sábado, marzo 25, 2017

Strade Bianche, la historia empezó ayer.

Parece increíble que una clásica pueda nacer de la noche a la mañana. La misma definición de clásica contradice la novedad, la modernidad. Este año 2017 la Strade Bianche, con solo 11 ediciones, ya ha sido incluida en la categoría UCI World Tour, al lado de los monumentos ciclistas más importantes como Tour de Flandes o Roubaix, con más de 100 ediciones disputadas.

En un párrafo se resume la historia. El año 1997 nació la Eroica Strade Bianche, como clásica ciclista con bicis de época por caminos sin asfaltar. El año 2007 se disputó la primera edición para profesionales, organizada por RCS, también organizadora del Giro d'Italia, con la victoria del ruso Kolobnev. Y para completar la competición y el fin de semana ciclista, por primera vez este 2017 también se ha disputado la Strade Bianche para féminas.

La historia de la Strade Bianche se ha ido escribiendo capitulo a capítulo, y a esta rápida irrupción en la primera linea del ciclismo internacional han contribuido sus prestigiosos ganadores: Fabian Cancellara en tres ocasiones, Kwiatkowski que este año ganó por segunda vez, Stybar, Gilbert, etc. Pero también quiero recordar aquí la etapa de Montalcino en el Giro d'Italia de 2010 que también ayudó a popularizar los caminos sin asfaltar de la Toscana y que es una de las más memorables páginas del ciclismo de los últimos años, con la victoria de un Cadel Evans rebozado en barro al llegar a meta.

Los italianos aman las clásicas del Norte, su revista Bicisport dedica cientos de páginas (literalmente) a analizar cada temporada las clásicas belgas y francesas. La Strade Bianche no es más que una réplica de esas carreras. Como decía el slogan de la Strade Bianche de 2015, se trata de “la clásica del norte más al sur de Europa” La Classica del Nord più a sud d'Europa.

Como decía, no se puede hablar de ciclismo en la Toscana sin hablar de la Eroica (concretamente la Eroica tiene lugar en Gaiole in Chianti). De hecho la Eroica ha seguido su camino aparte de la Strade Bianche y hablando con algunos ciclistas toscanos nos decían que la prueba verdaderamente dura es la versión larga de la Eroica, con 200 kilómetros de recorrido de los cuales 175 son sin asfaltar! Y además con bicicletas de época, con su peso y sus componentes que no tienen nada que ver con lo que tenemos hoy día. Este año 2017 la Eroica celebrara su 21ª edición y se disputará el día 1 de Octubre. También cabe señalar que su marca Eroica se ha exportado a otros países, que también celebran su Eroica particular.

En nuestro viaje a la Toscana, nuestros planes pasaban no sólo por presenciar la Strade Bianche profesional y disputar la cicloturista, sino también por buscar algunas subidas cercanas. Esas subidas incluidas en el reto BIG y que nos apasionan a los chalados de las cuestas duras. En nuestra lista estaban Passo della Futa, Abetone (final de etapa en el Giro los años 1954, 1959, 2000 y 2015), San Pellegrino in Alpe, incluso alguna otra (Il Ciocco) que se subía en los Giros de los años 70 y que tuvo como vencedor a José Manuel Fuente.

Junto al Memorial Gastone Nencini
Una de las primeras subidas que nos planteamos fue el Passo de la Futa, una subida muy especial, con mucha historia en su cima, puesto que existe por un lado una placa dedicada al histórico ciclista italiano Gastone Nencini (natural de la vecina localidad de Barberino di Mugello), y por otra parte muy cerca de ahí hay un impresionante cementerio de soldados alemanes (más de 30,000 lápidas) que murieron en la segunda guerra mundial. Coronar a 903 metros no resulta demasiado destacable, pero a principios de marzo en el norte de Italia pues resultó ser bastante frío. Para el segundo día teniamos previsto subir al Abetone, una estación de esquí muy popular para los esquiadores italianos, cuya carretera llega a los 1400 metros. La gélida experiencia del día anterior, y las recomendaciones de algunos italianos con los que charlamos, nos hizo cambiar los planes y sustituir la subida al Abetone por una ruta mucho menos arriesgada y por supuesto mucho menos fría. Nos decidimos por una verdadera ruta por las carreteritas estrechas la Toscana. Para que os hagáis una idea, en 84 kilómetros sumamos 1600 metros de desnivel, ya podéis imaginar que el recorrido no era precisamente llano. Como colofón a la ruta visitamos las bodegas del Castillo de Verrazzano, un verdadero privilegio y una verdadera sorpresa descubrir que ese castillo fue propiedad del navegante que descubrió la bahía de Nueva York (y que da nombre al famoso puente de Verrazano donde se inicia la Maraton de Nueva York).
Toscana: Ciclismo, castillos, viñedos y vinos
Lógicamente en un viaje a la Toscana vale la pena dedicar un par de días a visitar Florencia. La Catedral de Florencia y el David de Miguel Angel son sólo algunos de los muchos alicientes que nos ofrece esta maravillosa ciudad. Las opciones turísticas son tantas (Pisa, Asís, San Gimignano...) que uno puede perder de vista fácilmente el objetivo deportivo por el que vino...
A nivel puramente ciclista, cabe destacar que muy cerca de Florencia (localidad Ponte a Ema) también podéis visitar un museo dedicado a Gino Bartarli, el fraile volador.

