sábado, marzo 24, 2007

La Ruta de los Castillos Cátaros

(Artículo publicado en el número 14 de la revista Pedalier)

Al fondo, el Castillo de Montségur
Todo acabó en el Castillo de Montsegur. En el año 1244, y después de un asedio de 10 meses, más de 220 cátaros fueron quemados en la hoguera tras una huída desesperada de las cruzadas y de la Inquisición. Montségur fue el principio del fin, pero también fue el principio de nuestras inquietudes por el catarismo. El halo de misterio que rodeaba el Castillo de Montségur no permitía alejar demasiado nuestros pensamientos de ahí…

De hecho hacía tiempo que nos rondaba por la cabeza hacer una ruta por el sur de Francia conquistando Montségur y el resto de los castillos cátaros. Una vez delante del mapa, las opciones se multiplicaban y las etapas se encadenaban. La zona da mucho de sí. Pero también permite un recorrido muy completo en apenas dos etapas Así que, ¿por qué dejar para mañana lo que puedas hacer hoy?

Elegimos una zona equidistante entre Montségur y Queribus-Peyrepertouse, como es la zona de Quillan. Desde ahí podríamos atacar las dos zonas, con un kilometraje asequible y además, visitando otras atracciones naturales como son las Gorges de Galamus y el col de Saint Louis.

Castillo de Puilaurens
El primer objetivo de la primera etapa era el Castillo de Puilaurens, cuya vista desde Lapradelle, el pueblo que queda en la carretera D117, es imponente. La subida al castillo, que se eleva a 697 metros, son 3,5 km a una media del 5%, pero en dos fases muy diferenciadas. La primera muy suave, bordeando la montaña, y la segunda se empina de verdad en claro ascenso hacia la zona de aparcamiento, desde donde (previo pago de 3,5 Euros) se puede subir al castillo en aproximadamente media hora de caminata. Pero el día es muy largo y no nos permitirá visitar los castillos por dentro, simplemente dejará que nos impresionen desde fuera.

A continuación regresamos a la D117 y llegamos a Caudies en Fenouillédes. En lugar de seguir recto hacia Maury nos desviamos a la izquierda hacia St. Louis, por una carretera que posteriormente nos llevará a Bugarach y a Cubiéres-s-Cinoble, donde podremos visitar las Gorges de Galamus. La subida a Col de St. Louis es muy dura al inicio pero sus números no impresionan: 6 kilómetros al 6,2%. Lo mejor del puerto es un curioso “nudo de corbata” que supone un giro de 270º, el paso sobre un puente y que ofrece un mirador espectacular sobre la primera parte de la subida.

Una vez coronado vamos viendo una mole montañosa imponente delante nuestro con unas curiosas formas: es el Pech de Bugarach, pico al que se accede desde el Col du Linas (667 metros), por donde también pasaremos antes de uno de los momentos más esperados del día.

Les Gorges de Galamus
Estábamos deseando llegar a las Gorges de Galamus, y la verdad que no nos defraudaron. Un desfiladero impesionante, con una carretera escarbada en la montaña que no permite el paso de vehículos con una altura superior a la convencional ni, por supuesto, el paso de dos vehículos en paralelo. El desnivel sobre el río es difícil de calcular, pero no me soprendería que llegara a más de 70 metros…

Una vez pasado el desfiladero y tras hacer todas las fotos posibles, nos dirigimos en claro descenso hacia St. Paul de Fenoulliedes. Desde allí, hacia Maury, donde las indicaciones clarísimas de País Cátaro, nos llevan hacia los castillos de Queribus y Peyrepertouse, muy próximos entre sí.

El Castillo de Queribus es muy visible, a lo lejos, desde la carretera D-117. Perfectamente mimetizado con el entorno y en lo alto de un peñón, a 730 metros de altitud, no sorprende que fuera un punto estratégico de defensa y control de la zona. Es el punto de referencia durante toda la subida. Queribus era frontera entre los reinos de Francia y de Aragón.

Un cartel a falta de dos kilómetros nos dirige por una pista que llevará hasta la base del castillo. En ese punto, un inquietante cartel del 17% nos advierte de las características de esa pista asfaltada. Y es que esos dos kilómetros son realmente exigentes.

Una vez de regreso a la carretera nos dirigimos hacia posiblemente el castillo más bello de todos: Peyrepertouse, que bien pronto podemos divisar en la lejanía. Impresionante por su magnitud (se trata nada menos que de un castillo de 300 metros de longitud!!), pero también por su integración en la montaña: da la sensación que sus murallas nacen de las rocas, e incluso visto desde lejos cuesta dintinguir el propio castillo, que parece que se extienda por toda la cresta de la montaña.

Peyrepertouse es un castillo que perteneció a los Condes de Besalú y a los Condes de Barcelona, antes de ser posesión francesa, tras la huída de los cátaros en 1240.

Las vistas desde la subida son preciosas, del propio castillo y en especial del castillo de Queribus, que acabamos de abandonar, e incluso es posible ver el mar en un día claro. Durante la ascensión (de 4,7 kilómetros con un desnivel de casi 400 metros) empezamos a notar la dureza y el paso de los kilómetros; sin embargo una vez arriba nos reconfortan los saludos de ánimo de varios caminantes “Bravo!”, “Bon courage!” Se agracede ese calor y uno al final piensa que menos mal que por lo menos en el país del Tour los ciclistas no estamos tan desprestigiados como al otro lado de los Pirineos…

Una vez coronado Peyrepertouse todavía no hemos conseguido realizar todos los objetivos del día. Nuestra idea era regresar por Soulatge, Auriac, Col du Paradis, el Castillo Cátaro de Arques, Couiza y Quillan de nuevo, pero el cambio horario destroza nuestros planes y la oscuridad se nos va echando encima. Decidimos regresar de nuevo por la Gorges de Galamus, pero esta vez de una manera muy diferente a como las cruzamos por la mañana. Vamos a toda máquina, sin cruzar palabra, trazando las curvas como en carrera, en esa estrecha pista… Hay que llegar con luz como sea, pero tras un par de sustos desistimos y llegamos al hotel en taxi, ahorrándonos 20 kilómetros.

El recorrido completo, durísimo, es de 147 km con 3 puertos, tres castillos, las Gorges de Galamus dos veces... y 2365 metros de desnivel. Un día bien aprovechado, sí señor.

La segunda etapa tenía dos posibilidades, tirar hacia el Plateau de Sault y subir directamente al castillo de Puivert, y luego hacia Montségur, o bien “complicarnos la vida” yendo a buscar la gorges de Joucou y el col de la Croix des Morts. Finalmente nos decidimos por la versión corta y subir directamente Puivert. Ya tuvimos bastantes sustos el día anterior.

Castillo de Puivert
Puivert era del castillo más festivo de todos. Parece ser que se trataba del punto de encuentro de músicos y juglares y donde se celebraban torneos y competiciones entre caballeros. Una pista en muy mal estado, pero muy corta, llega hasta la base del castillo. De hecho fue el único castillo al que llegamos hasta la misma puerta, donde se observan sus 35 metros de altura y sus 6 torres. Su acceso es muy fácil y se entiende que su misión no fuera estrictamente la de vigilancia. No sigue el patrón de los castillos que visitamos el día anterior, verdaderos nidos de águila en la cima de escarpadas montañas.

Una vez solventado el inevitable pinchazo al que obliga la infame pista que lleva a Puivert, nos dirigimos al último y definitivo objetivo: el Castillo de Montségur. De las diversas posibles vertientes, escogimos para ascender la de Belesta, más exigente y que pasa por el mismo pueblo de Montségur, en lugar de subir por la más conocida y transitada vertiente de Lavelanet. El castillo se divisa a lo lejos en lo alto de la montaña llamada “Pog”. A lo largo de la ascensión, bordeando la montaña, uno piensa por dónde se podrá acceder allá arriba, puesto que la fortaleza es visible desde cualquier punto de vista.

Subiendo por Belesta, y Fougax-et-Barrineuf diversas zonas con curvas de herradura nos hacen ganar altura con facilidad. Al paso por el pueblo de Montségur el castillo parece más cercano, pero todavía faltan un par de kilómetros, de los 12 que hay en total.
La carretera termina en el parking, a 1059 metros. Desde ahí, unicamente se puede acceder al castillo por un camino escarpado hasta llegar a los 1207 metros.

El misterio que rodea el castillo de Montségur incluye el tesoro de los cátaros (se dice que estaba dotado de innumerables riquezas e incluso el Santo Grial), que al parecer pudo ser rescatado antes de ma masacre y escondido en una gruta. También forma parte del misterio la extraña alineación que los rayos del sol forman el día del solsticio de verano, motivo por el cual se dice que pudo ser un templo solar.

Lamentablemente no podemos subir a visitar el castillo, y disfrutar de la espléndida panorámica que seguro desde allí se divisa. El tiempo apremia y tampoco hay lugar donde dejar las bicis! Tenemos buena excusa para regresar en otra ocasión, quizás con más tiempo para terminar de conocer los detalles de un pasado lleno de aventuras y leyendas.

En el descenso hacia Lavelanet, observamos una pequeña lápida que homenajea al ciclista Jojo Fernández, que perdió la vida (“dejó de vivir su pasión” según reza la lápida) en ese lugar en el año 2002. Emocionante y sobrecogedor. Un final de trayecto acorde con una excursión que en la que los escalofríos están a la orden del día.

Todo esto y mucho más a únicamente dos horas y media de Barcelona, o a cuatro de Donosti. Y además, una zona que podemos visitar prácticamente todo el año (nosoros lo hicimos en el mes de noviembre).
¿Quién puede ofrecer más estando tan cerca?

sábado, febrero 03, 2007

Irlanda a golpe de pedal.

Cuando uno sabe que tiene que ir a Irlanda a finales del mes de Enero lo último que se le ocurre es pensar en salir en bicicleta por ahí. A no ser que uno esté seriamente enfermo de este mal que nos afecta a muchos y que nos impide dejar de salir en bicicleta incluso en los días más fríos de invierno.

Irlanda, el país de la cerveza Guinness, de los tréboles, de James Joyce, de los acantilados de Moher, del whisky (whiskey escriben ellos) Jameson, pero, sobre todo, el país de la lluvia. Quién me iba a decir que la suerte me acompañaría una vez más y no vería una gota de lluvia. ¿O será que el cambio climático tiene algo que ver con todo esto?

Durante el viaje recordaba a Sean Kelly y Stephen Roche, los ciclistas históricos del país, vencedores de las principales pruebas del mundo. Stephen Roche, ganador de Giro, Tour y Mundial un mismo año, qué barbaridad. Y ahora tiene una empresa de cicloturismo en Mallorca. Otra isla pero con un clima un poco diferente. No sabes nada, Stephen...

Pensaba también en que el Tour de este año 2007 empezará en Londres, después de las visitas a Inglaterra de la ronda francesa en 1974 y 1994 (con la histórica victoria de Cabello en Brighton y la mítica contra reloj por equipos pasando por el Eurotunel). Y también la visita del Tour de 1998 a la misma Irlanda.

