lunes, agosto 27, 2012

Suiza, la llamada del silencio


(Artículo publicado en el n.51 de la revista Pedalier)

“La llamada del silencio” es el título de una película que relata la historia de la cara norte del Monte Eiger. Una pared vertical de más de 1.800 metros que ha supuesto uno de los principales retos de los escaladores de todo el mundo. Eso (¡obviamente!) no se puede escalar en bicicleta, pero para todos aquellos que amamos la montaña, el Ogro (que es lo que significa Eiger) es algo muy especial que merece la pena que no te lo cuenten y verlo y vivirlo en primera persona. El Eiger es la montaña que preside el paisaje de la subida al Grosse Scheidegg, una subida mucho más conocida para los amantes del cicloturismo.


Por una vez, no era una montaña para escalar en bicicleta el principal objetivo de mis vacaciones cicloturistas. Alrededor de ella organizamos nuestro recorrido. Suiza tiene tal cantidad de subidas de entidad y de una belleza paisajística tal, que no resultó difícil montar varias etapas sin tener que movernos demasiado de la zona de Grindelwald, espectacular mirador de montañas que superan los 4.000 metros de altitud. Poco más de 10 horas de viaje en coche y ya estábamos en la ciudad de Kerns, un pequeño pueblo entre Interlaken y Lucerna, donde iniciaríamos nuestra aventura cicloturista.

Prólogo: Acherli. 
Nos instalamos como digo cerca de Kerns. Para ir abriendo boca tenemos una subida interesante desde la propia ciudad. Se trata de  la subida a Acherli. Nada, un puertecito de 8,8 km al 10,1% de media. Digamos que  para ir probando el piñón de 30 dientes que me acababa de poner atrás por lo que pudiera pasar estos días alpinos. Si con 34 delante y 30 detrás no podía subir lo que me propusiera quizás debería pensar en cambiar de deporte.

Una carretera estrecha y solitaria con algunos tramos panorámicos corona sin un final muy determinado, iniciando el descenso de la otra vertiente, que llega a Dallenwil.  Poco después de concluir la rampita del día regresamos al hotel donde ya están instalados dos amigos que nos acompañaran en la primera etapa, son nada menos que Ángel Morales y Iñaki “Kulak”, que en su largo periplo por los Alpes este verano han conseguido cuadrar su agenda con la nuestra. Ángel conoce esto como la palma de su mano y de hecho nos había estado recomendando todo lo que no debíamos perdernos. El reencuentro con viejos amigos de la misma afición no puede más que derivar en una cena repleta de puertos, carreteritas por descubrir, subidas desconocidas, salidas pendientes, montañas, montañas, montañas… ¡Fantástico!


Primera etapa: Glaubenberg, Glaubenbielen y Melchsee Frutt. 
El programa que nos ha preparado Ángel (modificando un poco nuestra previsión inicial) es una etapa circular con las ascensiones a Glaubenberg y Glaubenbielen. Dos subidas sin demasiada repercusión mediática (aunque este mismo año 2012 han sido incluidas en la Vuelta a Suiza, ver perfil adjunto) pero muy duras, como no podía ser de otra forma en Suiza. La vuelta supone un recorrido de 90 km, con lo que cuando llegamos de nuevo a Kerns ya llevamos unas horitas de bici, en las que cumplimos la media prevista, sobre los 20 km/hora, imaginaros las pendientes. Ángel ya tenía programado finalizar allí su etapa, reunirse con Iñaki y desplazarse a Mendrisio para subir otro cromito que le faltaba a su colección: Monte Generoso. Pero Ludwig y yo decidimos hacer una última subida a 1.900 metros a un lago llamado Melchsee Frutt, cuyo acceso nace precisamente en Kerns. Tenemos toda la tarde por delante, ¿por qué no intentarlo?

Empezamos la ascensión por una carretera estrecha y sombreada que sale de Flueli y no de Kerns. Muy recomendable y preferible a la más transitada que viene de Kerns. Tememos lo que nos espera. Son 7 km a un 10,7% de media (digamos que había subir lo de ayer, ¡pero esta vez con 100 km en las piernas!), cuya parte estelar es el principio con 4 km a una media del 11,3%, sin comentarios. Ese tramo duro se inicia en Stockalp, donde hay una barrera y un semáforo que da paso alternativo a los coches en uno y otro sentido. Obviamente no hacemos caso al semáforo (¡no podemos completar la ascensión en el mismo tiempo que un coche!) y empezamos la subida. La carretera no es excesivamente bonita ni panorámica, pero sí es estrecha, tanto que cuando los coches bajan tenemos que poner pie al suelo para dejar paso. Al llegar arriba hay una gran cantidad de turistas alrededor del enorme lago Melchsee, junto al cual hay también una estación de esquí. La carretera en sí quizás no fue muy especial, pero desde luego las vistas sobre el lago y el anfiteatro que forman las montañas a su alrededor sí que lo fueron.

El programa turístico del día incluía en teoría la visita al espectacular Monte Pilatus, a 2.132 metros, que no se puede subir en bici sino que hay que subirlo a través del cremallera con más pendiente del mundo (próximo al 48%). Al parecer las vistas sobre la cercana ciudad de Lucerna y el lago de los 4 cantones prometen ser espectaculares si el día acompaña. Pero el precio nos parece abusivo (cerca de 60 Euros al cambio) y más considerando que durante toda la semana ya tendremos tiempo de disfrutar de probablemente las mejores vistas de toda la zona.



Segunda etapa: Grosse Scheidegg, Mannlichen y el Eiger. 
Esta era la etapa más esperada, la etapa en que veríamos el Eiger. Por la mañana prontito nos trasladamos de Kerns a Grindelwald. El día es espectacular. Ni una sola nube. El plan es subir Grosse Scheidegg en primer lugar y luego veremos si subir a Mannlichen en bicicleta (un monstruo de 12 km al 10,5% de media por una carreterita estrecha) o bien si hacerlo en teleférico, mucho más rápida y relajadamente, guardando fuerzas para próximas etapas.

Teníamos la idea ese día de subir a la Jungfraujoch en el tren que parte de Kleine Scheidegg y finaliza a 3.454 metros (la estación ferroviaria más alta de Europa), en el collado que une los picos Jungfrau y Eiger, frente al glaciar Aletsch. Un tren, capricho de un multimillonario, que se hizo a principios del siglo XX y que perfora la pared del Eiger en más de 7 km de trayecto. Si el cremallera del Pilatus era caro, este tren ya no os cuento, más de 150 Euros. ¡El que vaya sobrado ya lo sabe!

Pero vamos con la bicicleta, que es lo primero que debemos afrontar. La subida a Grosse Scheidegg es una de las más bonitas que he hecho nunca. La carretera está prohibida a los coches y únicamente algunos autobuses que circulan a toda velocidad por esa estrecha y empinada carretera nos incomodan ligeramente hasta el punto, otra vez, de tener que bajar de la bici. A primera hora de la mañana la subida es sombría. Un paredón impresionante a nuestra derecha evita el sol toque la carretera. Pero ese paredón no es el Eiger no, es el Wetterhorn. El Eiger, omnipresente, se divisa a lo lejos junto al Monch. Luego nos acercaremos ahí.

La otra vertiente del Grosse Scheidegg es Meiringen, precisamente nuestro destino esa misma tarde, pero bajamos por la misma vertiente de nuevo hasta Grindelwald donde hay que acabar de decidir cómo subir a Mannlichen… al final en teleférico. Sabia decisión, puesto que nos permitirá unas vistas impresionantes sobre el trío de picos que son Monte Eiger, Monch y Jungfrau. Las vistas ya mientras subimos son espectaculares. Una red de carreteras estrechísimas da la impresión de que localizar la buena para subir con la bici a Mannlichen (2.229 metros) puede resultar complicado…. Y durísimo. Vemos algunas bicis y la envidia empieza a hacer sus efectos, aunque todo tiene su lado positivo, y el hecho de subir sin la bici, con bambas y mochila nos permite una pequeña excursión que en hora y media nos llevará a través de una cornisa panorámica impresionante, hasta el Kleine Scheidegg, punto de partida del tren que sube a la Jungfraujoch. La bajada la completaremos por el cremallera, haciendo así un recorrido circular que recomiendo hacer en el mismo sentido que nosotros hicimos. En primer lugar porque es en ligero descenso y en segundo lugar, sobre todo, porque tenemos una permanente visión de la mole del Eiger, donde uno puede imaginar a los escaladores  jugándose la vida para vencer esa pared terrorífica.

A última hora, y ya una vez en Grindelwald, nos trasladamos a Meiringen donde se reúnen con nosotros Ricardo y Ferran, que nos acompañarán el resto del viaje. Meiringen es otra pequeña ciudad volcada en el turismo de esquí y de montaña, y es especialmente famosa por sus cascadas de Reichenbach. Sir Arthur Conan Doyle escribió una aventura de Sherlock Holmes, en la cual este último fue empujado a dicha cascada, y un monumento recuerda este hecho ficticio... Tal es la fama de esta historia que hay un museo dedicado a Sherlock Holmes en la céntrica Plaza de Arthur Conan Doyle. Veremos la cascada a lo lejos el día siguiente de camino a Grimselpass.

Tercera etapa Axalp y Grimselpass-Oberaarsee. 
Este era el único día que las previsiones del tiempo eran complicadas, sobre todo a primera hora. Nos levantamos con calma, desayunamos tranquilamente y esperamos a que las nubes escampen. El programa del día incluía la subida a Axalp, una de esas rampas duras, largas y que hay que ir a buscar expresamente, porque arriba no hay nada de nada. Eso es Axalp. Había que subir luego el Grimselpass, un verdadero coloso de 26,6 km a una media del 5,8%. Y para rematarlo subir a Oberaarsee, un lago al que se llega por una carretera estrecha y de acceso restringido por uso alternativo 7 kilómetros más allá.

Axalp no defrauda y su tremenda dureza pone a prueba las fuerzas de todos nosotros. Después de la subida a Axalp mis fuerzas estaban ya justitas y quedaba la ascensión a un gigante como Grimsel que corona a 2.165 metros de altitud. Si bien la media era del 5,8 % yo veía que mi cuentakilómetros no subía de 10 km/hora. Cuando empiezo a ver que voy mal me quedan todavía más de 20 km. Pocas veces me planteo no llegar a la cima de un puerto y ésta fue una de ellas. Mentalmente descarto subir a Oberaarsee y solo contemplo llegar a la cima de Grimselpass. La visión desde abajo de las diferentes presas que caracterizan esta subida, así como algunos túneles que las bicis deben evitar, me va entreteniendo y me va marcando pequeños objetivos intermedios que ayudan a que no abandone. Al llegar arriba el café y la pasta del refugio de Grimsel me hacen cambiar de opinión y decidimos llegar a Oberaarsee.

