martes, abril 17, 2012

Escocia, un viaje mágico

De Escocia

(Publicado en el n.48 de la revista Pedalier)

Yo ya sabía que lo mío era difícil de curar. Que cuando me inoculé el virus del BIG iba a ser difícil encontrar antídoto. Pero creo que las cosas han ido demasiado lejos. Intentar conseguir subir los 1000 puertos de la superlista se ha convertido en una obsesión vital que aún se ha incrementado en el último año cuando dos superhéroes (los belgas Eric Lucas y Etienne Mayeur) han hecho ese sueño realidad.

Pero es que estos 3 días en Escocia subiendo 10 BIGs han sido realmente gratificantes, estupendos, agotadores, retadores, lluviosos, cansados… Un viaje a Escocia en el que hemos hecho en 3 días más 1.000 km en coche y poco más de 200 en bici. Menos mal que tuve un par de días al final para poder visitar Stirling y Edimburgo un poco más tranquilamente, ciudades que realmente vale la pena conocer.

También sabía que me juntaba con otros elementos todavía más enfermos del BIG que yo, el francés François y el belga Bernard. Enfermos, pero grandes compañeros de viaje con los que uno podría ir al fin del mundo. La enfermedad que tienen consiste en llegar hasta el pie de puerto, subirlo, bajarlo, coger rapidamente el coche y dirigirte a la base del próximo. También tiene sus ventajas, puesto que viajar por Escocia en Semana Santa es climatológicamente complicado, y no es lo mismo mojarse o congelarse durante una etapa de 150 km que en una subida de sólo 10 km. Con este tipo de viaje podíamos intentar sumar las 10 subidas que queríamos por mucho que el tiempo se complicara.

Pero vayamos por partes, con la descripción de cada una de las etapas que hicimos.

Etapa 1:

Encuentro en el Aeropuerto de Newcastle después de mi vuelo desde Barcelona y su paso por el Eurotunnel con el coche. El primer día fue una verdadera gyncana. 450 kilómetros en coche y sólo 55 km en bici para hacer 3 subidas. La primera subida del día fue Carter Bar. No es más que la frontera entre Inglaterra y Escocia. Salimos de Byrness en Inglaterra, y llegamos a la frontera tras unos escasos 10 km. Una subida sin una especial dureza, pero que es la puerta de acceso a Escocia, la bienvenida a nuestros próximos días.

La segunda subida del día era Lowther Hill, de 15,5 km. Una subida dura por una carretera a la que no pueden acceder vehículos no autorizados, y que llega a un radar y una estación meteorológica a 725 metros, el techo de nuestras subidas en Escocia estos días. Ahí nos mojamos a base de bien y estaríamos a cero grados, ya sabeís, ni frío ni calor. Pero bajando los dedos de pies y manos se quedaron congelados. Ese coche conteniendo 3 tíos, 3 bicis, la ropa mojada, las bolsas con la ropa desperdigada, los 3 cambiándonos ahí, os podéis imaginar qué desorden. Genial!

De Escocia

La última subida del primer día, tras el correspondiente largo traslado en coche, es Glen Quaich, una subida realmente corta (sólo 2,7 km, pero a más del 9% de desnivel) que impresionaba en la distancia. Aún después de hacerla, nos quedaba un traslado hasta Spittal of Glenshee, ya al pie del próximo puerto que haríamos el día siguiente. Esa noche dormimos en un precioso hotel de montaña con una sala de estar/hall/pub/restaurante con chimenea que invitaba a una buena pinta y una buena cena donde probar los típicos Haggis, que saben bien pero mejor no preguntar lo que contienen. Fantástica manera de terminar el día.

Etapa 2:

El segundo día era el plato fuerte. Como dice mi amigo François la ruta prevista esos tres días estaba estructurada como un menú gastronómico: primer plato ligero, un segundo plato contundente y el postre el tercer día. El plato fuerte consistía de 75 km en los que añadir cuatro BIGs seguidos sin tener que subir al coche (qué bien), y una quinta subida ya por la tarde en la que sumar 30 km (15 de subida y 15 de bajada). 105 km ya es una etapa decente y digna de un viaje cicloturista.

La primera subida era el Devil’s Elbow. Mirad en la foto de una postal de los años 40, qué curva más impresionante, que era realmente el “codo del diablo”. La lástima es que esa curva forma parte de la carretera antigua que nosotros no subimos, y que fue sustituida en los 60 por una amplísima carretera de pendiente constante que lleva a la estación de Esquí de Glenshee.


De Escocia

Después de una bajada en la misma linea de la subida (amplísima carretera de largas rectas a una pendiente constante) llegamos a uno de los momentos esperados, antes de afrontar la segunda subida del día. Ese momento era la visita al Castillo de Balmoral, un castillo precioso que sirve de residencia estival a la reina de Inglaterra. Lástima que no nos lo dejaron ver ni desde fuera, si no pasábamos por taquilla, y con la crisis el tema no está para tirar el dinero. O sea que media vuelta y dirección a The Strone, carretera solitaria, perdida, sin señalización y con nieve a los costados. En su bajada empalmamos con el próximo objetivo, Tom Dubh, aunque la señalización de carretera cortada nos hacía pensar que tendríamos problemas (llamadnos intuitivos).


De Escocia

Bien pensado, la gyncana la hicimos aquí, no el día anterior. La carretera cortada por el derrumbamiento de un puente parecía difícil de salvar, pero las ganas de hacer el trabajo y el rodeo de 60 km al que obligaba no seguir la ruta prevista, nos hizo saltar todas las vallas que nos pusieron por el camino y subir las bicis por la zona derrumbada (ver foto). Más rampas duras, más carreteras solitarias y otro puerto sin cartel arriba donde hacer la foto… Qué le vamos a hacer.

Llegamos ya a la cuarta subida del día, otra estación de esquí. Unos primeros kilómetros de falso llano y de repente una impresionante rampa al 20% nos recuerda que el BIG también se trata de subir muros imposibles. Aún con el plato de 30 delante las paso canutas para vencer el desnivel y cuando crres que ya está te enfrentas a otra rampa imponente que, la verdad, queda en poca cosa al lado de la que acabamos de subir. Y es así como coronamos en Lecht Road junto a otra estación de esquí que para ser francos nada tiene que ver con las estaciones de esquí que conocemos en Pirineos, Alpes y Dolomitas.

De Escocia

La última subida del día era la tercera estación de esquí del día: The Cairngorm. Una subida que se hace desde Aviemore, una ciudad que parece volcada con el deporte, aunque la propia subida a Cairngorm también lo está. Cantidad de bicicletas de montaña, rutas de BTT paralelas a la carretera, campos de golf, zonas de pesca junto al río, etc. Un poco de frío y aguanieve, pero la verdad que poca lluvia hasta coronar junto a numerosos autocares de turistas.

De Escocia

Esa noche la pasamos en Inverness, ya en plenas Highlands (tierras altas). Se puede decir que en dirección al norte Inverness es la última ciudad escocesa importante. Allí dormimos en un bed & breakfast, una gran solución en cuanto a calidad y precio. Por apenas 25 Libras uno disfruta de una buena cama, un ambiente acogedor y un magnífico desayuno escocés casero y completísimo. Siendo domingo de resurrección, en el paseo por el centro, nos encontramos una banda de gaitas en el castillo de Inverness, un espectáculo típico escocés que nos alegra el final de la tarde.

Etapa 3:

Los Highlands evocan sobre todo la película Braveheart protagonizada por Mel Gibson, que cuenta la historia de William Wallace, héroe de la resistencia escocesa ante los ingleses. Aunque los Highlands han sido también escenario de otras películas míticas como Los Inmortales. ¿Quién puede olvidar esos paisajes?

Como quien no quiere la cosa nos hemos plantado ya en el último día de pedaleo en Escocia. El postre. Ese día volvemos en dirección sur bordeando todo el lago Ness para ir a buscar las proximidades de la isla Skye, donde encontramos las dos últimas subidas del viaje: Bealach Ratagain y Bealach Na Ba. Las previsiones del tiempo eran malas, para qué vamos a negarlo, pero mientras bajamos con el coche en dirección sur no nos cayó una sola gota. Fuimos por una carretera que bordea el lago Ness, ligeramente ondulada y que recomiendo absolutamente para hacer sobre la bici. Por cierto, sin noticias de Nessie.

Ese día también teníamos previsto pasar cerca de dos castillos de esos que uno ve en las películas y duda que puedan existir en la realidad. El primero donde paramos es el Urquart Castle, castillo en ruinas justo al lado del Lago Ness y que conforma una estampa inolvidable de Escocia. Aunque todavía mejor resulta el castillo de Eilean Donan, muy cerca de la isla de Skye. Aquí sí que una imagen vale más que mil palabras.

De Escocia
La primera subida es Bealach Ratagain, otra carretera solitaria en la costa occidental escocesa que lleva a un embarcadero donde coger unos ferrys por las islas. En Escocia hay más de 800 islas, de las cuales sólo 130 están habitadas, ¿os lo podéis imaginar?
La subida a Ratagain no ofrece sorpresas ni novedades más que la consabida lluvia y una tabla de orientación en su cima. Sólo quedaba la última subida, a Bealach Na ba. Me parece tan especial que le tengo que dedicar un artículo a ella solita. Solamente os digo que me parece una de las subidas más bonitas que he hecho sobre la bici.

De regreso hacia Edimburgo las nubes nos impidieron ver la cima del Ben Nevis, a 1.344 metros, el techo de Escocia. Una subida que obviamente no se puede hacer en bicicleta pero que se puede intentar a pie sin excesivas dificultades. Una cita pendiente.

Mis acompañantes me dejan en Stirling en su camino hacia Londres y el paso del Eurotunnel camino de su origen en Francia y en Bélgica. Otro Bed & Breakfast y visita obligada el día siguiente al Wallace monument y al castillo de Stirling.

Epílogo

Los últimos días los dediqué a visitar Edimburgo, pues genial, con el castillo de Edimburgo, la National Portrait Gallery, el Greyfriars Bobby. Pero en mi caso, bien aconsejado por un amigo que sabe qué tipo de cosas me gustan, me aconsejó visitar el Arthur’s seat. Se trata de una montaña cercana a Edimburgo que se eleva a 271 metros de altitud y que supone una perfecta atalaya para observar desde lejos el castillo de Edimburgo y toda la ciudad a sus pies. La excursión para coronar el Arthur’s seat es muy recomendable, menos mal que llevé las bambas de montaña, aunque subiendo allí podías ver de todo, la típica chica con zapatos normales como si estuviera paseando por la Royal Mile.

