitido.

La primera parte de la subida al Nebelhorn era la única que personalmente consideraba asequible, justo hasta la estación de telecabina de Seealpe, a 1280 metros. Con rampas superiores al 20%, son unos 4 kilómetros muy duros, pero con el triple plato, pues a golpe de riñón se hace.

Una vez en Seealpe hablo con Sergi, el fotógrafo, que sube en el coche siguiéndonos, y me dice que ha visto a los Xavis sufrir mucho en las rampas del 20% y que no cree que lleguen a Seealpe. Mientras estamos esperando y hablando aparece un tipo ataviado con traje típico y nos dice de malas maneras algo que no entendemos. A duras penas intuímos que no se puede subir en coche por ahí y que como nos pille la poli nos van a empapelar. O sea que decidimos dejar el coche ahí estacionado.

Yo me digo, bueno mientras espero a los Xavis voy a ver de qué va esto y a ver si con un poco de suerte veo los rampones del 42%. ¡Tiene que ser acojonante! Mientras subo, me cruzo con un tipo en BTT que no tiene mala pinta. Le pregunto si conoce la subida y me dice que vive en Oberstdorf y que suele subir muy a menudo. Le pregunto si alguna vez ha sido capaz de subirlo en bici hasta el final sin echar pie a tierra y me dice que sí… Interesante. Voy subiendo zonas asequibles hasta que diviso a lo lejos una recta que impresiona. Intento hacerla con mi bici de carretera y me quedo justo en el punto kilométrico que indica que faltan 4 kilómetros para la cima. Allí empieza el verdadero infierno. Pensaba que por atrás me estarían esperando y doy media vuelta y empiezo a bajar.

Cuando bajo hacia Seealp me encuentro a los Xavis subiendo con la bici, y Sergi andando unos metros atrás, cámara de fotos y mochila en ristre. La moral está alta y las ganas de sumar un nuevo BIG a su colección, también. O sea, que media vuelta y a intentar llegar lo más arriba posible, aunque de nuevo la recta infernal se topa en nuestro camino. La pendiente es terrible. Nos paramos y la sensación de derrota es total. Incluída la foto con el pulgar hacia abajo... A los pocos minutos no sé todavía cómo, ni por qué, ni quién fue el que animó al resto para continuar subiendo, pero en lugar de asumir una derrota por KO nos levantamos y continuamos la pelea, aunque sea a pata, hasta donde lleguemos. Mientras haya luz no hay prisa.

Intento hacer algún tramo en bici, pero de repente me topo con la famosa curva a izquierdas del 42%. No se puede explicar, hay que ver ese paredón para darse cuenta de la magnitud de la pendiente. El descanso que hay al coronar la rampa se ve allá a lo lejos, muy arriba, es una sensación irreal. Intento subirla con la BTT de uno de mis colegas. Sin haber subido el tramo anterior y partiendo desde cero, no llego ni a la mitad… El estado del asfalto no ayuda, y los cortes horizontales en el asfalto (¿para facilitar el desagüe cuando llueve?) todavía menos. Al coronar ese tramo monstruoso, el asfalto se deteriora más y más, hasta convertirse en una pista descarnada. Es difícil incluso subir a pie. Los pies resbalan por la pendiente y la grava y no puedo dejar de imaginarme unas zapatillas de carretera subiendo por ahí… Menos mal que llevo las de montaña con la cala pequeña de Shimano que si no me voy para abajo seguro.

Un poco más arriba vemos a un ciclista bajando. Se trata de un húngaro que vive en Austria y nos explica cómo es el resto de la subida. Al poco tiempo descubrimos que también forma parte del reto BIG y, un poco después aparece una pareja de italianos conocidos, Luigi y Cecilia, bajando a pie con la bici a hombros y con cara de pocos amigos. Ese tramo posterior a la rampa infernal es sin duda el de peor superficie de toda la subida. Y la pendiente, lejos de moderarse, continúa en niveles que no nos permiten volver a subir a la bicicleta. Una zona de zig zag y ya vemos al albergue a lo lejos. Los primeros restos de nieve aparecen de repente junto a la carretera y anuncian que estamos ya muy cerca del final.

