viernes, abril 23, 2010

Pedaleando en Tierra Santa




Salimos de Barcelona tras la nevada de principios de Marzo con un ambiente gélido. En pocas horas nos plantamos en el otro extremo del Mediterráneo con una diferencia de temperatura superior a los 25 grados. Al llegar recibimos las bicis con las que íbamos a afrontar esta semana de pedaleo por Israel. Esta vez nuestra compañera de viaje no iba a ser la flaca de carretera, sino que iba a ser una polivalente Mountain Bike con suspensión delantera y portaequipajes trasero, que distaba mucho en características y en peso de nuestra compañía habitual. Sin embargo ya os avanzo que Israel es un destino tan singular que merece ser disfrutado paseando y saboreando las ciudades, pedaleando por las carreteras y, cómo no, descubriendo sus desiertos a lomos de una bicicleta de montaña.
 
Capítulo 1. La antigua Yafo y la moderna Tel Aviv

Empezamos por un agradable paseo por la costa. Ya desde el principio vimos que este no iba a ser un viaje de excesiva exigencia física, pero ¿quién quiere machacarse cuando hay tanto por ver, por descubrir, por aprender?
El primer día de pedaleo urbano descubrimos la ciudad antigua de Yafo y nuestro guía nos explica que esta ciudad conforma un único municipio con Tel Aviv, y que fue el lugar de la primera derrota de Napoleón en su campaña por Oriente. También conocemos la juventud de la ciudad más cosmopolita de Israel: Tel Aviv, que fue fundada a principios del S XX. Una ciudad totalmente occidental. Unicamente el Mercado del Carmelo, cuya visita es totalmente recomendable, nos recuerda que estamos en Oriente Medio. Otra atracción interesante es el Museo de la Diáspora, en la zona universitaria, que constituye una fascinante ventana abierta a la comunidad judía de todo el mundo.
Ese mismo día por la tarde descubrimos el carril bici que une Tel Aviv con Jerusalen. Unos 75 kilómetros de asfalto y, en ocasiones, tierra. Una posibilidad muy interesante para iniciar el peregrinaje hacia la Ciudad Vieja. Aprovechamos el día al máximo y ya por la tarde descubrimos la arquitectura típica del movimiento Bauhaus alemán, del que su principal muestra es Tel Aviv. Se trata de construcciones simples, funcionales, económicas y ecológicas.
La noche de Tel Aviv es un mito entre los jóvenes israelitas, aunque nosotros preferimos guardar fuerzas para el día siguiente. Pero la información ahí está, para el que la quiera aprovechar.

Capítulo 2. Cesarea y Monte Carmelo

Es el primer día de pedaleo real fuera de la ciudad. La furgoneta nos deja en las proximidades de Cesarea, donde podemos ver un impresionante acueducto junto al mar que abastecía de agua la ciudad y que superaba los 7 kilómetros de longitud. Como iremos descubriendo en muchas otras ciudades que veremos estos días, los restos de ciudades más modernas se superponen a los restos más antiguos, siendo visibles algunos restos persas, romanos, bizantinos, árabes, de los cruzados y de los otomanos. Cesarea vivió su máximo esplendor en la época romana, en la que fue el puerto principal del Imperio en Oriente Medio. Cabe destacar los restos bien conservados del hipódromo (curioso) y del restaurado anfiteatro romano.

Continuamos hacia Haifa, pero sobre el plan previsto inicialmente hacemos un cambio, que supone la subida al Monte Carmelo, que se alza hasta los 560 metros de altitud. Una subida irregular que en momentos se hace muy dura. Es el primer día que salimos realmente a la carretera y hemos elegido un día caluroso y un puerto exigente. Finalmente llegamos a Isifiya donde comeremos lo que los siguientes días se convirtió en un clásico: Falafel con limonada (o Coca Cola). Un fantástico bocadillo en pan de pita con verdura troceada. La curiosidad de Isifiya es que se trata de una de las principales poblaciones cuya mayoría religiosa es drusa. La complejidad del panorama religioso en Israel empieza a asomar.

Tras el falafel, rápido descenso hacia Haifa puesto que allí nos espera Emilio Roitman, un argentino que es el director general de la Federación Israelí de Ciclismo, que nos muestra con orgullo el circuito donde se disputará el Campeonato de Europa de BTT el próximo mes de Julio. Un selectivo circuito, diseñado con mimo, con zonas muy técnicas y un buen porcentaje de singletrack. Habrá que estar muy atentos a la salida... y sobre todo prever el calor que hará en el mes de Julio.