Y ahora os digo que menos mal que lo hice. Si un día subís a Grimselpass no dejéis de alcanzar Oberaarsee. En nuestro caso conseguimos las mejores vistas de todo el viaje a Suiza. Y eso es mucho decir. En medio de una cerrada niebla algunos excursionistas ya nos avisan que arriba del todo luce un sol espectacular. En ese trayecto de 7 km no excesivamente duros vamos viendo como el sol quiere aparecer y pelea con las nubes para dejarse ver. Más abajo, un río glacial con un color surreal, refleja todo lo que pasa en el cielo. Tenemos que ir parando cada 100 metros intentando captar en una foto las increíbles vistas, pero duran sólo segundos. Esa cornisa con esas vistas sobre lagos glaciares y montañas vale por todo el viaje.

La bajada podría haber sido uno de los momentos estelares del día, si no fuera por lo que habíamos vivido en los instantes previos. Una carretera amplísima de muy buen firme en la que se pueden coger tranquilamente los 70 km/hora y disfrutar...

Una vez de vuelta a Meiringen hay que reponer fuerzas. Dudamos entre los platos típicos suizos: la fondue y la raclette. Finalmente nos decidimos por una estupenda fondue que devoramos después del desgaste de todo el día.

Cuarta etapa: Sustenpass y Engstlenalp. 

Tengo a Grimsel y Susten por puertos gemelos. El primero corona a 2.165 metros, el segundo a 2.224 metros. Ambos conectan Innertkirchen con Andermatt. Ambos son puertos espectaculares, panorámicos. El recuerdo del sufrimiento en Grimselpass el día anterior me hace tomarme las cosas con tranquilidad y la subida a Susten la hago con calma y termino pletórico. Otro puerto muy panorámico repleto de moteros durante la ascensión y en su cima, donde encontramos un túnel que da paso a la vertiente de Wassen y Andermatt. Y unas vistas excelentes sobre el glaciar Stein. Ya a punto de coronar encontramos un nutrido grupo de cicloturistas… españoles. Resulta ser el grupo de Terradiversions capitaneados por Ángel, en plena ruta XLSwiss, que han estrenado este año, y que están disfrutando de esa vista espectacular. Cambio de impresiones, nos deseamos suerte y ya estamos de nuevo en marcha para coronar y hacer la foto de rigor.

De nuevo las fuerzas están mermadas y quizás el más flojo de todos, que soy yo, animo al resto a intentar otra de las subidas que Ángel me había recomendado encarecidamente: Engstlenalp. Se empieza en un desvío desde la misma carretera del Susten, con lo que por lo menos no perderemos el tiempo con traslados innecesarios. Los primeros kilómetros del Engstlenalp son muy duros y el calor aprieta de lo lindo. Llegamos a la caseta de peaje, donde los vehículos a motor tienen que retratarse, mientras a nosotros nos suben la barrera gentilmente. Unos kilómetros de llano por una carretera estrecha y preciosa que va directamente a buscar el refugio del final de la ascensión y que curiosamente se halla a muy pocos kilómetros de uno de nuestros destinos en la primera etapa: Melchsee Frutt. Sólo que al otro lado de la montaña.

El final es de nuevo muy duro (5 km a más de 9 %) y mis compañeros de ruta no me dirigen a palabra. Les he convencido de subir ahí y mientras yo apuro el masoquismo, ellos interpretan el sufrimiento extremo como un regalo mío envenenado. Menos mal que al coronar, la satisfacción y las vistas recompensan por todo lo que hemos pasado. Bajamos ya con la satisfacción del deber cumplido y de no haber cedido a la comodidad.

Recogemos los coches en Innertkirchen y para llegar a Andermatt, nuestro próximo destino, volveremos a subir el Grimsel que ya subimos ayer, pero esta vez en coche. Un regalo que nos ofrece el destino, poder coronar el Grimsel en un día claro y soleado. Las vistas desde la cima son extraordinarias y observamos, a lo lejos, una carretera increíble, de las que causan excitación a los cicloescaladores. Resulta ser el Furka, que a partir de ahora pasa a formar parte de mis puertos favoritos sin ninguna duda. Casi al nivel del Stelvio, imaginad lo que digo.

Desde Grimsel hay que bajar 12 kilómetros hasta Gletsch y ahí o bien se sigue bajando hasta el pie del Nufenen o bien podemos subir a Furka (nuestra opción) y continuar hasta Andermatt. Mañana desandaremos el camino, pero en bicicleta. Se trata del último y definitivo día.


Quinta etapa: Furka, Nufenen y San Gotardo. 
La etapa reina. Una ruta verdaderamente clásica que todo cicloturista debería recorrer. Y si el tiempo soleado acompaña las vistas son de las que se recuerdan por mucho tiempo. 110 kilómetros en una etapa perfecta en la que hay mucha dureza y muchos kilómetros de bajada. Una etapa que da también para conocer algo más de la historia de Suiza y la importancia histórica de puertos como el San Gotardo. Es una etapa que no os podéis perder. Mucho que contar sobre ella en otro artículo.

Suiza es un paraíso para el cicloturismo, y eso que nos hemos limitado a una zona muy concreta del país, muy cerca de su centro geográfico. Nos hemos cruzado en estos días con muchos cicloturistas de todo tipo y de todas las nacionalidades. Y estos no son puertos míticos de Giro o de Tour, no hemos visto a nuestros ídolos subirlos por la tele. Pero esos puertos forman parte del corazón de los Alpes. Hay que subirlos, no hay más remedio.

Como siempre, aún no he terminado el viaje y mientras escribo unas lineas y lo saboreo unos días más, ya estoy imaginando todo lo que estaba ahí cerca y no he podido visitar o subir. En bici, a pie, escalando, en teleférico, en cremallera o en tren, me da igual.

Paisajes impresionantes, puertos panorámicos, ascensiones durísimas con desniveles superiores a los 1.500 metros. Vistas surrealistas por encima de un mar de nubes y los glaciares parece que debajo de ti.

Pero de todo lo vivido me quedo con el Eiger. Esa montaña que, como dice Joe Simpson, el narrador de la película “La llamada del silencio”, “tiene cierto poder hipnótico, un ambiente verdaderamente escalofriante, una presencia peturbadora. Una pared de 1828 metros de piedra y hielo donde nunca llega el sol y a la que afectan todas las tormentas que entran en los Alpes.  Un lugar donde el tiempo cambia a una velocidad vertiginosa”.

Una de las estaciones del tren de la Jungfraujoch es Eigernordwand. No es más que un ventanuco en medio de la pared del Eiger, un recurso para escaladores avezados (o suicidas) y para los equipos de rescate que en ocasiones han de acudir a socorrer a alpinistas con problemas. Y aquí me vine a la memoria lo que me pasa cuando alguna vez llego a la cima de una montaña con mi bici y veo gente que se prepara para tirarse en parapente: Pienso: ¿Quién está más loco? ¿Ellos o yo? En el caso de los escaladores del Eiger, lo tengo claro. Están más locos ellos.

viernes, julio 27, 2012

Bretaña, Normandía y París

Tuve la ocasión de escaparme con mi amigo François que vive cerca de París. Otro ciclista curtido en mil batallas, que ama la montaña y es un escalador incorregible aunque, como yo, sus dotes van por otros derroteros. Ya que los alrededores de París son fundamentalmente llanos, me preparó una ruta ciclista por Bretaña que completamos posteriormente con un recorrido turístico por Saint Malo, Mont Saint Michel y París. Pero eso ya es otra historia que no tiene nada que ver con la bici.


François pretendía mostrarme lo mejor de Bretaña en dos días y a fe que lo consiguió. Claro que el tiempo acompañó, y en lugar de encontrarme un tiempo gris y lluvioso como cualquiera podría esperar de Bretaña (o Galicia, por ejemplo) nos encontramos un sol espléndido que nos permitió cumplir el planning previsto, repleto de traslados entre las bases de cada puerto que debíamos ascender. Nada menos que 10 subidas de Bretaña están incluidas en el reto BIG y cayeron en esta visita relámpago al norte de Francia.
Tras un largo traslado de París a Dol de Bretaña nos estrenamos con la subida a Mont Dol, montaña poco significativa y poco importante que se sube desde la localidad de Dol de Bretagne. El segundo destino del día era Mont Bel Air, una subida sin demasiados porcentajes donde encontramos a otros compañeros de escalada como Ard y Cristina con los que ya compartiríamos carretera el resto de subidas de esta escapada bretona. La tercera subida era el Mur de Bretagne, que en realidad es el nombre del pueblo más cercano. Allí es donde Contador llegó segundo en el Tour de 2011 tras Cadel Evans. Una subida que se caracteriza por una recta muy dura de poco más de un kilómetro que se va empinando poco a poco. La sorpresa en su cima fue descubrir una imagen gigantesca del mejor corredor bretón de todos los tiempos, nada menos que Bernard Hinault, el tejón, 5 veces vencedor del Tour, aunque su localidad de nacimiento fue Yfinniac. La última subida del día no tuvo más historia, Roc de Talloueron, a 266 metros de altitud. Ese primer día dormimos finalmente en Quimper, acercándonos a las dificultades del día siguiente.


Si el día anterior hicimos un montón de kilómetros en coche para subir los 4 BIGs previstos, no es nada comparado con lo que nos esperaba el sábado. Un programa muy apretado, donde subiremos cotas no demasiado exigentes pero algunas muy panorámicas. El primer ejemplo es la Montagne de Locronan, cuya base es esta turística localidad bretona. La segunda y tercera subidas las encadenamos encima de la bicicleta desde Chateaulin. Ambas subidas son de unos 6 km y unas rampas máximas próximas al 13%. Se trata de Menez Kerque y Menez Hom. Desde esta última se pueden observar el tridente de cabos que corresponde a la parte más occidental de Francia. Y eso que sólo estamos a 330 metros de altitud. Tras los casi 50 km que nos cuesta encadenar esas dos subidas se impone recuperar fuerzas, y qué mejor forma de hacerlo que tomar una típica crep bretona (está bien, dos, una salada y una dulce de postre) en un bar de Chateaulin.

Retomamos con energías renovadas el viaje a dirección a Roc Trevezel y Menez Bre, subidas mucho más cortas pero con mucho mayor porcentaje máximo, especialmente la última, que incluye rampas del 19% y que corona en una bellísima ermita en la que uno no puede evitar la foto de rigor.

El día avanza inexorablemente y no sabemos si nos dará tiempo de hacer la última subida. Son casi las 20,30 cuando llegamos a Plehérél Plage, lugar donde se inicia el último ascenso del día, un cabo muy turístico (imposible no encontrarlas señales que lo indican, a diferencia de alguna de las subidas que habíamos hecho). El desnivel es poco importante y las rampas tampoco son de consideración. Pero la carretera es preciosa y la luz del atardecer le da un aire fantástico a esta subida. Corona en un faro enorme, visible a lo lejos. Cap Frehél, anotadlo, porque vale la pena visitarlo.


