sábado, mayo 09, 2009

Maraton de los Monegros, otro reto conseguido



Puesto que un día tengo la ilusión de correr la Titan Desert, pensé que correr la Maraton de los Monegros era una buena forma de empezar a familiarizarme con el desierto. Para uno como yo que está acostumbrado a correr en carretera, no debía ser excesivamente complicado hacer los Monegros, que tiene una dificultad técnica nula, aunque de todos los tópicos que leí antes de disputarla (este era uno de ellos), unos cuantos fueron cayendo por el camino.

Me sorprendió poder inscribirme sin dificultad, en una prueba mítica como esta, que forma parte del Circuito Aventura de Orbea. Más en en estos tiempos que el auge del deporte popular hace imposible acceder determinadas competiciones. Pero como digo no fue el caso, y tanto yo como mis compañeros pudimos inscribirmos sin dificultades, aunque es cierto que pocos días antes se llegó al tope de 1500 inscritos que había puesto la organización.

El hecho de que la salida sea a las 14,00, algo nada habitual en las pruebas populares de bicicleta, fomenta la épica del calor extremo. Si bien es cierto que se celebra en el mes de mayo y que este año las lluvias han sido generosas, os aseguro que a las dos de la tarde en los Monegros pega un buen calorcito.

Por tanto, igual que muchos otros catalanes, ahí estábamos saliendo el sábado por la mañana sin excesivas prisas, para llegar con tranquilidad a Sariñena, con tiempo suficiente para recoger los dorsales, los regalos (unos pobres calcetines!) y para comer un poco. No era cuestión de entretenerse y llegar justos a la salida, puesto que si en una marcha de carretera ya es complicado ir adelantando posiciones, mucho más en BTT, en pista de tierra, por ancha que ésta sea. O sea que a falta de media hora ahí estábamos bastante adelante, encontrando y saludando a gente conocida.

Se da la salida, vueltecita por Sariñena para conocer el pueblo y corre corre que te pillo. Del temido polvo, hay que decir que no supuso el más mínimo problema (primer tópico que se fue al traste), aunque en la salida ví a gente con mascarilla de esa de la nueva gripe, je.

Los primeros 50 kilometros pican ligeramente para abajo y llego al kilometro 50 con una media de 25 km/hora, lo que no está nada mal pensando que hablamos de pistas para BTT, anchas y en buen estado, pero pistas al fin y al cabo. A partir de ahí, ya nos habian avisado en la salida que tendríamos el aire en contra. No es que soplara demasiado aire, era de ese que no se nota cuando sopla a favor pero sí cuando sopla en contra…


En ese giro de 180 grados se halla el segundo avituallamiento. Voy tan bien que ni paro, aún llevo barritas en el bolsillo. En muchos momentos me he sentido que iba muy rápido, ayudado por un neumático trasero casi liso que monté para la ocasión. Unicamente temía que pudiera pinchar… Y efectivamente aparece Murphy y pincho, pero no atrás en el neumático liso, sino adelante, en el tubeless montado con cámara. Aunque soy muy despistado y nunca llevo el material adecuado, en esta ocasión parece que lo podré hacer todo solo. Hasta que intento hinchar con la mancha y como si nada. Después de ver pasar innumerables grupos decido pedir una mancha con la que finalmente solvento el tema (qué mal me sabe parar a alguno por la dejadez propia).

Ahora parece que se me junta todo: desmotivación por el pinchazo (con lo bien que iba!), principio del segundo puerto de la jornada (vaya puerto más pestoso, con innumerables rampas y descansos, no muy duro pero muy pesado) y la pájara que empieza a asomar.

El segundo tópico sobre los Monegros (que era totalmente llana) también empieza a desmoronarse.

El panorama se complica y ya veo que me va a costar llegar. Ni siquiera una vez coronado el puerto la cosa se arregla, porque entre que el terreno pica para arriba y el airecillo, aquí hay que dar pedales todo el tiempo y no despistarse. En los últimos kilómetros me pasa hasta el apuntador y finalmente llego a la meta con un tiempo de 5h 22 minutos, que hubieran podido ser 5 horas sin el pinchazo. En fin, qué le vamos a hacer.


Una vez en la meta es el momento de la ducha (menuda excursión para localizar las duchas, con lo harto que ya estaba de bici), de la anunciada fideua (sin comentarios, qué difícil debe ser hacer fideua para 1500) y de atender al verdadero acontecimiento del día: el Madrid – Barça. El histórico 2-6 me curó todos los males y mis gritos se debían oir a kilómetros a la redonda.

Bonita experiencia aunque no sé si vale la pena repetir… (bueno, lo del derby sí)

viernes, abril 24, 2009

Amstel Gold Race 2009

(Publicado en el n.30 de la revista Pedalier)

De Amstel Gold Race

La experiencia de mediados de Abril en la Amstel Gold Race empieza mucho, mucho antes. Después de habernos quedado fuera el año pasado, el 15 de Enero era la fecha en que se abrían las inscripciones por Internet. O sea que todos atentos para el primer día inscribirnos.

Sin embargo el día D es imposible acceder a su página (tipo Quebrantahuesos, ya sabéis), y al día siguiente aparece un mensaje donde dice que han agotado las 12.000 inscripciones en 30 horas y que muchas gracias, bla, bla, bla.Bueno, otro año será, 2010?, 2011?


Un día de marzo de repente todo cambia. ¡Uno de los habituales de nuestras escapadas belgas en primavera ha conseguido que un esponsor de la prueba nos invite! Menuda sorpresa. Ahora el tiempo corre y hay que cerrar los vuelos, el alquiler de la furgoneta y los hoteles. Benditas prisas!!


De Amstel Gold Race

Apenas regresar de las vacaciones de Semana Santa ya estamos de viaje otra vez camino de Valkenburg. En esta ocasión vuelo en Ryanair hasta Charleroi, alquiler de furgoneta hasta Lanaken (aún en Bélgica, el lugar más cercano donde encontramos hotel) y el sábado ya está todo a punto para hacer la prueba de 150 kilómetros (existen 5 posibilidades para todos los gustos, 250, 200, 150, 100 y 50 km). A pesar de que nos entregan un chip para control de tiempos, la salida es libre y en nuestro caso es de 7,00 a 11,00. O sea que no hay que madrugar en exceso, al final acabaremos saliendo de los últimos…


De todas formas la gente se lo toma como lo que esto es realmente, una verdadera fiesta de la bicicleta. Numerosos grupos de ciclistas los encuentras parados en alguna terraza almorzando, aprovechando un momento de sol. El que quiere se aprieta unos kilómetros, el que no, se detiene tanto como quiere.