Y es que Irlanda es un país muy adecuado para moverse en bicicleta. Y Dublín, una ciudad que se mueve con los autobuses de dos pisos, con el tranvía (el LUA) y con la bicicleta como importante medio de locomoción.

Una ciudad totalmente llana, muy adecuada para el uso de la bicicleta, Y hay que reconocer que las facilidades que ofrece para circular son extraordinarias. Qué montón de kilómetros de carril bici perfectamente señalizado, a la izquierda del carril bus, con la obligación de los vehículos de ceder el paso a los ciclistas. Un carril bici en cada sentido de la marcha, sin problemas con los peatones, aún cuando el carril bici se sitúa en la acera. Sana envidia me corroe.

Son cientos y cientos los ciclistas anónimos, de todas las edades, los que diariamente se desplazan al trabajo en sus bicicletas, desafiando el frío y la lluvia, con sus chalecos reflectantes. Bicicletas de todo tipo, entre las que destacan las de la marca Raleigh, el fabricante de bicicletas británico por antonomasia. ¿Quién no recuerda el mítico equipo (holandés) Ti Raleigh?

Antes de irme a Dublín estuve buscando en Internet alguna posibilidad de alquilar bicicletas allí. Encontré la céntrica tienda Cycleways.com. Sin embargo, no había bicis de mi talla, y de allí me dirigieron a la UCD (que nadie se asuste, es la University College Dublin) una Universidad privada con un campus impresionante, con una pequeña tienda de bicicletas destinada principalmente a sus estudiantes, y que esconde en su trastienda una empresa de turismo activo (http://www.cyclingsafaris.com/ ), que tiene diversas rutas en bicicleta por Irlanda, y también por toda Europa. Pero ninguna de ellas se proponía para el mes de Enero, claro…

Es curioso, será por la proximidad que uno siente hacia aquel que practica un deporte minoritario como el nuestro, pero uno se siente arropado cuando entra en una tienda de bicicletas. Ya sea de Barcelona o de Dublín. Se establece una especie de nexo que va más allá de la relación tienda-cliente. Tanto en Cycleways como en la tienda del Campus. Y quiero pensar que esa atención no fue fruto de la compra de un maillot de Irlanda. Especialmente amable y divertido fue Rob, en la tienda de la UCD. Nos hicimos un hartón de reir con su típico humor inglés, y encima, todos mis requisitos sobre la bici, cada vez más exigentes, se iban cumpliendo como por arte de magia.

El caso es que finalmente conseguí una bicicleta mejor de la que esperaba. Me había hecho a la idea de hacer una ruta larga con una bicicleta de montaña, incluso con guardabarros, con el pie suelto o como mucho con calapié de cinta. Pero de repente Rob me sorprendió con una Giant Scr 3.0, con un grupo Shimano Sora (de 8 velocidades), incluso con pedales Shimano Spd. Más de lo que imaginaba.

Había planeado desde casa hacer una ruta que incluyera la subida a Sally Gap, un lugar relativamente cerca de Dublin (a unos 30 kilómetros) y que de hecho es la encrucijada más alta del país, a 497 metros de altitud. Una subida con tramos muy duros y kilómetros enteros al 10%, pero que no parecía inasequible, incluso en un principio de temporada con pocos kilómetros como yo llevaba.

El poco tiempo para preparar la excursión hizo que no pudiera contactar con un guía que me llevara por la zona, o sea que emprendí la marcha con la única indicación de que mi destino era Sally Gap y estaba al sur de Dublín. Cada vez que preguntaba a algún transeúnte cómo llegar me encontraba con un denominador común: todos a los que preguntaba habían estado alguna vez en España (Málaga y provincia se llevaba la palma) y todos consideraban de locos ir a Sally Gap (“it’s fucking crazy” fue la perla que me soltó un chaval). Como quiera que, además, los pueblos no están señalizados como cualquiera podría pensar, con el cartelito a la entrada, pues andaba más perdido que nunca. Unicamente las iglesias, los conventos y los campos de golf, numerosísimos todos ellos, me orientaban ligeramente.

Otro recurso era encontrar por el camino a otros ciclistas que se dirigieran hacia allí. Sin embargo durante la aproximación no ví más que a un ciclista que no se mostró muy entusiasmado con mi propuesta, aunque el día invitaba a hacer una salida larga. Únicamente llegando arriba me crucé con algunos ciclistas más, pero entonces ya no necesitaba guías, sólo oxígeno.

Cualquiera podría esperar de Sally Gap un lugar verde, frondoso, pero nada de eso. Una vez se superan a la salida de Dublín unos kilómetros bastante duros, uno se topa con una especie de meseta llena de bosque bajo de matojo, de un color parduzco muy poco seductor, con zonas pantanosas. Únicamente unas ovejas atravesando la carretera recuerdan el país en que estamos.
En el inicio de la subida lucía un sol que ponía en duda que estuviera en Irlanda, aunque el día se iba estropeando a medida que iba ganando altura. Al coronar Sally Gap el día se había convertido en gris y el principio de la bajada me recordó que estaba en el mes de Enero. Con manos y pies helados regresé a Dublín y me topé de nuevo con la gran ciudad.

Todo el miedo que tenía al hecho de circular por la izquierda se apagó de golpe al empezar a pedalear. Es curioso lo fácil que resulta acomodarse a las nuevas condiciones que se nos imponen. Sufría por si en la primera rotonda me iría hacia la derecha, pero en pocos minutos me ví circulando con una naturalidad soprendente. El único problema lo tenía una vez en la ciudad, circulando entre coches, cuando tenía que girar a la derecha desde mi carril bici.

Irlanda puede ser un país muy adecuado para descubrir en bicicleta por libre, pero allí también hay marchas cicloturistas tal como aquí las entendemos. En la zona de Dublín, una de las más conocidas (más de 1.000 participantes en 2006) es la Wicklow 200, una prueba que atraviesa todas las montañas de Wicklow, al sur de Dublín, donde se hallan las fuentes del río Liffey, que atraviesa la capital. En su recorrido se incluyen, entre otras, las subidas a Sally Gap y a Wicklow Gap, que se dió a conocer al mundo ciclista al subirse en la primera etapa del maldito Tour de 1998. Podéis encontrar más información en: http://www.wicklow200.ie/

Otra prueba muy conocida es el Ring of Kerry, una ruta superturística y muy recomendable (también en automóvil) en el todavía más lluvioso oeste del país. Se trata de un anillo con principio y final en Killarney atravesando en 180 km los estremecedores paisajes de la Irlanda más occidental. Lagos, acantilados, castillos…, como para perdérselo. Una buena excusa para volver a Irlanda, sin duda.

Pruebas, como digo, similares a nuestras marchas cicloturistas, pero con una diferencia sustancial, común al resto de marchas que se disputan en el Reino Unido. Allí estas pruebas suelen tener fines benéficos. Cada participante busca un sponsor y colabora realizando una donación mínima en el momento de la inscripción. Bonita manera de hacer deporte y no con el afán especulativo que impera en algunas marchas de nuestro país. Quizás podría ser un modelo a imitar. Las recaudaciones de las marchas serían mucho mayores, sin duda, y sería un aliciente para muchos de nosotros.

Cuántos alicientes, cuánto por descubrir. Y además el único país británico que adoptó el Euro. Nos lo ponen fácil. Irlanda, parece mentira. Un país con sólo un 10% de la población de España, pero del que podemos aprender tantas cosas…

viernes, noviembre 17, 2006

Some BIG in Spain… and other climbs. Comments that may help you.

In 2006 I climbed 13 BIGs in Spain I had not yet climbed. Let me explain them to you and maybe you will get some clues if you want to climb them in a near future…

427 Llac de Sant Maurici. It was the only catalan BIG missing for me. I had my doubts about this BIG. I thought maybe it was not tough enough and I had also doubts about the road, because there was a time the asfalt was not so good. But all my fears went away when I climbed Llac de Sant Maurici. A BIG in capitals. Hard, very hard, above all the section at 18%. No problem to find the road, because you must follow the indications to the village Espot and the ski resort of Super Espot. It is also very easy to locate Llac de Sant Maurici because the area was declarated Natural Parc and many people use to visite it. Interesting also the fact that from Espot the traffic is restricted and you can only reach the summit by bike, walking or in a off road car you can get in Espot. Be careful, the drivers of those cars drive often too fast… The view from the top, beside the lake (Llac, in catalan), wonderful.

485 Mirador de la Cabra Montés. I made an excursión in Easter to Andalucía, exactly to Granada. I just can recommend visiting Granada in Easter to know the “procesiones” and all the religious environment. We made 3 excursions to get 4 BIGS. The first stage included the way to Granada towards the coast (Motril) through the Suspiro del Moro climb, then we went to Jete and we began el Mirador de la Cabra Montés, about 17 km. long. The Picture of Mirador de la Cabra Montés is taken at the top of the climb…or at least I thought it was. From the place of the picture to the top there are still at least 7 km, one of them at 9%! Then be careful if you think you got the top when you see the name of the climb…. The descent was .terrible. 10 km more off road, a lot of machines working and 10 km of stones and danger (April 2006), Maybe next summer it will be ok, just be careful if you want to visit this climb (north side).

493 Puerto Padilla/Los Chispones: Uf, a hard stage with BIGs 493 and 494 in the same day. 157 km. It took seven hours and a half to make the stage! Departure from Abla, in fact Padilla is the road from Abla to Caniles. I think we did’nt cross not even a car in the whole climb to Los Chipones (26 kilometers!). I’m sorry to inform that there is not any sign in the summit to take the picture! But a lovely climb ideed.

494 Calar Alto. Very mediatic climb since it has been climbed in Vuelta a España years 2004 and 2006. There are several ways to get the top. Even two different roads starting from the same village, Seron, in the north side. As usual, one is the old, narrow and very steep road, and the other one is a wide, new road, almost a highway. No need to say which one is recommended… Calar Alto is an astronomic Observatory and the domes identify the summit (see pictures). Better than my explanations, please, take a look to the profile made by my friend Raul: 25 km and maximum steepness 16%, almost at the end of the climb.

486 Puerto Lobo. Very easy climb from the heart of Granada. In former numbers of the BIG magazine I had seen the climb also named as La Mora, but now this climb (La Mora) is part of a highway and you cannot reach it by bike. Then Puerto Lobo is the real name for this BIG. And we could consider it a quite touristic climb. The beginning is in the very center of Granada (in the “Cuesta de Cervezas Alhambra”) and follows the old road to Murcia A-7101, towards the “Barrio del Albaicin” (famous gipsy quarter in Granada) and goes on with nice views over Granada. The climb is 11,8 km long and has never more than 7% gradient and finally you can reach the Natural Parc “Sierra de Huetor” and the end of the climb.

452 Vidre-Vistabella. I did an excursion to Les Useres (in Castellon) to make 452 and 453. As no round circuit was possible, the idea was to make two “up and down” with just 134 km. Named and known like this, Vidre is really called Puerto del Collao, but the road goes on after a descent and the highest point you can get is Vistabella del Maestrazgo (see the picture). The highest point of Castellón province is the peak named “Penyagolosa”, and you can reach it from Vistabella del Maestrazgo, but not with the road bike, it is a gravel way.