De las cotas que subimos igual eché en falta otra cota bretona como la de Cadoudal, no especialmente dura pero que se sube cada año en el GP de Plumelec, en la localidad de Morbihan, y que también ha sido final de etapa en el Tour de 2008 con victoria de Valverde (y en 1997 con victoria de Zabel). O sea, una cota con mucha cultura ciclista que quedó en el tintero.

El día siguiente ya lo dedicamos al turismo, visitando Saint Malo, la ciudad de los piratas, y Mont Saint Michel, la atracción más visitada de Francia (¡), aunque realmente ya pertenece a Normandía, puesto que es el río Couesnon en cuya desembocadura se halla el Mont Saint Michel, el que marca la frontera entre una región y otra. Su curso irregular ha inspirado el dicho: «Le Couesnon par sa folie a mis le Mont en Normandie» (El Couesnon con su locura puso el Monte en Normandía).



El segundo día de turismo lo dedicamos a visitar París, donde tantas cosas recuerdan a la última etapa del Tour, televisada cada año y que es un verdadero documental de la capital francesa, donde se muestran sus principales atractivos: Torre Eiffel, Arco de Triunfo, Plaza de la Concordia y sobre todo los Campos Elíseos, donde quien termina obtiene el carnet de ciclista. Y todo ello lo hicimos nosotros (a pata, eso sí), el día posterior a la coronación de Bradley Wiggins.

Vuelvo de París el mismo lunes, muchas cosas en poco tiempo. Muchas horas de coche, algunas de bici y otras tantas de turismo puro y duro. Tengo en la cabeza el Canal Nostalgie que sonaba en la radio, y las canciones de Claude François. No sé por qué, pero a mí Francia me gusta cada vez más.

lunes, julio 02, 2012

Strava, ¿el app definitivo?



Vaya por delante que no soy un gran usuario de los aparatitos electrónicos. Más bien todo lo contrario. En su día, hace mucho, compré un Polar S710 en mi afán de tener en un solo aparato el velocímetro y el pulsómetro. Nunca he tenido medidor de cadencia, ya sé que voy atrancado, pero siempre pienso que voy a ir más rápido con más desarrollo. Nunca he sabido cómo interpretar el GPS, ni ganas, con esas pantallas enormes que eran un sobrepeso adicional. Hace unos años salieron los GPS más o menos manejables, yo me planteaba comprar uno, el Forerunner de Garmin era uno de mis favoritos.

A todas luces soy un mal consejero para recomendar pulsómetros, velocímetros o GPS. No digo que sea antiaparatos. Sí que reconozco que he perdido muchas (demasiadas) horas pasando las salidas del pulsómetro al ordenador, y mirando gráficos de pulsaciones o altimetrías, para luego perder todos los datos el día que tu ordenador se muere sin avisar.

A todo esto, en mi día a día me he ido volviendo más dejado en el control de los datos. Del pulsómetro, hace años que no me pongo la cinta en el pecho. Hace ya un tiempo pasé de los 40 y cualquier dato que vea en la pantalla seguro que asustaría al cardiólogo más novel. El Polar S710 también me daba problemas con el velocímetro, o sea que la mayoría de salidas de los últimos años las he hecho “a pelo”, sin saber ni la velocidad, por sensaciones. Cuando veo que la grupeta va más rápido de lo que puedo, aprieto los dientes y aguanto hasta donde puedo. Mis entrenamientos en solitario no son tampoco un dechado de entrenamiento programado. Salgo poco, o sea que el poco tiempo que tengo para entrenar salgo a tope. Para mí es aprovechar el tiempo.

Lo que he comprado últimamente ha sido un velocímetro Cateye, lo más económico que hay en el mercado. Velocidad actual y distancia recorrida. Y la hora. Basta. No necesito más.

He tenido alguna intentona de volver a anotar los registros de mis entrenos. La más seria fue a través de Strands, una comunidad virtual de deportistas donde podías registrar tus entrenos, tiempos, sensaciones. Cuando ya me estaba acostumbrando a él, cerró el portal. Señal que mi elección no había sido demasiado afortunada. Por lo menos saqué algunas amistades de ahí, ya está bien empleado el tiempo que dediqué en él.

Desde que tengo el Iphone algo cambió. El iphone es el aparato definitivo. Estoy  enamorado de él. Llevo el móvil encima, y la cámara de fotos, y el GPS, y la conexión a Internet, y puedo colgar eso (fotos, rutas) directamente en mi facebook. Y encima no falla nunca. Usted sí que sabe Mr. Jobs. Lo único que no uso es el reproductor de música. Para mí está prohibido para circular en bici. Necesito los cinco sentidos para sentirme seguro entre tanto coche.

Ya con el iphone empecé a saber de algunos apps que me daban mucha información de las salidas que hacía. Trails, Runtastic, etc. Pero algunos errores en algunas salidas me desanimaban a ponerlo y también duré poco con ellos.

Hace poco oí hablar de Strava. La primera vez fue a través de un amigo belga (este sí que es fanático de los aparatos que se ponen en el manillar). Durante un viaje me habló muy bien, me lo recomendó encarecidamente. De regreso a casa vi en algún foro que alguien también le ponía buena nota.

¿Qué hace Strava? Pues lo básico de todos estos apps con GPS: te marca la ruta que has hecho, la altimetría, el tiempo que has estado pedaleando, velocidad media, desnivel acumulado…. Además, también funciona en comunidad, puedes seguir a otros amigos tuyos, saber qué recorridos han hecho, a qué velocidad, etc.Y entonces, ¿qué es lo que lo hace distinto para mí? Pues básicamente los segmentos. Un segmento es una parte del recorrido que alguien (o tú mismo) ha marcado. En mi caso, obviamente, la subida a un puerto de montaña. Cuando regresas a casa sabes (sin haber tenido que preocuparte de marcar en el cronómetro el start y el stop) que tiempo has tardado en recorrer el segmento. Además, puedes compararte con todos los ciclistas (aquellos que lleven Strava!) que han recorrido ese mismo segmento. Y a partir de ahí, lo que queráis, saber si has conseguido tu mejor tiempo, si has superado a tu colega del club, o si bajando eres tan malo como sospechabas (mi caso).

Total, que ya tengo un juguetito nuevo que me motiva a salir siempre a tope. Cada segmento que ya me sé lo hago a tope y así veo en qué momento de forma estoy. De regreso a casa veo ese tiempo y lo comparo con mis propios tiempos en fechas anteriores. Y con los mejores tiempo de los demás.

Ah! Se me olvidaba. El App es gratuito en su versión básica. Hay una versión de pago que incluye muchísima información para que puedas saber no sólo en que lugar del ranking general estas por cada segmento sino que además puedes saber en qué posición estas de tu grupo de edad! Y muchas cosas más. Mucha información… para tan poco cerebro.

lunes, abril 30, 2012

Etienne y Eric: 1000 BIGs conseguidos. La meta es el camino.

(Publicado en el n.48 de la revista Pedalier)

Etienne y Eric. Eric y Etienne. Belgas. Son dos de los nuestros. Grandes viajeros. Ciclistas fuertes que aman la montaña, gente apasionada que luchó el año pasado por conseguir finalizar el reto de su vida. Y ambos lo consiguieron.

Imaginad que os planteáis un desafío monumental. Una empresa cuya ejecución os puede llevar toda la vida. No sé, leer toda la obra de los premios Nobel de Literatura, coleccionar todas las monedas del mundo, dibujar vuestro árbol genealógico remontándoos hasta la Edad Media o subir todos los 8.000 del planeta (ya nos vamos acercando), o completar el reto BIG, aquel que consiste en ascender en bicicleta las 1.000 subidas que contiene la Superlista y que incluye las subidas más duras y más hermosas de todo el mundo.

Hace más de 25 años alguien fue capaz de imaginar esa idea, el también belga Daniel Gobert. Y hace muy poco, este año 2011, dos personas, casi de forma simultánea, han sido capaces de finalizarla con éxito. Es un reto de tal magnitud que se me hace difícil hacerme a la idea.

Una pasión tan descomunal como la de ellos por la cicloescalada sólo puede entenderse desde un lugar llano donde se mitifican las montañas. Por eso el BIG también nació en Bélgica. Por eso de los más de 4200 miembros del reto (a mes de Mayo de 2012), más de 1100 son holandeses. Algo que les es tan lejano les resulta obsesivamente sugerente.

¿Cómo empezaron en esto del BIG? “Sería el año 1988, me inscribí a la Vuelta a Escandinavia, quería descubrir otros horizontes más allá de las carreteras francesas. Ese viaje fue organizado por un tal Daniel Gobert, el creador del BIG”, cuenta Etienne Mayeur . El caso de Eric Lucas no fue muy diferente: “Para celebrar el final de mis estudios, decidí tomar parte en un ruta transpirenaica organizada por un club ciclista de Namur. Allí conocí a Daniel Gobert en el año 1986. Por tanto no descubrí el BIG, ¡estaba en el redil antes de su nacimiento!”

Bajo mi punto de vista ¿qué es fundamental para formar parte del reto? Obviamente ser un gran aficionado a subir montañas con la bicicleta. Pero más allá de esa respuesta trivial, básicamente hay suficiente con ser un soñador. Un aventurero. Tener ganas de viajar, conocer mundo, realidades diferentes. Tener una ilusión. Estar siempre planeando tus próximos viajes, buscando en los mapas los objetos de tu deseo. Pero lo bonito de esto es que cualquiera puede afiliarse, todo el mundo es bienvenido a este club de soñadores.

En una reciente encuesta a los miembros del reto BIG, los dos principales inconvenientes para poder añadir más subidas a la lista de logros personales, son el tiempo y el dinero. Pero no os penséis que es un reto de gente adinerada. En absoluto. Los encuentros anuales de los miembros del BIG son una clara muestra de ello. En estos encuentros no se ven grandes bicicletas ni el material más moderno. Hay absolutamente de todo, desde ciclistas de alforja acostumbrados a grandes rutas con su tienda de campaña encima, hasta aventureros con su caravana, pasando por ciclodeportistas más competitivos. Los encuentros del BIG se acostumbran a celebrar en albergues de juventud y con una austeridad absoluta. Se trata mayoritariamente de gente muy viajera eso sí, pero que en sus viajes no necesita más que... su bici y las montañas.

Es cierto que hay subidas realmente remotas (cada vez que pienso que tendré que ir al Cabo Norte-BIG n.8, me entra una mezcla de pereza, ansiedad y ganas), y que hay 50 subidas en los países escandinavos y 50 más en la Europa del Este, pero se trata más de una cuestión de aventura que una cuestión de dinero.

Imagino a cualquiera de nosotros en su primer viaje a los Pirineos, y después de una semana machacándose por las montañas, apuntarse al reto BIG y descubrir que sólo lleva 7 ó 10 BIGs. Es fácil que cunda el desánimo al pensar que tiene que hacer 100 veces eso para conseguir el reto. Pero lo mágico que tiene subir montañas es que te engancha de una manera que no puedes evitar y cada vez quieres más y más, y quieres que sean diferentes.