La marcha en sí pues más dura de lo que cualquiera podría pensar de una marcha holandesa. Obviamente en la zona de las Ardenas las cotas son como las belgas, cortas pero duras. Nos sorprende especialmente la dureza de la penúltima subida, el Keutenberg, que en la distancia impresiona y que nos recordó muchísimo al terrible Koppenberg del Tour de Flandes, sólo que sin adoquines.


El final de fiesta es la subida al Cauberg, en el que el cuerpo ya me pide el triple plato. Termino contento y es el momento de tomar la cerveza (Amstel por supuesto) y comentar la marcha con los colegas en las carpas monumentales que la organización ha dispuesto. La lluvia, que ha hecho su aparición en los kilómetros finales de la marcha, hace que tengamos que anticipar nuestro regreso al hotel, no sin antes hacernos una foto en el podium de la Amstel Gold Race con las misses. ¡Divertido recuerdo para dar envidia a los amigos!


El domingo hizo un día soleado como hubiéramos querido el sábado, pero por lo menos los corredores de la versión profesional no tendrían que asumir tantos riesgos como si la carretera hubiera estado mojada. No me extraña que a Contador no le haga ni pizca de gracia correr la Amstel. Si un año decide correr las clásicas se irá directo a Huy y a Lieja…

La carrera profesional parte de Masstricht y su recorrido es un verdadero laberinto imposible de seguir si no es con las motos delante. . Imaginaros que hay partes del recorrido en las que se pasa una vez en un sentido y la siguiente en sentido contrario… La carrera pasó 3 veces por Valkenburg, las dos últimas por el Cauberg. Un ambiente de fiesta impresionante rodea toda la subida a esta cota, que nace en la misma localidad de Valkenburg. Todo el pueblo vive un ambiente espléndido, su casco antiguo está repleto de gente y los bares y restaurantes hacen su agosto. La cerveza corre a raudales.


De Amstel Gold Race

Antes del último paso por el Cauberg nos acercamos a la meta y allí conocemos a los padres del corredor de Euskaltel Juan José Oroz. Nos cuentan unas bonitas vacaciones siguiendo al hijo por las clásicas belgas. Bravo por Juanjo y un buen trabajo el suyo a favor de Samuel poco después.


La resolución podemos seguirla en una pantalla gigante, que hace más amena la espera de los corredores. La locura se desata con el ataque de Gesink, favorito de la mayoría, por delante incluso del también local Karsten Kroon. Finalmente Ivanov pudo com ambos e impuso su veteranía.


Ya sólo queda animar a todos los españoles que van llegando en grupos diferentes. Ya es cuestión de recoger pronto y pensar en el regreso, que al día siguiente hay que trabajar, como si nada hubiera pasado. Pero después de haber vivido una nueva experiencia que no contábamos vivir este año. Habrá que ir pensando nuevas escapadas.

lunes, marzo 30, 2009

Milán San Remo 2009

(Publicado en el n.29 de la revista Pedalier)
De Milano San Remo

Las marchas cicloturistas que se celebran el mismo fin de semana que la carrera profesional del mismo nombre tienen un aliciente especial. Vivir el ambiente de los profesionales y poder rodar por esas mismas carreteras desde luego es todo un lujo.

En el caso de la Milán San Remo la marcha cicloturista que copia el recorrido de la classicissima la organiza el primer fin de semana de Junio la Unione Ciclistica San Remo. Sin embargo, desde hace tres años, la Gazzetta dello Sport organiza una Milán San Remo amatoriale (en realidad San Remo-San Remo de 120 kilómetros) para ciclodeportistas, que permite recorrer los últimos kilómetros de la clásica italiana, con todas las tachuelas que conocemos de la televisión cada año: Capo Berta, La Cipressa y Poggio di San Remo.

Salimos de Barcelona el viernes con tiempo. Queríamos pasar por Toulon para subir Mont Faron, mítica cima francesa que se suele subir en todas la ediciones del Tour del Mediterráneo. La lluvia nos impidió intentarlo, pero seguimos camino de San Remo con la seguridad que nos daban las previsiones meteorológicas, de que el el fin de semana iba a ser realmente primaveral, para hacer honor al mundial de primavera, sobrenombre con el que se conoce también a la Milán San Remo. La cena del viernes a base de pasta nos sirvió también para recabar información sobre la salida que teníamos planeada para el día siguiente, que consistía en desplazarnos en coche hasta Niza y desde allí en un bucle de 70 kilómetros subir el famoso Col d’Eze que se sube en la París Niza y también Col de Braus, a 1.000 metros de altitud, e incluido en el reto BIG. La información que nos dieron recomendaba adentrarnos justo en la frontera (Ventimiglia) hacia Sospel y atacar Braus por la otra vertiente.

De Milano San Remo

Además, el propietario de la pizzería también nos informó de la existencia de un carril bici de más de 25 kilómetros de longitud que se extiende desde Imperia hasta San Remo sobre el antiguo trazado del tren. Una verdadera atracción turística para cicloturistas y para cualquiera que quiera disfrutar de un agradable paseo junto al mar.

La salida del sábado finalmente fue una mezcla del pan previsto y la información que recibimos el día anterior: no cogimos el coche (sabia decisión teniendo que estar a mediodía en San Remo para ver el final de la carrera profesional) y fuimos por la carretera de la costa hasta Menton, ya en Francia, desde ahí subimos el Col de Castillon y desde ahí empalmamos con la vertiente de Sospel para coronar Col de Braus. Bonita ascensión con la recompensa adicional de encontrar arriba un bonito monumento dedicado a René Vietto, donde también están depositadas sus cenizas. Durante buena parte del recorrido las vistas sobre los Alpes nevados nos alegraron el pedaleo.
El regreso a San Remo lo hicimos por Sospel y más tarde continuamos por el valle hasta Ventimiglia, en una carretera preciosa al principio y plagada de túneles al final. En resumen, poco más de 105 kilómetros para “calentar piernas” cara a la marcha del día siguiente.

De Milano San Remo

Una vez en San Remo recogemos los dorsales, los regalos (incluido el maillot conmemorativo del 100 edición de la Milán San Remo) y nos enteramos de los problemas organizativos que han hecho que la inscripción se haya limitado a 500 personas, cuando el año pasado aquí hubo más de 1.500. Y los únicos afortunados del estado español que estábamos aquí éramos nosotros…

Poco después decidimos finalmente ver la llegada de los profesionales en la meta, aunque en su momento barajamos acercarnos al Poggio. En esta ocasión lástima que no estuviera Freire para plantarle cara a Cavendish, este inglés que a poco que se lo proponga puede marcar una época en las clásicas y en los sprints de las etapas de las grandes vueltas. Al final, paseando entre los autobuses de los equipos, pudimos saludar a Joaquim Rodríguez y Oscar Pereiro, todo un ganador de Tour.