Los cuatro kilómetros que separan la primera rampa infernal con el albergue se nos hicieron interminables. Hacer la subida, incluso a pie, se convirtió en un verdadero reto. Cada uno subía con su artilugio, nosotros con las bicicletas y Sergi con su mochila y su cámara de fotos.


En contra de lo que podía pensar tras subir un puerto a pie parcialmente, llegar arriba fue absolutamente un triunfo. De alguna manera, con la bici al lado, pero tras horas de caminata habíamos vencido la montaña. Habíamos llegado al refugio Edmund Probst Haus, a 1932 metros, junto a la siguiente estación del telecabina. Llegamos arriba con las fuerzas justas y con la luz ideal para una larga sesión de fotos con Sergi. El posterior sándwich en el albergue nos supo a gloria.

Hay que decir que desde ahí hasta la cima del Nebelhorn quedan todavía unos 300 metros de desnivel, puesto que se llega a los 2224 metros, pero excepto los últimos metros, ese tramo desde el albergue hasta arriba sí que es impracticable en bicicleta.

La bajada ya intuíamos que no iba a ser fácil. Prácticamente no me subí a la bici en esos 4 kilómetros. El riesgo de irse abajo es evidente y con la bici totalmente frenada hay muchos tramos en que la bici se desliza hacia abajo y se pierde el control. En una BTT con frenos de disco probablemente sea otra cosa, pero con frenos de zapata el riesgo es más que evidente.

Una vez conocido el terreno yo pienso que es una subida terrorífica, bestial, pero como dicen mis amigos Carles Nadal y Mauro Repetti, en una BTT con 32-34 detrás, con el asfalto en buen estado, con un estado de forma muy bueno y siendo un biker acostumbrado a mantener el equilibrio con la bicicleta parada (¡o casi!), es una subida que se puede llegar a hacer. Pero si no se cumple uno de esos requisitos, me temo que pondréis pie al suelo…

A la mañana siguiente, desde el albergue de juventud donde estábamos alojados, precisamente desde la ventana de nuestra habitación se veía el Nebelhorn y la estación de Höfatsblick y el Albergue Edmund Probst Haus. Ese ya inconfundible valle sin salida que encierra unos de los monstruos más temidos por los cicloturistas de toda Europa. Y que desde el día anterior iba a formar parte de mi curriculum y de mis recuerdos. Aún habiéndolo hecho a pie.

Pero por mucho que yo os cuente, la subida al Nebelhorn es una experiencia que hay que vivirla. Si la podéis subir en bicicleta, chapeau, pero si llegáis arriba a pie, o incluso en teleférico, esa terrible montaña la tendréis en el saco. Nunca una derrota tuvo un sabor más dulce.

lunes, marzo 22, 2010

Mi primera maraton: Barcelona 2010


Después de volver a correr hace 3 años, en los que me he dedicado a las pruebas de 10kílómetros y a las media maratones, tenía muchas ganas de probarme en la distancia reina, en los míticos 42 kilómetros. Pero si una cosa tenía clara es que a una maraton hay que ir bien preparado, no se puede ir a sufrir y terminarla andando. Le tenía mucho respeto y quería terminarla lo bastante entero como para no odiarla para siempre.

La preparación que había seguido no era probablemente la mejor, pero yo me sentía conforme. Tres salidas a la semana desde el mes de Enero, con tres medias maratones y dos salidas más largas de un par de horas. Mi principal miedo era si sabría correr a ritmo más lento del que estoy acostumbrado. Corriendo a 4,17 el kilómetro una media maraton, me planteaba correr a 5 el kilómetro en la maraton, pero de hecho nunca, ni cuando entreno tranquilo, voy a esa velocidad. De hecho siempre entreno a tope....
Por tanto mi idea inicial de estar sobre les 3 horas 30 minutos pensaba que estaba dentro de mis posibilidades. Lejos de las míticas 3 horas (una quimera para los populares), pero que personalmente consideraba un tiempo aceptable para tratarse de una primera maraton.

Pensaba que podría echar de menos el fondo de hacer alguna salida de 30 kilómetros, y también pensaba que aunque fuera a nivel psicológico, me convendría estar convencido de pasar una distancia tan larga. Pero ya me dijo David que con una base como la que llevaba, el día de la Maraton, el hecho de correr a ritmo más suave y la motivación haría el resto. Mi teoría de la "memoria" del cuerpo y los esfuerzos acumulados durante tanto tiempo encima de la bicicleta suponía que iban también a jugar en mi favor.