La vida de Etienne Mayeur está marcada por la muerte de su padre, la persona que le inició en el mundo de la bicicleta. Raymond Mayeur murió de forma inesperada el año 1993 y desde entonces Etienne prometió acabar el reto en homenaje a él. Una de las mayores satisfacciones de haber conseguido llegar al número 1000 de subidas conseguidas es haber cumplido su promesa.

Eric por su parte es profesor de Ciencias Sociales y ha vivido 12 años en Túnez e Israel, lo que frenó temporalmente su carrera en busca de las 1000 subidas.

Aquí en España ya somos más de 280 locos que nos hemos inscrito al desafío (¿te apuntas? http://www.challenge-big.eu/ ). Y cada uno en la medida de sus posibilidades buscamos nuestros pequeños retos hasta que algún día podamos decir que ya hemos hecho todo el trabajo. Luchamos por ser el primero en conseguir las subidas de la Península Ibérica, luchamos por entrar en el top 10 del país, luchamos por estar arriba en la clasificación de la subidas conseguidas el año en curso...

Y tenemos un pionero en este tipo de subidas que ya ha sumado más de 500, es Frederic Rafols, un aventurero que ha hecho cosas tan singulares que ha publicado ya varios libros sobre subidas en bicicleta. Yo pronostico que puede ser el primero de nuestro estado en conseguirlo. Él me dice que no… Muy cerca de él está su compañera Núria Escuer con 482 que además es la primera mujer de las más de 160 inscritas, por delante de ciclistas como Jeannie Longo o Maria Cannis. Entre los hombres también hay miembros del BIG tan prestigiosos como los exprofesionales Kut Van de Wouwer, Michael Boogerd o nuestros Eduardo Chozas y Carlos Sastre.

Dicen los libros de crecimiento personal que la meta es el camino en sí mismo, no el destino. Qué gran verdad. Y el desafío BIG es un buen ejemplo. La organización del BIG ha entregado un pequeño recordatorio a los ganadores para celebrar la consecución de las 1000 subidas. Pero cualquiera puede entender que esa no es la recompensa que buscaba ninguno de ellos. La verdadera recompensa es el recuerdo de todos los kilómetros hechos sobre la bici, y también en el coche. El recuerdo de haber coronado tantas y tantas subidas, algunas identificadas con su cartel, otras sin identificar. Unas perfectamente señalizadas desde la base, otras que ha habido que descubrir con los mapas topográficos del país correspondiente. Nada menos que 45 países y 5 continentes sobre los que han tenido que pedalear.

Un dato interesante y muy curioso, para los que catalogamos las subidas y siempre estamos comparándolas. Preguntados los dos belgas sobre las subidas más duras que han hecho, se produce una extraña coincidencia puesto los dos señalan el Passo del Telegrafo (o Punta Veleno, recientemente inaugurada para el ciclismo profesional en el Giro del Trentino) en Italia y el Oschenik See en Austria como las más duras que han subido. Eric añade el Angliru a esa lista personal de reyes de la dureza. Ya lo sabéis, ellos saben de qué hablan...

La pequeña carrera por conseguir ser el primero en terminar la ganó Etienne Mayeur el día 9 de Septiembre de 2011 al subir el Alpe di Neggia, en la Suiza de habla italiana, en compañía de otro miembro ilustre del Big, Jules Dejace.

Eric no toma su segunda posición como una derrota “Según mi lógica, yo soy el primero en terminar mis 1000 BIGs. Nadie ha subido ninguno por mí”. Esa frase resume el espíritu poco competitivo que se respira en esta asociación. El orgullo por haber sido capaz de finalizar es más que suficiente.

Etienne y Eric asumen algunos trabajos en el reto BIG, están implicados en su organización. Etienne es el encargado de la zona 12 (50 subidas libres que hay que hacer fuera de Europa: en Africa, America del Norte, América del Sur, Asia y Oceanía, 10 en cada continente). Eric tiene a su cargo otra tarea, el grupo para filtrar nuevos BIGs, y de comprobar la coherencia de la lista, puesto que si bien se trata de una lista cerrada de subidas, se producen pequeñas modificaciones en función del deterioro de algunas carreteras, o la prohibición de la circulación de bicis en algunas otras.

Eric y Etienne. Etienne y Eric. Siento mucha envidia sana. Admiro lo que han hecho. Quisiera haber vivido y viajado todo lo que ellos. Pero al mismo tiempo no deja de causarme una cierta angustia imaginarlos ya sin un objetivo. Algo que les ha mantenido vivos todos estos años.

“¿A partir de ahora? Mi futuro ciclista es un interrogante. Está claro que nunca más voy a asumir un reto parecido, pero no me imagino sin hacer nada, si no subiría los muros... de mi casa.” Dice Etienne. Eric dice “Yo iba en bicicleta antes del BIG, he practicado mucha bicicleta de montaña durante el BIG y habrá una vida deportiva después del BIG. Además, en 2011 he descubierto algunos futuros BIGs en la República Checa y sobre unas 50 subidas danesas. En otoño he redescubierto algunas subidas en las Ardenas belgas.”

No puede ser. Este tipo de gente (como nosotros, los que leemos esta revista) buscará nuevos retos. Es gente inquieta. Algunos de nosotros aún no hemos terminado este reto y ya estamos empezando otros. Y todos tiene que ver con viajar y con la montaña. Y con aprender.

Finalmente, el desafío BIG ya tiene vencedores. Entregaron una parte muy importante de su vida a cambio de conseguir un sueño. ¡Felicidades!

martes, abril 17, 2012

Escocia, un viaje mágico

De Escocia

(Publicado en el n.48 de la revista Pedalier)

Yo ya sabía que lo mío era difícil de curar. Que cuando me inoculé el virus del BIG iba a ser difícil encontrar antídoto. Pero creo que las cosas han ido demasiado lejos. Intentar conseguir subir los 1000 puertos de la superlista se ha convertido en una obsesión vital que aún se ha incrementado en el último año cuando dos superhéroes (los belgas Eric Lucas y Etienne Mayeur) han hecho ese sueño realidad.

Pero es que estos 3 días en Escocia subiendo 10 BIGs han sido realmente gratificantes, estupendos, agotadores, retadores, lluviosos, cansados… Un viaje a Escocia en el que hemos hecho en 3 días más 1.000 km en coche y poco más de 200 en bici. Menos mal que tuve un par de días al final para poder visitar Stirling y Edimburgo un poco más tranquilamente, ciudades que realmente vale la pena conocer.

También sabía que me juntaba con otros elementos todavía más enfermos del BIG que yo, el francés François y el belga Bernard. Enfermos, pero grandes compañeros de viaje con los que uno podría ir al fin del mundo. La enfermedad que tienen consiste en llegar hasta el pie de puerto, subirlo, bajarlo, coger rapidamente el coche y dirigirte a la base del próximo. También tiene sus ventajas, puesto que viajar por Escocia en Semana Santa es climatológicamente complicado, y no es lo mismo mojarse o congelarse durante una etapa de 150 km que en una subida de sólo 10 km. Con este tipo de viaje podíamos intentar sumar las 10 subidas que queríamos por mucho que el tiempo se complicara.

Pero vayamos por partes, con la descripción de cada una de las etapas que hicimos.

Etapa 1:

Encuentro en el Aeropuerto de Newcastle después de mi vuelo desde Barcelona y su paso por el Eurotunnel con el coche. El primer día fue una verdadera gyncana. 450 kilómetros en coche y sólo 55 km en bici para hacer 3 subidas. La primera subida del día fue Carter Bar. No es más que la frontera entre Inglaterra y Escocia. Salimos de Byrness en Inglaterra, y llegamos a la frontera tras unos escasos 10 km. Una subida sin una especial dureza, pero que es la puerta de acceso a Escocia, la bienvenida a nuestros próximos días.

La segunda subida del día era Lowther Hill, de 15,5 km. Una subida dura por una carretera a la que no pueden acceder vehículos no autorizados, y que llega a un radar y una estación meteorológica a 725 metros, el techo de nuestras subidas en Escocia estos días. Ahí nos mojamos a base de bien y estaríamos a cero grados, ya sabeís, ni frío ni calor. Pero bajando los dedos de pies y manos se quedaron congelados. Ese coche conteniendo 3 tíos, 3 bicis, la ropa mojada, las bolsas con la ropa desperdigada, los 3 cambiándonos ahí, os podéis imaginar qué desorden. Genial!

De Escocia

La última subida del primer día, tras el correspondiente largo traslado en coche, es Glen Quaich, una subida realmente corta (sólo 2,7 km, pero a más del 9% de desnivel) que impresionaba en la distancia. Aún después de hacerla, nos quedaba un traslado hasta Spittal of Glenshee, ya al pie del próximo puerto que haríamos el día siguiente. Esa noche dormimos en un precioso hotel de montaña con una sala de estar/hall/pub/restaurante con chimenea que invitaba a una buena pinta y una buena cena donde probar los típicos Haggis, que saben bien pero mejor no preguntar lo que contienen. Fantástica manera de terminar el día.

Etapa 2:

El segundo día era el plato fuerte. Como dice mi amigo François la ruta prevista esos tres días estaba estructurada como un menú gastronómico: primer plato ligero, un segundo plato contundente y el postre el tercer día. El plato fuerte consistía de 75 km en los que añadir cuatro BIGs seguidos sin tener que subir al coche (qué bien), y una quinta subida ya por la tarde en la que sumar 30 km (15 de subida y 15 de bajada). 105 km ya es una etapa decente y digna de un viaje cicloturista.

La primera subida era el Devil’s Elbow. Mirad en la foto de una postal de los años 40, qué curva más impresionante, que era realmente el “codo del diablo”. La lástima es que esa curva forma parte de la carretera antigua que nosotros no subimos, y que fue sustituida en los 60 por una amplísima carretera de pendiente constante que lleva a la estación de Esquí de Glenshee.


De Escocia

Después de una bajada en la misma linea de la subida (amplísima carretera de largas rectas a una pendiente constante) llegamos a uno de los momentos esperados, antes de afrontar la segunda subida del día. Ese momento era la visita al Castillo de Balmoral, un castillo precioso que sirve de residencia estival a la reina de Inglaterra. Lástima que no nos lo dejaron ver ni desde fuera, si no pasábamos por taquilla, y con la crisis el tema no está para tirar el dinero. O sea que media vuelta y dirección a The Strone, carretera solitaria, perdida, sin señalización y con nieve a los costados. En su bajada empalmamos con el próximo objetivo, Tom Dubh, aunque la señalización de carretera cortada nos hacía pensar que tendríamos problemas (llamadnos intuitivos).