De Milano San Remo

De la ¿marcha? del domingo cabe decir que por la pinta de los participantes más bien parecía una carrera. Los italianos son con sus bicis como con sus coches. Os las podéis imaginar, qué pedazo de máquinas, impecables, preciosas. La indumentaria, pues a tono con la ropa italiana. Alguno quizás no andara nada pero por la pinta los confundías a todos con profesionales… A la hora de la verdad, salida a toda mecha, puesto que los primeros 40 kilómetros eran llanos, hasta llegar a Col de Ginestro. En ese tramo llano, después de partirse el pelotón en varios grupos, nos quedamos un grupo grande donde de repente aparece el dorsal número 2. “Andiamo, ragazzi” dice, y nos pone en fila de a uno y vamos recogiendo gente hasta que empalmamos con el grupo de delante. Es nada menos que Davide Cassanni, ex profesional (ni recuerdo las que veces que fue internacional con la selección italiana) y ahora comentarista de la RAI. Qué gran tipo y qué gran función cumple. Nos tenía contentos a los cicloturistas con su presencia, además nos reagrupaba y por supuesto, nos llevaba a toda mecha. Yo me sentía como en la carrera profesional, aguantando a los podencos en el llano y esperando mi terreno…

Después de coronar el Col de Ginestro se vuelve a buscar la carretera de la costa para ya afrontar los últimos 50 kilómetros que ahora sí, son los mismos que la carrera profesional, con las ascensiones a Capo Berta, La Cipressa y el mítico Poggio. Subiendo Capo Berta, esa tachuela sin importancia que los pros suben a todo trapo, veo un monumento dedicado a la Milan San Remo y tengo que pararme a hacer fotos. A partir de ahí ya pierdo el grupo de Cassani y la verdad es que fue una buena excusa porque mis piernas ya empezaban a sufrir más de la cuenta. La Cipressa también resulto ser más dura de lo previsto y ya no digo el Poggio. No me lo querría encontrar yo con casi 300 kilómetros en las piernas. Sobre todo me quedo con los descensos de todas estas pequeñas cuestas, que son verdaderos balcones al mar en un día precioso de primavera como el que disfrutamos.

De Milano San Remo

Los cuatro compañeros del club nos reagrupamos y afrontamos los últimos kilómertros jugando a ser profesionales y lanzando el sprint, calculo que 30 kilómetros por hora más despacio que lo que vimos el día anterior… Pero profundamente satisfechos y conscientes de que hemos puesto una muesca más en nuestra bicicleta. Unos cuantos mitos más ya están en el bolsillo.

miércoles, febrero 04, 2009

Monumentos ciclistas escondidos en Irlanda


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En los pasados años Irlanda ha tenido algunos ciclistas de reputación internacional que han tenido una notable carrera compitiendo principalmente en Europa. Ahí se incluye a Shay Elliot (primer irlandés en portar el maillot amarillo de lider del Tour de Francia), Sean Kelly (maillot verde del Tour de Francia en cuatro ocasiones), Stephen Roche (vencedor de la general del Tour de Francia en 1987), Martin Earley y Paul Kimmage. El ciclista más conocido por los dublineses es Stephen Roche, quien procede de Dundrum, en los suburbios del sur de Dublín. En 1988 él consiguió el insólito hecho de ganar Giro, Tour y Campeonato del Mundo en el mismo año, sin embargo, en los últimos años de su carrera le persiguieron las lesiones. Hay un elegante homenaje en piedra (ver fotos) en su localidad natal Dundrum, donde se puede llegar con el autobús n.48 o con el LUAS (tranvía). Está en la calle principal llegando al centro comercial.
El memorial Shay Elliot merece una visita a las montañas de Wicklow, por lo menos por el escenario. En coche o con el autobús de St.Kevin hay que llegar a Larga (cerca de Glendalough) y dirigirse hacia el sur en la carretera hacia Rathdrum por 1,5 kilometros. En el desvío hacia Drumgoff hay que tirar a la derecha y el memorial está al coronar la subida, a unos 6 kilómetros.
Sean Kelly tiene una plaza dedicada a él en Carrick on Suir (condado de Tipperary). Recientemente él ha estado muy metido en la dirección de equipos y ahora esponsoriza y dirige un equipo belga-irlandés de jóvenes corredores. Desde que se retiró, ha tomado parte en numerosas carreras benéficas, especialmente para Blazing Saddles (organización pro ciegos). El antiguo compañero de equipo de Kelly en el equipo PDM, Martin Earley (vencedor de etapa en el Tour de Francia), tiene una consulta como terapeuta para deportistas en Store on Trent, Reino Unido. 
Paul Kimmage, continuó su carrera como periodista, escribiendo un excelente libro explicando sus experiencias como corredor, llamado “A rough ride”. Reveló que el abuso del dopaje estaba extendido en el pelotón y fue castigado severamente por los ciclistas de la época, es especialmente conocido su enfrentamiento con Lance Armstrong. Sin embargo, sus acusaciones le han proporcionado mucho respeto sobre todo después del Tour de 1998, donde se produjo el Caso Festina. Irónicamente, ese es el año en que el Tour de Francia visitó Irlanda. Kimmage trabaja para el periódico Irlandés Independiente y ahora es un reputado periodista deportivo.
Con la excepción de Shay Elliot, todos los ciclistas mencionados están todavía vivos.

jueves, enero 29, 2009

Croke Park, un estadio repleto de historia

Croke Park, en Dublín, es un estadio impresionante. Un estadio con 115 años de historia, pero remodelado recientemente y un prodigio de modernidad. A día de hoy, inicio de 2009, es el cuarto estadio con mayor capacidad de Europa, con 82.300 espectadores. Un estadio con el marcador electrónico más grande de Europa. En su interior también hay un impresionante centro de congresos y el Museo de la GAA (Asociación Atlética Gaélica), la mayor organización deportiva irlandesa, propietaria del estadio y gran impulsora de los juegos, la cultura y a lengua irlandesa. En su modernidad cabe destacar el sistema de cuidado del césped que permite un mantenimiento perfecto en cuanto a condiciones de luz y agua (podéis verlo en la foto).

¿Por qué no es un estadio muy conocido en el resto de Europa? Sencillamente porque hasta hace poco allí únicamente se jugaban partidos de hurling y futbol gaelico (las finales anuales), deportes típicamente irlandeses. Unicamente a partir del año 2007 se jugó a fúbol en Croke Park. Concretamente, el primer partido de fútbol fue el disputado entre las selecciones de Irlanda y Gales el 24 de Marzo de 2007. También se disputan actualmente partidos del Torneo de 6 Naciones de Rugby.

Esta apertura de Croke Park a deportes no gaélicos supuso una gran controversia y únicamente ha sido posible hacerlo debido a las obras de remodelación del estadio Lansdowne Road, donde históricamente se han celebrado los partidos de las selecciones irlandesas de fútbol y rugby.