453 Remolcador. The beginning of the climb is located in Lucena, and the road that leads to the climb is the one to Castillo de Villamalefa and Zucaina. To me it is a quite easy cllimb and maybe not deserving to be a BIG… But, I just added one more to my collection.

467 Navacerrada. In the famous Cyclingtourist Race “Pedro Delgado” (middle August) in 165 km. you can climb numbers 467-Navacerrada and 468-Morcuera and a couple of climbs more, non-BIGs as Navafria and Canencia. In 2006 more than 1.600 cyclists rode that race. Navacerrada is a very popular climb for people living in Madrid, quite hard and non regular. Interesting to say that one of the sides of Navacerrada is Puerto de Cotos, but in fact it is the same climb. I recommend to race the “Perico Delgado”, not only for the BIGs but also to eat the typical “cochinillo” from Segovia.

468 Morcuera. Very bad reminds of this climb. In the beginning of the descent a cyclingtourist riding “Pedro Delgado” fell down and died a couple of days after. When we saw him on the ground we knew something serious was going on. Reminds of Casartelli came to me. I’m sorry but I have not many indications about the location of these two climbs as we were just following the group and trying to keep as forward as possible…

378 Alto de San Clodio. In August, from Segovia I went to Galicia to climb four more BIGs. The first one was Alto de San Clodio although we should change the name to Alto da Moa. San Clodio is the village in the foot of the ascent, but no doubt the climb is Alto da Moa, indicated like this is the village. Quite hard climb. Very regular but also hard: 8 km at 9% average…

379 El Buey. In fact it is Alto do Boi, in the local language (Boi is galician, Buey is spanish). I made A Moa and O Boi the same day. It was a rainy day, as usual in Galicia, but not too bad. Enough to ride from Quiroga to Alto do Boi, down again to Quiroga, 2 km to San Clodio, to climb A Moa, and back to the cars. We were wet enough, and with two more BIGs… The day after we made a tour including one of the toughest climbs in Galicia: Alto do Couto (not BIG!), from Seoane do Courel, for 8,48 km at 8,3% average and some sections at 14%… Changing Couto for Alto do Boi would not surprise anyone… In the stage we also included O Cebreiro, the famous pass from León to Galicia, included in “Camino de Santiago”.

382 El Sestil. Another climb with different names: Peña Trevinca, El Sestil or Fonte da Cova (in fact Fonte da Cova is the name of a refuge near the top-see the picture). We made a quite hard circuit containing 382 and 383 from O Barco de Valdeorras. More than 160 km to make El sestil and El Morredero, really hard the whole tour! The climb from Sobradelo to El Sestil is 27 km long to gain 1500 meters… The typical thing of this quite hard climb, is the big amount of quarries and, therefore, a lot of trucks going up and down. Anyway, it is very recommendable.

383 El Morredero. Hard, very hard. End of stage in this Vuelta a España 2006, with the impressive victory of Alejandro Valverde passing Vinokourov as if he had stopped… The climbed from Ponferrada (already in Leon, not in Galicia), but we climbed it from the other side, from Quintanilla de Losada. We passed several very steep sections, until arriving to Alto de los Portillinos (1957 m). Afterwards, a long flat section (Llano de las Ovejas) and finally El Morredero (1762 m.)


Were they all the spanish climbs I did on 2006? NO
I also made the nearest and “usual” climbs to me: Turó de l’Home (with another BIG member coming from Castellon), Mont Caro, Bracons (with Daniel in July, in the spanish meeting), Bonaigua, Cantó…

And I also climbed some other mountains that could deserve to be in the list. Above all I would like to mention two of them: Collfred (we also made it in the spanish meeting with Dan) and Coll de Pradell, with some sections at 23% really hard. I join the fantastic profile made by Raul Massabe. Just look at the last 5 kilometers…
Thanks again to Raul to let us know his fantastic work as a profile mesurer and designer.

viernes, noviembre 03, 2006

Jau y Mantet, donde las piedras se convierten en ovejas
(Artículo publicado en el número 12 de la revista Pedalier)

Teníamos pendiente una salida por la Catalunya Norte. Se trata de un territorio muy bien comunicado con Barcelona, al que se llega en tan sólo un par de horas por la autopista A7. Una zona poco conocida pero que es un verdadero paraíso para el cicloturista. Esta vez íbamos a conocer Jau y Mantet, pero las posibilidades son múltiples, basta coger la carretera de Perpignan a Boug Madam - Puigcerdà y mirar a izquierda y derecha.

Estamos en una zona que pertenecía a la corona española hasta el Tratado de los Pirineos (año 1659), con el que se dio por finalizada la guerra entre España y Francia. En dicho tratado se estableció que las comarcas del Rosselló, Vallespir, Conflent y una parte de la Cerdanya pasaban a la corona francesa. Esto explica que muchos lugareños hablen en catalán y que la rotulación de pueblos y calles esté en los dos idiomas, francés y catalán. Estamos en lo que se conoce como la Catalunya Norte.

El recorrido planeado incluye la subida a dos colosos como Col de Jau (1506 metros) y Col de Mantet (1760 metros). En ambos casos subiremos y bajaremos por la misma vertiente puesto que bajar por la cara norte de Col de Jau (hasta Axat) alargaría mucho la salida, que prevé 110 kilómetros. La subida a Col de Jau es en principio más fácil que la que tendremos después. No se trata de un puerto muy duro, aunque sí considerablemente largo, con más de 23 km de ascenso. El plato fuerte lo dejamos para el final, Col de Mantet, con unos últimos 9 km con rampas del 15 y 16%.

Llegando desde Perpignà ya observamos la impresionante mole del macizo del Canigó a nuestra izquierda. Dejamos pues los coches en Prades (Prada de Conflent) y emprendemos nuestra ruta buscando la localidad de Catllà. Al paso por dicho pueblo ya observamos la doble rotulación de todos los pueblos de la zona. En francés y en catalán. Después de pasar por la rotonda que dirige al Col de Roque Jalere, empezamos propiamente la subida a Col de Jau. Los pueblos que atravesamos son pueblos con mucho encanto. En primer lugar pasamos por Molitg Les Bains (Molig Els Banys), un pequeño pueblo con aguas termales. Luego pasamos por Mosset, que también tiene el cartel de “Uno de los pueblos más bellos de Francia”. La ascensión continua sin demasiados sobresaltos y la dureza la pone más el aire que sopla en contra que la propia subida, que mantiene unos porcentajes alrededor del 7%. Coronamos, las fotos y para abajo.

El descenso de Col de Jau por la misma vertiente nos permite a su paso por Mosset una magnífica vista del Canigó, “la montaña sagrada de los catalanes”, según reza el tópico. Este abrupto macizo, que se eleva hasta los 2.784 metros, fue la fuente de inspiración de Mossen Cinto Verdaguer para su poema “Canigó” que supuso el renacimiento de la cultura Catalana. Y también alberga las interesantes abadías de Sant Miquel de Cuxà i Sant Martí Martí del Canigó, ésta última también de alto interés ciclista puesto que, estando en lo alto de un risco, dicen los rumores que para llegar a ella hay que salvar un desnivel de 270 metros en 900 metros de carretera. ¿Quién se atreve a intentarlo?

Una vez en Prades nos dirigimos a Villefranche du Conflent (Vilafranca de Conflent). La carretera va subiendo ligeramente y nos permite divisar en lo alto el turistico castillo de Fort Liberia y cuando llegamos al pueblo podemos ver la impresionante ciudad amurallada y el Museo de la Prehistoria enfrente. Una rotonda anterior nos llevaría a Vernet Les Bains y Casteil (la indicación que deberemos seguir para llegar a Sant Martí del Canigó), pero hay que continuar unos cientos de metros y encontraremos el desvío hacia Py-Mantet.

El principio de la subida discurre al lado del río Rotja. Un par de saltos de agua nos distraen, mientras atravesamos Sahorre y a la espera de la localidad de Py, donde empieza un infierno de 9 kilometros al 8,3%. Aunque llamar infierno a esa carretera que se empina en la montaña, sería una injusticia. Subir por esas laderas sin compartir asfalto con los coches y escuchando el ruido del silencio, casi sería estar en el cielo. La dureza irregular del puerto la sobrellevamos con un desarrollo adecuado.

La cima del puerto aparece de forma inesperada tras una curva a derechas. La carretera continúa unos kilómetros hasta el pueblo de Mantet, pero el trabajo ya está hecho, no vale la pena llegar más allá. Una vez arriba, bajo un tejadillo de madera, y junto a la información que se ofrece del parque natural, encontramos una poesía: “En el col de Mantet, las piedras se convienten en ovejas”, precioso testimonio de un paisaje singular de una zona dedicada a la ganadería.

Desde el Col de Mantet sale una pista a mano izquierda que llevaría hasta la Collada de Roques Blanques (2252 metros), uno de los puertos emblemáticos de la zona, al que se puede llegar en bicicleta de montaña. No obstante, Roques Blanques también sería accesible desde Vernet les Bains y su continuación por Col de Jou (no confundir con Col de Jau). Aunque la vertiente más conocida de Roques Blanques sería la sur, ascendiendo desde Prats de Molló.

En el descenso hacia Vilafranca, reponemos agua en la fuente de Py. Allí, mientras reponemos líquido, hacemos un breve repaso a la historia de Catalunya con un habitante de Py con el que hablamos en catalán. Y nos lanzamos de nuevo para abajo sabiendo un poco más, pero sobre todo, habiendo descubierto la cara norte del Canigó y habiendo disfrutado de un día increíble en los Pirineos. No es que sea recomendable, es que se trata de una obligación para aquellos que amamos la montaña. En nuestro caso, además, el hecho de subir un día laborable, todavía nos hizo disfrutar más de la ascensión, del poco tráfico, e incluso de los animales, únicos espectadores de nuestro esfuerzo.

Hoy el día es más luminoso. Hoy todo es genial. Poder disfrutar de un día de bicicleta como éste es todo un privilegio, el cansancio no se nota y el esfuerzo ha valido la pena.
Imaginaros que incluso el bocadillo que comimos en Prades, repleto de mantequilla (cómo no), nos supo a gloria.

domingo, septiembre 03, 2006

La Galicia profunda
(Artículo publicado en el número 12 de la revista Pedalier)


Nuestra llegada a Galicia en plena crisis de incendios forestales coincidió con la llegada también de la lluvia. Por un momento imaginé un verano “solidario” echando una mano a apagar incendios, pero afortunadamente no hizo falta. “Nunca mais”, tampoco los incendios!!! En cualquier caso, entrando por la A-92 procedente del centro del país, la imagen era desoladora, con muchas zonas quemadas a la vista, aunque muchas de ellas debían ser de años anteriores, puesto que Orense y la parte sur de Lugo eran las zonas menos afectadas por los incendios de este año.