De Escocia

Bien pensado, la gyncana la hicimos aquí, no el día anterior. La carretera cortada por el derrumbamiento de un puente parecía difícil de salvar, pero las ganas de hacer el trabajo y el rodeo de 60 km al que obligaba no seguir la ruta prevista, nos hizo saltar todas las vallas que nos pusieron por el camino y subir las bicis por la zona derrumbada (ver foto). Más rampas duras, más carreteras solitarias y otro puerto sin cartel arriba donde hacer la foto… Qué le vamos a hacer.

Llegamos ya a la cuarta subida del día, otra estación de esquí. Unos primeros kilómetros de falso llano y de repente una impresionante rampa al 20% nos recuerda que el BIG también se trata de subir muros imposibles. Aún con el plato de 30 delante las paso canutas para vencer el desnivel y cuando crres que ya está te enfrentas a otra rampa imponente que, la verdad, queda en poca cosa al lado de la que acabamos de subir. Y es así como coronamos en Lecht Road junto a otra estación de esquí que para ser francos nada tiene que ver con las estaciones de esquí que conocemos en Pirineos, Alpes y Dolomitas.

De Escocia

La última subida del día era la tercera estación de esquí del día: The Cairngorm. Una subida que se hace desde Aviemore, una ciudad que parece volcada con el deporte, aunque la propia subida a Cairngorm también lo está. Cantidad de bicicletas de montaña, rutas de BTT paralelas a la carretera, campos de golf, zonas de pesca junto al río, etc. Un poco de frío y aguanieve, pero la verdad que poca lluvia hasta coronar junto a numerosos autocares de turistas.

De Escocia

Esa noche la pasamos en Inverness, ya en plenas Highlands (tierras altas). Se puede decir que en dirección al norte Inverness es la última ciudad escocesa importante. Allí dormimos en un bed & breakfast, una gran solución en cuanto a calidad y precio. Por apenas 25 Libras uno disfruta de una buena cama, un ambiente acogedor y un magnífico desayuno escocés casero y completísimo. Siendo domingo de resurrección, en el paseo por el centro, nos encontramos una banda de gaitas en el castillo de Inverness, un espectáculo típico escocés que nos alegra el final de la tarde.

Etapa 3:

Los Highlands evocan sobre todo la película Braveheart protagonizada por Mel Gibson, que cuenta la historia de William Wallace, héroe de la resistencia escocesa ante los ingleses. Aunque los Highlands han sido también escenario de otras películas míticas como Los Inmortales. ¿Quién puede olvidar esos paisajes?

Como quien no quiere la cosa nos hemos plantado ya en el último día de pedaleo en Escocia. El postre. Ese día volvemos en dirección sur bordeando todo el lago Ness para ir a buscar las proximidades de la isla Skye, donde encontramos las dos últimas subidas del viaje: Bealach Ratagain y Bealach Na Ba. Las previsiones del tiempo eran malas, para qué vamos a negarlo, pero mientras bajamos con el coche en dirección sur no nos cayó una sola gota. Fuimos por una carretera que bordea el lago Ness, ligeramente ondulada y que recomiendo absolutamente para hacer sobre la bici. Por cierto, sin noticias de Nessie.

Ese día también teníamos previsto pasar cerca de dos castillos de esos que uno ve en las películas y duda que puedan existir en la realidad. El primero donde paramos es el Urquart Castle, castillo en ruinas justo al lado del Lago Ness y que conforma una estampa inolvidable de Escocia. Aunque todavía mejor resulta el castillo de Eilean Donan, muy cerca de la isla de Skye. Aquí sí que una imagen vale más que mil palabras.

De Escocia
La primera subida es Bealach Ratagain, otra carretera solitaria en la costa occidental escocesa que lleva a un embarcadero donde coger unos ferrys por las islas. En Escocia hay más de 800 islas, de las cuales sólo 130 están habitadas, ¿os lo podéis imaginar?
La subida a Ratagain no ofrece sorpresas ni novedades más que la consabida lluvia y una tabla de orientación en su cima. Sólo quedaba la última subida, a Bealach Na ba. Me parece tan especial que le tengo que dedicar un artículo a ella solita. Solamente os digo que me parece una de las subidas más bonitas que he hecho sobre la bici.

De regreso hacia Edimburgo las nubes nos impidieron ver la cima del Ben Nevis, a 1.344 metros, el techo de Escocia. Una subida que obviamente no se puede hacer en bicicleta pero que se puede intentar a pie sin excesivas dificultades. Una cita pendiente.

Mis acompañantes me dejan en Stirling en su camino hacia Londres y el paso del Eurotunnel camino de su origen en Francia y en Bélgica. Otro Bed & Breakfast y visita obligada el día siguiente al Wallace monument y al castillo de Stirling.

Epílogo

Los últimos días los dediqué a visitar Edimburgo, pues genial, con el castillo de Edimburgo, la National Portrait Gallery, el Greyfriars Bobby. Pero en mi caso, bien aconsejado por un amigo que sabe qué tipo de cosas me gustan, me aconsejó visitar el Arthur’s seat. Se trata de una montaña cercana a Edimburgo que se eleva a 271 metros de altitud y que supone una perfecta atalaya para observar desde lejos el castillo de Edimburgo y toda la ciudad a sus pies. La excursión para coronar el Arthur’s seat es muy recomendable, menos mal que llevé las bambas de montaña, aunque subiendo allí podías ver de todo, la típica chica con zapatos normales como si estuviera paseando por la Royal Mile.

Por la tarde, en el centro, lo dediqué a la compra de souvenirs para la familia. Preguntaba también en las librerías por algún libro sobre la vida de Graem Obree, posiblemente el ciclista escocés más famoso de l a historia (a parte de Robert Millar, coetáneo de Pedro Delgado, cuya historia prefiero contar en detalle en otra ocasión;-)). Y para mi sorpresa no lo conoce nadie. Aquí el ciclismo tampoco es el deporte nacional… Lo que también me queda pendiente es ver la película “The flying scotsman” (El escocés volador), sobre la vida de este ciclista escocés que fue recordman de la hora.
El último día el traslado de Edimburgo a Newcastle se saldó con un excelente viaje en tren para salvar los 140 km de la capital escocesa a la ciudad inglesa, un precio del billete carísmo (comprad los billetes anticipados por internet!) y un último desplazamiento en bici hasta el aeropuerto puesto que no permiten llevar las bicis en el metro. Un poquito de aventura al final, menos de lo que me hubiera gustado.
Después de unos días tan intensos, lo que tengo claro es que cada vez me siento más cicloturista y menos ciclodeportista, con más ganas de visitar ciudades como Inverness o Edimburgo, de conocer sitios como el Arthur’s seat o el Lago Ness, de conocer gente como aquella canadiense con su bici en Edimburgo o la camarera de la pizzeria en Inverness… En fin, de sentirme inmensamente pequeño ante todo lo que me queda por descubrir.

Y es en eso en lo que el reto del BIG me ayuda. Cada vez que viajo me dice aquellos sitios que no me puedo perder para disfrutar de mi pasión por la bicicleta. Y al mismo tiempo tengo que buscar mi tiempo para complementarlo con otras visitas que nada tienen que ver con la bici y que sin embargo, son fundamentales para entender todo lo que pasa por allí. En Escocia tuve tiempo para todo. Mi amigo Xavi dice que cuando estuvo en Escocia subiendo BIGs le pareció algo mágico. Yo lo corroboro: las carreteras solitarias y silenciosas, los grandiosos paisajes , la historia centenaria, los fabulosos castillos…

Y así es como finalmente llego a la definición de trabajo. ¿Qué es el trabajo? Es aquello que hago entre viaje y viaje. Es aquello que me sirve para poder pagarme algunos vuelos. Ni siquiera el alojamiento. Cada vez me tienta más el viajar en autosuficiencia. Algún día.

Para mí eso es el trabajo. Lo verdaderamente importante es lo otro.

sábado, febrero 25, 2012

Duatlon por equipos del Prat, una nueva experiencia

Aunque uno sea escalador, ¿quién no ha soñado con hacer una contrareloj por equipos al más puro estilo equipo de la ONCE de los años 90? Yo nunca lo había hecho y me apetecía mucho probarlo. Ese era uno de los alicientes que ofrecía participar en el Duatlon por equipos del Prat. Otro era conocer a compañeros de entreno con los que no convivimos demasiado, ya que en las carreras cada uno va a saco y no se espera ni a Cristo, je. Al final sí que hay momentos de comentarios y risas, pero un duatlon por equipos es un buen momento para conocer más a tus compañeros.

En un club como el Cerdanyola Club Hockey, había muchos pretendientes para unas pocas plazas en este Duatlon del Prat. El equipo A, el de los bueno, ese era intocable, con gente corriendo a un ritmo inferior a 3:20 el kilometro. De locos. Para un posible equipo B había mucha gente interesada, y gracias a la diosa fortuna yo me ví pocos días antes como uno de los agraciados. Íbamos a compartir equipo 6 compañeros de club: Alex, David, Eric, José Miguel, Pablo y yo mismo. El ritmo de carrera, preveíamos que sobre los 4 minutos el kilómetro.

Las pretensiones no eran demasiadas, no podíamos competir con los equipos A de cualquier club… La finalidad principal era sobre todo pasarlo bien. También, la convivencia y los ánimos mutuos con los otros dos equipos del club, el equipo de los cracks (David, Christian, Guillem y Dani) y el de las chicas (Silvia, Natalia, Virginia y Laura).

La previsión de salida a las 10,00 se ve retrasada y nosotros debíamos salir como a las 11,00. Total, que un solete más que agradable y, al contrario que las últimas competiciones en Granollers (Mitja y Duatló en el Circuito), nada de frío. Ni los guantes.

Es la hora. Le toca al número 65. Salimos ya. José Miguel y Pablo van sobrados y yo tampoco me encuentro mal del todo en el primer tramo a pie. Corremos a un ritmo de 4:15 muy bien y muy conjuntados. La transición la hacemos realmente lenta, las bicis están tan juntas que nos estorbamos: los cascos, las botas... un follón.

El tramo en bici se compone de dos vueltas a un circuito básicamente llano de 10 km con dos giros de 180 grados. Nada complicado, muy rápido, se trata de rodar y rodar. En la primera vuelta vamos dando algunos relevos vigilando que no se retrase Erik, el más joven al lado de cinco cuarentones, que es el que va un poco más justo. Dejamos a un lado una caída con mala pinta en dirección contraria. Hay que tener cuidado de no hacer el afilador, y también en las rotondas. Y en los adelantamientos: en un momento dado nos encontramos cuatro equipos en el mismo instante, nosotros adelantábamos un equipo más lento y a su vez nos adelantaban a nosotros (ni nos habíamos dado cuenta), mientras en dirección contraria venía otro equipo. Hay que tener los ojos bien abiertos.