Por la tarde, en el centro, lo dediqué a la compra de souvenirs para la familia. Preguntaba también en las librerías por algún libro sobre la vida de Graem Obree, posiblemente el ciclista escocés más famoso de l a historia (a parte de Robert Millar, coetáneo de Pedro Delgado, cuya historia prefiero contar en detalle en otra ocasión;-)). Y para mi sorpresa no lo conoce nadie. Aquí el ciclismo tampoco es el deporte nacional… Lo que también me queda pendiente es ver la película “The flying scotsman” (El escocés volador), sobre la vida de este ciclista escocés que fue recordman de la hora.
El último día el traslado de Edimburgo a Newcastle se saldó con un excelente viaje en tren para salvar los 140 km de la capital escocesa a la ciudad inglesa, un precio del billete carísmo (comprad los billetes anticipados por internet!) y un último desplazamiento en bici hasta el aeropuerto puesto que no permiten llevar las bicis en el metro. Un poquito de aventura al final, menos de lo que me hubiera gustado.
Después de unos días tan intensos, lo que tengo claro es que cada vez me siento más cicloturista y menos ciclodeportista, con más ganas de visitar ciudades como Inverness o Edimburgo, de conocer sitios como el Arthur’s seat o el Lago Ness, de conocer gente como aquella canadiense con su bici en Edimburgo o la camarera de la pizzeria en Inverness… En fin, de sentirme inmensamente pequeño ante todo lo que me queda por descubrir.

Y es en eso en lo que el reto del BIG me ayuda. Cada vez que viajo me dice aquellos sitios que no me puedo perder para disfrutar de mi pasión por la bicicleta. Y al mismo tiempo tengo que buscar mi tiempo para complementarlo con otras visitas que nada tienen que ver con la bici y que sin embargo, son fundamentales para entender todo lo que pasa por allí. En Escocia tuve tiempo para todo. Mi amigo Xavi dice que cuando estuvo en Escocia subiendo BIGs le pareció algo mágico. Yo lo corroboro: las carreteras solitarias y silenciosas, los grandiosos paisajes , la historia centenaria, los fabulosos castillos…

Y así es como finalmente llego a la definición de trabajo. ¿Qué es el trabajo? Es aquello que hago entre viaje y viaje. Es aquello que me sirve para poder pagarme algunos vuelos. Ni siquiera el alojamiento. Cada vez me tienta más el viajar en autosuficiencia. Algún día.

Para mí eso es el trabajo. Lo verdaderamente importante es lo otro.

sábado, febrero 25, 2012

Duatlon por equipos del Prat, una nueva experiencia

Aunque uno sea escalador, ¿quién no ha soñado con hacer una contrareloj por equipos al más puro estilo equipo de la ONCE de los años 90? Yo nunca lo había hecho y me apetecía mucho probarlo. Ese era uno de los alicientes que ofrecía participar en el Duatlon por equipos del Prat. Otro era conocer a compañeros de entreno con los que no convivimos demasiado, ya que en las carreras cada uno va a saco y no se espera ni a Cristo, je. Al final sí que hay momentos de comentarios y risas, pero un duatlon por equipos es un buen momento para conocer más a tus compañeros.

En un club como el Cerdanyola Club Hockey, había muchos pretendientes para unas pocas plazas en este Duatlon del Prat. El equipo A, el de los bueno, ese era intocable, con gente corriendo a un ritmo inferior a 3:20 el kilometro. De locos. Para un posible equipo B había mucha gente interesada, y gracias a la diosa fortuna yo me ví pocos días antes como uno de los agraciados. Íbamos a compartir equipo 6 compañeros de club: Alex, David, Eric, José Miguel, Pablo y yo mismo. El ritmo de carrera, preveíamos que sobre los 4 minutos el kilómetro.

Las pretensiones no eran demasiadas, no podíamos competir con los equipos A de cualquier club… La finalidad principal era sobre todo pasarlo bien. También, la convivencia y los ánimos mutuos con los otros dos equipos del club, el equipo de los cracks (David, Christian, Guillem y Dani) y el de las chicas (Silvia, Natalia, Virginia y Laura).

La previsión de salida a las 10,00 se ve retrasada y nosotros debíamos salir como a las 11,00. Total, que un solete más que agradable y, al contrario que las últimas competiciones en Granollers (Mitja y Duatló en el Circuito), nada de frío. Ni los guantes.

Es la hora. Le toca al número 65. Salimos ya. José Miguel y Pablo van sobrados y yo tampoco me encuentro mal del todo en el primer tramo a pie. Corremos a un ritmo de 4:15 muy bien y muy conjuntados. La transición la hacemos realmente lenta, las bicis están tan juntas que nos estorbamos: los cascos, las botas... un follón.

El tramo en bici se compone de dos vueltas a un circuito básicamente llano de 10 km con dos giros de 180 grados. Nada complicado, muy rápido, se trata de rodar y rodar. En la primera vuelta vamos dando algunos relevos vigilando que no se retrase Erik, el más joven al lado de cinco cuarentones, que es el que va un poco más justo. Dejamos a un lado una caída con mala pinta en dirección contraria. Hay que tener cuidado de no hacer el afilador, y también en las rotondas. Y en los adelantamientos: en un momento dado nos encontramos cuatro equipos en el mismo instante, nosotros adelantábamos un equipo más lento y a su vez nos adelantaban a nosotros (ni nos habíamos dado cuenta), mientras en dirección contraria venía otro equipo. Hay que tener los ojos bien abiertos.

En la segunda vuelta las cosas se van poniendo en su sitio, y José Miguel y Pablo demuestran que son los más fuertes. Prácticamente no les damos un relevo, van muy rápido: Erik lo empieza a pasar mal y se descuelga por momentos. A todo esto vamos muy parejos con otro equipo al que vamos adelantando y ellos hacen lo mismo con nosotros. Hay que mantener 25 metros de distancia, los árbitros vigilan y van avisando todo el tiempo. Llegando al final las fuerzas de Erik se acaban y hay que esperar un poco. Nuestros rivales se alejan.

De nuevo en la transición, nos calzamos otra vez las bambas y a por los últimos 2,5 kilómetros, dos vueltas al circuito. En la primera todavía intentamos mantenernos juntos. Puntúa el cuatro clasificado pero hemos intentado mantener el equipo de 6 hasta el final. Sin embargo en la última vuelta se acaba el sufrimiento para Eric y se deja ir. Entraremos en 1:17: 30 en una más que discreta 73ª posición, pero más que contentos con la experiencia y un poco más amigos.

Una vez finalizado nuestro duatlon, se trata de ver a los compañeros. Las chicas ya han terminado y nuestro equipo A está en plena competición. Los vemos cómo llegan a la transición y esperamos su regreso para animarlos con fuerza. Sin embargo el tiempo pasa y ellos no aparecen. Algo ha pasado. En efecto, Guillem ha caído y las esperanzas de una buena clasificación se han ido por tierra... Otra vez será.

sábado, enero 28, 2012

1er Duatlo de Cerdanyola: un lujo de carrera

Primera edición de este duatlón que organizaba mi nuevo club. Lo primero que hay que decir es que la cantidad de gente que maneja el Cerdanyola Club Hockey es un verdadero escándalo. A nivel de socios activos participantes en las secciones de atletismo y triatlon (las que yo conozco) y a nivel de socios colaboradores en las diversas pruebas que organiza (5 milles nocturnes de Cerdanyola, Cursa dels Poblats Iberics, Cursa de Collserola, etc.). Con estos antecedentes organizativos, pues solo se podía espera algo grande, pero nadie esperaba el exitazo que supuso esta primera edición del Duatló de Cerdanyola.

Desde el principio todo estuvo cuidado con todo lujo de detalles, desde la página web, hasta el recorrido de la bici, pasando por el arco de meta tipo Ironman, o el entreno para testear el circuito dos semanas antes... Lo del recorrido de la bici merece un comentario aparte, porque aunque yo no soy un asiduo de todos los duatlones de carretera que se disputan en Catalunya, me parece que es una completa novedad disponer de una carretera cerrada al tráfico con dos amplios carriles en todo momento. Un recorrido llano pero con repechos que te exigen todo.

La salida fue más bien tardía, a las 10,30, pensando lo fría que podía ser una mañana del mes de Enero, aunque en realidad fue un día primaveral. Desde la salida ya estoy viendo que voy a estar disputando con muchos compañeros de club y de entrenos, cada martes y jueves. Ahí estoy viendo cerca de mí, nada más salir, a Albert, a Guim, a Sergio, a Pedro, a David, a Fede. Qué bonito, tener nada menos que 26 compañeros del Cerdanyola Club Hockey compitiendo. Y otros tantos o más que no compitieron porque estaban ayudando en la organización. Miguel al frente de todos ellos, y David, Rafa, Alex, Marc, Conrad... Gracias a todos vosotros porque sin vosotros nada de esto hubiera sido posible. Hoy por tí mañana por mí, me comprometo a estar en el otro lado en una próxima carrera para que vosotros podáis disfrutar tanto como yo lo hice.

En el primer tramo a pie me encuentro bastante bien, quizas demasiado forzado, pero entro en boxes en la posición 117 de 394 participantes, nada mal para mis aspiraciones, con un tiempo de 18:48 que supone record personal en los 5 km si la distancia estaba bien medida (contra los 19:05 que tenía en una San Silvestre de Lloret).

Tengo ganas de coger la bici para poder coger un buen grupo, andar rápido y al mismo tiempo descansar un poco. Pero va a ser una sección muy difícil en la que voy a rodar sólo casi todo el rato. No me puedo enganchar a ningún grupo grande, y los que vienen rápido por detrás me pasan como balas y se van (entre ellos Ricardo). En la subida al Sincrotró cada una de las tres vueltas que dimos (hasta totalizar los 20 km) tiro de plato hasta arriba, menudo festival de ácido láctico, uf. Probablemente buscar la cadencia del plato pequeño me hubiera supuesto adelantar algunas posiciones, pero ese plato grande de 50 que llevo con el compact a veces te hace pensar que con eso lo subes todo...