El lugar de destino de nuestras breves vacaciones era una pequeña aldea en el sur de la provincia de Lugo, por tanto alejados de la zona costera, más turística. Pero a nivel de montaña, la provincia de Lugo no tiene nada que envidiar a otras provincias españolas con mayor renombre. Subidas tremendas y para todos los gustos las que podemos encontrar en un radio relativamente corto.

Para empezar teníamos previsto un recorrido por la Sierra do Courel que tenía como final de fiesta las subidas al Alto do Boi (alto del Buey) y la subida desde San Clodio hasta A Moá. Las circunstancias climatológicas nos depararon un día muy gris y lluvioso que recomendaba no aventurarse demasiados kilómetros lejos del coche. Por lo que establecimos como base Quiroga, desde donde pudimos hacer un doble “sube baja” al Alto do Boi y A Moá , puesto que Quiroga está únicamente a dos kilómetros de San Clodio.

La subida al Alto do Boi no es especialmente dura, pero sí es espectacular, con una amplia visión de la subida en cada momento. Tras cada curva se nos ofrece un kilómetro más por delante. La bajada por el otro lado llevaría hasta Seoane do Courel, un pueblo típico en el fondo del valle, que finalmente pudimos visitar en la siguiente salida.

En la cima del Alto do Boi, a 1061 metros, se pueden observar los carteles hacia los Miradores Pia Paxaro y el propio Mirador del Alto do Boi, miradores que sin embargo nos quedamos con las ganas de visitar puesto que se accedía a ellos por pistas sin asfaltar. Tampoco era el mejor día para observar la panorámica espléndida que sin duda hay desde allí.

Desde Quiroga, únicamente a dos kilómetros llegamos a San Clodio y desde ahí se localiza con suma facilidad (gracias a los carteles) la subida al temido alto de A Moá, con unos números para echarse a temblar: 8 kilómetros justos al 9,06%. El problema, además, es que los tres primeros kilómetros de la subida estaban en obras (un cartel nos informa que la reforma se hace con fondos europeos y estará lista antes de final de año). En estos primeros kilómetros no existe el asfalto, si bien ya se puede apreciar la anchura que la carretera va a tener, muy diferente de la estrecha pista asfaltada con la que nos encontraremos a partir del kilómetro cuatro. La pendiente es muy sostenida y, aunque es una subida muy dura, permite mantener un ritmo constante.

La subida a A Moà tiene, además, otras dos posibles vertientes (por Castro Caldelas y por Pobra de Trives, como se puede observar en los carteles de la foto), por lo que también es posible incluirla en recorridos con otros puertos de la zona, Cabeza de Manzaneda, sin ir más lejos...

El segundo día teníamos previsto una ruta con principio y final en O Cebreiro, un pueblo que forma parte del Camino de Santiago francés y que como sabéis es la principal dificultad orográfica de los peregrinos. El principal objetivo de esta salida era subir al Alto do Couto, uno de los más duros de Galicia en general y Lugo en particular.

En los primeros kilómetros que hicimos en dirección a Samos y Sarria compartimos ruta con muchos peregrinos y personalmente me hizo plantearme la idea de hacer el Camino un año de estos, en lugar de dejarlo para más adelante. Parece que los ciclistas de carretera lo tenemos un poco desprestigiado, quizás por demasiado frecuentado y facilón. Siempre he pensado que es un viaje que puedo hacer con 60 años, pero, ¿por qué esperar? No sé si seré capaz de reflexionar lo suficiente y encontrarme a mí mismo, porque si no lo he hecho en las horas de soledad subiendo puertos, ¡ es posible que ya no lo consiga!

Tras salir de O Cebreiro, pasar por el Alto do Poio y casi alcanzar Samos, cogemos un desvío hacia la izquierda que nos lleva por una carretera que es un continuo rompepiernas: subidas muy duras se alternan con bajadas cuyas carreteras no permiten mucha velocidad: una trampa continua.

Una vez en Seoane do Courel nos toca enfrentarnos al coco del día, el Alto do Couto (8,5 km al 8,3% de media, con los tres primeros a una media del 10%), y la verdad es que no nos decepcionó. El triple plato echaba humo y, sobre todo el principio de la subida es realmente duro. Después de coger el desvió hacia Visuña parece que la subida mantiene unos porcentajes más humanos, para volver a endurecerse hacia el final de nuevo.

En el descenso del Alto do Couto (sin cartel indicativo del puerto, lástima!!) nos coge la lluvia y entre la pendiente tan pronunciada y el agua, las bicis prácticamente no frenan. Después de un par de buenos sustos decidimos dirigirnos de nuevo hacia O Cebreiro, por Mostad, Millares y Romeor. Por una carretera terriblemente dura, quizás por eso no figura ni en los mapas! La llegada a nuestro destino tras casi 100 kilómetros de ruta la celebramos como si hubiéramos llegado a Santiago. Y con el tiempo suficiente para departir con algunos peregrinos. Una forma de hacer el Camino es sin fijarse en las piedras y sí en las personas, ese sería mi Camino.

El último día nos deparó uno de los días más duros que recuerdo sobre la bicicleta. La previsión era acercarnos a O Barco de Valeorras y desde allí hacer un recorrido idéntico al que recorre la Marcha Cicloturista “Puertos del Bierzo” que este año se celebró el día 25 de Junio. Allí se incluyen las ascensiones al Sestil (también conocido como Peña Trevinca y también como Albergue Fonte da Cova) y al Morredero, final de etapa en la Vuelta de 2006. La única diferencia es que ellos salen de Ponferrada y nosotros lo haríamos de O Barco.

La subida a Peña Trevinca es una subida larga, con un desnivel de 1500 metros y más de 27 kilómetros de subida, por lo que se trata realmente de un gran puerto. También se le conoce como El Sestil, e incluso con Fonte da Cova, nombre del refugio que hay a aproximadamente un kilómetro de la cima, y, puesto que no había cartel de puerto arriba, lugar donde tuvimos que volver para hacernos la foto, añadiendo todavía algún kilómetro de subida a lo que ya de por sí nos esperaba.

El descenso hacia Quintanilla de Losada es al principio rapidísimo, con una carretera recién asfaltada que permitía coger más de 80 km/h. En Quintanilla se coge el desvío hacia Nogar y Corporales. El gusanillo en el estómago hacía aconsejable reponer fuerzas y teníamos claro que Nogar era el lugar adecuado para hacerlo. Sin embargo, se trata de un pueblo pintoresco como se puede apreciar en la foto, pero sin un solo bar donde dar un bocado. Lo peor es que saliendo de Nogar, una pintada en la carretera nos advierte de que los próximos 4 kilómetros suben al 8%, por lo que el gusanillo se iba convirtiendo en león.

Llegamos a Corporales con un amenazador cartel de “El Morredero 21 km”, que confirmaba la necesidad de comer algo inmediatamente. Finalmente, en Corporales había un bar, pero no había pan, por lo que tras el consejo de algunos lugareños tuvimos que subir un kilómetro realmente duro en una pista emporlanada hasta lo que ellos llaman “el hotel” y que no es sino la residencia y comedor de los trabajadores de la cantera que allí se ubica, que da trabajo a más de 90 personas. Allí nos atendieron la mar de bien y pudimos comer un más que digno menú con sopa, bistec y ensalada y así prepararnos para la segunda parte de la ruta, que se anunciaba temible.

Efectivamente, tras unos kilómetros de falso llano una nueva pintada en el suelo nos advierte de los que se avecina: 6,5 km al 9%!!!! No hacen falta comentarios. El sufrimiento se acumula y únicamente nos consuelan las palabras de otro habitante de Corporales que nos había comentado que los últimos 10 km hasta El Morredero ya no eran de subida, por el Llano de las Ovejas. Sin esa información, posiblemente en algún momento hubiera desistido, por mucho que mi altímetro me informaba que ya no podía subir mucho más! Efectivamente, una vez coronado esa terrible zona llaneamos hasta el alto de Los Portillinos, a 1957 metros. Unos kilómetros más adelante pasamos por el cartel del Morredero, ya a una altura ligeramente inferior: 1762 metros.

Antes de llegar a Los Portillinos, la vista es sencillamente espectacular. La pendiente nula permite recrearse en la vista sin que el sufrimiento interrumpa los sentidos. Aquello podría haber sido el corazón de los Alpes!

El descenso hasta Ponferrada es muy rápido y permite la discusión de qué vertiente es la más dura. Y el resultado seguramente es que la más dura es la vertiente de Ponferrada, por la que subió la Vuelta este año. Lo que para ellos no fue una subida excesivamente dura, sin duda lo sería para nosotros.

Una vez llegados a Ponferrada no estaba todo hecho, aún quedaba volver a O Barco de Valdeorras, tras más de 40 kilómetros supuestamente llanos… En fin, un día de más de 8 horas encima de la bicicleta y una velocidad media que apenas llegó a los 20 km/hora. Una media que se obtiene sólo en salidas de bicicleta de montaña.

Esta es sólo una pequeña muestra de lo que podéis hacer si vais a Lugo u Orense, pero han quedado muchas cosas en el tintero: Los Ancares, Cabeza de Manzaneda, incluso Portela de Homem, en la frontera con Portugal. Y si queréis un poco de tranquilidad y llano por la zona, lo siento pero tengo malas noticias…

sábado, junio 03, 2006

El ciclismo, factor de integración

(Artículo publicado en el número 10 de la revista Pedalier)

Pertenecer a un gran club de una gran ciudad es una garantía de movimiento constante. En el Esport Ciclista Sant Andreu de Barcelona tenemos a menudo gente que llega nueva, aunque también hay otros que no aparecen más. Llegan nuevos socios que viven en el mismo barrio, nuevos socios que vienen del otro lado de la ciudad. Y también nuevos socios que se acaban de instalar procedentes de países lejanos. En definitiva, un club debería ser un reflejo de la sociedad que lo rodea.

Zeljko es croata, Ricardo es argentino, Víctor es chileno, Florian es suizo y Carlos, brasileño. Todos ellos tienen en común que forman parte de nuestro club. Qué mejor manera de conectar con la gente que practicando deporte, descubriendo la orografía del entorno, sufriendo a más de 160 pulsaciones, a relevos para compartir incluso el aire. Simplemente con el objetivo de hacer un tramo más rápido o de preparar una marcha el fin de semana que viene. O jugar a ser el más rápido quitándonos unos años de encima.

Alguno lleva aquí 20 años, otros acaban de llegar. Compartir carretera y bocadillo con ellos nos enseña que salir fuera de tu país es muy duro, incluso sin tener en cuenta los casos tan dramáticos que aparecen en la prensa a diario. A menudo, conseguir el bienestar que puede permitir dedicar el fin de semana a la bicicleta no es algo que se consiga de forma inmediata. Por eso se valora más cuando se tiene.

El deporte es, en general, un factor de integración. Y el fútbol, reconozcámoslo, su máximo exponente. Posiblemente casos como el de Zidane en Francia hayan hecho más por la integración de los inmigrantes que cualquier Parlamento en Europa. Y no solamente provocan un efecto integrador en los espectadores, sino que también, y principalmente, lo provocan en la calle, entre los practicantes. En el ciclismo todavía no ha ocurrido un caso similar a nivel profesional en nuestro país (recordemos que en Francia sí: Virenque había nacido en Marruecos), pero a nivel ciclodeportivo cada vez tenemos más compañeros de cualquier nacionalidad, residentes en nuestro país.