En la segunda vuelta las cosas se van poniendo en su sitio, y José Miguel y Pablo demuestran que son los más fuertes. Prácticamente no les damos un relevo, van muy rápido: Erik lo empieza a pasar mal y se descuelga por momentos. A todo esto vamos muy parejos con otro equipo al que vamos adelantando y ellos hacen lo mismo con nosotros. Hay que mantener 25 metros de distancia, los árbitros vigilan y van avisando todo el tiempo. Llegando al final las fuerzas de Erik se acaban y hay que esperar un poco. Nuestros rivales se alejan.

De nuevo en la transición, nos calzamos otra vez las bambas y a por los últimos 2,5 kilómetros, dos vueltas al circuito. En la primera todavía intentamos mantenernos juntos. Puntúa el cuatro clasificado pero hemos intentado mantener el equipo de 6 hasta el final. Sin embargo en la última vuelta se acaba el sufrimiento para Eric y se deja ir. Entraremos en 1:17: 30 en una más que discreta 73ª posición, pero más que contentos con la experiencia y un poco más amigos.

Una vez finalizado nuestro duatlon, se trata de ver a los compañeros. Las chicas ya han terminado y nuestro equipo A está en plena competición. Los vemos cómo llegan a la transición y esperamos su regreso para animarlos con fuerza. Sin embargo el tiempo pasa y ellos no aparecen. Algo ha pasado. En efecto, Guillem ha caído y las esperanzas de una buena clasificación se han ido por tierra... Otra vez será.

sábado, enero 28, 2012

1er Duatlo de Cerdanyola: un lujo de carrera

Primera edición de este duatlón que organizaba mi nuevo club. Lo primero que hay que decir es que la cantidad de gente que maneja el Cerdanyola Club Hockey es un verdadero escándalo. A nivel de socios activos participantes en las secciones de atletismo y triatlon (las que yo conozco) y a nivel de socios colaboradores en las diversas pruebas que organiza (5 milles nocturnes de Cerdanyola, Cursa dels Poblats Iberics, Cursa de Collserola, etc.). Con estos antecedentes organizativos, pues solo se podía espera algo grande, pero nadie esperaba el exitazo que supuso esta primera edición del Duatló de Cerdanyola.

Desde el principio todo estuvo cuidado con todo lujo de detalles, desde la página web, hasta el recorrido de la bici, pasando por el arco de meta tipo Ironman, o el entreno para testear el circuito dos semanas antes... Lo del recorrido de la bici merece un comentario aparte, porque aunque yo no soy un asiduo de todos los duatlones de carretera que se disputan en Catalunya, me parece que es una completa novedad disponer de una carretera cerrada al tráfico con dos amplios carriles en todo momento. Un recorrido llano pero con repechos que te exigen todo.

La salida fue más bien tardía, a las 10,30, pensando lo fría que podía ser una mañana del mes de Enero, aunque en realidad fue un día primaveral. Desde la salida ya estoy viendo que voy a estar disputando con muchos compañeros de club y de entrenos, cada martes y jueves. Ahí estoy viendo cerca de mí, nada más salir, a Albert, a Guim, a Sergio, a Pedro, a David, a Fede. Qué bonito, tener nada menos que 26 compañeros del Cerdanyola Club Hockey compitiendo. Y otros tantos o más que no compitieron porque estaban ayudando en la organización. Miguel al frente de todos ellos, y David, Rafa, Alex, Marc, Conrad... Gracias a todos vosotros porque sin vosotros nada de esto hubiera sido posible. Hoy por tí mañana por mí, me comprometo a estar en el otro lado en una próxima carrera para que vosotros podáis disfrutar tanto como yo lo hice.

En el primer tramo a pie me encuentro bastante bien, quizas demasiado forzado, pero entro en boxes en la posición 117 de 394 participantes, nada mal para mis aspiraciones, con un tiempo de 18:48 que supone record personal en los 5 km si la distancia estaba bien medida (contra los 19:05 que tenía en una San Silvestre de Lloret).

Tengo ganas de coger la bici para poder coger un buen grupo, andar rápido y al mismo tiempo descansar un poco. Pero va a ser una sección muy difícil en la que voy a rodar sólo casi todo el rato. No me puedo enganchar a ningún grupo grande, y los que vienen rápido por detrás me pasan como balas y se van (entre ellos Ricardo). En la subida al Sincrotró cada una de las tres vueltas que dimos (hasta totalizar los 20 km) tiro de plato hasta arriba, menudo festival de ácido láctico, uf. Probablemente buscar la cadencia del plato pequeño me hubiera supuesto adelantar algunas posiciones, pero ese plato grande de 50 que llevo con el compact a veces te hace pensar que con eso lo subes todo...

Acabo la sección de bici con una media de 30,72 km/hora en un parcial de 39:04 en la 175ª posición. Quién me iba a decir que en mi supuesto punto fuerte, la bici, iba a ser donde peor lo iba a pasar.

Me calzo otra vez las zapatillas y salgo a por los últimos 2,5 km. En este último tramo aguanto la posición, casi no me pasa nadie y yo tampoco rebaso a demasiada gente. El arco de meta me espera ahí enfrente, un sprint y ya está. Termino en la posición 144 con un tiempo de 1 hora 8 minutos 29 segundos, en el puesto 26 de mi categoría. Yo me quedo conforme. Habrá que esperar a pasar a V2 para intentar estar cerca del podio.

El remate de toda la fiesta del deporte que supuso este duatlon lo tuvimos al día siguiente, cuando ya teníamos colgadas en la página de la prueba las 3.000 fotos que nos hicieron durante el recorrido, que nos podíamos bajar de forma gratuita. Vaya pasada. Yo pienso que el tema de la fotografía es un valor añadido importantísimo para una prueba popular como ésta, y buscarte entre todos los participantes te supone recordar cada momento y prolongar la experiencia que supone participar en ella.

El martes siguiente en el entreno del club muchos de nosotros estábamos todavía emocionados con el éxito de la prueba y con los resultados personales, rememorando los piques (eh Sergio, Albert o Guim?) y planificando futuras estrategias para batir al compañero. El damnificado fue nuestro entrenador (lo siento Albert!) que nos tuvo que reñir como críos por hablar tanto...

En resumen, un éxito organizativo y de participación. Ya estamos esperando la edición del 2013, que nuestro líder Miguel “amenaza” con que sea Campeonato de Catalunya de Duatlon. Y lo que se propone este chico lo consigue....

martes, enero 10, 2012

Nápoles: el Vesubio y la familia

(Publicado en el n.47 de la revista pedalier)
Si uno quiere viajar con la bicicleta en las vacaciones de Navidad, y no pasar mucho frío, elegir destino no es tarea sencilla. Las islas (atlánticas o mediterráneas) son siempre una opción. Y toda la costa mediterránea también. Ya conocemos las virtudes de la costa española, pero quizás no tanto las de la costa italiana... Me seducía mucho visitar Italia de nuevo. Y también quería pedalear y subir montañas, aunque en invierno el tiempo puede complicar cualquier previsión.
Esta vez, con la elección final de Nápoles, ganaban peso las cuestiones no estrictamente ciclistas: conocer una ciudad de contrastes, visitar un volcán... En mi caso además el viaje (no oculto que formaba parte del motivo de la elección del destino) tenía un componente de reencuentro con la familia. Mi abuelo procedía de Nápoles y yo nunca había estado allí.
Todos los tópicos de Nápoles me vinieron a la imaginación: el tráfico caótico (yo que tenía que alquilar un coche y conducir), la basura en las calles, la ropa tendida, el Vesubio y Pompeya, el milagro de la sangre de San Gennaro, Maradona y el estadio de San Paolo, la gente hablando a voz en grito y gesticulando, y también la camorra. Una ciudad cuya área metropolitana tiene más de 3 millones de habitantes da para todo eso y mucho más.
A la hora de planificar el viaje las posibilidades de Nápoles eran múltiples y en un viaje de sólo 4 días y 3 noches había que seleccionar muy bien entre toda la oferta. Mis planes quedaron definidos con una visita al centro histórico el primer día, subida al Monte Faito y al Picco Sant’Angelo y posterior visita a Sorrento el segundo, subida al Vesubio y luego a Pompeya el tercer día, y para acabar el cuarto día el reencuentro familiar.
El día de la llegada fue algo decepcionante. Nos recibe la lluvia. Para recoger el coche de alquiler te meten el miedo en el cuerpo, no aparques en la calle, vete con cuidado, no dejes nada a la vista (bien pensado, solo se trataba de aplicar el sentido común). La llegada al hotel, en la zona de Poggioreale (¡donde está la cárcel!) tampoco es muy alentadora. Nos trasladamos al centro histórico, donde pudimos visitar la impresionante muestra de pesebres (presepi) artesanales que se organiza cada Navidad, comprar los peperoncini portafortuna o los pulcinelle típicos de Nápoles, pasear por Via Toledo, la calle más importante de Nápoles, y finalmente recoger nuestras bicicletas de alquiler. Para el alquiler contactamos con Jerry, de la empresa “That’s amore”, un tipo que está on-line permanentemente y te pone las cosas fáciles. Capaz de alquilarte una bicicleta en cualquier parte de Italia y de ponerte un guía donde lo necesites. Si queréis alquilar una bici en Italia no dudéis en contactar con él: http://www.rentalbikeitaly.com .
Una vez recogidas las bicicletas (unas flamantes Bianchi blancas) en una céntrica tienda de bicis napolitana, volvemos al hotel y por el camino, entre la lluvia y los cristalitos de unas zonas con limpieza deficiente, pinchamos dos veces. El remate de un día mediocre, no fue el mejor principio de una pequeña escapada vacacional. Pero hay que ser positivos, ¡desde este punto sólo podemos ir a mejor!
De momento el día siguiente amanece cubierto pero sin lluvia, eso ya son buenas noticias. Nuestro primer día de bici incluía dos subidas; la primera de ellas era el casi desconocido Monte Faito, a 1.140 metros, una elevación notable si consideramos que subimos desde el nivel del mar. De las dos posibles vertientes, Castellammare y Vico Equense, subimos por esta última ya que los accesos son más fáciles de localizar, dato siempre a tener en cuenta cuando uno cuenta con el tiempo justo. Se trata una subida de 15 km que podemos distinguir tres partes muy diferentes, una zona que lleva hasta Moiano con rampas muy duras y bastante tráfico, una segunda parte sin coches, muy aérea con curvas muy amplias y preciosas vistas sobre la costa de Sorrento por un lado y hacia el Vesubio por el otro, y una tercera parte de 3 km dentro de un bosque muy cerrado, hasta llegar a la estación del funicular (funivia) que podemos considerar el final de la ascensión, aunque los lugareños nos indicaron que el punto más alto al que llegaba la carretera era realmente la iglesia de San Michele, algunos metros por encima. Me doy por más que satisfecho con coronar donde el funivia, y que el tiempo nos haya permitido subir sin lluvia, en contra de las previsiones del día anterior.
La segunda subida del día era el Picco Sant’Angelo, una subida sin demasiada dificultad, pero con interés mediático y turístico, ya que el año 2009 fue la subida previa al Vesubio en la etapa del Giro. Turísticamente tiene muchos alicientes puesto que las vistas sobre la costa de Sorrento y la isla de Capri, y sobre la costa amalfitana al otro lado (Amalfi o Positano son sus pueblos más destacados). Además, en nuestro caso, el día se fue arreglando minuto a minuto, y al final del día, cuando llegamos a la cima, el cielo estaba totalmente despejado y pudimos gozar de las mejores vistas sobre el volcán de toda nuestra estancia. Como digo una subida sin una gran dificultad a nivel ciclista (corona a 478 metros en poco más de 9 km), pero con la recompensa de la foto junto a la imagen del Santo al llegar a la cima.
Y el segundo día de bici por fin llega el Vesubio, posiblemente el momento más esperado del viaje por muchas razones. Se trata de uno de los volcanes más activos de Europa (después del impronunciable volcán islandés que bloqueó el espacio aéreo hace un par de años), con tres erupciones durante el Siglo XX (años 1906, 1933 y 1944). Un volcán que tiene entre sus víctimas pueblos enteros como Pompeya o Herculano, ciudades a la que sepultó con su erupción del año 79 d.C. Las imágenes del cráter (de 800 metros de diámetro nada menos) son realmente espectaculares y pretendíamos verlas en primera persona.
A nivel de historia ciclista también tiene el Vesubio un atractivo especial, puesto que el Giro d’Italia ha subido en dos ocasiones ahí arriba y curiosamente en ambas ocasiones un ciclista español triunfó. Fueron los años 1990 (victoria de Eduardo Chozas) y 2009 (victoria de Carlos Sastre).