Curiosamente, el record de asistencia a este estadio no lo tiene un partido de un deporte irlandés, sino que lo tiene la ceremonia de inauguración de los Special Olympics del año 2003, que se celebraron en Dublín.

Croke Park también ha sido escenario de conciertos multitudinarios entre los que se pueden destacar los tres que ofrecieron los irlandeses U2 en 2005. The Police, Tina Turner, Bon Jovi, Billy Joel o Westlife son también otros famosos cantantes que actuaron allí.

La historia se escribe en las gradas de Croke Park. El primer domigo sangriento de la historia de Irlanda se produjo en este estadio el 21 de noviembre de 1920, cuando tropas inglesas entraron en el estadio en mitad del partido Dublín-Tipperary y asesinaron a 13 espectadores, entre ellos varios niños, y al capitán del Tipperary Michael Hogan . En recuerdo de esos hechos y del famoso levantamiento de Pascua de 1916 (Guerra de independencia de Irlanda) el fondo sin cubrir se le llama Hill 16. En honor de Michael Hogan, se dedicó otra grada a este jugador fallecido.

También estan bautizadas la grada Cusack (en honor del fundador de la GAA Michael Cusack), la grada Davin y la Terraza Nally. Incluso uno de los túneles está bautizado como túnel Alí en recuerdo del combate de boxeo disputado por Muhamad Alí contra Alvin Lewis en este estadio en el año 1972. Esta peculiaridad también es absolutamente característica de Croke Park, puesto que no es habitual que en los estadios se dé nombre a las gradas.

¿Y qué tiene que ver el ciclismo con todo esto? Pues no mucho, aunque en su museo destaca una vitrina con trofeos ciclistas y unas imágenes que dan fe de que en Croke Park también finalizaron algunas pruebas ciclistas en los años 20.

Sólo le faltaba el ciclismo. Pedazo de historia. Croke Park pone el vello de punta.

jueves, enero 08, 2009

Fiorenzo Magni, el tercer hombre


Fue bonito hasta que dejamos de creer lo que veíamos. Era el Tour de 2001, uno de los 7 de Armstrong. Uno de sus gregarios favoritos se había emancipado. Hamilton se fue de casa y cogió los galones. Con el CSC corrió un Tour sensacional y ganó una etapa a la antigua, con un ataque lejano que nadie pudo echar abajo. Lo más increíble fue que esa victoria se produjo con la clavícula rota. Una proeza digna de otros tiempos. Digna, sin ir más lejos, del italiano Fiorenzo Magni. Mi gran amigo Luigi Candeli me explicó que hizo algo parecido en los años 50. Pero esto fue de verdad.
Esta es la historia de Fiorenzo Magni, el tercer hombre (traducción libre del artículo de Gianni Bertoli http://www.giannibertoli.it/S030.htm.)