Cuando estuve en el Tour de Flandes nos alojamos en pleno centro de Bruselas. Allí nos dimos cuenta de cómo la inmigración ha cambiado por completo el perfil del habitante de Bruselas, por lo menos del centro, donde si bien todos hablaban en francés, el aspecto de la gran mayoría de ellos distaba mucho de ser la del centroeuropeo típico. Muchos árabes, muchas personas de raza negra.

Sin embargo, fue curioso observar cómo al día siguiente, en el Tour de Flandes cicloturista, no había nadie de esas características. Todos altos y rubios como Boonen. Seguramente si observamos el perfil mayoritario del ciclista en la Quebrantahuesos tampoco encontraremos grandes sorpresas de momento, pero quiero creer que nuestro caso es diferente, aunque solamente sea por ser un país con mucha inmigración hispana, en cuyo caso el lenguaje es una gran ayuda. Curiosamente, se trata de países con muy poca tradición ciclista. Excepto quizás Colombia, en el resto de países hispanoamericanos no hay una gran historia de ciclistas que provoquen el mimetismo de los críos. Ya se sabe que la cultura ciclista es fundamentalmente europea.

Si hay que buscar un denominador común en todos nuestros nuevos compañeros es que son muy competitivos. Ricardo es un Ironman. Zeljko compite en Master 40, Florian en Ciclosport, Víctor corría en pista allá en Chile. Todo eso se traduce en más batalla y más calidad en el grupo. Perfecto. Aunque sospecho que nuestro concepto de cicloturismo es algo totalmente nuevo para ellos. Una manera de entender el ciclismo especialmente indicada para los países del sur de Europa y también para países con tanta montaña como Francia, Italia o España. Pero por lo que parece para muchos de ellos es una rareza. Para ellos bicicleta es sinónimo de competición.

Nuestro club es cada vez más grande y más rico en experiencias. La gente que viene de lejos son esponjas absorbiendo toda la información que les podemos transmitir sobre nuestra geografía, nuestras costumbres y nuestras marchas. Al mismo tiempo ellos nos devuelven conocimiento trasladándonos sus experiencias “en origen” y también en zonas cercanas. La movilidad en un radio medio les es mucho menos costosa que a nosotros. Estamos mucho más acomodados, no nos engañemos.

Por supuesto, todos estos compañeros ponen más fácil una escapada de club a sus países de origen. ¿Os imagináis una salida a Croacia visitando Dubrovnik y toda la costa croata? ¿O un viaje más largo quizás a Brasil?, a descubrir… ¿carreteras?

domingo, mayo 14, 2006

63 , un 18 con el 23

(Artículo publicado en el número 9 de la revista Pedalier)

Cuando llegó ya sabíamos que al día siguiente no habría tranquilidad. Él, por mantener su estatus de exprofesional y de Master 60 en plena forma. Nosotros, por no dejarnos superar por un hombre de 63 años que, por mucho que compitiera, nos sacaba 10 años al mayor del resto, 20 años a varios de nosotros y hasta 40 años al más joven del grupo.

La ruta prevista para el día siguiente incluía el Llac de Sant Maurici, un puerto duro de verdad como visteis en el número anterior de Pedalier, un puerto pirenaico que se las trae, con rampas de hasta el 18%. Por eso, cuando Juan dijo que vendría con un 23 atrás, más de uno pensó que no iba a subir ni Llac de Sant Maurici ni más de un puerto de los que teníamos previstos ese fin de semana (Cantó, Lessui, Boi Taull, etc.). Claro que contábamos con el pundonor y el coraje de un personaje como Juan, pero con determinados desniveles se trata sencillamente de un problema de imposibilidad física.

Por la noche, en la cena, escuchamos sus historias de su época de profesional, a finales de los 60 y principios de los 70. Profesional, además, en el extranjero, en una época que no era en absoluto habitual salir fuera a correr. Pionero en disputar esas clásicas del norte con frío y lluvia. También nos contaba sus accidentes, uno de los cuales casi le impide volver a coger la bicicleta. Sus problemas con los facultativos, los consejos no siempre oportunos de un médico que no es consciente de lo que significa la bicicleta para alguien que ha corrido toda su vida. En fin, Juan era la novedad para los habituales y, por supuesto, se convirtió en el protagonista de la velada.

Como buen profesional, Juan nos sorprende por la mañana al presentarse muy abrigado. Esa manía de los pros de salir de largo incluso en verano, de ir abrigados hasta el agobio, mientras que el resto de los mortales preferimos pasar un poquito de frío por la mañana. Íbamos de corto, aunque con manguitos y chaleco. El, en cambio, iba con coulotte largo, su maillot de manga larga, sus guantes de invierno.

El acercamiento al Llac de Sant Maurici se realiza por una carretera ancha, con buen piso y buen arcén, adecuada para pasar a relevos rápidos. Ahí ya, solo salir, se empieza a montar una buena escabechina. Y cómo no, Juan el primero dando guerra… Supongo que la táctica incluía el desgaste de los jóvenes en el llano…

En cuanto tomamos el desvío para el pueblo de Espot, la carretera sigue siendo ancha y con buen piso. Un par de carteles de tráfico nos amenazan con el 10% de desnivel, pero la sensación que uno tiene por el momento no es de estar subiendo ese porcentaje. Las hostilidades no se rompen de momento. Pero pasado el pueblo de Espot empieza la zona complicada de verdad. Hay un kilómetro con un desnivel medio del 10,8%, y con rampas de hasta el 18%!

Yo estaba subiendo aquello y al principio intentaba mantener el 42x25, en “solidaridad” con Juan, para mantenerme en igualdad de condiciones pero, claro, una cosa es ser solidario y la otra es ser medio bobo. Yo llevaba el platito de 30 dientes, esperándome, ahí, para poder subir aquello dignamente. Hasta que lo puse, claro que lo puse.

Pero cómo es posible que este hombre esté subiendo esas paredes con el 23!!! La verdad es que ni siquiera podía hacer lo que pretendía, ir en zigzag, puesto que los taxis (en forma de Land Rover) que suben y bajan de Sant Maurici no paraban de pasar a toda velocidad, en las dos direcciones, ocupando la casi totalidad de la estrecha carretera que lleva hasta arriba.

Hasta el momento que puse el platito salvador tenía a Juan ahí delante y pensaba “Se baja”, “Ya está listo”, “Lo cojo”, pero pasaban los metros y a pesar de tenerlo realmente cerca no conseguía darle alcance. Ya sabéis los segundos que pueden suponer una distancia corta en una subida. Se me fue yendo, se me fue yendo… hasta que lo perdí de vista.

A partir de la barrera que hay a 4 kilómetros de la cima, los desniveles ya se vuelven más humanos y la escalada se hace más cómoda. Pero ya no podría alcanzar a Juan. No sé exactamente cuál es su terreno favorito, pero me dí cuenta que si lo hubiera podido alcanzar habría sido en lo más duro. En los descansos aprovechaba para apretar.

¡Bravo Juan! Ya estamos arriba. El abuelo se merecía algo más que un apretón de manos. Incluso los que llegaron delante de él no consiguieron sacarle gran ventaja. Pero me dio la sensación que todos estábamos contentos: los más adelantados por subir los primeros, Juan por haber estado en la media, yo por haber estado cerca de Juan, y los demás por haber coronado… Hicimos las fotos de rigor, pero a finales de abril, a más de 2000 metros el frío no permitía muchas alegrías. Nos abrigamos, comimos y para abajo.

La comida del último día fue todo un augurio de lo que podemos esperar de él en un futuro. Ya nos estaba preguntando sobre las próximas marchas en las que íbamos a correr. Si íbamos con la familia o no, qué kilometraje habíamos previsto. Seguro que lo pasó bien con nosotros. Si quería apretar, podía hacerlo tanto como quisiera, tenía a la gente joven por delante. Si quería ir tranquilo, nos tenía a un buen grupo detrás.

Posiblemente pensó que ha llegado el momento de la reconversión de un exprofesional, de un competidor nato, en un cicloturista de nivel. El momento de disfrutar un poco de la bicicleta, sufriendo si hace falta. El momento de entregar el testigo a su hijo Juan Carlos, en el equipo Andalucía Paul Versan y con posibilidades de pasar a profesionales el año próximo.

Quizás hayamos perdido un gran competidor, pero hemos ganado un compañero de nivel para las salidas más exigentes. Juan, ven cuando quieras, te esperamos, que tipos con coraje como tú no sobran.

miércoles, mayo 03, 2006

Soy de la generación de Perico

(Artículo publicado en el número 8 de la revista Pedalier)


Recuerdo los Tours de principios de los 80, en que nuestra mayor aspiración era hacer un lugar en los 10 primeros con Marino Lejarreta o Alberto Fernández. Hasta que llegó el mágico Tour de 1983 con Perico y Arroyo. Aprendí a emocionarme con Perico delante del televisor. Aprendí a querer la montaña y a esperarla impaciente, mientras odiaba el pavés, el aire y los abanicos. Cada puerto que me descubrían esos Tours lo estudiaba con mimo: Puy de Dôme, Guzet Neige, Granon, Joux Plane, La Ruchere, … Cada nuevo puerto era un regalo y una oportunidad para estudiar en el Atlas la geografía francesa. Los buscaba como un loco en los libros franceses de Altigraph y hacía una lista con todos.

Empecé a subir puertos imitando a Perico. Durante años no supe lo que era subir sentado. La Rabassada era el Tourmalet y el Forat del Vent era el Galibier. Mientras, Perico subió al podio de París, y dos veces al podio de Madrid, pero también estuvo en el Gavia en 1988, el día que se escribió la leyenda. Su despiste de Luxemburgo en 1989 nos permitió ver ataques imborrables ese año, y aunque no ganó, escarbó un poco más en nuestros sentimientos. Después, Perico sobrevivió con dignidad a la tiranía de Indurain.

Perico se fue, pero la semilla ya estaba plantada y no dejaba de crecer en mí. Y ya con casi 40 años descubrí lo que es subir un puerto de Tour (Pailheres), ya cerrado al tráfico, unas horas antes de que pasaran los profesionales. Servidumbres de haber nacido en una gran ciudad y descubrir la montaña tarde. Por una vez cambié gustoso el habitual silencio, apagado con mi jadeo, por el ánimo de la gente que me hacía creer que estaba escapado y el pelotón me perseguía. No hay nada que se pueda comparar a eso. O quizás sí: subir Mont Ventoux un día claro y visitar el monumento a Simpson, o coronar el mítico Stelvio con aguanive, entre motoristas y esquiadores.