Los datos de la subida tampoco están nada mal, puesto que en poco menos de 11 km se suben casi 900 metros de desnivel. No está mal si consideramos que íbamos a subirlo en pleno invierno y fuera de forma, como era nuestro caso.
El día estaba dedicado íntegramente al Vesubio. Por la mañana subimos en bici hasta la cima con nuestro guía acompañante Massimo, un verdadero experto de la zona. El principio de la subida (hasta llegar al abandonado Observatorio) está repleto de obras escultóricas hechas con piedra volcánica. Incluso pasamos junto a un solidificado río de lava que nos va poniendo en situación. El tiempo se iba complicando cada vez más e íbamos derechitos a lo más denso de la niebla. La subida en sí se hizo bastante dura y las rampas en muchas ocasiones superaban el 10%. Es temporada baja y no hace muy buen día, con lo que no encontramos muchos coches ni, obviamente, muchos ciclistas (alguno sí que pasamos). Venir en verano debe ser muy diferente.
Una vez llegados al final de la carretera se puede acceder al cráter (eso sí, después de pagar 8 Euros) a través de un camino de cenizas volcánicas que tiene todavía restos de nieve a los costados. Quizás son 500 metros de camino para llegar al sendero que bordea el cráter. Lástima que la visibilidad era nula y el grandioso espectáculo que esperábamos se quedó en nada. Una lástima, pero el que no arriesga no gana y no teníamos más opciones que intentarlo…
Ya de regreso decidimos continuar en bici hasta Pompeya, a poco más de 20 km de Torre del Greco, lugar donde habíamos iniciado la ascensión unas horas antes. Llegando a Pompeya entramos de lleno en el típico adoquinado de la Campania (la región cuya capital es Nápoles), unas losas grandes deslizantes, colocadas en diagonal, que son perfectamente ciclables pero que te hacen estar atento en todo momento.
La pena fue que no teníamos horas de luz para poder hacer una visita de Pompeya como nos hubiera gustado. Otra vez tenemos que pasar por taquilla (esta vez 11 Euros) para acceder a las excavaciones. Una hora visitando Pompeya sólo da para ser conscientes de la magnitud de las ruinas y experimentar la extraña sensación de que los romanos se fueron de ahí el día anterior. Seis metros de cenizas (que no de lava) sepultaron esta ciudad y dejaron las calles, las casas, los palacios y los murales perfectamente conservados. Impresionante.
El último día aparcamos las bicis y lo dedicamos a otros menesteres. Debía reencontrarme con una parte de mi familia, precisamente la que me da mi primer apellido. Para llegar a la cita tuve que probar el tráfico napolitano, un día especialmente duro, puesto que por la noche llegaba la bruja Befana (que deja los juguetes a los niños italianos, en lugar de nuestros Reyes Magos). El centro de Nápoles un día así no te deja opción. Entrar en la rotonda de la céntrica Plaza Garibaldi es un deporte de riesgo en el que solo sobrevives si te pones las pilas y conduces como ellos. Si no, no te mueves.
Ese día, tras el encuentro, entre café y panetone, hablando con mi desconocida familia, descubrí por qué soy un apasionado del deporte. Conocí a una prima de mi padre, Nora, que con 81 años sigue haciendo deporte cada día. Nada y compite todavía en los campeonatos italianos. Es dinámica, jovial, divertida, vital. Lo descubrí comiendo unos espléndidos spaghetti con gamberoni en el Club Posillipo, del que ella es socia emérita. Me sentí orgulloso de ser parte de su familia y también un poco italiano.
La conclusión que saco al final del viaje es que ha sido tremendo. Viajar es siempre una experiencia enriquecedora pero no puedo dejar de recomendaros especialmente que vayáis a Nápoles. A nivel de turismo urbano, te enamora con su centro histórico y con sus calles llenas de historia y modernidad a la vez. Visitarla en Navidad es un regalo adicional con los pesebres, los puestos callejeros, las luces de la Via Chiaia y sus tiendas. Vesubio y Pompeya. La costa de Sorrento, la costa amalfitana y la isla de Capri son otros destinos de obligada visita. Y no es sólo eso. Como dice un amigo mío, comer mal en Italia es imposible, aunque te lo propongas. Los Spaghetti alle vongole, la sfogliatella, los funghi ripieni, la parmeggiana... Se me hace la boca agua.
Y es que para mí en este viaje la protagonista principal esta vez no fue la bicicleta. Ni siquiera el Vesubio y su cráter. Ni todo lo que os dije en el párrafo anterior. Esta vez la protagonista fue mi tía Nora. Sin habernos visto nunca me hizo sentir como si comiéramos juntos cada domingo.
No tengo ninguna duda: yo de mayor quiero ser como ella.

sábado, noviembre 12, 2011

Londres 2011, año 1 antes de las Olimpiadas.

Visitar Londres es una experiencia enriquecedora desde todos los puntos de vista. Esto no pretender ser una recopilación de todos los tópicos visitables en Londres, sino un simple recuento de los lugares que tenía en mi lista de deberes.

Culturalmente la visita al Museo Británico es obligada, con la Piedra de Roseta, los frisos del Partenon ateniense, las momias egipcias y la Carta Magna de Juan I como sus principales reclamos. Otros museos que no podemos obviar son la National Gallery y la National Portrait Gallery, o la Tate Gallery. Históricamente cabe destacar El Palacio de Buckingham con su cambio de guardia en días alternos. La Torre de Londres, que no es Torre, con su oscuro pasado de ejecuciones, vecina del Tower Bridge (no confundir con el Puente de Londres), el Big Ben, la Westmister Abbey, y por supuesto la Catedral de St. Paul, cuyo principal mérito sea probablemente haber sobrevivido a los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial (ver foto más abajo). A nivel turístico hay que visitar Picadilly Circus, la respuesta londinense a Times Square, los mercadillos de Camden, Portobello o Notting Hill.

A pesar del amor incondicional por las tradiciones que sienten los ingleses, no hay que dejar de lado las nuevas atracciones londinenses, entre las que destaca la gigantesca noria (el London Eye) que se instaló junto al Támesis a principios de este siglo XXI y que se convirtió en atracción permanente, cuando había sido diseñada para un uso temporal. Las vistas son imponentes, a más de 135 metros de altura. Más que recomendable. Otra de esas atracciones modernas sería el Puente del Milenio, diseñado por el arquitecto más famoso del mundo, el londinense Norman Forster, para mí totalmente decepcionante y más cuando uno se entera de que costó 19 millones de Libras. Para indignarse...

Pero en lo deportivo, que es lo más me interesa, Londres es una ciudad con muchos destinos. Mi interés se concentró en dos de ellos: Wembley y el nuevo Parque Olímpico situado en Stratford, que incluye el estadio olímpico, el velódromo, las piscinas y el Palacio de Basket. Correr en Hyde Park también hubiera sido una buena toma de contacto con el deporte amateur londinense, pero una inoportuna lesión me privó de ese privilegio.

Para el amante de los deportes, Londres tiene muchos más lugares que serían dignos de una visita. Para empezar los estadios de futbol de los equipos londinenses: Stamford Bridge (Iniesta!), el campo del Chelsea, Emirates el impresionante campo del Arsenal, White Hart Lane el campo del Totenham. Eso sólo por citar los campos de los equipos más prestigiosos, porque también son londinenses el West Ham o el Queens Park Rangers. Más allá del fútbol, qué decir de las pistas de Tenis de Wimbledon donde el mes de Junio se celebra el Torneo de Tenis más clásico del Grand Slam. Y si os digo que Wimbledon es al Tenis lo que Twickenham es al Rugby entenderéis la trascendencia de ese campo de Rugby. Pero no había tiempo para todo y tuve que concentrarme en Wembley y el Parque Olímpico. Wembley es el estadio de futbol de la selección inglesa de fútbol y el estadio donde se juega la final de la FA Cup inglesa, no en vano el estadio es propiedad de la Asociación de Futbol (FA) inglés. Al nuevo estadio de Wembley nos recibe una estatua de Bobby Moore, uno de los internacionales ingleses más reputados y prestigiosos de la historia y, fundamentalmente, capaitán de la selección inglesa que se proclamó campeona en 1966. El estadio de Wembley también será protagonista en la final de futbol de los JJOO del próximo verano, igual que ya lo fue de los JJ de 1948. Especialmente destacable la victoria del argentino Delfo Cabrera en la prueba de maratón, que acabó en el estadio. Pero si algo marca la historia del viejo estadio de Wembley, inaugurado en el año 1923, es la final de la Copa del Mundo de Futbol del año 1966, que se disputó en Inglaterra y fue ganada por sus anfitriones los ingleses, en la que hasta la fecha es la única. Una polémica final enfrentó a Inglaterra y Alemania, en la que un gol fantasma de Inglaterra allanó el camino de la victoria por 4-2.

Para mí, Wembley es mítico y siempre lo será por las dos victorias de Champions League del Barcelona, una el año 1992 con el famoso gol de Koeman a la Sampdoria, y la segunda el pasado mes de Mayo frente al Manchester United en un partido en el que el Barça de Guardiola llegó a su máxima expresión. Wembley ha sido escenario de otros múltiples eventos deportivos históricos, entre los que quiero recordar, a los pocos días de la muerte del mítico Joe Frazier, el combate que disputaron Cassius Clay y el londinense Henry Cooper en 1963, en el que el inglés derribó a Muhamad Alí aunque acabó perdiendo.