Pocos días antes de la Marató el periodista de TV3 Arcadi Alibés presentó su libro "Còrrer per ser feliç". En un momento de su libro, Arcadi comenta que la Maraton es una carrera de 12 kilómetros que comienza en el kilómetro 30. Me gustó esa visión y me hizo reflexionar. Ya sabía que tenía que llegar entero al kilómetro 30, no quería ver el muro, pero esta frase aún me convenció más.

El día D tuve la fortuna de contar con José Luis a mi lado. El fue el primero en recomendarme no ir tan lento como a 5 el kilómetro al principio. Salgo pues, muy muy tranquilo, con la sensación de estar corriendo muy suave, guardando fuerzas permanentemente. Al llegar a la Meridiana, sobre el km 18 voy todavía muy entero. Pequeñas distracciones sirven para aliviar el paso de los kilómetros y ayudan a avanzar. La presencia de Olga que nos da un gel recuperador y la presencia de mi madre hacen esa función. El peor momento lo pasé en la Avda. Diagonal, un tramo muy monótono que solo salva el ambiente de la gente que se sitúa cerca de la Plaça de Les Glòries. Justo al regreso en dirección al mar aparece el kilómetro 30 y se supone que la carrera empieza ahí. Ya hacía un rato que había puesto en funcionamiento el modo "sufrimiento agónico". En lugar de correr con la cabeza erguida disfrutando del ambiente ya estaba mirando al suelo y contando pasos, simplemente dejando que los minutos y los kilómetros trascurrieran. Es fácil que alguien crea que no es verdad, pero en esos momentos me llegué a descontar del kilometraje. Os podéis imaginar la alegría que supone encontrar el kilómetro 33 cuando la cabeza espera el 32.

El Paso por el Arco del Triunfo es espectacular. Es la versión runner del Alpe d'huez en el Tour. Un pasillo estrecho de gente animando hace que saques fuerzas de flaqueza. Tras el Arco del Triunfo y la piel de gallina ya nos dirigimos a la Plaça Catalunya. Entonce sí que pienso que está hecho. El cuerpo está resistiendo perfectamente y no aparece ninguno de los dolores que en algún momento de los últimos tres meses había sentido, y que temía volver a sentir durante la maraton. Glúteos, cadera, plantas de los pies, rodillas, aguantan sin dar la más mínima señal de aviso. Portal del Angel, Ramblas.. Cada vez hay más gente animando y te llevan en volandas hacia el final. Avda Paralelo marca ya el último kilómetro y aquí ya puedo apretar un poco. Veo que José Luis, que en ocasiones me ha ido esperando, es ahora el que sufre y le veo correr cojeando cada vez un poco más. Pero esto ya está hecho. Llegamos a la Plaça España y brazos en alto para celebrar la victoria al llegar en 3 horas 26 minutos. Una victoria para mí. Acabar mi primera maraton y en un tiempo inferior al previsto. La medalla de recuerdo que muestro orgulloso en la foto será un nuevo tesoro en mi estantería.

Ahora sé que tengo un matoniano dentro de mí. Y sé que ésta de Barcelona fue la primera, pero no será la última.

jueves, febrero 11, 2010

Puertos, monumentos y la pasión por el ciclismo


-->(Publicado en el n.34 de la revista Pedalier)
Hace ya 5 años conocí a Francis en una Terra de Remences y le hablé de las salidas que en nuestro club habíamos hecho por los Pirineos, los Alpes y los Dolomitas. Aquello le interesaba y a mí me gustaba escribir el “diario” de esas salidas. Las disfrutaba (y ahora también) mucho antes de que empezaran, buscando el recorrido y dibujando los perfiles. Las disfrutaba (y ahora las sufro) mientras iba sobre la bicicleta. Y las disfrutaba (las disfruto igualmente ahora) después de terminadas, recordando frente al ordenador las anécdotas y los momentos más interesantes. Es una forma de prolongar ese mágico momento en que llegas a la cima de un puerto y te sientes el rey de mundo. Una cosa llevó a la otra y al poco tiempo vi aparecer uno de mis artículos en la revista Pedalier.
Por aquél tiempo yo pretendía andar rápido. Siempre a cola del furgón de cabeza de mi club, pero con ellos. Pero la familia aumenta, los niños crecen, las cosas se complican y cada vez es más difícil entrenar lo suficiente como para estar en el nivel de la gente joven.

