viernes, julio 05, 2013

Escapada relámpago a los Alpes

 Siempre intento descubrir carreteras nuevas, puertos nuevos, experiencias diferentes.
Pero también hay sitios clásicos, hay lugares que merecen ser revisitados, redescubiertos, volver a saborearlos. Esos lugares nos suenan a todos: Tourmalet, Galibier, Ventoux… En esta ocasión se trataba de volver a visitar el Gigante de la Provenza, el Ventoux. ¿La excusa? Acompañar a un gran amigo, compañero de cientos de aventuras y batallas, con un curriculum intachable, pero con un borrón, le faltaba el Ventoux!!!!

O sea que para acercarse al Ventoux no hace falta unas grandes y largas vacaciones planificadas. Hace falta un fin de semana, eso es todo!

El fin de semana elegido fue el de San Juan, tres días para poder apurarlos al máximo e intentar subir el máximo de cosas posibles. Las ideas se iban acumulando: yo quería subir Mont Colombis y el Granon, Javi quería subir Izoard, al hablar de Izoard apareció por primera vez la posibilidad de subir el Agnello. Una cosa era cierta: no nos íbamos a aburrir!

La primera etapa estaba clara. Había subido el Ventoux en tres ocasiones y en dos de ellas había hecho Bedoin-Ventoux-Chalet Reynard-Sault-Gorges de la Nesque-Bedoin. Un recorrido precioso, espectacular, rápido, variado. No se puede pedir más. La tercera vez lo que hice fue Malaucene-Bedoin-Ventoux-Malaucene. Muy bien, tenía ganas de conocer la última vertiente del Ventoux, una etapa un poco más corta. Pero esta vez volvía al recorrido original por les Gorges de la Nesque.

De nuevo (igual que las 3 veces anteriores) el día nos acompañó. Precioso, soleado, no demasiado caluroso, y el poco aire que hacía nos daba por la espalda. No se puede pedir más. O sí. El día animaba a subir el Ventoux, habitual lugar de peregrinaje de los cicloturistas de toda Francia y toda Europa. Pero es que además, ese día 22 de Junio de 2013 se celebraba una marcha cicloturista, La Cannibale, en la que 2500 cicloturistas belgas (sí, casi todos belgas) debían subir el Ventoux el máximo de veces posible por cualquiera de sus tres vertientes. Os podéis imaginar el tráfico de ciclistas toda la mañana!

El principal incidente que tuvimos fue la rotura del cuadro de Ricardo. Increíble ver un cuadro partido por tres sitios… El bajaba despacio hacia Bedoin para intentar repararlo mientras nosotros cumplíamos el plan previsto mientras estábamos en contacto con él via whatsapp. Les Gorges de la Nesque volvieron a sorprenderme y a admirarme, como cada vez que las pedaleo. Fantástico. Debíamos llegar pronto a Briançon para escalar por la tarde Pre Madame Carle, una subida muy especial perteneciente al reto BIG, con unas vistas impresionantes sobre la Barre des Ecrins y sobre el Glacier Blanc.

Pero teníamos a Ricardo con el cuadro roto en Bedoin… Lo que yo hubiera solucionado comprando un cuadro nuevo y buscando un mecánico para montar los componentes de forma urgente él lo solucionó con una bayeta, loctite y limpiacristales. Literalmente. Hay que decir que él trabaja con la fibra de carbono y conoce cómo trabajarla, pero para mi es una especie de milagro intentar pegar el cuadro y luego pretender que resista la fuerza del pedaleo en subida y las velocidades que cogemos en bajada. Insisto, un milagro. El hecho es que cuando llegamos a Bedoin él ya había hecho el trabajo y había hecho algunos kilómetros para probar el cuadro reparado. Podíamos salir puntualmente para afrontar la segunda subida del día, en las proximidades de Briançon.


Iniciamos la subida en Vallouise, un poco más arriba de lo que teníamos previsto. Desde ahí seran 13 km de ascensión a un desnivel medio del 4,78%, pasando por las localidades de Pelvoux y Ailefroide. Los kilómetros están perfectamente señalizados con el desnivel medio que nos espera y la distancia que falta. Coronamos ya con el sol poniéndose y con unas montañas impresionantes que a esas horas que estamos dejan la carretera ya en penumbra. A todo esto el cuadro de Ricardo ha resistido perfectamente las primeras embestidas.
Al día siguiente, tras analizar varias posibilidades, nos decidimos por subir Agnello e Izoard. Eso significaba un traslado en coche hasta Chateau Queyras, desde donde iniciar la subida al Agnello (con sus 2.744 metros, uno de los colosos más altos de los Alpes), una vez coronado volver sobre nuestros pasos, e iniciar la subida al Izoard por la Casse Deserte, como Javi pretendía.

Está bien, digámoslo claro, Agnello por Francia no es lo mismo que por Italia. La vertiente italiana es uno de los puertos más duros de los Alpes, baste decir que incluye en su tramo central 8 km al 10%, dentro de una longitud total de 25 km. Por Francia, como digo, es un poco más asequible, pero sobre todo hay que decir que es realmente precioso, muy panorámico. Además en este año 2013 tan frío y lluvioso, los últimos kilómetros estaban llenos de nieve en los costados de la carretera, lo que añadió una belleza especial al final. Descenso rápido hasta donde tenemos los coches que es justo en el desvío donde se inicia Izoard. Desde allí seran 14 km a un desnivel medio del 6,4%, que tampoco está nada mal. Un puerto clásico de los Alpes y del Tour en concreto.