Acabo la sección de bici con una media de 30,72 km/hora en un parcial de 39:04 en la 175ª posición. Quién me iba a decir que en mi supuesto punto fuerte, la bici, iba a ser donde peor lo iba a pasar.

Me calzo otra vez las zapatillas y salgo a por los últimos 2,5 km. En este último tramo aguanto la posición, casi no me pasa nadie y yo tampoco rebaso a demasiada gente. El arco de meta me espera ahí enfrente, un sprint y ya está. Termino en la posición 144 con un tiempo de 1 hora 8 minutos 29 segundos, en el puesto 26 de mi categoría. Yo me quedo conforme. Habrá que esperar a pasar a V2 para intentar estar cerca del podio.

El remate de toda la fiesta del deporte que supuso este duatlon lo tuvimos al día siguiente, cuando ya teníamos colgadas en la página de la prueba las 3.000 fotos que nos hicieron durante el recorrido, que nos podíamos bajar de forma gratuita. Vaya pasada. Yo pienso que el tema de la fotografía es un valor añadido importantísimo para una prueba popular como ésta, y buscarte entre todos los participantes te supone recordar cada momento y prolongar la experiencia que supone participar en ella.

El martes siguiente en el entreno del club muchos de nosotros estábamos todavía emocionados con el éxito de la prueba y con los resultados personales, rememorando los piques (eh Sergio, Albert o Guim?) y planificando futuras estrategias para batir al compañero. El damnificado fue nuestro entrenador (lo siento Albert!) que nos tuvo que reñir como críos por hablar tanto...

En resumen, un éxito organizativo y de participación. Ya estamos esperando la edición del 2013, que nuestro líder Miguel “amenaza” con que sea Campeonato de Catalunya de Duatlon. Y lo que se propone este chico lo consigue....

martes, enero 10, 2012

Nápoles: el Vesubio y la familia

(Publicado en el n.47 de la revista pedalier)
Si uno quiere viajar con la bicicleta en las vacaciones de Navidad, y no pasar mucho frío, elegir destino no es tarea sencilla. Las islas (atlánticas o mediterráneas) son siempre una opción. Y toda la costa mediterránea también. Ya conocemos las virtudes de la costa española, pero quizás no tanto las de la costa italiana... Me seducía mucho visitar Italia de nuevo. Y también quería pedalear y subir montañas, aunque en invierno el tiempo puede complicar cualquier previsión.
Esta vez, con la elección final de Nápoles, ganaban peso las cuestiones no estrictamente ciclistas: conocer una ciudad de contrastes, visitar un volcán... En mi caso además el viaje (no oculto que formaba parte del motivo de la elección del destino) tenía un componente de reencuentro con la familia. Mi abuelo procedía de Nápoles y yo nunca había estado allí.
Todos los tópicos de Nápoles me vinieron a la imaginación: el tráfico caótico (yo que tenía que alquilar un coche y conducir), la basura en las calles, la ropa tendida, el Vesubio y Pompeya, el milagro de la sangre de San Gennaro, Maradona y el estadio de San Paolo, la gente hablando a voz en grito y gesticulando, y también la camorra. Una ciudad cuya área metropolitana tiene más de 3 millones de habitantes da para todo eso y mucho más.
A la hora de planificar el viaje las posibilidades de Nápoles eran múltiples y en un viaje de sólo 4 días y 3 noches había que seleccionar muy bien entre toda la oferta. Mis planes quedaron definidos con una visita al centro histórico el primer día, subida al Monte Faito y al Picco Sant’Angelo y posterior visita a Sorrento el segundo, subida al Vesubio y luego a Pompeya el tercer día, y para acabar el cuarto día el reencuentro familiar.
El día de la llegada fue algo decepcionante. Nos recibe la lluvia. Para recoger el coche de alquiler te meten el miedo en el cuerpo, no aparques en la calle, vete con cuidado, no dejes nada a la vista (bien pensado, solo se trataba de aplicar el sentido común). La llegada al hotel, en la zona de Poggioreale (¡donde está la cárcel!) tampoco es muy alentadora. Nos trasladamos al centro histórico, donde pudimos visitar la impresionante muestra de pesebres (presepi) artesanales que se organiza cada Navidad, comprar los peperoncini portafortuna o los pulcinelle típicos de Nápoles, pasear por Via Toledo, la calle más importante de Nápoles, y finalmente recoger nuestras bicicletas de alquiler. Para el alquiler contactamos con Jerry, de la empresa “That’s amore”, un tipo que está on-line permanentemente y te pone las cosas fáciles. Capaz de alquilarte una bicicleta en cualquier parte de Italia y de ponerte un guía donde lo necesites. Si queréis alquilar una bici en Italia no dudéis en contactar con él: http://www.rentalbikeitaly.com .
Una vez recogidas las bicicletas (unas flamantes Bianchi blancas) en una céntrica tienda de bicis napolitana, volvemos al hotel y por el camino, entre la lluvia y los cristalitos de unas zonas con limpieza deficiente, pinchamos dos veces. El remate de un día mediocre, no fue el mejor principio de una pequeña escapada vacacional. Pero hay que ser positivos, ¡desde este punto sólo podemos ir a mejor!
De momento el día siguiente amanece cubierto pero sin lluvia, eso ya son buenas noticias. Nuestro primer día de bici incluía dos subidas; la primera de ellas era el casi desconocido Monte Faito, a 1.140 metros, una elevación notable si consideramos que subimos desde el nivel del mar. De las dos posibles vertientes, Castellammare y Vico Equense, subimos por esta última ya que los accesos son más fáciles de localizar, dato siempre a tener en cuenta cuando uno cuenta con el tiempo justo. Se trata una subida de 15 km que podemos distinguir tres partes muy diferentes, una zona que lleva hasta Moiano con rampas muy duras y bastante tráfico, una segunda parte sin coches, muy aérea con curvas muy amplias y preciosas vistas sobre la costa de Sorrento por un lado y hacia el Vesubio por el otro, y una tercera parte de 3 km dentro de un bosque muy cerrado, hasta llegar a la estación del funicular (funivia) que podemos considerar el final de la ascensión, aunque los lugareños nos indicaron que el punto más alto al que llegaba la carretera era realmente la iglesia de San Michele, algunos metros por encima. Me doy por más que satisfecho con coronar donde el funivia, y que el tiempo nos haya permitido subir sin lluvia, en contra de las previsiones del día anterior.
La segunda subida del día era el Picco Sant’Angelo, una subida sin demasiada dificultad, pero con interés mediático y turístico, ya que el año 2009 fue la subida previa al Vesubio en la etapa del Giro. Turísticamente tiene muchos alicientes puesto que las vistas sobre la costa de Sorrento y la isla de Capri, y sobre la costa amalfitana al otro lado (Amalfi o Positano son sus pueblos más destacados). Además, en nuestro caso, el día se fue arreglando minuto a minuto, y al final del día, cuando llegamos a la cima, el cielo estaba totalmente despejado y pudimos gozar de las mejores vistas sobre el volcán de toda nuestra estancia. Como digo una subida sin una gran dificultad a nivel ciclista (corona a 478 metros en poco más de 9 km), pero con la recompensa de la foto junto a la imagen del Santo al llegar a la cima.
Y el segundo día de bici por fin llega el Vesubio, posiblemente el momento más esperado del viaje por muchas razones. Se trata de uno de los volcanes más activos de Europa (después del impronunciable volcán islandés que bloqueó el espacio aéreo hace un par de años), con tres erupciones durante el Siglo XX (años 1906, 1933 y 1944). Un volcán que tiene entre sus víctimas pueblos enteros como Pompeya o Herculano, ciudades a la que sepultó con su erupción del año 79 d.C. Las imágenes del cráter (de 800 metros de diámetro nada menos) son realmente espectaculares y pretendíamos verlas en primera persona.
A nivel de historia ciclista también tiene el Vesubio un atractivo especial, puesto que el Giro d’Italia ha subido en dos ocasiones ahí arriba y curiosamente en ambas ocasiones un ciclista español triunfó. Fueron los años 1990 (victoria de Eduardo Chozas) y 2009 (victoria de Carlos Sastre).