“Los apasionados del cine y los mayores de sesenta años recuerdan sin duda “El tercer hombre”, película de de 1949 del director Carol Reed. Un thriller interpretado por Joseph Cotten, Alida Valli y un inolvidable Orson Welles. Tras la estela de este éxito, se pensó atribuir el apelativo de “el tercer hombre” a Fiorenzo Magni, tercer hombre del ciclismo italiano tras Bartali y Coppi.
El campeón toscano será conocido, de 1951 en adelante, con el sobrenombre de “El león de Flandes”, después de haber vencido y dominado la gran clásica belga por tres años consecutivos: 1949, 1950 y 1951. Eran los tiempos en los que se iba en tren con una maleta de fibra y con la bicicleta como equipaje, un billete numerado con la ciudad de destino. Se afrontaba la aventura sin técnico, sin mecánico y sin masajista. Alguna vez con algún gregario para hacer compañía. El Tour de Flandes era la carrera perfecta para las dotes de rodador potentisimo de Fiorenzo Magni que sabía afrontar la carrera con el máximo de concentración y de agudeza táctica.
Inteligencia, coraje y capacidad de sufrimiento fueron sin duda las grandes cualidades de Magni y por ello se le llamaba Fiorenzo Corazón de León. Para intentar competir con los otros dos (Coppi y Bartali) tenía que intentar aprovechar al máximo todas las ocasiones que tenía y la rivalidad que había entre ellos. Su estructura física los limitaba a una defensa extenuante en las grandes subidas, donde trataba de limitar los daños, para luego lanzarse a tumba abierta en el descenso.
Y fue así que consiguió el Giro d’Italia de 1948. El recorrido de la carrera rosa no tenía muchas subidas imposibles para un rodador como él. La etapa mas dificil habria sido la antepenúltima Cortina-Trento, con el Pordoi a cuarenta kilómetros de la llegada. Corria la voz de que Coppi y Bartali, habiendo decidido centrarse en el Tour de Francia, habrían decidido no esforzarse tanto en el Giro d’Italia, intentando jugárselo todo en la etapa reina dolomítica. En el caso de Bartali estaba más claro puesto que había renunciado al Tour de Suiza, mientras en el caso de Coppi al parecer estaba atravesando uno de sus recurrentes períodos de abulia, hasta el punto que finalmente ni siquiera fue al Tour de Francia.
Magni, aprovechando al máximo la situación, consiguió en la primera parte del Giro aventajar de forma consistente a sus dos rivales. Además, Gino Bartali se cayó en una de las primeras etapas y debía pensar más en sus problemas físicos que en dar batalla. Y así se llegó a la etapa Cortina-Trento con Ezio Cecchi con la maglia rosa, Magni a tiro de piedra y “los otros dos” con varios minutos de retraso.
En la cima del Pordoi, Magni pasó con más de 5 minutos de retraso sobre un Coppi por fin a la altura de las circunstancias. Se lanzó furiosamente en su persecución y llegó a Trento a menos de 3 minutos de Coppi. La maglia rosa era suya. Y ese fue el problema. La Bianchi reclamó porque Magni había recibido empujones en el Pordoi. Fue penalizado con 2 minutos y sin embargo mantuvo la maglia rosa por 11 segundos sobre Cecchi. La Bianchi consideró insuficiente la sanción y decidió abandonar el Giro el equipo al completo en señal de protesta.
Magni venció el Giro pero su alegría se desvaneció en la amargura. Recorrió las últimas dos etapas entre los silbidos y los insultos del público, y en el velodromo Vigorelli de Milan debió interrumpir la vuelta de honor al ver que el público lo escupía y que lo habia recibido al grito de “Fascista! Fascista!”.
Sinsabores y poca fortuna fueron factores recurrentes en la vida de Fiorenzo Magni. Nacido en Vaiano di Prato el 7 de diciembre de 1920, descubrió que podía ser ciclista ya con 17 años, cuando en una bicicleta de segunda mano podía aguantar a notables ciclistas profesionales como Bini y Cipriani. Y aquí llegó el primer golpe de mala suerte, la muerte de su padre. Para el joven Fiorenzo cambió la vida. Con coraje afrontó la situación y a pesar de las dificultades, siguió corriendo en bicicleta.
La primera confirmación llegó en 1940, con la guerra ya iniciada. El 10 de noviembre participó en el Giro de la provincia de Milan, haciendo pareja con Vito Ortelli neoprofesional por entonces). La carrera se disputava contra el reloj por parejas y consiguieron impornerse a parejas como Bartali-Favalli o Coppi-Ricci. Esta victoria le valdría un contrato de profesional en el equipo Bianchi, pero la guerra echó por los suelos todos sus sueños.
En 1945, acabada la guerra, vuelve a correr con el Pedale Monzese, pero la mala suerte vuelve a golpearlo. En el oscuro clima de la postguerra, se lanzan acusaciones sobre él hasta el punto de ser enviado a juicio por colaboración con banda armada por los hechos provocados por los neofascistas en Valibona, en la Toscana. La Unión Velocipedistica Italiana, suspende a Magni sin esperar el resultado del tribunal.
Aunque sale absuelto, pierde la temporada 1946 por entero. Con gran voluntad se siguió entrenando, pensando siempe en su retorno. En 1947 pronto destaca quedando séptimo en la Milan San Remo que venció Bartali sobre Cecchi. Vence en los Tres Valles varesinos y fue noveno en el Giro d’Italia, donde se convenció de poder ganarlo algún día.
Además de aquel amargo 1948, Magni coinquistó dos maglias rosas más: en 1951 controlando la carrera de principio a fin, y en 1955 con una histórica fuga con Coppi en la penúltima etapa, Trento-San Pellegrino, cuando la victoria final parecía ya en manos del joven Gastone Nencini.
Para volver a la mala suerte de este gran campeón, debemos recordar la retirada de la selección italiana en el Tour de 1950 por los hechos acaecidos en el Col d’Aspin. Magni era maillot amarillo después de los Pirineos. Faltaban todavía los Alpes, quizas no hubiera llegado a París, pero seguro que lo hubiera dado todo.
Tampoco el Campeonato del Mundo fue afortunado para Magni. En 1951, en Varese, parecía ya hecho: Magni estaba entre los ocho escapados que se iban a jugar el título al sprint. Con él estan otros dos italianos: Toni "Labròn" Bevilacqua y Giuseppe "Pipaza" Minardi, pero Minardi está exhausto y Bevilacqua, campeón del mundo de persecución en pista, quiere jugar sus bazas. Resultado: primero el suizo Ferdi Kubler, segundo Magni, tercero Bevilacqua. En 1954, en Luxemburgo, sprint de todo el pelotón. A Magni se le rompe el sillin y finaliza cuarto. Vence el desconocido aleman Heinz Muller. En 1956, en Copenaghe, circuito llano que finaliza con una escapada de 12 corredores. Primero Rik Van Steenbergen, segundo Rik Van Looy, duodecimo Magni a 30".
También la meta de Sanremo ha sido esquiva con Magni. A él le hubiera gustado la subida al Poggio y sobre todo su bajada. Su mejor resultado fue un segundo lugar en 1956, a contrapie del belga Fred De Bruyne.
1953 podía haber sido el año para ganar en Lombardía. Llueve a cántaros. Entra en Milan un grupo d de escapados entre los que Magni es seguramente el más rápido, pero de nuevo la mala suerte. Por la llivia la llega se traslada del velódromo de Vigorelli a la vecina calle Giovanni da Procida. Algunos cientos de metros antes de la meta, una señalización errónea hace que algunos corredores, entre los que está Magni, se equivoquen de calle. Primero es Bruno Landi, que solamente obtendría tres victorias en toda su carrera. Magni considera responsable a Torriani y durante algunos años, no le dirigirá la palabra.
Más allá de sus 79 victorias y de sus innumerables muestras de carácter, quizas la más grande gesta de Magni se produjo en el Giro d’Italia de 1956. En la etapa Grosseto-Livorno, cae en un descenso y se fractura la clavícula izquierda. El abandono parece inevitable. El día siguiente hay descanso y después la etapa Livorno-Lucca, 54 kilómetros contra reloj. Su mecánico Masi recubre el manillar de gomaespuma, le pone pomada con novocaina t sale a correr! El viejo león llega entre los 10 primeros. Dos días más tarde está prevista la cronoescalada de Bolonia al Santuario di San Luca. Magni no puede hacer fuerza sobre el manillar y entonces Masi tiene otra idea genial: quita el aire de un tubular, lo retuerce y fija un extremo al manillar mientras el otro extremo lo sujeta Magni con los dientes que, así, puede “tirar” del manillar. La mala suerte se ceba en Magni y en la etapa de Rapallo cae de nuevo sobre el hombro izquierdo y se fractura el húmero. ¡Y sin embargo no se retira! Sólo quedan cuatro etapas para finalizar el Giro y en la etapa Sondrio-Merano se escala el Stelvio. Magni no puede frenar con la mano izquierda. ¡Debe bajar el Stelvio frenando con la mano derecha y con los pies! En Merano primero es Cleto Maule, segundo Fiorenzo Magni. El Giro parece terminado con la victoria de Pasqualino Fornara, y en cambio al día siguiente se produce la mítica etapa del Bondone. Bajo la nieve, en una atmosfera irreal, se retira Fornara. Se retira también De Filippis, por unos kilómetros maglia rosa virtual. Learco Guerra, director del equipo Faema, para a Charly Gaul y lo mete en una tinaja de agua hirviendo. Gaul vence la etapa y el Giro, Magni es tercero en el Bondone y segundo en la clasificación general final. Una ver terminado el Giro debe llevar 40 días de yeso para curar sus fracturas.
Esta es la pasta de que estaba hecho Fiorenzo Magni “Corazón de León”

viernes, diciembre 26, 2008

Este es el cielo del pirata


(Publicado en la revista Pedalier)

Permitidme que os proponga un nuevo destino para vuestras vacaciones cicloturistas.
Os presentaré un destino donde podréis disfrutar de la dureza de las montañas, y también de kilómetros y kilómetros de llano. De la proximidad del mar. De la memoria ciclista. También de la belleza de su paisaje. Y de la buena comida. Incluso de su proximidad a España.

Es Emilia Romagna, un destino muy recomendable. Está bien comunicado y no muy lejos. Desde Barcelona, por ejemplo, se puede volar a Bologna, a poco más de una hora de Rimini. Y con Ryanair se puede volar incluso más cerca, a Forli. En esta región de la costa adriática podemos encontrar también poblaciones como Riccione o Cesenático, la localidad natal de Marco Pantani.