Sin embargo no me obsesioné. Poco a poco fui descubriendo que mi espacio era otro. Un espacio para pedalear en lugares no muy comunes. Para salir de la rutina y buscar carreteras nuevas. Y aquello seguía interesando a Francis y a Jon. De hecho no les interesaba que fuera especialmente rápido sino que les descubriera algún rincón escondido.

Y aquí estoy, a la que puedo reservo un vuelo barato y voy con la bici a alguna parte donde no he estado nunca. Y donde podré subir algún BIG. Uno se acostumbra a las cosas del low cost. Las prisas, el peso del equipaje de mano, el embalaje de la bici, la caja de cartón. Cuántos inconvenientes y cuánto estrés. Pero la recompensa es tan grande...

Me siento bien cuando voy rápido, pero me siento mejor cuando descubro sitios nuevos, cuando circulo por carreteras por las que no circulé antes. Y tiene que ser en montaña, si no nada tiene sentido. Y otro de mis objetivos son los monumentos ciclistas. Monumentos reales como el Géant del Tour que hay en la cima del Tourmalet o el ciclista de Xorret de Catí, o el de Eddy Merckx en Stockeu. O monumentos ficticios como los que nos presenta esta revista cada cierto tiempo, la fuente de Sta Marie de Campan, el bosque de Arenberg, o el mítico Koppenberg.

Cuando hago una de estas salidas a coronar montañas o a descubrir monumentos, intento quedarme con todo. Captar cada detalle. Me lo permite el hecho de no entrar en el modo “sufrimiento agónico” que tanto había utilizado antes cuando quería correr más de la cuenta. Ahora no compito contra nadie. Quizás contra mí mismo.

Esos detalles los intento transmitir cuando escribo. Aunque para dar testimonio de eso tengo el privilegio de tener a un fotógrafo de lujo como Sergi que me acompaña y que es testimonio de cada paisaje y cada rincón. El es capaz de ver cosas que ni yo ni vosotros podéis. Y el resultado son las fotos que veis en Pedalier. Las de Sergi, o las de Antxon o las de Pau. Sí, lo reconozco: yo a veces tampoco he leído los textos y me he quedado sólo con las imágenes.

Me doy por satisfecho con que alguno de vosotros, siguiendo alguno de los artículos que escribí, haya visitado los castillos cátaros en el sur de Francia, o la patria chica de Pantani, o el Viaducto de Millau o algún rincón de Alemania. Sólo con eso me daré por satisfecho. Eso significará que he sido capaz de transmitir aunque sólo sea un poco de la inmensa pasión que siento por el ciclismo.
Una pasión que, como lector, alimenta Pedalier cada vez que está en el kiosko.

sábado, diciembre 19, 2009

Malbun, el castillo del príncipe, el túnel y la estación de esquí.




(Publicado en el número 33 de la revista Pedalier, fotografías Sergi Ros)
Un país diminuto con 160 km2 de superficie y 35.000 habitantes. Eso es Liechtenstein, un país históricamente dependiente de Austria pero desde 1936 mucho más próximo políticamente a Suiza, hasta el punto que la moneda oficial del país es el franco suizo. Son los dos países con los que limita este pequeño principado.

En el viaje que hicimos al sur de Alemania tuvimos la oportunidad de acercarnos a Liechtenstein, atraídos porque habíamos leído referencias de la subida a Malbun desde la capital, Vaduz y también atraídos por completar de un plumazo todas las subidas importantes de Liechtenstein. Malbun (a 1.604 metros) es la estación de esquí de este pequeño país. Ofrece la posibilidad de subir un desnivel de 1.141 metros en 14 kilómetros, empezando en Schaan (450 m.) Significa un porcentaje medio del 8,1%, superior al de Alpe d’Huez, que sube el mismo desnivel en 16 kilometros.