Lo más característico del Izoard es su paso por la Casse Deserte , escenario de las míticas imágenes de Bartali con el paisaje lunar de fondo. Un escenario característico también de las hazañas de Louison Bobet, que dijo que por la Casse Deserte los campeones debían pasar solos.


El año 2004 en que estuvimos en los Alpes pasamos rápidamente por el monumento dedicado a Coppi y a Bobet, sin detenernos. Dos pequeñas imágenes recuerdan las gestas de estos dos ciclistas. Después de haber estado el día anterior en el monumento a Tom Simpson, hoy (¿sólo han pasado 24 horas?) visitábamos otro santuario de la historia del ciclismo, otro lugar de peregrinaje. Fotos obligadas en esa zona y continuamos para completar los dos duros kilómetros que faltan para llegar a la cima. Una vez allí, estuvimos un buen rato comprando recuerdos en la tienda de souvenirs, donde su dueño,un francés que hablaba perfectamente español, nos contó muchas cosas interesantes, entre ellas que el Museo de ciclismo que está en la cima (y que vimos anunciado durante la subida), junto a la tienda de souvenirs, está cerrado desde hace 4 años por problemas legales y nos sugiere que no será fácil que abra de nuevo. Lástima.

La mayoría del grupo bajará directamente hacia Briançon y en concreto Saint Chaffrey (donde tenemos el hotel), mientras Ricardo y yo bajamos hacia el coche por la misma vertiente que hemos subido. Ahí en esa bajada compruebo dos cosas: que Ricardo confía plenamente en su bici y que la lanza al máximo de velocidad sin ningún tipo de miramiento, y, en segundo lugar, que efectivamente, el cuadro responde y aguanta todo lo que Ricardo le echa. Impresionante. Sigo sin salir de mi asombro.

En la etapa que habíamos dibujado estaba también la subida a Sommet Bucher (perteneciente al BIG), pero con dos superpuertos, ya nos damos por satisfechos y dejamos esta subida para otra excursión.

Cena tempranera en la pizzería próxima al hotel mientras acabamos de definir los planes para el día siguiente. Lo único claro es que estamos al pie de Granon, uno de los objetivos del viaje, y que lo haremos ni bien terminemos el desayuno. Luego, el segundo posible objetivo del día era Mont Colombis, una subida durísima cercana a Gap por la que pasamos cada vez que vamos o volvemos de los Alpes, y siempre la dejamos de lado...


De momento nos levantamos con un día un tanto desapacible y nos disponemos a subir a Granon, que tiene el honor de haber sido el final de etapa a mayor altitud del Tour de Francia desde 1986 (con victoria del español Eduardo Chozas), hasta 2011, Tour en que se llegó al Galibier en el final de etapa que vio la mítica victoria de Andy Schleck.

En Saint Chaffrey observamos el cartel de Col de Granon cerrado, pero sabemos por uno italianos compañeros de hotel que la carretera está transitable y que solamente los últimos centenares de metros están cubiertos de nieve, con lo que nos disponemos a subir uno de los puertos más duros de los Alpes en nuestro día de despedida.

Después de un kilómetro inicial casi llano nos esperan poco más de 11 kilómetros a un desnivel medio del 9,54%, terrible, sobre todo el tramo posterior al paso por Le Tronchet, con 5 km por encima del 10%. Además en ese tramo, la montaña se abre y el aire y el frío aprietan de lo lindo. Sobre lo fuerte que sopla el aire allí ya nos advirtieron los italianos y el dueño de la pizzería. Es un factor más que añade dureza a esta subida durísima y preciosa que vale la pena conservar entre las más especiales de los Alpes. Poco más de hora y cuarto para subirlo!

Una vez abajo y todavía con el frío en el cuerpo, decidimos que la mejor opción es la ducha en el hotel y tomar el camino directo a casa. Mont Colombis queda también para otra ocasión. Son 7 horas de viaje hasta Barcelona y vale la pena tomárselo con calma y no andar con prisas si paráramos a subir otro coloso alpino.

 Así que fue un fin de semana bien aprovechado. Una estancia en Briançon siempre lo es. Hemos hecho cositas, sí, pero han quedado ahí mismo el rey Galibier (ya conquistado en 2004 por la otra vertiente) y el príncipe Mont Genevre que da acceso a Italia desde Briançon mismo. Las posibilidades desde allí son infinitas.

2 comentarios:

SMM dijo...

Soy fiel seguidor de tu blog, y este post concretamente me ha venido de lujo, ya que para Agosto tengo programada con dos colegas una escapada a Alpes/Dolomitas.

Y precisamente 2 etapas que haremos, seran 2 que comentas en este post. Ademas, nuestras ultimas dos etapas.

Una de Agnello/Izoard y luego al dia siguiente el Mont Ventoux desde Bedoin.

Y por cierto, tb de tu blog cogi la idea del San Gotardo haciendo previamente Furka y Nufenen.

Claudio Montefusco dijo...

Muchas gracias por tu comentario! Me alegra saber que estos posts son de utilidad para otros ciclistas viajeros!