Sí, algunas experiencias en la montaña y sobre la bici que uno ha vivido, pero queda tanto por descubrir… Sigo consultando los libros de Altigraph y de Ediciclo, leo y releo los artículos de Mario Ruiz y de Ander y Juanto, y los mails de Roy y Angel, busco en http://www.salite.com/, y incluso en Google, pero cuando creo que sé un poquito me doy cuenta de todo lo que falta. La montaña sigue descubriendo nuevas aventuras que ni el MOPU es capaz de anticipar. Nuevos retos que están ahí para subirlos un año de estos. La Pandera y Aitana, Zoncolan y Bocca di Forca, Malga Palazzo y Nebelhorn, hemos ido descubriendo cada uno de ellos y ya los tenemos situados en el mapa. El año pasado nos sorprendió Col delle Finestre, y este año Plan de Corones y La Toussuire. Y aún queda más en la recámara: Peña Escrita, Coll de Pradell, y pequeños tesoros como la Tour de Madeloc o la Corbata. Están ahí, muchos de ellos muy cerca, esperándonos, sólo necesitan que alguien de nosotros lo suba, lo sufra y lo explique.

Perico simboliza una raza de escaladores que conectó con la gente, pero no tuvo sucesión. Le siguió esa generación de escaladores de vida efímera que simbolizan Pantani y el Chaba Jiménez. Siempre es buen momento para recordarlos, cómo no, ellos también fueron culpables de muchos buenos momentos en la cuneta o delante del televisor.

Hoy Perico sigue con nosotros desde un micrófono, y de la misma forma sencilla y cercana que nos explica las vueltas de hoy, nos enganchaba al televisor con sus ataques en los Tours de ayer. Perico es el responsable de la pasión que mucha gente de mi generación siente por la montaña. Y estamos ahí, todavía, imitándolo.

Gracias Perico.

lunes, abril 03, 2006

El Tour de Flandes, cicloturismo en estado puro


Antes de la salida, habíamos empaquetado las bicis en cajas de cartón, de las que contienen las bicicletas cuando vienen de fábrica. Pedales y sillín desmontados, manillar aflojado y pasado por debajo del cuadro, el buje de la rueda delantera desmontado y protegido, al igual que la horquilla delantera... En fin, cualquier precaución es poca, visto cómo tratan los paquetes en los aeropuertos. Además, nos informaron al facturar que no admiten las bicicletas en bolsas blandas, o caja de cartón como nosotros o bolsa dura. Ojo al dato, como diría aquel.

Me sorprendió no ver más bicicletas mientras facturábamos. Tampoco me pareció ver en el mismo avión más gente de características parecidas a las nuestras, qe se desplazaran a Bélgica a correr y a ver el Tour de Flandes. Más bien eran mayoría los belgas que regresaban allí. Me parece que es una lástima lo poco que se valora en nuestro país un evento de primerísima magnitud como el Tour de Flandes y las clásicas en general. Con decir que el Tour de Flandes profesional reúne a un millón de personas en las carreteras flamencas, me parece que está dicho todo.

A la llegada en el aeropuerto de Bruselas, todo perfecto. Hay un lugar dedicado exclusivamente a los equipajes de grandes dimensiones, o sea que todo previsto, las cajas en perfecto estado y la bicis a punto de ser montadas. Fuimos a recoger un minibús Opel Vivaro que cumplió su función a la perfección. Las bicis cabían exactamente en su maletero. De allí nos fuimos a Ninove para intentar encontrar sitio en el autobús que lleva a los corredores a Brujas para hacer la marcha larga de 270 km, pero no había sitio. Menos mal!

En la marcha mediana (140 km), que era la que íbamos finalmente a hacer, el horario de salida era libre entre las 7,30 y las 10,30. Nosotros nos encantamos un poco, y entre que bajamos de Bruselas (a 25 km de Ninove), que aparcamos (¿os imagináis 15.000 ciclistas y sus acompañantes?) nos situamos en el Instituto Tecnológico Provincial y nos vamos a la salida, pues salíamos que eran las 9,30. No estábamos seguros de que no hubiera ningún chip y control de tiempos, pero resultó que no, aunque luego entenderíamos por qué.

Al principio, algunas sorpresas al ver a gente sin casco, muchas bicicletas con guardabarros, también vimos maillots históricos de equipos españoles ¡! (Zahor, Seur), por no hablar de las indumentarias más insólitas que uno pueda imaginar, y muchos, muchos, kilómetros por el carril bici, imposible hacerla con tiempos tipo marcha ciclodeportiva a la que estamos acostumbrados aquí en España.

En estas que empieza a llover. Ya está bien, estamos en Flandes, y un Tour de Flandes sin lluvia ni viento no es ni clásica belga ni es nada. Pero lo malo es que llovía y llovía y no parecía que tuviera ganas de parar. Algunos incluso paraban y otros daban media vuelta. Aunque ninguno de ellos parecía local, éstos me parece que están acostumbrados a hacer más de una marcha enterita lloviendo.

Había estado soñando con el primero de los muros que nos encontraríamos. Cómo sería, cómo lo afrontaría, sentir el pavés bajo mi culo. Lo único que tenia claro es que el pavés hay que afrontarlo por el centro (por la espalda de burro, como le llaman los italianos). No tenía claro ni siquiera cómo tenía que hinchar los neumáticos. El día anterior no nos poníamos de acuerdo entre los compañeros, pero ya os avanzo que me parece que tomé la decisión acertada con una presión moderada (8 y 7,5, en lugar de los 9 a que hincharon otros). No sé si esta receta sirve para la París Roubaix, pero por lo menos para el Tour de Flandes creo que sí.

Así que encaramos el primer muro (Molenberg) y me encuentro con la desagradable sorpresa que el tráfico no estaba cortado. Esto, claro, en una pista de no más de 3 metros de ancho significa un verdadero problema... o sea que menos mal que la furgoneta que encontramos circulaba en nuestra misma dirección, porque si llega a hacerlo en dirección contraria, se hubiera armado una buena. Muro con adoquines de solamente 325 metros de longitud, pero con rampas del 17%, pongo el tercer plato y para arriba. No era tan fiero el león. Viendo cómo funcionaba esto, debo decir que en un par de muros me permití subirlos con el 42-25, en lugar de con el 30, y ningún problema.

Un aspecto que no me gustó es el hecho que los muros no están identificados. Los que no estamos acostumbrados a rodar por esas carreteras agradeceríamos el cartelito abajo indicando dónde nos dirigimos, incluso los desniveles que nos esperan, y también los carteles arriba, donde poder hacer la foto-recuerdo, por qué no...

Que no se podía buscar un buen tiempo nos lo acabó de confirmar el hecho tener de parar antes del paso de un río poco antes del primer control en Oudenaarde. El puente estaba levantado para el paso de las barcas!!! Parón y reagrupamiento de un montón de gente. Y justo al otro lado del río había el control de sellado y avituallamiento. Y nuevo parón. Si alguien se queja de que en alguna marcha de aquí tiene que esperar un poco, aquí era para ponerse de los nervios. Sin exagerar, estuvimos más de media hora para poder sellar y pasar por una carpa donde estaba concentrado el avituallamiento

Una vez pasados los dos primeros muros y el control sabíamos por el perfil que había un tramo de transición. Allí circulamos por un carril bici, obviamente a una velocidad limitada que permite ir contemplando el paisaje. De pronto, a la izquierda, observamos un paredón adoquinado lleno de gente, iluminado por el sol y con un arco hinchable arriba. Nos miramos, nos preguntamos qué es y al poco tiempo vemos un desvío, en el otro lado de la calzada que pone Koppenberg, que sería el verdadero hueso del día.

Pero todavía faltaba pasar el Oude Kwaremont, un muro muy largo (2,200 metros) totalmente adoquinado pero con no demasiado desnivel. Casi diría que mejor el adoquín subiendo que en llano, porque en el llano un tiene la tentación de dejar ir la bici, y eso es terrible, para ir sobre el adoquín hay que ir en permanente tensión y con pedaleo firme. También pasamos el Paterberg, un muro con una rampa muy dura al 20%, pero corta y que se pasa apretando los dientes.

La subida al Koppenberg llega finalmente tras una curva a derechas. Miras hacia arriba y ves un montón de gente caminando y piensas que será complicado pasarla, pero triple y para arriba. Lo malo era el estado del suelo. Empiezo a sospechar que mantener el equilibrio entre el barrillo y los adoquines será más complicado que la propia pendiente en sí. Total que antes de que aparezca lo peor (el 22%) ya he bajado de la bici. Qué pena más grande, únicamente me consuela saber que ni siquiera Bettini (sí, como lo leéis) pudo subirlo ese día, tal como decía la prensa del domingo. Incluso estaba previsto que pasaran los bomberos para regar el muro e intentar desprender la capa de barro que hacía deslizar las cubiertas. En el Koppenberg encontramos a un compatriota de Huelva que estaba animando a los cicloturistas que nos reconoció por el maillot y también charlamos con algunos belgas que se sorprendían de nuestro fin de semana flamenco. ¿Seremos nosotros los raros?

Un poco antes del segundo control nos encontramos con los profesionales del Euskaltel Euskadi, con los cuales nos hicimos una foto. Nos comentaron que habían hecho una salidita de 80-90 kilómetros para preparar las piernas. No está mal. A pesar de la juventud del equipo, al día siguiente tres de ellos pudieron acabar la carrera profesional.

Los muros se van sucediendo y casi es imposible ir contándolos: Leberg, Berendries, Tenbosse. Todos repletos de gente, todos pedalables, únicamente queda el reto del Grammont. Cosquilleo en el estómago, curva a la izquierda y muro asfaltado, que da paso al Kappelmuur propiamente dicho, con adoquines y unos desniveles de hasta el 20% que sin embargo se pueden subir al estar el suelo seco. ¿Se pueden? Pues un tipo delante de mí se para y tengo que poner pie al suelo. Llego arriba con un cabreo considerable y convenzo a los compañeros para que lo subamos de nuevo. Tardo aproximadamente medio segundo en convencerlos y tras preguntar a un lugareño cómo volver a llegar a la base volvemos a subirlo, esta vez todos juntos.

Después del Muro de Grammont y el Bosberg ya es una bajada. Puesto que el cuerpo no está demasiado castigado decidimos pegar un buen arreón y calentar un poco las piernas imitando los latigazos del rocoso Andrei Tchmil, que ganó un Tour de Flandes atacando precisamente en el tramo llano del final. Nos divertimos un buen rato pasando gente hasta que un pinchazo nos devuelve a la realidad. Francamente, con un solo pinchazo como única incidencia mecánica podemos darnos por más que satisfechos. Cabe decir que el asfalto de las carreteras belgas, más que un asfaltado convencional, se trata de grandes losas de hormigón que ocupan media calzada, con lo que en la parte central está la junta de las losas, que obliga a andar con mucho cuidado para no meter la rueda justo ahí. Si os fijáis en la tele, los bandazos que dan los pros a veces tienen que ver con este detalle. Total, que pillé una de estas juntas de pleno, pinché y aún gracias que no me caí...

Al final, nos llevamos un buen botín: diploma acreditativo (Dios mío, cómo quedó de mojada la cartulina de sellado), medalla recordatorio, camiseta, bolsa, desmontables, maillot (éste, pagando aparte, je). En fin, un buen recuerdo para un magnífico día.