Los datos de la subida tampoco están nada mal, puesto que en poco menos de 11 km se suben casi 900 metros de desnivel. No está mal si consideramos que íbamos a subirlo en pleno invierno y fuera de forma, como era nuestro caso.
El día estaba dedicado íntegramente al Vesubio. Por la mañana subimos en bici hasta la cima con nuestro guía acompañante Massimo, un verdadero experto de la zona. El principio de la subida (hasta llegar al abandonado Observatorio) está repleto de obras escultóricas hechas con piedra volcánica. Incluso pasamos junto a un solidificado río de lava que nos va poniendo en situación. El tiempo se iba complicando cada vez más e íbamos derechitos a lo más denso de la niebla. La subida en sí se hizo bastante dura y las rampas en muchas ocasiones superaban el 10%. Es temporada baja y no hace muy buen día, con lo que no encontramos muchos coches ni, obviamente, muchos ciclistas (alguno sí que pasamos). Venir en verano debe ser muy diferente.
Una vez llegados al final de la carretera se puede acceder al cráter (eso sí, después de pagar 8 Euros) a través de un camino de cenizas volcánicas que tiene todavía restos de nieve a los costados. Quizás son 500 metros de camino para llegar al sendero que bordea el cráter. Lástima que la visibilidad era nula y el grandioso espectáculo que esperábamos se quedó en nada. Una lástima, pero el que no arriesga no gana y no teníamos más opciones que intentarlo…
Ya de regreso decidimos continuar en bici hasta Pompeya, a poco más de 20 km de Torre del Greco, lugar donde habíamos iniciado la ascensión unas horas antes. Llegando a Pompeya entramos de lleno en el típico adoquinado de la Campania (la región cuya capital es Nápoles), unas losas grandes deslizantes, colocadas en diagonal, que son perfectamente ciclables pero que te hacen estar atento en todo momento.
La pena fue que no teníamos horas de luz para poder hacer una visita de Pompeya como nos hubiera gustado. Otra vez tenemos que pasar por taquilla (esta vez 11 Euros) para acceder a las excavaciones. Una hora visitando Pompeya sólo da para ser conscientes de la magnitud de las ruinas y experimentar la extraña sensación de que los romanos se fueron de ahí el día anterior. Seis metros de cenizas (que no de lava) sepultaron esta ciudad y dejaron las calles, las casas, los palacios y los murales perfectamente conservados. Impresionante.
El último día aparcamos las bicis y lo dedicamos a otros menesteres. Debía reencontrarme con una parte de mi familia, precisamente la que me da mi primer apellido. Para llegar a la cita tuve que probar el tráfico napolitano, un día especialmente duro, puesto que por la noche llegaba la bruja Befana (que deja los juguetes a los niños italianos, en lugar de nuestros Reyes Magos). El centro de Nápoles un día así no te deja opción. Entrar en la rotonda de la céntrica Plaza Garibaldi es un deporte de riesgo en el que solo sobrevives si te pones las pilas y conduces como ellos. Si no, no te mueves.
Ese día, tras el encuentro, entre café y panetone, hablando con mi desconocida familia, descubrí por qué soy un apasionado del deporte. Conocí a una prima de mi padre, Nora, que con 81 años sigue haciendo deporte cada día. Nada y compite todavía en los campeonatos italianos. Es dinámica, jovial, divertida, vital. Lo descubrí comiendo unos espléndidos spaghetti con gamberoni en el Club Posillipo, del que ella es socia emérita. Me sentí orgulloso de ser parte de su familia y también un poco italiano.
La conclusión que saco al final del viaje es que ha sido tremendo. Viajar es siempre una experiencia enriquecedora pero no puedo dejar de recomendaros especialmente que vayáis a Nápoles. A nivel de turismo urbano, te enamora con su centro histórico y con sus calles llenas de historia y modernidad a la vez. Visitarla en Navidad es un regalo adicional con los pesebres, los puestos callejeros, las luces de la Via Chiaia y sus tiendas. Vesubio y Pompeya. La costa de Sorrento, la costa amalfitana y la isla de Capri son otros destinos de obligada visita. Y no es sólo eso. Como dice un amigo mío, comer mal en Italia es imposible, aunque te lo propongas. Los Spaghetti alle vongole, la sfogliatella, los funghi ripieni, la parmeggiana... Se me hace la boca agua.
Y es que para mí en este viaje la protagonista principal esta vez no fue la bicicleta. Ni siquiera el Vesubio y su cráter. Ni todo lo que os dije en el párrafo anterior. Esta vez la protagonista fue mi tía Nora. Sin habernos visto nunca me hizo sentir como si comiéramos juntos cada domingo.
No tengo ninguna duda: yo de mayor quiero ser como ella.

sábado, noviembre 12, 2011

Londres 2011, año 1 antes de las Olimpiadas.

Visitar Londres es una experiencia enriquecedora desde todos los puntos de vista. Esto no pretender ser una recopilación de todos los tópicos visitables en Londres, sino un simple recuento de los lugares que tenía en mi lista de deberes.

Culturalmente la visita al Museo Británico es obligada, con la Piedra de Roseta, los frisos del Partenon ateniense, las momias egipcias y la Carta Magna de Juan I como sus principales reclamos. Otros museos que no podemos obviar son la National Gallery y la National Portrait Gallery, o la Tate Gallery. Históricamente cabe destacar El Palacio de Buckingham con su cambio de guardia en días alternos. La Torre de Londres, que no es Torre, con su oscuro pasado de ejecuciones, vecina del Tower Bridge (no confundir con el Puente de Londres), el Big Ben, la Westmister Abbey, y por supuesto la Catedral de St. Paul, cuyo principal mérito sea probablemente haber sobrevivido a los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial (ver foto más abajo). A nivel turístico hay que visitar Picadilly Circus, la respuesta londinense a Times Square, los mercadillos de Camden, Portobello o Notting Hill.

A pesar del amor incondicional por las tradiciones que sienten los ingleses, no hay que dejar de lado las nuevas atracciones londinenses, entre las que destaca la gigantesca noria (el London Eye) que se instaló junto al Támesis a principios de este siglo XXI y que se convirtió en atracción permanente, cuando había sido diseñada para un uso temporal. Las vistas son imponentes, a más de 135 metros de altura. Más que recomendable. Otra de esas atracciones modernas sería el Puente del Milenio, diseñado por el arquitecto más famoso del mundo, el londinense Norman Forster, para mí totalmente decepcionante y más cuando uno se entera de que costó 19 millones de Libras. Para indignarse...

Pero en lo deportivo, que es lo más me interesa, Londres es una ciudad con muchos destinos. Mi interés se concentró en dos de ellos: Wembley y el nuevo Parque Olímpico situado en Stratford, que incluye el estadio olímpico, el velódromo, las piscinas y el Palacio de Basket. Correr en Hyde Park también hubiera sido una buena toma de contacto con el deporte amateur londinense, pero una inoportuna lesión me privó de ese privilegio.

Para el amante de los deportes, Londres tiene muchos más lugares que serían dignos de una visita. Para empezar los estadios de futbol de los equipos londinenses: Stamford Bridge (Iniesta!), el campo del Chelsea, Emirates el impresionante campo del Arsenal, White Hart Lane el campo del Totenham. Eso sólo por citar los campos de los equipos más prestigiosos, porque también son londinenses el West Ham o el Queens Park Rangers. Más allá del fútbol, qué decir de las pistas de Tenis de Wimbledon donde el mes de Junio se celebra el Torneo de Tenis más clásico del Grand Slam. Y si os digo que Wimbledon es al Tenis lo que Twickenham es al Rugby entenderéis la trascendencia de ese campo de Rugby. Pero no había tiempo para todo y tuve que concentrarme en Wembley y el Parque Olímpico. Wembley es el estadio de futbol de la selección inglesa de fútbol y el estadio donde se juega la final de la FA Cup inglesa, no en vano el estadio es propiedad de la Asociación de Futbol (FA) inglés. Al nuevo estadio de Wembley nos recibe una estatua de Bobby Moore, uno de los internacionales ingleses más reputados y prestigiosos de la historia y, fundamentalmente, capaitán de la selección inglesa que se proclamó campeona en 1966. El estadio de Wembley también será protagonista en la final de futbol de los JJOO del próximo verano, igual que ya lo fue de los JJ de 1948. Especialmente destacable la victoria del argentino Delfo Cabrera en la prueba de maratón, que acabó en el estadio. Pero si algo marca la historia del viejo estadio de Wembley, inaugurado en el año 1923, es la final de la Copa del Mundo de Futbol del año 1966, que se disputó en Inglaterra y fue ganada por sus anfitriones los ingleses, en la que hasta la fecha es la única. Una polémica final enfrentó a Inglaterra y Alemania, en la que un gol fantasma de Inglaterra allanó el camino de la victoria por 4-2.

Para mí, Wembley es mítico y siempre lo será por las dos victorias de Champions League del Barcelona, una el año 1992 con el famoso gol de Koeman a la Sampdoria, y la segunda el pasado mes de Mayo frente al Manchester United en un partido en el que el Barça de Guardiola llegó a su máxima expresión. Wembley ha sido escenario de otros múltiples eventos deportivos históricos, entre los que quiero recordar, a los pocos días de la muerte del mítico Joe Frazier, el combate que disputaron Cassius Clay y el londinense Henry Cooper en 1963, en el que el inglés derribó a Muhamad Alí aunque acabó perdiendo.

Por lo que hace referencia al segundo objetivo de mi tour deportivo en Londres, debo decir que fue un verdadero fracaso, puesto que el Parque Olímpico, ubicado en East London, exactamente junto al conocido Centro Comercial de Stratford, está cerrado al público a 9 meses de los Juegos Olímpicos, aunque algunas de sus instalaciones ya han sido finalizadas e incluso inauguradas. El Estadio Olímpico, fue construido por alrededor de 8 mil trabajadores y cuenta con una capacidad para 80 mil personas. Su coste no superó los 552,8 millones de euros, el estadio será el principal escenario en los Juegos Olímpicos de 2012 y es la segunda obra de gran escala que se finaliza, después del velódromo. No hay que olvidar la tradición británica del ciclismo en pista, no en vano los grandes estandartes del ciclismo inglés actual proceden la pista (Wiggins y Cavendish). Los ingleses fueron también los grandes triunfadores del ciclismo en pista en las pasadas Olimpiadas en Pekin 2008 con 7 oros nada menos.

Junto al Estadio Olímpico sí que pudimos observar una torre roja en espiral, diseñada por el artista angloindio Anish Kapoor, que se alzará sobre el Parque Olímpico de Londres 2012 como símbolo de esperanza. La torre de 19 millones de libras consiste en gigantes figuras de acero enrejado entrelazadas y es más alta que la Estatua de la Libertad de Nueva York. También es más alta que el Big Ben, pero de menor tamaño que la Torre Eiffel en París, la torre de 115 metros es un «símbolo del dinamismo de una ciudad que viene saliendo de la recesión», según dijo el alcalde Boris Johnson. El Centro Acuático, donde se desarrollaran las pruebas de natación y saltos, es otra construcción espectacular con forma de cola de delfín, sencillamente genial.

Me quedé con las ganas de poder ver todas estas maravillas por dentro, pero cuando el próximo verano vea las Olimpiadas por la tele (los precios de Londres ya son caros, imaginaros en unos JJOO) me imaginaré terminadas todas esas obras que yo pude ver en la lejanía...

jueves, noviembre 03, 2011

El espectáculo de Grossglockner y el glaciar Pasterze

De Dolomites 2011
El monte Grossglockner es, con 3798 m., el pico más alto de Austria. No, allí no se puede llegar con la bici de carretera. Pero hay un lugar desde el que se tiene una vista espectacular del Grossglockner, es el Refugio Franz Joseph Höche (2369 metros), un mirador privilegiado no sólo sobre ese pico sino también sobre el glaciar Pasterze, el más grande de los Alpes Orientales. A este refugio se accede desde la carretera que sube al Hochtor Pass (2504 m.), una carretera con un trazado de 48 km que va desde Zell am See hasta Heiligenblut. Esta carretera, llamada Hochalpenstrasse (carretera de los Altos Alpes) es una verdadera atracción turística y se ha vuelto a poner de moda en el mundillo ciclista este año 2011, al ser incluida en el trazado del Giro, el segundo de Contador.
José Manuel Fuente , posiblemente el mejor escalador español de la historia, respondía así a la pregunta de cuál era el puerto más duro que había subido alguna vez: “El Gloscone (respondió literalmente, por Grossglockner). Lo subimos en el Giro del 71 (en mi primer año como profesional) y la etapa la ganó Pierfranco Vianelli (Campeón Olímpico en México y 7º en el Tour del 69). Recuerdo una sensación extraña subiendo aquel puerto, algo así como estar escalando una cuesta sin fin, algo que no se acaba nunca; era un puerto, creo, de unos 30 km. y con rampas del 14%. Aquel año era la Cima Coppi y me lo ganó Vianelli. Estábamos en la frontera con Austria y de verdad que lo pasé muy mal, aunque aquel año terminase ganando la montaña.”