El sábado era el día de la carrera profesional, y también el día de recoger los dorsales de la marcha del domingo. El día se levanta lluvioso y el gentío se acumula por la mañana en la Fortezza Medicea, donde se hace la presentación de los equipos profesionales y la recogida de dorsales, con lo que decidimos dedicar el día completo a esos menesteres y a visitar Siena y su maravillosa Piazza del Campo, donde está situada la linea de meta de todas las pruebas (profesional, femenina y cicloturista). El casco antiguo de Siena está catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Maravilloso. El ambiente ciclista en toda Siena es impresionante. Mientras uno está en la Piazza del Campo esperando la llegada de la carrera se puede encontrar a un tal Paolo Bettini o a un tal Fabian Cancellara paseando entre la multitud como dos aficionados más.

El recorrido de la Strade Bianche profesional se caracteriza por los tramos de “carreteras blancas” (Strade bianche) o caminos sin asfaltar. El recorrido tiene 175 km de los cuales 62 km son sin asfalto. En la versión cicloturista, la granfondo tiene 130 km de los cuales 27 son sterrato. Por cierto que unos días antes de la carrera se hizo el bautismo de uno de los tramos de sterrato que pasará a denominarse tramo Cancellara en honor al tres veces ganador de esta prueba. Se trata de un larguísimo tramo de 11 km cerca de la localidad de Asciano. Los italianos saben muy bien cuidar estos detalles y generar esos lugares míticos que luego son destinos de peregrinaje para los aficionados al ciclismo.

También hay que decir que si bien la característica principal del recorrido son los tramos sin asfaltar, otra peculiaridad muy importante de la Strade Bianche son las durísimas, aunque cortas, rampas que van sucediéndose a lo largo del recorrido. Durante varias ocasiones vimos en el gps porcentajes del 16% y el 17%. Es de sobra conocida tambien la dura rampa final de entrada en la ciudad medieval de Siena, que no es asfaltada sino con las típicas losas grandes que pueden ser traicioneras un día de lluvia.

Sólo un breve apunte sobre la victoria del polaco Kwiatkowski, que se deshizo de unos compañeros de escapada tan fuertes e incómodos como el campeón olímpico Greg Van Avermaet, el 3 veces campeón mundial de ciclocross Stybar y el belga Tim Wellens. Eso es lo que se llama una escapada real.

Cielos grises, lluvia, barro, una verdadera clásica
Y llegados al domingo, el día de la cicloturista, tal como preveían las predicciones meteorológicas, el clima que tuvimos fue realmente malo. Supongo que para los belgas, ingleses e italianos del norte (muchos participantes de esas procedencias) la lluvia es un ingrediente habitual en sus salidas, pero para nosotros los mediterráneos la lluvia es siempre una incomodidad, especialmente salir con lluvia, si te pilla a media salida pues qué le vamos a hacer... Existen la Granfondo, con 130 kilómetros y la mediofondo, de 77 km, que se separan a a los 30 km, con lo que este año hubo muchos corredores que se decidieron por la versión corta.

Lógicamente, el hecho de circular por tramos sin asfaltar en un dia lluvioso convierte el terreno en un barrizal. Tremendo sufrimiento para nuestras bicis de carretera, hasta el punto que en mi caso particular no pude poner el plato grande en toda la prueba, con el desviador totalmente bloqueado lleno de barro.

Llegamos a la meta Siena en la Piazza del Campo, con un gran ambiente ciclista y muchos turistas despistados que desconocen de qué va todo esto de las bicis. Al fin, una buena ducha con agua bien caliente, lavado rápido de las bicis puesto que hay que empaquetarlas de nuevo en cajas para volar a Barcelona. Pero la aventura no ha terminado ya que la lluvia y el viento provocan problemas en el aeropuerto de Florencia, y el avión tiene que salir finalmente desde Bolonia tras un traslado en autocar que no apetece mucho. En el mismo avión y en las mismas condiciones que nosotros hay un montón de corredores profesionales del Movistar, Orica-Greenedge, Katusha y también alguno del Bora. Menuda manera de descansar para los profesionales, tras la Strade Bianche y el GP de Larciano que se disputó el mismo domingo.

Finalmente llegamos a casa de madrugada tras una grandísima experiencia. Una verdadera clásica del Norte, aunque en Italia, con un clima frío y húmedo. Tramos sin asfaltar, lluvia, barro. Una clásica que ha llegado para quedarse, y con todos los ingredientes, también turísticos, para convertirse en una de las primeras citas de la temporada para los ciclistas viajeros. Y además esto es Italia. Pocas excusas hacen falta para visitar este maravilloso país, y aquí tenemos una buena!

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