Por cierto, debo decir sobre el recorrido que menos mal que se hace en una marcha con tantísima gente, porque en el laberinto de carreteras estrechas, carriles bici, cruces y cuestas sería tarea imposible encontrar la ruta adecuada yendo por libre... No sé cuántas veces vi cartelitos dirigiendo a Oudenaarde y a Brakel...

El domingo también tocó madrugón, pues había que ir a Brujas, a ver la salida de De Ronde. Está muy bien montado, puesto que la Plaza del Mercado alberga los autobuses de los equipos. Y justo debajo hay un gran parking, por lo que no resulta un problem dejar el coche. El control de firmas está en otra plaza cercana a la que se llega por la calle Steenstraat. Por lo tanto, en Steenstraat se puede ver a los corredores 2 ó 3 veces entre que van al control y vuelven. Lástima que el tiempo no acompañaba, puesto que estaba lloviendo, para variar... De pronto, nos sorprende un rugido de la gente que se va acercando a nosotros, hasta que vemos pasar a Tom Boonen, verdadero ídolo local, y gran favorito del día que más tarde confirmaría los pronósticos.

La prensa, volcada con De Ronde, páginas y páginas en los periódicos flamencos (Het Volk y Het Niewsblad) explicando los preliminares de la prueba y las dificultades de los profesionales para subir los muros el día anterior.

El siguiente destino era Paderstraat, en la localidad de Zottengem. Allí nos dirigimos desde Brujas. Nuestro contacto en Flandes (Marc Desender) nos comentó que en Paderstraat, el primer tramo adoquinado de la prueba, se había montado un túnel decorado con las caricaturas de un pintor local llamado Nesten. Muy curioso el resultado final. En las fotos podréis ver algunas de las caricaturas que allí se exponían. El túnel se situó justamente al lado de un pequeño monumento que la ciudad de Zottengem dedica al Tour de Flandes. Cuando llegamos era todavía pronto y nos pudimos hacer unas fotos dentro del túnel y al lado del monumento, pero la verdad es que después de unos minutos toda la calle se llenó de forma increíble (al final, únicamente se trataba de un tramo adoquinado, donde los ciclistas pasaban rápidamente), pero eso es el Tour de Flandes, la pasión de ciclismo por encima de todo.

La relación entre cultura y ciclismo en Bélgica es muy estrecha. El pintor Nesten es un personaje muy conocido allí. Nos decían que es el típico artista barbudo, con sandalias y un aire desaliñado. Podéis conocerlo un poco más en su página web: www.nesten.be. Un gran caricaturista con una gran afición por el ciclismo.

Al parecer, el mismo túnel artificial que se montó en el Paderstraat está previsto que se monte en la etapa del próximo Tour de Francia que finaliza en la localidad holandesa de Valkenburg, donde el circuito mundialista de 1998.

Después nos dirigimos ya hacia el Muro de Gramont. Cabe decir que esta denominación francófona es la menos conocida allí. Pienso que si preguntamos por ella, nadie sabría a qué nos referimos. Del hecho es el muro de Geraardsbergen, el pueblo que está a sus pies. Y concretamente es denominado Kappelmuur, el muro de la Capilla, puesto que arriba, como sabéis, hay una ya famosa iglesia que vemos por televisión cada año.
Lo fuimos subiendo a pie y descubrimos un monumento a las aficionados ( a los Supporters) que podéis ver en foto aparte, con una poesía dedicada, de otro artista que únicamente escribe sobre temas relacionados con el ciclismo.

Mientras esperábamos el paso de los corredores nos dio tiempo de hablar de Musseuw, o la caída del mito. El corredor que personalizaba con sus gestas el león de Flandes ha perdido su credibilidad. Sus mensajitos con el doctor Mabuse han hecho que la gente lo haya juzgado y haya dictaminado su culpabilidad. Qué pena. También profundicé en el conocimiento de las relaciones entre flamencos y valones, y entendí cómo Nuyens, Van Petegem, Devolder o Hoste eran verdaderos ídolos, y en cambio Gilbert no tenía ni siquiera caricatura en el tunel de Nesten. Claro, es valón.

El paso de los corredores confirmó el magnífico estado de Boonen, y la gente estalló. Nuestro gran favorito era Flecha que encarna la generosidad, la voluntad, la fuerza, la pasión por las clásicas, la lucha contra la corriente de las grandes vueltas. Hoy no pudo ser, pero otro día será, lo sabe él y lo sabemos todos.

La carrera venía con ligero retraso, por lo que tuvimos que salir como alma que lleva el diablo del Kappelmuur para llegar a tiempo al aeropuerto. Todo había salido a pedir de boca, solamente faltaba ese pequeño detalle de no perder el avión de regreso. Por lo pelos.

En el aeropuerto, nos encontramos con Bjarnee Riijs y con Viatcheslav Ekimov. Este último incluso en nuestro mismo avión, puesto que reside en Tortosa. También coincidimos con un grupo de madrileños que habían hecho la marcha completa (270 km) y que nos comentaban que los 130 km que hicieron de más fueron 130 kilometros de lluvia, de aire en contra y de abanicos. Pues qué queréis que os diga, menos mal que no había plazas en el autobús...

Finalmente, tras el estrés, un poquito de descanso en el avión, a reposar y a ver las fotos con tranquilidad. Vuelta a casa pensando que hemos hecho algo grande, no tanto por la exigencia física que pueda suponer la marcha en sí, sino por haber vivido dos experiencias tan grandes y, sobre todo, haber descubierto la pasión por el ciclismo en Flandes. Ahora es mucho más fácil entender a Flecha.

lunes, diciembre 05, 2005

¿Qué es el BIG?


(Artículo publicado en el número 8 de la revista Pedalier)

El BIG (Brevet International du Grimpeur o Diploma Internacional del Escalador) es un desafío consistente en subir en bicicleta las 1.000 subidas más importantes.
Su origen se remonta a 1985 y su creador y alma mater es el belga Daniel Gobert.

Para algunos se trata sencillamente de ir tachando de la lista las subidas de la lista que se ponen en su camino, pero para otros se trata prácticamente de una excusa para planificar sus vacaciones y finalmente para otros se ha convertido en un objetivo vital, y es que no hay un límite temporal para conseguir el reto. Personalmente, os digo que en mis salidas pongo como prioridad los puertos catalogados como BIG antes que cualquier otro...

La evolución del BIG en el tiempo
De 1985 a 1991, el desafío BIG gira alrededor de un pequeño club de Namur (Bélgica), donde reside Daniel Gobert. En esa época no hay más que 2 o 3 miembros extranjeros y la lista es de 200 cimas. De 1991 a 1995 Daniel se toma un respiro, pero se produce la expansión a Francia, la implantación de la revista anual y la celebración de un par de encuentros presenciales en Bélgica. De 1995 al 2000 Daniel retoma el trabajo, localizando responsables locales para establecer una lista de calidad de 1000 subidas. Del año 2000 al 2005 se produce la creación de la página web, una lista de correos, incremento del número de miembros y nacionalidades, se hace incluso ropa del BIG, etc. Los retos cara al futuro pasan por la consolidación de la estructura actual y las actividades periódicas con objeto de mantener en contacto a los miembros.

Quién puede participar ¿Cuánto cuesta?
Se trata de un desafío abierto a cualquiera que le apasione la bicicleta y la montaña.
Cualquiera que tenga esa inquietud y un cierto afán “coleccionista” puede perder 10 minutos en hacer recuento de todos los puertos de la lista que haya subido. Si ya has dado ese paso, has hecho el recuento y te has dado cuenta de todas las subidas que conoces pero no has hecho, posiblemente dentro de poco formarás parte de nuestro club...
Hoy en día no hay nada gratis, ¿o sí? A veces podemos pensar que aquello que no tiene precio no tiene valor, pero en ocasiones resulta que las cosas más valiosas son aquellas que no cuestan nada...
Habréis intuido después del párrafo anterior que afiliarse al BIG es gratuito. ¿Qué precio podría tener poner en común con los amigos aquellas subidas más duras o más bellas que hemos hecho?
Sin embargo, tener entre sus afiliados a muchos de los “locos de las cumbres” más conocidos en el mundillo cicloturista supone un capital humano que permite recoger muchas experiencias, que es lo que se pretende con la revista anual que se envía a los afiliados que así lo solicitan. Esta revista sí que tiene un coste, de 10,00 Euros en el año 2004. Pero no os esperéis una revista con la calidad gráfica de Pedalier, claro. Se trata de una publicación con unos medios muy limitados, una aspiración muy concreta, y con unas restricciones idiomáticas que únicamente permitirá aprovecharla al 100% a un verdadero políglota, puesto que cada miembro envía sus crónicas en su propio idioma.. y así se publican.

Subidas conseguidas
Las subidas se consiguen al alcanzar su cima por cualquiera de sus vertientes.
¿Cómo se acredita la consecución de una cima? Pues basta con afirmarlo. Hoy en día con las pequeñas cámaras digitales que caben en un bolsillo, casi todos nos hacemos la foto arriba, precisamente para inmortalizar ese momento histórico en que coronamos aquel puerto que tanto nos ha costado, pero este es un juego entre caballeros, ¿quién podría engañar a sus colegas y decir que ha subido algo cuando en realidad no lo ha hecho?

La lista de 1000 subidas
Los criterios en base a los cuales se han confeccionado las listas son básicamente criterios paisajísticos, de dureza y mediáticos.
En base a esos criterios, se estableció un número concreto de cimas por país, en concreto se distribuyen de la siguiente forma:
Países Nórdicos 50, Gran Bretaña 50, Benelux 50, Alemania 50, Francia 175, España y Portugal 150, Suiza 75, Austria 75, Italia 150, Cárpatos y Países del Este 50, Balcanes e Islas 75, Resto del mundo 50 (Aunque la lista es básicamente europea, se dejaron estos 50 números para subidas del resto del mundo. La composición de esta lista en concreto está todavía por determinar).
Podéis consultar el listado completo de cimas en la lista adjunta.
Observaréis la calidad de la lista. Baste deciros que Mario Ruiz, uno de los gurús de los puertos en este país, fue el principal responsable de la confección de la lista de 150 subidas de la península ibérica.
Cabe decir que aunque la lista se refiere principalmente a subidas ciclables con bicicleta de carretera, existen diversas subidas de la lista que no están asfaltadas, pero que se incluyeron principalmente por ese criterio de singularidad paisajística al que me refería antes. ¿Quién se atrevería a cuestionar la presencia del Colle delle Finestre aunque esté sin asfaltar? Se puede decir que lo cumple todo: belleza inigualable, dureza para dar y vender y tras el Giro del año pasado, 100% mediático...
Modificación de los números
Es evidente que aunque los criterios sean objetivamente incuestionables, cualquier lista cerrada es susceptible de ser mejorada.
Pero ahí reside uno de los puntos fuertes del BIG.
Existe la posibilidad de cambiar unas cimas por otras. Partiendo de la base de la calidad innegable de la lista, como decía antes, la voluntad del sistema de cambios es principalmente suplir aquellas cimas cuyo estado de conservación sea más deficiente con el paso del tiempo, no tanto incluir aquellas subidas de dureza inhumana que algunos de nosotros andamos buscando como desesperados en las más recónditas urbanizaciones....
El mecanismo es sencillo. Todos los miembros pueden sugerir durante el año el cambio de una cima por otra, intentando siempre que la nueva esté, no sólo dentro del mismo país, sino también dentro de la misma área geográfica. Así, a final de año se recopilan los cambios propuestos y son votados por parte de los miembros del GIO (Una especie de Comité Regulador con los delegados de cada país). Los cinco cambios más votados se hacen efectivos en la lista que se publica el siguiente año. Ahora bien, siempre teniendo presente que los miembros mantienen el número de subidas realizadas aunque una cima que consiguió haya sido eliminada.