Este año 2011 el Grossglockner volvió a ser incluido en el recorrido del Giro d’Italia, después de 40 años. En un recorrido que, procedente de Italia, tenía 167 km e incluía las ascensiones al Monte Croce Carnico (Plöcken Pass en alemán) y la tachuela del Iselbergpass. En el mes de Mayo, la subida nos ofreció unos paisajes nevados grandiosos, que fueron testigos de la superioridad incontestable de Alberto Contador, que cedió la victoria a José Rujano. La meta se situó en el llano anterior a la subida final al Refugio Franz Joseph Hoche. Ese lugar, una explanada con un parking enorme, es ideal para albergar toda la infraestructura que requiere un final de etapa de estas características. Allí las vistas no son excepcionales. Lo que sí se ve es la tremenda última rampa que en un par de kilómetros alcanza el Refugio. Una rampa constante superior al 13% dentro de una galería que acaba con las fuerzas de cualquiera.
De Dolomites 2011
Yo ya hacía tiempo que tenía ganas de subir por la Hochalpenstrasse, que como decía al principio es una atracción turística de primera magnitud. Se trata de una carretera de peaje (nada menos que 29,00 Euros vale el ticket por acceder a ella). Incluso este año se estudió la posibilidad de que los ciclistas pagaran, como decían Rubén Berasategui y Angel Morales en el número 41 de Pedalier hace unos meses, pero para nuestra tranquilidad este 2011 todavía no lo cobraban a las bicis y hasta donde yo sé, una verdadera movilización de ciclistas en Austria ha impedido de momento que se implante ese peaje.

La historia de esta carretera se remonta a 1922, año en que un grupo de expertos austríacos tuvo la visión de hacer esta carretera “para estimular el turismo y atraer a gente de gran poder adquisitivo”. La carretera seguía el trazado de un camino de antigüedad secular, que ya había sido pisado por los soldados romanos y celtas. Sin embargo Austria, tras la derrota en la 1ª Guerra Mundial, no podía financiar el proyecto y no fue hasta 1929 que la crisis provocó que la construcción de la carretera se convirtiera en un proyecto para crear empleo. En 1930 empezaron las obras y el 3 de Agosto de 1935 se inauguró la carretera del Grossglockner.

Es una subida cuya historia en relación con el deporte se remonta muchos años atrás. La primera carrera de coches tuvo lugar el día siguiente a su inauguración, con 75 pilotos participantes. Siempre ha sido lugar de carreras de coches, motos o bicicletas. La Vuelta a Austria hace obviamente una visita anual al Hochtorpass en su recorrido.
Se estima que unos 20.000 ciclistas pasan cada año (cada verano más concretamente!) por esta carretera, siendo uno de los destinos favoritos de los cicloturistas europeos. Cubierta de nieve durante todo el invierno, hoy en día con 5 máquinas y 10 personas, en 15 días la carretera queda abierta al tráfico. En 1938, se necesitaban 70 días para que 350 personas quitaran manualmente la nieve acumulada...
Hay servicios que facilitan a los ciclistas su escalada. Existe también la posibilidad de tomar el tiempo entre Ferleiten y la Fuscher Törl (lo que se denomina la etapa reina del Glockner), mediante un sistema de cronometraje automático (solo antes de las 9.00 y después de las 15.00 horas). Por un módico precio de 2 Euros sabréis el tiempo exacto de vuestra escalada y éste aparecerá también en Internet a los pocos minutos. Al regreso a Ferleiten hay dos duchas (para hombres y mujeres) donde poder refrescarse tras el esfuerzo.
Pero hay que decir que el verdadero paso de montaña es el Hochtorpass (incluido en el reto BIG, por supuesto), con su túnel en la cima, a una altitud de 2.504 m., que da paso a la vertiente norte, desde la que se puede llegar a otro de los destinos que no os podéis perder, el Edelweisspitze, realmente el punto asfaltado más alto de esas montañas, a 2571 metros. Dos kilómetros adoquinados es el remate final para llegar a este punto culminante, desde la Fuscher Törl.

Nosotros íbamos con la intención de subirlo todo, Hochtor, Refugio, Edelweisspitze... pero la realidad fue que imitamos la etapa del Giro casi al 100% y cuando llegamos a los pies del Hochtor ya habíamos dejado casi todas la fuerzas. Cada uno subía como podía. Siempre hay que buscar el lado positivo de las cosas y a pesar de las escasas fuerzas que me quedaban por lo menos daba las gracias de que el tiempo nos hubiera acompañado y nos hubiera permitido llegar tan arriba, cosa que no estaba tan clara cuando salimos de Italia. A partir de la rotonda que separa los caminos del Refugio y del paso del Hochtor sigo hacia el Hochtor y las cosas se ponen realmente feas, una rampa impresionante de la bienvenida a los últimos kilómetros y a una velocidad mínima paso unas motos de época que nos habían pasado unos kilómetros antes y que ya no podían con la pendiente ni con sus orondos y disfrazados conductores. Si no podía el motor de la moto, mi motorcillo estaba también en las últimas. Me agarro a cualquier estímulo para poder continuar unos metros, pero el aliciente de llegar a Sergi, al que veo haciendo fotos por delante y el aliciente de ver a Julià por detrás, no son suficientes para vencer la tentación de echar pie al suelo. Poco a poco el aire sopla más fuerte y es más frío. Sólo tengo ganas de llegar, ver el túnel de la cima y hacerme la foto junto al cartel. Cuando llego mis compañeros no están y me dice Sergi que por allí no han pasado. Se han ido directos al Refugio Franz Joseph Hoche, seguro. No queda otra. Después de comprar algunos souvenirs en la tienda nos vamos a buscarlos al Refugio. No nos ponemos de acuerdo en qué tramo es más duro, si el final del Hochtor o los últimos kilómetros hasta llegar al Refugio, buen debate organizamos...
De Dolomites 2011
El día se va complicando y en lugar de visitar el Edelweisspitze (el único que nos faltaba de nuestro planning), decidimos quedarnos un buen rato tomando un café en el Refugio Franz Joseph Hoche viendo con un ojo la etapa del Tour, y con el otro el impresionante glaciar Pasterze, cuyas dimensiones se han visto reducidas de forma dramática desde el año 1846, en que se empezó a medir científicamente. El hielo ha perdido en este tiempo más de 200 metros de altura en la lengua del glaciar, y su longitud se ha reducido en 1.800 metros. El panorama es tal que al ritmo que vamos, en 80 años el glaciar habrá desaparecido.

El frío fuera es intenso, tanto que incluso acortamos la sesión de fotos habitual. La vertiginosa panorámica podemos apreciarla también desde las cristaleras del restaurante, y en algún momento las nubes incluso nos permiten ver el pico del Grossglockner.

En fin. Una experiencia de las que recordaremos durante años. Un recorrido que podría situarse sin duda en las primeras posiciones de los recorridos más espectaculares que se pueden hacer en bici. En competencia, sí, con algunos recorridos en los vecinos Dolomitas, pero la subida al Hochtor Pass y las vistas desde el Refugio Franz Joseph Hoche son la “creme de la creme” del cicloturismo en el mundo. 20.000 ciclistas al año no pueden estar equivocados.

viernes, octubre 21, 2011

Las 3 Cimas de Lavaredo, y el caso de la cima robada.

(Publicado en el n.45 de la revista Pedalier)


Las 3 Cimas de Lavaredo son una de las imágenes más típicas de los Dolomitas. Su inconfundible foto ilustra la portada de muchos libros dedicados a esta cadena montañosa. Tres Cimas, Tre Cime en italiano, Drei Zinnen en alemán. Ni siquiera hace falta ponerles apellido. Las 3 cimas son mundialmente famosas. Pero ahora tengo que reconocer que después de estar allí no las vi. Y esta vez no fue culpa del tiempo o la niebla que no pudiera ver el objetivo de mi escalada. Regreso a casa habiendo visto solamente dos de ellas. La tercera desapareció.

El primer recuerdo que tengo de las 3 Cimas de Lavaredo tiene que ver con José Manuel Fuente en el Giro d’Italia, en esos Giros que disputaba con Merckx, sería el año 74. Con 10 añitos ya formaba parte de mis sueños ciclistas. Odiaba a quien se confundía y las llamaba lavadero, en lugar de Lavaredo. Qué manera de desprestigiar un destino tan singular y con tanto significado, no sólo para los amantes del ciclismo sino para los amantes de la montaña en general. No en vano las 3 cimas son también un desafío para los escaladores. Precisamente mientras preparaba este artículo murió Walter Bonatti, uno de los más grandes alpinistas de la historia, el último escalador tradicional, que tiene en su haber la escalada de la cara norte de la Cima Grande, en los años 50. Se trata de una de las grandes caras norte de los Alpes.

El destino quiso que una de mis bicicletas fuera una Wilier Lavaredo azul que me ha acompañado a tantos sitios. Hace ya un tiempo compré una Scott pero esa Wilier sigue siendo mi segunda bici, la que me llevo por ahí cuando tengo que coger el avión. El “muletto”, como le llaman los italianos al segundo coche de la fórmula 1. Me gusta llevar sobre la bici un nombre que evoca lo mejor de lo mejor del cicloturismo y del ciclismo profesional.

El Giro de Italia popularizó las 3 cimas en los años 60 y 70. En el Giro de 1967 la 19ª etapa, disputada bajo la nieve, supuso la primera vez que las Tres Cimas de Lavaredo se ascendían en un Giro. Aquel día, Gimondi cruzó el primero la línea de meta, seguido de Merckx y Motta a pocos segundos. Sin embargo, la etapa fue anulada debido a irregularidades y empujones por parte de los aficionados. En 1968 se volvió a subir y fue una de las primeras exhibiciones de Merckx en el Giro, remontando en un día gélido a todos los ciclistas que le precedían de una escapada inicial. Ese día se inició la era del Caníbal.