Resulta curioso que al otro lado del valle exista otra subida a la que se otorga el mismo nombe, pero en este caso en Suiza, empezando en la localidad de Buchs. Vale la pena tenerlo en cuenta y no confundirnos. También conocida como Buchser Berg, se trata de una subida muy dura de 10,4 km al 9,2% y es perfectamente posible hacer una tras otra.

Ni siquiera a principios de Julio, el tiempo en Europa nos asegura un poquito de sol. El día que decidimos subir a conocer la subida a Malbun el tiempo no auguraba nada bueno, pero cuando uno está a 1.200 kilómetros de casa, no sabe nunca si va a regresar. O sea que había que arriesgarse a un buen remojón. Y la verdad es que, a pesar de todo, valió la pena.

La localización de la subida a Malbun no es difícil, siempre que sepas que la dirección a seguir es la del Castillo donde reside el Príncipe de Liechtenstein. O sea que las indicaciones en Vaduz hacia Malbun son nulas y, sin embargo, las indicaciones hacia el castillo (Schloss) son numerosas, es imposible extraviarse. Si esta carretera está cerrada, para subir a Malbun será necesario utilizar una de las dos carreteras alternativas, una en la salida de Vaduz dirección Coire, o la otra desde Triesen.

El Castillo es muy visible desde abajo y se alcanza apenas en tres kilómetros, tras un par de curvas con adoquines “a lo San Gottardo“ (qué ganas le tengo a éste!). El día era horrible. Poco después de pasar por el castillo empieza una zona de tupido bosque, que por lo menos impide que me moje mucho. Por un lado pensaba que que me iba a perder las vistas del castillo desde arriba, que al parecer son preciosas. Por otra parte, tenía la esperanza de que al subir bastante arriba, pudiera atravesar las nubes y que en lo más alto pudiera lucir el sol y así tener una buena vista del mar de nubes y quizás del valle.

Es día laborable y estoy sólo en la carretera. Durante un momento me asusto y pienso que esos carteles en alemán deben significar que está prohibido el paso. De pronto, a mitad de subida, me encuentro con un largo túnel practicamente en llano y al final del mismo veo otro ciclista y a Sergi esperandome para hacer las fotos. Eso me deja más tranquilo, cuando ya me imaginaba en el cuartelillo de la Polizei, perdiendo el vuelo de vuelta. El túnel es espectacular, perfectamente forrado e impermeabilizado. Al atravesarlo pensaba en el viejo túnel de Viella que he atravesado tantas veces en marcha de La Bonaigua y que ahora, por fin, con la apertura del nuevo túnel ya no tendremos que atravesar más. Húmedo y claustrofóbico túnel que nada tiene que ver con éste. Como suele ocurrir a la salida del túnel y el consiguiente cambio de vertiente, el tiempo mejora ostensiblemente (bueno, mejora o empeora, pero pocas veces sales como cuando entraste). Por fin me desprendo del chubasquero y me empiezo a sentir más cómodo. A menos de un kilómetro de la salida del tunel entramos en Steg (1300m), el último pueblo antes de la estación de Malbun.

Como sospechaba la visibilidad es casi nula, ni rastro del castillo desde arriba y unicamente cuando atravesamos una importante niebla empieza a verse algo del Valle del Rin, así como las construcciones típicas austríacas y suizas. Pienso que las vistas son preciosas, pero no me quiero imaginar esto un día soleado. Debe ser espectacular. La carretera es ancha y perfectamente señalizada, pero hay numerosos desvíos que dirigen a los caseríos en mitad de la montaña. Uno de ellos anuncia un espectacular 24% junto a casa singular. La carretera no deja de ofrecer alicientes, naturales y artificiales.

Finalmente, llegamos a la estación de esquí en un momento que aparece ante nosotros un grandioso anfiteatro alpino donde hay una estación de esquí con dos telesillas y cuatro telesquíes, que dan acceso a 21 kilómetros de pistas poco complicadas. En verano, la extensa red de caminos para excursiones de montaña alrededor de Malbun nos lleva a una naturaleza idílica casi virgen. Gracias a su topografía, es un auténtico paraíso para ciclistas de montaña con un sinnúmero de single trails y caminos técnicamente difíciles.

Una subida diferente, con personalidad propia y con muchos alicientes. Pero si tengo la más mínima posibilidad de volver, lo haré. Tengo la certeza de que las nubes me quitaron algo grandioso.