Si hablamos de Pantani, dejemos los prejuicios a un lado. Marco era un ciclista especial, capaz de escribir un poema, capaz de cantar o capaz de erigirse en representante de todos los corredores del pelotón profesional. Y en lo ciclista, ya lo recordáis todos: probablemente el mejor escalador de la historia, un corredor capaz de atacar de lejos, capaz de irse sólo. Y hundirse sólo. La identificación del gran público con Pantani se debe a ese carácter valiente y agresivo. Y si pensamos que Italia no había tenido un ganador de Tour de desde 1965 con Felice Gimondi (33 años hasta la victoria del Pirata en el Tour de 1998), encontraremos la fórmula perfecta para el encumbramiento de este gran ciclista.

Su declive se inció en Madonna di Campiglio, en el Giro de 1999, un Giro espectacular de Pantani hasta el momento en que una anomalía en los valores de su sangre le obligaron a abandonar la carrera. Desde entonces su carrera cayó en picado, sólo con apariciones fugaces pero estelares (Tour del 2000), mientras salía indemne de sus problemas con la justicia. Su entorno siempre habló de un complot.

Emilia Romagna es una región con mucha tradición ciclista, aunque por lo visto es una región con todavía mayor tradición motociclista. El gran Valentino Rossi, “Il Dottore”, es de Tavullia (a sólo 30 km de Rimini) y el actual campeón del mundo de 250 cc Marco Simoncelli vive en Coriano, otra localidad muy próxima a Riccione. Por no hablar del circuito de Imola, muy cercano en el camino a Bolonia.

Pero es también una zona vacacional que provoca numerosas depresiones entre sus habitantes en la época invernal. ¿Os podéis imaginar una zona turística de verano totalmente despoblada con el frío? No es de extrañar que Pantani fuera un tipo depresivo. Las malas influencias y la justicia italiana hicieron el resto.

Cesenatico es un lugar de obligada visita a los amantes de la bicicleta. Un pueblo costero con gran tradición marinera y un museo marítimo. Es recomendable emplear una mañana en visitar todos los recuerdos de Pantani. Visitar su museo multimedia e incluso el vecino cementerio donde están sus restos. Y luego acercarse a ver el monumento, cerca de la playa, que le recuerda. Mientras, podéis comprar la típica piedina en un kiosko a pie de calle y saborearla mientras veis los barcos que fondean en los canales. No resultará difícil entender el mote con el que se le conocía: El Pirata.

Pero Emilia Romagna no es solo Cesenatico. En Riccione, localidad también costera muy cerca de Rimini, existe una rica oferta de hoteles y servicios relacionados con el cicloturismo (http://www.riccionebikehotels.it/ ). Allí podréis alquilar una bicicleta del nivel que os podáis permitir, y recorrer cualquiera de los numerosos recorridos cicloturistas que tienen preparados para el visitante.

Si preferís algo más competitivo, podéis hacer coincidir vuestra visita con una de las cicloturistas más multitudinarias de Italia: La Granfondo Nove Colli es uno de los eventos más conocidos en el panorama cicloturista italiano. En 2009 se celebrará el día 24 de Mayo y su recorrido de 200 kilómetros tiene más de 3.800 metros de desnivel. Incluso hay otras ofertas de cicloturistas que pueden resultar muy interesantes: este año 2008 se ha celebrado la primera edición de una nueva Granfondo llamada Pantanissima (el día 7 de Septiembre).

Uno de los recorridos más duros y preciosos es el que pude hacer cuando estuve allí, que incluye las ascensiones al Monte Carpegna y al Principado de San Marino, ambas subidas ligadas al pasado del Giro d’Italia, y ambas también pertenecientes al desafío BIG.

En un bucle de 88 kilómetros, que nosotros hicimos con salida y llegada en Mercatino Conca, podemos subir a esas dos interesantes subidas y disfrutar especialmente de la durísma ascensión a Monte Carpegna, en la que uno está permanentemente recordando a Pantani y a otros grandes ciclistas que subieron esas rampas como Fuente o Merckx. Especialmente emocionante para mí es leer durante la subida “Este es el cielo del Pirata” y coronar con su imagen un día victorioso. La subida tiene todos los alicientes, puesto que tiene zonas de bosque muy cerrado que en pleno otoño nos ofrecía paisajes indescriptibles, con un lecho de hojas por carretera. Las fotos de Luigi (perfecto cicerone toda la jornada, junto con Bortolo) dan testimonio de ello.

Y San Marino es mucho más que un destino turístico. A nivel cicloturista tiene el aliciente de una dura rampa al 18% en su vertiente de Torello y Acquaviva, donde suele acabar la Coppa Placci. Y también hay que decir que San Marino es un destino recurrente en el Giro d’Italia. Las últimas ocasiones en las que el Giro ha llegado allí son la cronoescalada de 1997 (con victoria de Pavel Tonkov) y la etapa del 1998 en la que triunfó Andrea Noé y Marco Pantani llegó segundo haciendo una de las demostraciones habituales en él ese año. Y este mismo año el Giro volvió a pasar por allí en la misma etapa del Carpegna.

Son los dominios de uno de los ciclistas más populares que ha dado el ciclismo italiano. Su muerte a una edad tan temprana (sólo 34 años) lo ha convertido en un mito que a nivel popular sólo podemos comparar con Fausto Coppi.

No dejéis de comprobar que Marco, allí, sigue vivo en la memoria de la gente. Por siempre.

viernes, diciembre 12, 2008

Lugares donde recordar a Pantani

(Artículo publicado en el n.26 de la revista Pedalier)
 
Monumento a Marco Pantani en Cesenatico

“A Marco Pantani, un gran campeón, víctima de la justicia italiana. Un gran hombre, bueno y generoso que siempre perdonó a todos. Estarás siempre en nuestro corazón con tu sonrisa. Te recordaremos siempre así. Cesenatico, 28 de Mayo de 2005.”
Una preciosa estatua con esa emotiva inscripción recuerda a Pantani levantado sobre su sillín, escalando como en él era costumbre. Cerca de la playa podemos encontrar este monumento que nos presentaba Jon en el pasado número de Pedalier.
Spazio Marco Pantani

Abierto en 2006, se trata de un museo multimedia donde la familia ha concentrado gran parte de sus recuerdos. Desde los más ligados a su carrera ciclista (trofeos, maillots…), hasta otros como la moto que Marco solía conducir. Numerosos recortes de prensa perfectamente encuadernados y los videos de sus etapas más memorables podrían hacer que uno pasara allí horas y horas. Además, no es difícil encontrar allí a su entrenador en la época de amateur o alguno de sus familiares, con los que poder charlar un rato.
Cabe decir que los ingresos de este museo se dedican a la Fundación Marco Pantani.
Cementerio de Cesenatico

Más de 50.000 visitantes al año llegan para rendir homenaje al gran Marco Pantani al lugar donde fue enterrado. Un gran panteón familiar con una rueda de bicicleta en lo más alto recibe a sus múltipes visitantes. El libro-recordatorio donde sus seguidores anotan su testimonio es una emocionante muestra del sentimiento de los aficionados que se acercan hasta allí. Fotos enmarcadas y dedicadas, placas y objetos diversos se amontonan en el panteón. 
Sede de la empresa Mercatone Uno, en Imola.