En el año 1974 nuestro José Manuel Fuente también protagonizó otra de sus victorias más sonadas. En 1981 fue el turno de escalador suizo Beat Breu y otro escalador imperial como Lucho Herrera ganó en 1989. Es una subida que no admite vencedores mediocres. O sí, hasta hace poco. En 2007, en un Giro durísimo donde también se subió el Zoncolan, una etapa acabó en las 3 cimas con la victoria del inefable Riccardo Riccò delante de su compañero de escuadra Piepoli, en unos días en que los corredores de Saunier Duval volaban. En fin. Sin comentarios.

Toda esta historia estaba frente a mí, cuando veníamos precisamente del Zoncolan. Habíamos dibujado una etapa en la que había una larguísima aproximación desde Paluzza, pasando por Auronzo di Cadore.

Pasada la rotonda que dejaba a la izquierda el Colle Tre Croci, que al día siguiente nos llevaría hasta Cortina d’Ampezzo, empieza propiamente la subida hacia Misurina y las 3 Cimas. Unas primeras rampas importantes nos dejan en un llano con una visión impresionante de dos picos muy juntos que luego sabríamos que eran 2 de las 3 famosas cimas. Al fondo, un gran edificio también es visible. Por un momento recuerdo el Hotel Overlook de “El resplandor” de Kubrik. Es el hotel que da paso al maravilloso Lago Misurina. Por su grandiosidad el Grand Hotel Misurina (que es como realmente se llama) parece que esté ahí solo, pero a medida que te acercas al lago te das cuenta del volumen de turismo que mueve la zona y la cantidad de hoteles que hay al lado.
El Lago Misurina es un lugar turístico de primer calibre. La perla de los Dolomitas, como se le llama. Un hotel y otro se suceden alrededor del mismo, y los autocares de turistas circulan y aparcan a duras penas a nuestro alrededor. El lago queda rodeado de montañas, un circo glaciar a un lado, las dos cimas visibles de Lavaredo al otro. El espectáculo es sobrecogedor aunque el ruido y la presencia de los autocares y los turistas le quita una parte del encanto. El lago es de origen natural: la temperatura de su agua va de 12° a 16°C durante el verano, mientras que en invierno queda helado; en efecto, en invierno la temperatura puede bajar hasta -25° C bajo cero, y se ven abundantes nevadas. Por eso, Misurina es muy famosa como centro turístico en invierno, por las pistas de esquí a su alrededor. Sin olvidar que en el mismo lago se disputaron las pruebas de patinaje sobre hielo en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1956.
Una vez rebasado el llano que supone el paso junto al lago, se reinicia la subida con otra dura rampa del 18% que nos llevará al Lago Antorno, precisamente donde nosotros teníamos nuestro hotel. Como digo, una rampa muy dura nos lleva dicho lago, mucho más pequeño y menos explotado que el de Misurina. Otra vez el paso por el lago supone un descanso en forma de llano. La subida continúa con un tramo más digerible hasta que llegamos al peaje (para vehículos con motor, afortunadamente). Pasado el peaje ya se inicia lo peor. Si en Misurina estamos a 1.754 metros, a partir de ese momento no hay descanso posible, seran 4 kilómetros de durísima subida a un desnivel medio del 11,7% para coronar a una altitud de 2.299 metros. Curva y contracurva con rampas de dos dígitos entre unos paisajes alucinantes que apenas tenemos fuerzas para admirar. Por eso las fotos de Sergi son siempre tan importantes para nosotros, nos ofrecen aquella visión que nosotros no hemos tenido o simplemente que teniéndola ahí enfrente el esfuerzo y el cansancio no nos ha permitido un momento de lucidez para apreciarla. Ese fue uno de esos días que las fotos te descubren más de lo que viste.

Buscamos las 3 cimas y no vemos claro dónde están. Vamos en la dirección de las dos cimas que veíamos abajo, pero no aparece la tercera. Cualquier grupo de cimas que apreciamos durante la subida es sospechoso de ser lo que buscamos. Pero no tenemos ninguna certeza.

Llegando arriba, al parking, disfrutamos de unas vistas tremendas al pie de los paredones impresionantes de las dos cimas, con unos aluviones de piedra que parece que vayan a deslizarse en cualquier momento. Sí, eso debe ser difícil de escalar, no hay duda. Bajamos un poco para llegar al Rifugio Auronzo, típico bar restaurante de montaña donde es posible comprar algún souvenir y también poder avituallarse después de haber subido en bici o después de haber regresado de un trekking por la zona.

Y no fue hasta que llegamos abajo de nuevo, al Hotel Lago Antorno, cuando resolvimos el caso de la cima perdida y descubrimos que para poder observar la famosa postal de las Tres Cimas que ilustra las portadas de los libros sobre los Dolomitas, hay que caminar un buen rato (cerca de una hora). Sólo entonces es posible ver la más famosa imagen de las 3 Cimas de Lavaredo. Poco antes de la cena el propietario del hotel nos explicó la verdadera historia de la tercera cima, y que realmente no había sido robada. Es la típica broma que repite una y otra vez a los clientes que se acercan al hotel.

La moraleja es muy simple, los viajes hay que prepararlos con mimo, pero nunca hay que dejar de preguntar a los lugareños, emplear un tiempo en obtener información, en hablar de banalidades, incluso. Hay conversaciones que merecen todo un viaje.

sábado, octubre 15, 2011

Duatló de Muntanya de Queralbs 2011


Por cuarta vez corría este Duatlón de montaña. Acompañar a amigos nuevos y bajar mi marca personal eran mis objetivos. La experiencia es un grado y este duatlón supone un verdadero estrés la primera vez que lo corres, pero cuando ya llevas tres y además has reconocido el terreno recientementemente y sabes lo que te espera ya te planteas dónde recortar tiempo y algún objetivo más ambicioso.

Algo de material también podía ayudar. En lugar de las Asics Trabuco que ya tenían más años que Matusalén (esa suela cuarteada y lisa ya no tenía anda que ver con una suela de una zapatilla de montaña), las cambié por unas nuevas (y carísimas) Salomon XT Wings. Sólo espero que me duren tantos años como las Asics. Incluso el cordaje de esas nuevas Salomon (curioso sistema de ajuste rápido) iba a ayudar a rebajar el tiempo en las transiciones.

La preparación de este año fue la que se demostró correcta el año pasado: subida tipo duatlon al Matagalls, unas cuantas salidas en bici (Turó de l’Home, Mont Ventoux, Parpaillon, etc.), entrenamiento a pie por Collserola, y además en Agosto subí al Canigó también tipo Duatlon. Por si fuera poco hice un reconocimiento del tramo a pie Fontalba-Fontalba dos semanas antes de la prueba.

Y todo por intentar bajar ni que fuera un segundo el tiempo que había conseguido el año pasado.

Por una vez llegamos algo más pronto a la salida, con tiempo para entregar la bolsa que encontraremos en la transición a la furgoneta de la organización. Ahí puse de todo por si acaso: un montón de comida, de bebida, guantes de frío polar, buffs, manguitos, chubasquero… Los últimos años subí con la mochila a cuestas, con lo que supone el peso adicional, o sea que este año tenía que subir más ligerito y por tanto más rápido. Llegar sobre las 7,30 para entregar la mochila no garantiza salir de los primeros, más bien sobre la mitad o más atrás.

El tramo en bicicleta ya me lo sé de cada año. Durante el primer kilómetro y medio que está asfaltado no me siento (debo ser el único que va de pie) intentando adelantar posiciones. Me encuentro muy bien y no voy a tope. Al llegar arriba veo en mi cronómetro 1:07 en lugar de 1:10 del año pasado. Vamos bien. Me tomo la transición con calma. Quizás demasiada. Como algo, dejo el casco, cojo la gorra, me calzo las Salomon con algo de parsimonia. Cuando empiezo a subir y el aire gélido empieza a soplar me doy cuenta que me he dejado en la bolsa el chubasquero y las gafas de sol. Pues vaya. No voy a volver, está claro.

La subida al Puigmal se me hace especialmente dura sobre todo por el aire que sopla cada vez con más fuerza. A veces me cuesta mantener el equilibrio. Noto que no voy bien, que me duelen los gemelos de ir tan inclinado, que me va pasando mucha gente. Llegando arriba echo en falta las gafas. Llevo el Buff subido hasta los ojos y la gorra calada en permanente peligro de salir volando, pero los ojos al descubierto. Al paso por la cruz el viento sopla al máximo y se me vuela la gorra. Miro atrás y veo que milagrosamente está quieta ahí a 100 metros cuando yo ya la imaginaba en Ribes por lo menos. Como no es mía decido volver a por ella, un minutito y 10 posiciones perdidas. Quién sabe si luego iba a echar en falta ese minuto.

El principio de la bajada está emblanquinado por la nieve que cayó hace unos días. Nada serio, aunque sí algo resbaladizo. La gorra vuelve a volar y el milagro de poder recuperarla vuelve a producirse. Bajando también me pasa gente (no en vano en el tramo a pie quedaré en la posición 197, mientras en la bici había quedado el 179) y solo al descender la pendiente me empiezo a encontrar a gusto y poder correr de una manera más normal! Al paso por el avituallamiento hago un cálculo rápido de lo que me espera i en cuánto puedo terminar y no me salen los números. Me empiezo a comer la cabeza con los cálculos. Cosas que pasan cuando el corazón va a 160 pulsaciones y la cabeza no recibe el riego sanguíneo que debiera...

Por cierto que en el avituallamiento escucho como una de las chicas que da los refrescos le dice a un novato que ya “solo quedan 5 km. basicamente de bajada”. “No le hagas ni puto caso” (me sale del alma), “te queda un tramo durísimo, es horroroso”. Sería por conocerlo bien, pero es en este tramo donde mejor me encuentro de todo el duatlon. Adelanto por lo menos a 15 personas y no me avanza nadie. Cuando llego a la transición vuelvo a calcular y veo que me pueden salir los números y hacer record personal. La transición tampoco es un dechado de rapidez. Habrá que jugarse la vida bajando, je.