Capítulo 3. Barcos de guerra en la frontera
 
Damos las primeras pedaladas del día en Rosh Ha Nikra, el punto más al norte de la costa israelita, en el límite con Líbano. Con un funicular, se puede bajar al nivel del mar a ver las grutas que se han formado en la roca calcárea, tras el continuo golpeo de las olas. Interesante, aunque lo que más nos sorprende es el barco de guerra que está controlando la frontera con el Líbano. Luego, bajamos dirección sur por un agradable carril bici junto a la costa. Por momentos me parece estar en Catalunya, pedaleando cerca de Ampurias, por ejemplo, con los mismos paisajes, mismos olores y ruinas romanas a nuestro lado. En otros momentos vuelvo a una realidad diferente, pasando junto a Campos de tiro o zonas residenciales protegidas con alambradas. Me sorprende la naturalidad con la que ellos toman todo esto. Pero a nosotros nos choca.
Llegamos finalmente a San Juan de Acre (Akko), Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una ciudadela fortificada donde dedicaremos el día, visitando sus mercados y comiendo el inevitable falafel junto a una población mayoritariamente musulmana. Cenar en uno de sus restaurantes cerca del mar es otra experiencia recomendable. Y permitidme una sugerencia, el restaurante Uri Buri, junto a la entrada del Tunel de los Templarios.

Capítulo 4 En el Monte de los Olivos y la ciudad vieja de Jerusalén

 (Fotografía Jesus Garcia Pastor)

Después de dormir ya en Jerusalén, empieza un día esperado, con la visita a Jerusalén y especialmente a la Ciudad Vieja, donde visitar el Santo Sepulcro es una experiencia única para aquellos que hemos sido educados en una cultura cristiana.
Desde las proximidades del hotel se ve la ciudad de Belén. No podremos acercarnos a ver el lugar de nacimiento de Jesucristo puesto que Belén se halla en territorio palestino y eso significa que los turistas podemos pasar, pero los israelitas no. En Jerusalén es donde conocimos a Aitor Azpiazu y a su compañera Keren Potash. Con ellos compartiremos visita turística y posteriormente mesa y mantel. Un verdadero lujo tener a nuestro lado un guía que nos transmite una visión objetiva de la compleja situación que se vive en Jerusalén. Y más que lujo tener a un élite de nivel pedaleando a nuestro lado y hablando de ciclismo.
Sobre la bici visitamos los exteriores del Parlamento de Israel, el barrio alemán, el Monte Scopus, y nuestro tour en bicicleta finaliza en el Monte de los Olivos, donde la panorámica de la Ciudad Vieja de Jerusalen, del Monte del Templo y la Cupula de la Roca es inmejorable.
Por la tarde ya dejamos las bicis aparcadas y nos dedicamos a visitar la Ciudad Vieja de Jerusalen. Es muy difícil resumir en unas breves lineas tanta historia, pero es imposible no mencionar la visita al Muro de las Lamentaciones (accesible solamente con la cabeza cubierta o con una kipá), o el trayecto por la Via Dolorosa, siguiendo los pasos de Jesucristo hasta la Iglesia del santo Sepulcro, donde fue enterrado.
Un día de emociones fuertes. Jerusalén merece más de un día, pero hay tanto que ver y tenemos tan poco tiempo...

Capítulo 5 La resistencia de Massada y atardecer en el Escorpión


Otro día especial. La visita a Massada y el Mar Muerto eran dos de mis objetivos prioritarios del viaje a Israel, y otro de los objetivos es la subida en bicicleta a Arad. Y lo mejor estaba todavía por descubrir. Definitivamente, un día para recordar.
Desde Jerusalén hasta Arad viajamos en el coche con las bicis en el remolque. Por el camino recogemos a un cicloturista de alforjas que nos cuenta su aventura, que consiste en intentar llegar desde Tel Aviv hasta El Cairo. Un alemán que trabaja en los Estados Unidos que ha planeado una ruta sin duda llena de problemas y a la que sólo le falta el fuerte aire que soplaba. Nuestra ayuda le acercará un poco a su destino y le dejaremos cerca de Arad, en su camino hacia Be'er Sheva.