Por lo que hace referencia al segundo objetivo de mi tour deportivo en Londres, debo decir que fue un verdadero fracaso, puesto que el Parque Olímpico, ubicado en East London, exactamente junto al conocido Centro Comercial de Stratford, está cerrado al público a 9 meses de los Juegos Olímpicos, aunque algunas de sus instalaciones ya han sido finalizadas e incluso inauguradas. El Estadio Olímpico, fue construido por alrededor de 8 mil trabajadores y cuenta con una capacidad para 80 mil personas. Su coste no superó los 552,8 millones de euros, el estadio será el principal escenario en los Juegos Olímpicos de 2012 y es la segunda obra de gran escala que se finaliza, después del velódromo. No hay que olvidar la tradición británica del ciclismo en pista, no en vano los grandes estandartes del ciclismo inglés actual proceden la pista (Wiggins y Cavendish). Los ingleses fueron también los grandes triunfadores del ciclismo en pista en las pasadas Olimpiadas en Pekin 2008 con 7 oros nada menos.

Junto al Estadio Olímpico sí que pudimos observar una torre roja en espiral, diseñada por el artista angloindio Anish Kapoor, que se alzará sobre el Parque Olímpico de Londres 2012 como símbolo de esperanza. La torre de 19 millones de libras consiste en gigantes figuras de acero enrejado entrelazadas y es más alta que la Estatua de la Libertad de Nueva York. También es más alta que el Big Ben, pero de menor tamaño que la Torre Eiffel en París, la torre de 115 metros es un «símbolo del dinamismo de una ciudad que viene saliendo de la recesión», según dijo el alcalde Boris Johnson. El Centro Acuático, donde se desarrollaran las pruebas de natación y saltos, es otra construcción espectacular con forma de cola de delfín, sencillamente genial.

Me quedé con las ganas de poder ver todas estas maravillas por dentro, pero cuando el próximo verano vea las Olimpiadas por la tele (los precios de Londres ya son caros, imaginaros en unos JJOO) me imaginaré terminadas todas esas obras que yo pude ver en la lejanía...

jueves, noviembre 03, 2011

El espectáculo de Grossglockner y el glaciar Pasterze

De Dolomites 2011
El monte Grossglockner es, con 3798 m., el pico más alto de Austria. No, allí no se puede llegar con la bici de carretera. Pero hay un lugar desde el que se tiene una vista espectacular del Grossglockner, es el Refugio Franz Joseph Höche (2369 metros), un mirador privilegiado no sólo sobre ese pico sino también sobre el glaciar Pasterze, el más grande de los Alpes Orientales. A este refugio se accede desde la carretera que sube al Hochtor Pass (2504 m.), una carretera con un trazado de 48 km que va desde Zell am See hasta Heiligenblut. Esta carretera, llamada Hochalpenstrasse (carretera de los Altos Alpes) es una verdadera atracción turística y se ha vuelto a poner de moda en el mundillo ciclista este año 2011, al ser incluida en el trazado del Giro, el segundo de Contador.
José Manuel Fuente , posiblemente el mejor escalador español de la historia, respondía así a la pregunta de cuál era el puerto más duro que había subido alguna vez: “El Gloscone (respondió literalmente, por Grossglockner). Lo subimos en el Giro del 71 (en mi primer año como profesional) y la etapa la ganó Pierfranco Vianelli (Campeón Olímpico en México y 7º en el Tour del 69). Recuerdo una sensación extraña subiendo aquel puerto, algo así como estar escalando una cuesta sin fin, algo que no se acaba nunca; era un puerto, creo, de unos 30 km. y con rampas del 14%. Aquel año era la Cima Coppi y me lo ganó Vianelli. Estábamos en la frontera con Austria y de verdad que lo pasé muy mal, aunque aquel año terminase ganando la montaña.”

Este año 2011 el Grossglockner volvió a ser incluido en el recorrido del Giro d’Italia, después de 40 años. En un recorrido que, procedente de Italia, tenía 167 km e incluía las ascensiones al Monte Croce Carnico (Plöcken Pass en alemán) y la tachuela del Iselbergpass. En el mes de Mayo, la subida nos ofreció unos paisajes nevados grandiosos, que fueron testigos de la superioridad incontestable de Alberto Contador, que cedió la victoria a José Rujano. La meta se situó en el llano anterior a la subida final al Refugio Franz Joseph Hoche. Ese lugar, una explanada con un parking enorme, es ideal para albergar toda la infraestructura que requiere un final de etapa de estas características. Allí las vistas no son excepcionales. Lo que sí se ve es la tremenda última rampa que en un par de kilómetros alcanza el Refugio. Una rampa constante superior al 13% dentro de una galería que acaba con las fuerzas de cualquiera.
De Dolomites 2011
Yo ya hacía tiempo que tenía ganas de subir por la Hochalpenstrasse, que como decía al principio es una atracción turística de primera magnitud. Se trata de una carretera de peaje (nada menos que 29,00 Euros vale el ticket por acceder a ella). Incluso este año se estudió la posibilidad de que los ciclistas pagaran, como decían Rubén Berasategui y Angel Morales en el número 41 de Pedalier hace unos meses, pero para nuestra tranquilidad este 2011 todavía no lo cobraban a las bicis y hasta donde yo sé, una verdadera movilización de ciclistas en Austria ha impedido de momento que se implante ese peaje.

La historia de esta carretera se remonta a 1922, año en que un grupo de expertos austríacos tuvo la visión de hacer esta carretera “para estimular el turismo y atraer a gente de gran poder adquisitivo”. La carretera seguía el trazado de un camino de antigüedad secular, que ya había sido pisado por los soldados romanos y celtas. Sin embargo Austria, tras la derrota en la 1ª Guerra Mundial, no podía financiar el proyecto y no fue hasta 1929 que la crisis provocó que la construcción de la carretera se convirtiera en un proyecto para crear empleo. En 1930 empezaron las obras y el 3 de Agosto de 1935 se inauguró la carretera del Grossglockner.

Es una subida cuya historia en relación con el deporte se remonta muchos años atrás. La primera carrera de coches tuvo lugar el día siguiente a su inauguración, con 75 pilotos participantes. Siempre ha sido lugar de carreras de coches, motos o bicicletas. La Vuelta a Austria hace obviamente una visita anual al Hochtorpass en su recorrido.
Se estima que unos 20.000 ciclistas pasan cada año (cada verano más concretamente!) por esta carretera, siendo uno de los destinos favoritos de los cicloturistas europeos. Cubierta de nieve durante todo el invierno, hoy en día con 5 máquinas y 10 personas, en 15 días la carretera queda abierta al tráfico. En 1938, se necesitaban 70 días para que 350 personas quitaran manualmente la nieve acumulada...
Hay servicios que facilitan a los ciclistas su escalada. Existe también la posibilidad de tomar el tiempo entre Ferleiten y la Fuscher Törl (lo que se denomina la etapa reina del Glockner), mediante un sistema de cronometraje automático (solo antes de las 9.00 y después de las 15.00 horas). Por un módico precio de 2 Euros sabréis el tiempo exacto de vuestra escalada y éste aparecerá también en Internet a los pocos minutos. Al regreso a Ferleiten hay dos duchas (para hombres y mujeres) donde poder refrescarse tras el esfuerzo.
Pero hay que decir que el verdadero paso de montaña es el Hochtorpass (incluido en el reto BIG, por supuesto), con su túnel en la cima, a una altitud de 2.504 m., que da paso a la vertiente norte, desde la que se puede llegar a otro de los destinos que no os podéis perder, el Edelweisspitze, realmente el punto asfaltado más alto de esas montañas, a 2571 metros. Dos kilómetros adoquinados es el remate final para llegar a este punto culminante, desde la Fuscher Törl.

Nosotros íbamos con la intención de subirlo todo, Hochtor, Refugio, Edelweisspitze... pero la realidad fue que imitamos la etapa del Giro casi al 100% y cuando llegamos a los pies del Hochtor ya habíamos dejado casi todas la fuerzas. Cada uno subía como podía. Siempre hay que buscar el lado positivo de las cosas y a pesar de las escasas fuerzas que me quedaban por lo menos daba las gracias de que el tiempo nos hubiera acompañado y nos hubiera permitido llegar tan arriba, cosa que no estaba tan clara cuando salimos de Italia. A partir de la rotonda que separa los caminos del Refugio y del paso del Hochtor sigo hacia el Hochtor y las cosas se ponen realmente feas, una rampa impresionante de la bienvenida a los últimos kilómetros y a una velocidad mínima paso unas motos de época que nos habían pasado unos kilómetros antes y que ya no podían con la pendiente ni con sus orondos y disfrazados conductores. Si no podía el motor de la moto, mi motorcillo estaba también en las últimas. Me agarro a cualquier estímulo para poder continuar unos metros, pero el aliciente de llegar a Sergi, al que veo haciendo fotos por delante y el aliciente de ver a Julià por detrás, no son suficientes para vencer la tentación de echar pie al suelo. Poco a poco el aire sopla más fuerte y es más frío. Sólo tengo ganas de llegar, ver el túnel de la cima y hacerme la foto junto al cartel. Cuando llego mis compañeros no están y me dice Sergi que por allí no han pasado. Se han ido directos al Refugio Franz Joseph Hoche, seguro. No queda otra. Después de comprar algunos souvenirs en la tienda nos vamos a buscarlos al Refugio. No nos ponemos de acuerdo en qué tramo es más duro, si el final del Hochtor o los últimos kilómetros hasta llegar al Refugio, buen debate organizamos...
De Dolomites 2011
El día se va complicando y en lugar de visitar el Edelweisspitze (el único que nos faltaba de nuestro planning), decidimos quedarnos un buen rato tomando un café en el Refugio Franz Joseph Hoche viendo con un ojo la etapa del Tour, y con el otro el impresionante glaciar Pasterze, cuyas dimensiones se han visto reducidas de forma dramática desde el año 1846, en que se empezó a medir científicamente. El hielo ha perdido en este tiempo más de 200 metros de altura en la lengua del glaciar, y su longitud se ha reducido en 1.800 metros. El panorama es tal que al ritmo que vamos, en 80 años el glaciar habrá desaparecido.

El frío fuera es intenso, tanto que incluso acortamos la sesión de fotos habitual. La vertiginosa panorámica podemos apreciarla también desde las cristaleras del restaurante, y en algún momento las nubes incluso nos permiten ver el pico del Grossglockner.

En fin. Una experiencia de las que recordaremos durante años. Un recorrido que podría situarse sin duda en las primeras posiciones de los recorridos más espectaculares que se pueden hacer en bici. En competencia, sí, con algunos recorridos en los vecinos Dolomitas, pero la subida al Hochtor Pass y las vistas desde el Refugio Franz Joseph Hoche son la “creme de la creme” del cicloturismo en el mundo. 20.000 ciclistas al año no pueden estar equivocados.