La bajada la hago más rápido que otros años, sin tocar en freno en las rectas y jugándome un pinchazo en cualquier momento. Rezo para que no pase. En algunas curvas cerradas hay que apurar, pero las negocio sin demasiados problemas excepto una ya asfaltada al final, en la que casi ve voy contra la pared. Un aviso de lo que me sucedería más tarde.

No quiero ni mirar el reloj hasta que pase la linea de meta, aunque sé que puedo estar cerca de los 3:56:35 del año pasado. En el cronometro me marca 3:56 pero de los segundos no estoy seguro porque entre la salida real y mi paso por la salida pasaron bastantes segundos, aunque ahí no había alfombrilla... Tendré que esperar a media tarde a consultar las clasificaciones por Internet y darme cuenta que por 12 miserables segundos no fui capaz de superarme. He hecho 3:56:47. Mierda. Si no hubiera sido por el aire, por la gorra, por lo lento que fui en la transición, por, por, por....

Acabo y voy a buscar el coche, ya ha terminado todo. ¿Terminado? No. Bajando por la carretera de Queralbs a Ribes voy bajando fuertecito y en una de las curvas a izquierdas veo que no llego para plegarme, freno a tope y la bici se me va de atrás. El resultado es que me voy contra el murete, golpeo en él y salgo disparado hacia el bosquecillo que hay más abajo. Estoy volando. Ay, ay, ay, pienso en esos momentos. En seguida noto que golpeo con mi espalda en algunas ramas y todo pasa muy rápido. En décimas de segundo estoy sentado en el suelo con sangre en las manos y gente unos 5 metros arriba preguntando si les puedo oir y si estoy bien. Al final, un buen susto, pero nada de nada. Tras un breve paso por la ambulancia (betadine aquí, betadine allá) llego a tiempo de ver la entrega de trofeos donde debería haber estado mi compi Asun, tercera en su categoría. Felicidades, crack!

En fin, no se puede decir que fuera el mejor de mis cumpleaños (sí, era el día de mi cumple!), pero tampoco me puedo quejar. Es más, por primera vez, solo terminar tengo la convicción de que el año que viene volveré. Otros años tiene que pasar un poco de tiempo y que me empiece a olvidar del sufrimiento agónico subiendo el Puigmal, pero este año ya tengo claro que en el 2012 volveré para bajar mi tiempo. Sé que lo puedo hacer.

martes, septiembre 27, 2011

Dolomitas: No sufráis, volveremos.

(Publicado en el n.44 de la revista Pedalier)



(Fotografía Sergi Ros)
Probablemente nuestro entrenamiento no fuera el suficiente. Tampoco el desarrollo que llevamos era el adecuado en muchos casos. Incluso es cierto que el tiempo que nos encontramos no fue el mejor. Pero esta semana que pasamos en los Dolomitas y los Alpes Centrales (aunque los llamaremos Dolomitas a partir de ahora por simplificar) nos dejó un recuerdo que no olvidaremos fácilmente, por los paisajes vistos, por las experiencias vividas, por la dureza de sus pendientes. Los Dolomitas siempre son especiales y más si la gente que te acompaña mientras disfrutas esos paisajes comparte esa pasión por la montaña.

Antes de seguir, un par de matices que os podrán resultar de interés. Ante la disyuntiva de ir en Julio o en Agosto, nosotros nos decantamos por el mes de Julio siguiendo las recomendaciones de gente que sabe de esto, como Angel de Terradiversions. Julio por el tiempo climatológico más benigno, Julio por la menor densidad de tráfico en las carreteras (coches, ¡pero sobre todo motos!) y Julio por los precios de los hoteles, que en Agosto hacen temporada alta (lo que se llama vulgarmente ponerse las botas). Oyendo todo esto no nos quedaron dudas y planificamos las vacaciones la primera semana de Julio, con lo que además coincidimos con mucha gente que estaba preparando la prueba cicloturista de esa zona por antonomasia: la Maratona dles Dolomites, que este año se disputó el día 10 de Julio.

Había que aprovechar el tiempo al máximo, y solo llegar al aeropuerto de Venecia, de camino a Paluzza y a la frontera austríaca, donde teníamos nuestro primer campo base, decidimos pasar por el Passo San Boldo, un puerto extraordinario y singularísimo que os explicaremos con detalle en un próximo número de Pedalier. Sólo os adelanto que nunca ví un puerto como ese.

1ª etapa: Paluzza-Hochtor Pass
Empezábamos la semana con un verdadero reto. Una ruta que fusilaba los últimos kilómetros de la etapa que finalizó en el Grossglockner en el pasado Giro d’Italia, con la diferencia de que ellos se quedaron en poco más de 2.100 metros, sin llegar arriba del todo. Nuestros planes era ambiciosos y pasaban por subir al Hochtor Pass (realmente el paso de montaña de una vertiente a otra), luego llegar a Edelweisspitze y regresar subiendo al Refugio Franz Joseph Hoche. Con el Hochtor nos bastó....
El primer paso del día era el Monte Croce Carnico (Plöcken Pass en su vertiente austríaca) y después lo que supuestamente era un terreno llano hasta la base del Hochtor era en realidad un sube baja con dos puertos (sobre todo el Iselbergpass) de considerable dureza. Las fuerzas estaban intactas, o sea que Javi se pone a tope desde la primera rampa! Uf!
Por fin estábamos en Pockhorn, al pie de una de las carreteras más espectaculares de los Alpes y de toda Europa, la Hochalpenstrasse, 48 kilómetros que llevan de Heiligenblut a Zell am See. Una carretera de peaje, nada menos que 29,00 Euros por vehículo, e incluso se está estudiando la posibilidad de que las bicis paguen también peaje... En esa carretera hay 3 destinos principales: el Refugio Franz Joseph Höche, desde donde se puede observar el impresionante glaciar de Pasterze y la cumbre del Grossglockner, el pico más alto de Austria, con sus 3.798 metros. En segundo lugar el Hochtor Pass, el paso de montaña de una vertiente a otra, con 2.509 metros, y por último, el tercer destino se encuentra una vez pasado el túnel que hay en la cima, pasados unos kilómetros a la derecha, la subida al Edelweisspitze, el punto más alto asfaltado de toda esa zona, con 2.538 metros, después de dos kilómetros adoquinados impresionantes.

Nosotros nos dividimos (cosas que pasan por no estudiar el libro de ruta), y mientras yo coronaba mi objetivo BIG, el Hochtor Pass, el resto iba al Refugio Franz Joseph Höche, donde nos reunimos todos finalmente. Un aire gélido dio un tinte épico a la ya de por sí durísima subida (de cualquiera de los dos destinos). Destacar especialmente la dureza del Hochtor después de la rotonda que separa las carreteras que van al Refugio y al propio Hochtor, así como un impresionante túnel llegando al Refugio, con rampas mantenidas a más del 12%. Eso cuando llevábamos más de 100 km en las piernas...

El descenso en furgoneta a nuestro campo base ahorró más de una pulmonía. La indumentaria de los múltiples visitantes del Refugio era de pleno invierno…

Vamos, la etapa ideal. Como bien definió Ludwig (ese alemán con gracia de andaluz que fue el alma del grupo): Así me gustan las etapas, es lo más inteligente: el primer puerto a tope, el segundo a darlo todo y el último, el más duro, súbelo como puedas.

2ª etapa: Paluzza-3 Cimas de Lavaredo. La etapa que teníamos prevista empezaba nada menos que por el Monte Zoncolan. Debo decir que hasta el último momento dudamos si bubir “sólo” Zoncolan o si hacer el Monte Crostis y el Zoncolan, puesto que los propietarios del hotel donde estábamos alojados nos recomendaron una y otra vez subir el Crostis, puesto que estaba recién asfaltado y todavía con las protecciones en el descenso que se habían colocado para el Giro d’Italia. Pero somos gente de ideas fijas (que a veces no es lo mismo que claras) y el que cayó fue el Zoncolan.
Zoncolan por Sutrio no asusta comprado con la otra vertiente, pero es un puerto muy serio con 14 kilómetros y 1.200 metros de desnivel, con tres kilómetros finales a más del 13%, que en invierno es una pista de esquí, así lo atestiguan los cañones de nieve. El 34x27 sacaba humo a una cadencia mínima, pero conseguimos coronar con la sorpresa de que el pequeño monumento que adornaba la cima había desaparecido, no sé si fruto de la nieve o del vandalismo. Con lo fetichista que soy yo de estas cosas...
El descenso del Zoncolan por Ovaro es simplemente bestial. Está jalonado de carteles que recuerdan a los mejores ciclistas de la historia: Coppi, Bartali, Merckx, Gimondi, Bahamontes... Ahí estaban todos, en la que casi con seguridad es la subida más dura de toda Europa. Al llegar abajo todavía permanecía los carteles del Giro y la leyenda “La porta per l’inferno” (no hace falta traducción). Fotos de rigor allí.

Después de eso, ya parecía que el resto del día era de relleno. Qué error. Íbamos en dirección oeste hacia Lavaredo y subimos lo que no está escrito (especialmente Xavi, que hizo la etapa completa!). Para finalmente llegar al espectacular Lago de Misurina con unas vistas indescriptibles y todo el complejo turístico a su alrededor, que da paso a una carretera más estrecha (también de peaje) que llega hasta las 2 cimas de Lavaredo (¿y la tercera?) por otro tramo de casi 4 kilómetros a una media superior al 11%. Menuda gracia, aunque la recompensa del paisaje fue brutal.

Para encontrar la tercera cima de Lavaredo hay que rodear la montaña desde el Rifugio Auronzo (final de la carretera) y sólo después de una caminata de poco más de una hora es posible localizarla y ver la famosa imagen completa del trío de cimas, que estuvimos buscando toda la subida entre jadeos.