Una vez en Arad encontramos de nuevo a Aitor y también a Niv Libner, un élite que compite con Aitor y que este mes de abril pasará a profesionales con un equipo español. Niv nos contó sus experiencias tras ganar el Tour the Israel. Con ellos compartimos unos kilómetros hasta que ellos regresan a Arad y nosotros continuamos hacia Massada, por una carretera solitaria que atraviesa el Desierto. Una carretera con clara tendencia a descender que nos permite disfrutar de un paisaje singular. Incluso nos paramos a visitar un poblado nómada. Llegamos hasta los pies de Massada, donde tendremos que subir a través de una dura rampa en la que hay que llevar la bici a cuestas, no sirve ni la mountain bike, porque hay numerosos escalones que permiten ascender rápidamente hacia la cima. Desde ahí las vistas del Mar Muerto son inmejorables.

Bajamos con el teleférico hasta la base de Massada por la otra vertiente (la del Mar Muerto), salvando un desnivel de 600 metros. Allí Aitor me tiene preparada una bicicleta de carbono, que ya echaba de menos, para compartir una de las subidas que yo tenía marcadas en rojo desde que supe que iría a Israel. Se trata de la subida desde el nivel del Mar Muerto (-419 metros) hasta Arad, venciendo un desnivel de casi 1.000 metros y encontrando el nivel del mar a media ascensión (como podéis ver en las fotos). Una vez llegados a Arad, Aitor, perfecto anfitrión, me tiene preparada una agradable sorpresa a pesar de las escasas fuerzas que me quedan. Se trata de la subida a Ma'ale Aqrabbim (la subida del Escorpión), una subida singularísima que él ha hecho en carrera y que conoce bien. La subida vale la pena, y si el paisaje ya es precioso de por sí, la puesta de sol le da un aire mágico. La noche nos coge sobre la bicicleta para rematar un día realmente bien aprovechado.
Capítulo 6 La mujer de Lot y la tormenta de arena en el desierto

  (Fotografía Jesus Garcia Pastor)

El día empieza muy pronto. El tute del día anterior con Aitor no me permitió bañarme en el Mar Muerto, una obligación ya que estaba allí. Por lo tanto, apenas salir el sol bajo a la playa y sigo las indicaciones que recibí. No meter la cabeza dentro del agua y, por supuesto, no tragar agua! La salinidad del agua es tal, que no existe vida en el mar. Es el punto más bajo de la tierra. El agua es tan densa que parece aceite, y la flotación es total, hasta el punto que cuando flotas es difícil meter las piernas bajo el agua. Una sensación extraña, rodeado de gente mayor que aprovecha las propiedades curativas del Mar Muerto. La infraestructura hotelera de la zona es brutal. Esto es una mezcla de Las Vegas, Benidorm... ¿y Lourdes? Pues eso, una mezcla de todo ello.

Me doy una buena ducha para eliminar cualquier resto de sal y ya estamos de nuevo en camino. Cogemos la furgoneta y nos vamos direccion sur. Observamos las salinas del Mar Muerto y todavía en sus orillas vemos una impresionante industria que es "Dead Sea Works", una de las empresas más importantes de Israel, dedicada a la extracción de sales y minerales del Mar Muerto. Pasamos también junto a la estatua de Sal que representa a la mujer de Lot. Según relata el libro del Génesis, cuando Dios iba a destruir Sodoma y Gomorra dió la oportunidad de huir a Lot y su familia con la condición de que no miraran hacia atrás. La mujer de Lot no cumplió y quedó convertida en estatua de sal...

Ya estamos a punto de empezar la última etapa. En ella vamos a descubrir el Desierto del Negev, pegados a la frontera jordana. Se trata de una zona absolutamente dedicada a los invernaderos que recuerda mucho a la zona almeriense de El Egido. Nos cuentan que en esta zona del desierto (sí, en el desierto, no lo olvidéis) se cultiva el 30% de las frutas y las verduras que se consumen en toda Europa. Impresionante. Atravesamos poblados repletos de tailandeses, que son los que trabajan allí y luchan contra las altas temperaturas en medio del desierto. Nosotros disfrutaremos de una dura etapa con mucho viento, mucha arena y unos amenazadores carteles que indican los campos de minas junto a nosotros. Hay que pedalear duro y rezar. Finalmente tuvimos que rezar. Era el sino de este viaje!

Y aún con toda la variedad que vivimos, nos quedó mucho por descubrir, desde el Mar de Galilea hasta el Monte Hermon, la mayor altitud del país. Israel es, sin duda, una tierra que merece ser visitada de nuevo.

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