Una gran esfera con la imagen del Pirata capta la atención de todos los automovilistas que van de Bolonia hacia la costa adriática. Es la sede de la empresa de supermercados que patrocinó a Pantani en la segunda fase de su carrera deportiva (después de su paso por el equipo Carrera). Manuela Ronchi fue su manager, y Mercatone el gran mecenas de este ciclista singular, que sigue recordando de esta manera a su gran icono.
Residence Le Rose

Es un hotel entre tantos en el paseo marítimo de Rimini, la localidad costera que se halla a sólo unos pocos kilómetros de Cesenático. El dia de San Valentin de 2004, en el apartamento 5B se encontró muerto a Marco Pantani. Si es cierto que no existen lugares adecuados para morir, no es menos cierto que hay sitios inoportunos. Este hotel de costa sin duda lo fue.
Los Dos Alpes


Un monumento en la cima de los Dos Alpes recuerda a Marco en un lugar ligado a una de sus más recordadas hazañas ciclistas, cuando en el Tour de 1998 ascendiendo el Galibier en un día frío y lluvioso dejó tirado al entonces líder Jan Ullrich contra todo pronóstico. Finalmente venció en Los Dos Alpes sentenciando el Tour.
La Fauniera

Próximamente esta mítica cima italiana, muy cerca de la frontera con Francia, cambiará su nombre por el de Monte Pantani. Será la primera vez que un ciclista de nombre a una montaña de forma permanente. El monumento que le fue erigido hace un par de años fue objeto de una acción vandálica hace un tiempo. Penoso.
Mortirolo.


También en una de las subidas más duras de Italia existe un monumento en homenaje a Pantani. En la vertiente de Mazzo in Valtellina se inauguró una escultura singular, objeto de peregrinaje por parte de los “cicloamatori”.
Monte Carpegna 

Una entrevista a Pantani convirtió en mítico al Carpegna:
“El Carpegna me basta.
No tengo necesidad, antes de un Giro o un Tour,
de probar una a una, todas las grandes subidas.
El Carpegna me basta.
Desde Coppi, es una subida que ha hecho la historia del ciclismo
y alguna que otra vez, el Giro ha pasado.
Yo ni cuento las veces que la he hecho entrenando.
Diréis que soy un tradicionalista.
Quizás sí.
Siempre entrenando en las mismas carreteras de casa.
Siempre con el mismo desarrollo.
El mismo que llevo en carrera.
Siempre sin bidón.
Porque me bastan las cuatro fuentes que sé yo dónde están.
Una en el mismo Carpegna”
Il Carpegna mi basta!
Esta frase pintada en el suelo con la firma del Pirata es el homenaje permanente a Pantani durante toda la subida al Monte Carpegna.
Esas palabras se han covertido en la leyenda que simboliza la identificación de un pueblo y una montaña con un ciclista. Y a la vez, es su principal reclamo publicitario (www.ilcarpegnamibasta.it ). Estas breves frases de Marco uno las encuentra enmarcadas en su museo, y también a pocos metros del Cippo Carpegna.
Uno empieza a subir el primer “strappo” ya con la piel de gallina, al leer la frase y ver la firma del Pirata, pero esto no es nada comparado con lo que encontraremos más adelante.
Tras un cruce aparece a nuestra derecha un cartel que indica “lo Strappo Fuente” con la indicación exacta de su longitud y su desnivel: 350 metros al 16%, poco después la “Salita al Cippo Pantani”, con 1,25 km al 7,5% y una imagen de la portada de un periódico deportivo de 1973 que recuerda la victoria de José Manuel Fuente en la subida a este puerto durante el Giro d’Italia (les perdonaremos que hayan confundido la foto y no sea Fuente, sino Hinault!).
Mientras, cada curva contiene una leyenda que pone los pelos de punta, con las frases que escribió Pantani y otras aún más estremecedoras: “Marco, si sente solo il tuo respiro” y en una dura curva de herradura, sólo con el cielo de fondo, se puede leer “Questo e il cielo del Pirata”.

Unos metros más tarde llegamos al Cippo Carpegna, donde hay una bonita escultura en alambre dedicada a Pantani. Unos metros más adelante, una barrera impide continuar a los coches y disfrutar de la “Fuga Merckx”, un tramo de 2 kilómetros al 12%. Poco después, la reproducción de otro periódico nos da idea de la pasión con que se vivió la subida en el Giro de 1974: “Un’acquila sull monte Carpegna” refiriéndose a Eddy Merckx, al que se ve en la imagen con Battaglin a rueda.
El Giro pasó por allí, como hemos visto, los años 1973 y 1974 y no ha sido hasta este año 2008 en que el Giro ha vuelto a pasar, 34 años más tarde, por el Monte Carpegna. En este caso en mitad de la etapa 11ª, Urbania-Cesena, en la que también se subía a San Marino. Se saldó sin grandes ataques con la victoria de Bertolini y el segundo lugar de Lastras.
La subida continúa hasta completar los 5,1 kilómetros a una media del 10,6%, llegando a los 1.415 metros de altitud. Y allí la reproducción de una enorme fotografía con la imagen triunfadora de Pantani con la bandera de Italia de fondo y debajo, de nuevo, la inscripción “Questo é il cielo del Pirata”. Es el lugar definitivo donde hacer la última foto.

Incluso bajando, detrás de cada curva se esconde un recuerdo. El Carpegna es un verdadero museo al aire libre. Probablemente no encontraréis otra subida con tantos recuerdos ciclistas como esta.

domingo, noviembre 09, 2008

Puy de Dôme, el final de un mito


El Puy de Dôme es un lugar extraordinario. Es el emblema de Auvernia, la región francesa al norte del Macizo Central que tiene los volcanes como seña identitaria. Se trata del único volcán accesible por carretera. Por eso, entre otras cosas, el Puy de Dôme es el primer destino turístico regional, con más de 435.000 vistantes al año.


En su cima, a 1.465 metros, no hay grandes instalaciones. Los alicientes son los caminos por lo que pasear, que permiten unas vistas fantásticas sobre Clermont Ferrand y todos los conos volcánicos próximos. Encontramos arriba el Centro de Información-tienda de souvenirs, el Restaurante-Brasería, la estación meteorológica, el viejo templo romano de Mercurio y la gran antena-repetidor de televisión, visible en muchos kilómetros a la redonda.


El Puy de Dòme es accesible también por pista (por el “chemin des muletiers”) desde la cima del vecino col de Ceyssat y es por tanto, un lugar donde la práctica del senderismo es muy recomendable. También es un lugar donde la práctica del parapente es muy habitual. Y sin embargo, la relación de esta montaña con la bicicleta es un contrasentido.