3ª etapa: Misurina-Alleghe. Una etapa de recuperación con dos subidas no demasiado exigentes (Forcella Cibiana y Passo Duran), comparadas con las pendientes bestiales que habíamos hecho los días anteriores. El inicio de la etapa es en franco descenso excepto la tachuela del Passo Tre Croci. Tachuela si lo coges desde Misurina, claro, porque desde la vertiente que bajamos son casi 40 kilómetros de larguísimo y bellísimo descenso por el valle de con unas vistas impresionantes a derecha e izquierda. Atravesamos la muy turística localidad de Cortina d’Ampezzo y continuamos bajando hasta la base del primer puerto del día. Ahí Julià se puso las botas llevando al grupo en ese llano descendente
La subida a Forcella Cibiana no es demasiado larga y en su cima se inicia el camino al Monte Rite, a 2.181 metros, donde hay un museo, que me quedé con ganas de visitar, dedicado a Reinhold Messner, uno de los más grandes escaladores (sin bici!) que hayan existido jamás. La panorámica desde el Messner Mountain Museum es espectacular.
Una vez arriba del Cibiana encontramos un grupo de alemanes que están bebiendo cerveza y comiendo embutido, mientras sus bicis están aparcadas junto a la autocaravana que les transporta de un lado a otro. Cuando les dijimos que íbamos a por el Passo Duran se rieron como diciendo “estos no saben dónde van”. Efectivamente no lo sabíamos puesto que lo habíamos subido nunca, pero ellos tampoco sabían posiblemente de dónde veníamos. Qué nos podía asustar después de las pendientes de Zoncolan o Lavaredo.

En Alleghe (atención, pronunciad Álegue) dormimos en el Hotel Alleghe, donde nos atendió su dueño, Silvano Rudatis, un hombre entregado toda su vida a la montaña que nos contó mil cosas interesantes mientras tomábamos un limoncello después de una cena deliciosa, como no puede ser de otra forma en Italia. Nos contó desde la celebración anual de la Transalp (prueba por etapas que atraviesa los Alpes desde Alemania hasta Italia y que alterna un año en BTT con un año en bicicleta de carretera) hasta los recuerdos del inolvidable Pantani en su último año de “dilettante” en la vecina y durísima subida a Pian di Pezzé (en la que sacó más de 5 minutos al segundo clasificado), pasando por su vehemente recomendación de subir al Monte Grappa. Nos enseñó fotos, nos habló de sus muchos clientes ciclistas, en fin, una larga sobremesa muy amena en una mezcla de italoespañol que no dejaba de tener su gracia.

No me resisto a dejar Alleghe sin hablar del mítico Passo Fedaia (la Marmolada), cuya vertiente desde Caprile (a sólo 5 km) es historia del ciclismo. Nosotros ya lo subimos en nuestro anterior paso por los Dolomitas, pero es una subida de las que no se puede pasar de largo.

4ª etapa: Alleghe-Vipiteno. Esta etapa tenía dos variantes. Para los que ya habíamos visitado los Dolomitas en 2005 el recorrido incluía la subida a Falzarego-Valparola, dos puertos encadenados con unas vistas preciosas. Los que no habían estado en 2005 haciendo la Maratona dles Dolomites como yo, les esperaba una buena paliza que sin duda merecía la pena y que sin dudarlo yo hubiera también hecho si las fuerzas hubieran sido las adecuadas: la famosísima Sella Ronda, ese tríptico de puertos encadenados (Sella, Pordoi y Gardena) con probablemente las mejores vistas de los Dolomitas que se puedan obtener. Además el día acompañó y a Sergi, nuestro fotógrafo, se le acumulaba el trabajo. Las vistas en 360 grados eran espectaculares, no sabía por dónde empezar.
Completar ese tríptico de puertos con el Campolongo es el recorrido corto de la Maratona dles Dolomites, que en sólo 57 km reúne lo mejor de lo mejor.
Los dos grupos nos reunimos en La Villa para acometer otro puerto pequeño en popularidad y grandioso en vistas y paisajes como es Paso delle Erbe, un coloso con poco que envidiar a otros puertos con mucho más nombre. En su vertiente de Antermoia, la que subimos nosotros, tras un descanso a mitad de puerto, nos regala un final con 6 kilómetros al 10% de media, para coronar a 2004 metros (a pesar de que el cartel indica 1.987 metros).

5ª etapa: Vipiteno-Passo Rombo. Bueno, esta etapa era la verdadera etapa reina de nuestras vacaciones, puesto que incluía en su previsión las subidas a Monte Giovo, Passo Rombo y Glaciar de Solden, la carretera asfaltada más alta de Europa (nada, una nimiedad, de 13,8 km al 10,4 de desnivel medio). Esta vez Murphy entró en acción, y las previsiones meteorológicas, que preveían desde el inicio que ese jueves íbamos a tener lluvia y frío.
Nada nuevo para aquellos que ya habéis estado en la zona, puesto que el Timmelsjoch (nombre autríaco para el Passo Rombo) es uno de los pasos más fríos de los Alpes, precisamente por su proximidad al Glaciar de Solden. Ya me gustaría poder describiros con detalle la subida, y de hecho mientras tuvimos visibilidad era una cornisa preciosa a media montaña con todo el valle a la izquierda. Eso sí, los últimos kilómetros no pudimos ver nada, con una intensa niebla y una copiosa lluvia que nos dejó a punto para entrar a calentarnos y comer en el refugio que se encuentra en la cima, además de tomar el “te con ron” y el pastel de carne, típicamente austríacos. Un buen momento para degustar especialidades de la zona, mientras el cuerpo intentaba entrar en calor.
La conclusión que yo saco es que el Timmelsjoch-Passo Rombo es un coloso espectacular que no tiene nada que envidiar a los grandes monstruos como Galibier, Tourmalet o Stelvio. 2.491 metros de altitud, casi 30 kilómetros de ascensión y 1.700 metros de desnivel. Eso tiene varias palabras que lo definen: monstruo o coloso serían los eufemismos, puertarraco impresionante sería la definición más coloquial y a la vez certera. Sólo le falta la notoriedad que da estar incluido en el Giro d’Italia, pero desde el mítico 1988 del Gavia, el Passo Rombo no ha sido incluido en el Giro...
El tiempo climatológico no aconsejaba continuar la etapa hasta Solden. Después de que el sentido común se imponga, la mala noticia de que no pudiéramos subir al Glaciar de Solden se convierte en buena al darte cuenta de que eso significa que hay que volver a completar la colección y comprar ese cromito. Allá estaremos un año de estos.

6ª etapa: Val Martello y Stelvio, el remate final. La última etapa incluía la subida a dos puertos grandiosos. Uno conocido por todos y otro que no conoce nadie o casi nadie. Empezamos por Val Martello, otra sabia recomendación de Angel, de Terradiversions. Empezamos la subida tras una charla con un lugareño, que nos aclara varios temas interesantes. Uno de ellos que la avalancha de tierra del día anterior sobre una parte de la carretera, debida a la lluvia, ya había sido solucionada (de ello nos habían advertido en el hotel). Otro tema interesante y sorprendente es cuando nos dice que ellos no son italianos, que ellos son austríacos y que hablan alemán en la familia y en el trabajo. Vamos, nos cuenta lo que él llamaría una ocupación en toda regla, fruto de los acuerdos tras la Primera Guerra Mundial (la “Grande Guerra”).
Val Martello es una subida que lo tiene todo, 100% recomendable. Al principio unos tramos rectos largos muy duros (imaginaros la velocidad en la bajada), después una zona de “tornanti” dura y espectacular, más tarde la llegada a una presa enorme con un paisaje espectacular lo que queda de lo que fue un glaciar a principio del siglo XX (cosas del calentamiento global), y remate final con otra zona de “tornanti” con cartelito del 14% que también pone las piernas a tono. En global, 2.033 metros de altitud, un desnivel de 1.426 metros, para un desnivel medio del 6,1% en los 23 kilómetros de subida.
Por fin el remate de la jornada y de la semana era la subida al Rey Stelvio por la vertiente de Prato. Haber subido el Stelvio por Bormio no debería contar en el curriculum de los cicloescaladores. Y eso es lo que nos ocurría a nosotros, que en 2005 estábamos alojados en Bormio y subimos por esa vertiente. Por eso este año había que sacarse la espina. Pero el cielo quiso que la misma lluvia que nos acompañó en 2005 nos volviera a acompañar 6 años más tarde. Excepto los primeros kilómetros, el agua no dejó de caer aunque por lo menos no había niebla que nos impidiera gozar de las vistas sobre su majestad el Ortles, la montaña que domina el valle con sus glaciares perennes. Y ya llegando arriba, tampoco nos impidió las vistas impresionantes si no de las 48 curvas (todas perfectamente numeradas, en orden inverso), sí de la mayoría de ellas.
Arriba, pillamos el mercadillo del Stelvio en pleno apogeo, ¡podréis encontrar casi de todo!

El epílogo de estas vacaciones fue la ya clásica (en nuestro grupo) contrareloj del último día, en la que el premio para el vencedor es no perder el avión.

Habiendo dormido en Bormio y volando sobre las 14,00 horas desde Milán un grupo decidió madrugar y subir el Gavia. Qué aventura más fantástica empezar a subir el Gavia cuando el sol apenas ha salido y coronar apenas a las 8,00 de la mañana apreciando cómo la salida del sol cambia el color de la montaña. Aunque la definición de aventura sería más adecuada para poder evadirse del hotel a las 5,30 de la mañana, habiendo cerrado todo a cal y canto. Menos mal que nuestro McGyver Jordi logró con un clip hacer una bomba nuclear y pudo hacer que el grupo se escabullera por la conducción del aire acondicionado (¡exagero!).

El otro grupo prefirió dormir un poco más y desviarse ligeramente de su camino a Milán para visitar la Madonna del Ghisallo, el Santuario Ciclista por excelencia, el lugar de peregrinaje de los ciclistas italianos, el lugar de paso anual del Giro de Lombardía, el sitio donde hay un museo ciclista. Independientemente de la fe de cada uno (esto va dedicado a Solans!), para un ciclista es una visita obligada.

La contrareloj de los dos grupos terminó con ocho vencedores y todos pudimos coger el avión como estaba previsto.

Aunque parezca mentira, ahora agradezco no haber podido subir el Glaciar de Solden.
No me arrepiento de no haber subido Zoncolan por Ovaro. Ni de haber renunciado a subir el Monte Crostis a pesar de la insistencia de los lugareños. Ni siquiera haber dejado junto al camino colosos como Paso Rolle o Pian di Corones. Deberemos hacer caso a Silvano y subir el Monte Grappa...Y tampoco renuncio a subir un día el Stelvio sin lluvia, eso sí, por Prato. Y sería un gustazo si un día soleado volviera a coronar el Passo Rombo. Todos ellos son excusas para volver.
Por eso, una vez en casa, cuando los amigos que no pudieron venir me dicen, “que envidia, qué lástima que no pude venir”, yo les digo: “No sufráis, volveremos”.