Por un lado fue una montaña muy vinculada al ciclismo desde que en 1952 el Tour de Francia se acercó por primera vez, con la victoria de Fausto Coppi y el segundo lugar de un desconocido Jan Nolten (que ha quedado inmortalizado en una placa en la cima de la montaña). Luego regresó en 1959 para ver el triunfo de Federico Martín Bahamontes. Vivió en sus laderas uno de los duelos más espectaculares de la historia del ciclismo en el Tour de 1964 entre Poulidor y Anquetil, el día que la victoria de Julio Jiménez quedó en segundo plano. En el año 1975 fue testigo del principio del ocaso de Merckx, cuando un desalmado le atizó un puñetazo en el hígado en pleno esfuerzo. Una montaña que ayudó a revivir al ciclismo español en el famoso Tour de 1983, cuando Angel Arroyo y Perico Delgado acabaron primero y segundo en una cronoescalada infernal. Hasta trece veces llegó el Tour al Puy de Dome, desde 1952 hasta 1988, el Tour de Perico.


Sin embargo, y ahí está el contrasentido, se trata también de la montaña que tiene normalmente prohibida la circulación de bicicletas. Unicamente permite el paso de ciclistas los miércoles y domingos de 7,00 a 9,00 horas, descenso incluido. El control es estricto, puesto que la carretera es de peaje para los automovilistas. No hay otra montaña que restrinja su acceso de esa manera a los ciclistas.


Hoy, la noticia es que la carretera que lleva hasta la cima del Puy de Dôme dejará de existir en un futuro cercano. El año 2012 un tren cremallera llevará desde Clermont Ferrand hasta la cima del Puy de Dome por el trazado de la actual carretera.


La primera vez que leí el rumor en una página web me quedé frío. Pensé que cómo era posible que se pudiera permitir la desaparición de una carretera que forma parte de la historia del ciclismo.


Resistiéndome a creerlo, por un momento pensé en el cremallera de la montaña de Montserrat, que convive perfectamente con la carretera, plagada de autocares cada domingo. Por qué no podría adoptarse una solución así.


Pero el rumor se convirtió en realidad. Los folletos que se reparten en el centro de información situado en la cima no dejan lugar a duda. “A partir de 2012 los visitantes del Puy de Dome y los turistas accederan a la cima en un tren cremallera. Este tren panorámico permitirá acceder a la cima todo el año, con total seguridad, sean cuales sean las condiciones climatológicas. Silencioso y ecológico, produce la mitad de la energía que consume. Primer cremallera construido en Francia después de un siglo, el tren del Puy de Dome será el primer ejemplo de sustitución total de un acceso rodado por un transporte ferroviario”.

Nunca me había planteado cómo muere un puerto de montaña mítico. Imaginaba un desprendimiento, o el simple abandono y degradación del asfalto de una carretera. Pero no lo imaginaba así.


El último sábado de Mayo tuve la fortuna de participar en una marcha cicloturista llamada Tour de Sancy que parte de Clermont Ferrand y termina en la cima del Puy de Dome. En parte fui sabedor del futuro que esperaba a la carretera. A la llegada, la dureza de la subida no me permitió indagar demasiado sobre la montaña, como pretendía. Más bien era el doctor el que me preguntaba sobre mi estado al verme tendido en el suelo, y luego en la ambulancia. Terrible, durísimo, el volcán hizo honor a su leyenda.


Poco después, Luciano, el delegado de Les cyclotouristes Montferrandais (club organizador de la marcha), nos confirmó lo que ya sabíamos: que probablemente haya sido la última edición de la marcha cicloturista (se celebraba cada 2 años) y nos animó a que enviáramos al presidente de su club una carta con el mayor número de adhesiones posible, para hacerla llegar a su vez al Conseil General Puy de Dome y así intentar evitar la desaparición del asfalto.


Muy bien, probablemente lo haremos, aunque si la Societé del Tour de Francia o la Federación Francesa de Ciclismo no han conseguido (¿lo han intentado?) salvar la carretera, no sé qué podremos lograr nosotros. Desde luego, en los foros de Internet, si se cuestiona la decisión no es por motivos de romanticismo ciclista sino por cuestiones económicas y la enorme inversión que este cambio supondrá.

Al día siguiente de la marcha, visitando con tranquilidad el paraje y en concreto la tienda de souvernirs, descubrí algo sobre la historia de la montaña que hizo acabar con toda esperanza de que la carretera se salvara, y es que el ferrocarril no robará el trazado a la carretera, sino que fue la carretera quien tomó prestado ese trazado durante un tiempo.



El cremallera del Puy de Dôme funcionó desde 1907 hasta 1926. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en pleno auge de los “chemins de fer” suizos y franceses, se construyeron los primeros trenes-cremallera, como el del Monte Righi en 1871, el de Mont Revard en 1892, o el de Mar de Glace, al pie del Mont Blanc, en 1904. Y entre los primeros que se inauguraron estaba también “le train du Puy de Dome”, inaugurado en 1907. Pero su vida fue corta. Por problemas de explotación, y el auge de los automóviles, en 1926 el lecho del tren se convirtió en carretera asfaltada.



El origen de la carretera explica la pendiente constante (4,5 km al 12,5%) y el trazado sin curvas de herradura que simplemente va rodeando la montaña hasta alcanzar la base de la antena.


La rabia y la pena inicial se han ido convirtiendo en calma e incluso comprensión. Puede que no sean tan malas noticias. La carretera trae las bicicletas, pero también los coches, los autocares, el CO2, la degradación y la contaminación (incluso acústica). Sin duda, el tren cremallera permitirá una mejor conservación de la montaña, su flora y su fauna.


No en vano, a principios de 2008 el Puy de Dome fue catalogado como Grand Site de France, una etiqueta que unicamente tienen 32 lugares en todo el país, que se caracterizan por su tratarse de sitios espectaculares cuya fragilidad frente a la degradación se considera un problema y su conservación se ha convertido en objetivo prioritario. Por eso la etiqueta de Grand Site obliga a una serie de medidas que garanticen el respeto ambiental. No sólo eso, sino que también se llevan a cabo trabajos de rehabilitación y restauración paisajística.


La carretera desaparecerá, pero la montaña sobrevivirá. Ahí sólo permanecerá como recuerdo ciclista la placa que la asociación de amigos de Jan Nolten le dedicó con el resultado de la etapa del Tour de 1952.


Si alguno de vosotros pretendía subir el Puy de Dome en bicicleta, que no lo deje para más adelante. Probablemente sea demasiado tarde. Yo ya puedo decir que un día lo subí. Aunque si no lo puedo subir en bicicleta es muy probable que no vuelva.


Adiós Puy de Dome, adiós.