Organización
La organización del BIG se ha ido complicando con el tiempo y en la actualidad tiene a mucha gente implicada. Una base sólida como la actual es un augurio de un gran futuro. Existe un Comité Director con tres miembros (Daniel Gobert, Helmut Dekkers y Philip Hul), un delegado por cada actividad (Miembros, Encuentros, maillots, Diplomas, Resultados, etc.), un responsable de la revista y un responsable de los cambios anuales. Pero ahí no termina todo, cada país tiene un delegado si tiene menos de 30 miembros, dos delegados si tiene hasta 55 miembros, tres delegados cuando llega a los 55, cuatro cuando tiene 80 miembros y así hasta conseguir 5 delegados cuando son más de 105 miembros.
España tiene actualmente 31 miembros y por tanto dos delegados. Las funciones principales de los delegados están relacionadas con la votación anual de los cambios y el debate permanente a través de una lista de correos sobre los más variados temas relacionados con experiencias personales sobre puertos de montaña, estado de conservación de carreteras, etc.

Algunas cifras
A 31 de diciembre de 2005 el BIG tiene 440 miembros. Por nacionalidades, Bélgica tiene 135 miembros, Francia 100, Holanda 80, Italia 57 y España 31. Están representados muchos otros países con menos miembros.
Quizás os preguntéis si alguien ha conseguido completar las 1000 subidas de que se compone el reto del BIG. Pues bien, la respuesta es NO, y la verdad es que resulta muy difícil pensar que alguien pueda hacerlo. El líder de la clasificación es un belga llamado Etienne Mayeur que tiene nada menos 646 ascensiones.
Sobre las subidas más comunes realizadas por los miembros del BIG destaca en primer lugar el Galibier, seguido por Izoard y Alpe d’huez. Parece que los miembros del BIG saben escoger...

Cómo contactar
Podéis visitar la página web:
http://www.big-passacol.be/
Allí encontraréis mucha información, y también el formulario para ser miembro del BIG.
Si queréis ampliar información, o tenéis dudas podéis contactar al mail
Claudio.montefusco@gmail.com
Bienvenidos al reto!!!!

sábado, noviembre 05, 2005

Con la bici en la mochila…

La temporada ya ha empezado y se acercan las marchas y las salidas más esperadas del año. Pero la planificación se ha iniciado unos meses antes, posiblemente un fría mañana de invierno, con la bici recién aparcada y comiendo el bocadillo de tortilla en el bar de siempre. Es el momento de hacer volar la imaginación, pensar en puertos por descubrir, en las mejores marchas del continente, aunque… puestos a desplazarse tantos kilómetros, ¿por qué no aprovechar y quedarnos unos días por allí? ¿Cuántas veces hemos querido hacer esa escapada a subir puertos míticos en los Pirineos o en los Alpes? Este artículo es simplemente una pequeña ayuda para que os decidáis a hacer esa escapada de una vez por todas. Qué mejor motivación para salir a entrenar un día lluvioso que tener en el horizonte esa salida espectacular que hace tiempo estábamos esperando.

Si no nos queremos complicar la vida, lo mejor para esta salidas es buscar un “campamento base” desde donde montar las etapas, con el kilometraje que nos apetezca. Las salidas serán circulares, claro está, con las limitaciones que eso supone en cuanto a la posible repetición de algunos puertos y algunas carreteras. Eso sí, la opción de un único lugar de alojamiento puede permitir obtener mejores precios en el hotel donde pidamos presupuesto. Y también supone un ahorro en gasolina, claro está.

Pero la verdad es que si hacemos una salida muy especial, a una zona que posiblemente no vamos a volver a visitar, sabe muy mal repetir puertos o quedarse a pocos kilómetros de otros puertos míticos… Además, nunca puede descartarse una tormenta repentina, una avería mecánica o cualquier otro imprevisto que pueda obligar a alguno de nosotros subir a un vehículo acompañante. Tener uno cerca, con recambios, con ropa de abrigo, con avituallamientos, y con lo que haga falta, otorga un plus de calidad a la excursión, no hay duda. Le resta espíritu de aventura, admitámoslo, pero personalmente prefiero la aventura de subir todos los puertos previstos a otro tipo de aventuras como hacer 30 kilómetros andando con la bici a cuestas por avería.

O sea que casi sin darnos cuenta ya hemos llegado a la conclusión de “complicarnos la vida”. La ruta no será circular, y llevaremos vehículos acompañantes. Ahí surge la siguiente incógnita, autobús (si el grupo se prevé numeroso) o bien furgoneta. La experiencia nos dice que la elección de furgoneta es ideal, aunque está claro que complica (y encarece) todavía un poco más la logística. Porque, claro, necesitamos chóferes para llevar los coches mientras nosotros vamos en bicicleta.

Aunque, ya puestos, vamos a intentar aprovechar la figura del chofer… Podemos pedirle que se encargue también de los avituallamientos, no estaría de más que supiera de mecánica, y así poder echar una mano en caso de avería. Bueno, pues resulta que el/los chofer/chóferes vienen a trabajar… Por tanto, para “enganchar” a acompañantes de esas características podemos utilizar un recurso que es abaratarles el precio, ¿qué os parece el 50% del precio que paguen los demás? A ellos les parecerá fenomenal…

El “libro de ruta” es muy importante haberlo diseñado con sumo cuidado. Los kilometrajes y las dificultades deben ser adecuados al grupo… o para ser más exactos a la sección del grupo que no anda tan rápido. No hace falta decir que un factor a considerar es la homogeneidad del grupo. Está claro que el hecho de llevar coches acompañantes facilita que haya varios subgrupos y que cada uno de ellos pueda funcionar casi de forma autónoma, pero siempre es preferible que las esperas en la cima de los puertos no sean demasiado prolongadas entre grupo y grupo. Aunque la ruta la hagamos en verano, a más de 2.000 metros puede hacer bastante frío.

Para diseñar la ruta a realizar hay que sentarse con tranquilidad delante del mapa y situar los puertos “objetivo”. Es uno de los momentos “mágicos” de la excursión. De repente, el círculo se va cuadrando y las rutas van enlazando los puertos previstos. Observar los recorridos que se han hecho en carreras profesionales de la zona también nos puede ayudar a elegir buenas rutas. Posiblemente descubriremos alguna carretera escondida que no aparecía en los mapas o nos daremos cuenta de que era más factible de lo que parecía empalmar ese par de puertos que habíamos seleccionado. Si el grupo finalmente no es demasiado homogéneo, se puede pensar en hacer opcionalmente alguna subida sin salida, para aquellos más “cañeros”. Posiblemente dos puertos por día y un tercero opcional puede ser una previsión llena de sentido común.

Sobre el tema comidas, después de varias salidas de estas características, la conclusión es que debemos hacer un buen desayuno y una buena cena. Por tanto es altamente recomendable contratar la media pensión en los hoteles donde nos alojemos. Salir por Europa nos beneficia, ya que los horarios que se estilan, como bien sabéis, son de cenas a partir de las 19,00 horas. Por tanto, y en dependencia de los recorridos y el tiempo previstos, la comida podemos suplirla por unos buenos avituallamientos. Si bien diversos componentes de dicho avituallamiento se pueden traer desde origen en la furgoneta (tipo barritas, embutido, frutos secos, etc.) el pan y la fruta es recomendable comprarlos por la mañana en el lugar donde hayáis dormido. A la que nos hayamos entretenido un poco, no llegaremos muy pronto al hotel, casi con el tiempo justo de hacer unos estiramientos, darnos una buena ducha y bajar a la cena. No está de más que cuando contactéis de buen principio con el hotel le especifiquéis qué tipo de menú vais a querer (¿la típica pasta y carne de segundo, quizás?). Así evitaréis sorpresas de última hora que ya no tienen remedio.

Sobre el alojamiento habréis observado que hemos echado mano de hoteles en lugar de campings, que podría resultar una opción más económica. Esta elección es clave en el importe total de la excursión, como se puede entender, pero hay que considerar que el descanso es muy importante para poder hacer varias etapas de forma consecutiva. No hace falta que sea un cinco estrellas, pero de dormir en un buen colchón a dormir sobre una colchoneta, nuestro rendimiento al día siguiente podría ser muy diferente. Una manera sencilla de abaratar costes es solicitando habitaciones múltiples (triples, cuádruples) que normalmente los hoteles no nos ofrecen. Una opción muy recomendable son los albergues (hostels), donde podemos coger habitaciones múltiples para nosotros sólos. Una página recomendable donde buscar es http://www.hostelworld.com/. Aquí podéis encontrar también hoteles económicos.

A estas alturas se nos está complicando un poco el tema presupuestario. Lo mejor será coger una hoja de cálculo (papel y lápiz vamos) y empezar a calcular por cuánto nos va a salir el viaje. Partamos de un número estimado de participantes. En la columna de gastos tenemos los hoteles (en media pensión, recordad), el alquiler de las furgonetas, la gasolina, los peajes, los avituallamientos (hasta ahí como mínimo, puesto que si se quiere hacer una camiseta o un maillot conmemorativo, alguna excursión turística, todo eso habrá que sumarlo también). En la columna de los ingresos tendremos únicamente las contribuciones de los participantes, a no ser que se consiga financiación extraordinaria. Dependiendo de la envergadura de la expedición y de los contactos de cada uno se puede intentar conseguir sponsors que aporten ciertas cantidades económicas que ayuden a la viabilidad del proyecto. De las Instituciones públicas casi nos podemos olvidar, y lo más factible es encontrar apoyo en el propio club. A partir de ahí, la habilidad de cada uno y sus contactos pueden ser determinantes…

Bien, ya tenemos algunas cosas claras, por lo menos sobre el papel. Ahora solamente falta saber ese “pequeño detalle” que es el número de componentes de la expedición. Este es un punto sumamente delicado, puesto que una excursión a descubrir puertos puede ser muy tentadora, pero a la que se hace el cálculo de los importes a pagar y hay que tomar decisiones, van desapareciendo voluntarios… También está el tema laboral y familiar, y a veces cuesta saber quién podrá venir y quién finalmente no. Por eso es imprescindible pedir una paga y señal con bastante anticipación. El número de gente que haya pagado será la base sobre la que hacer las reservas a los hoteles, la base sobre la que reservar las furgonetas, etc. En este punto vale la pena destacar que las furgonetas deberían ir llenas para optimizar el gasto. Caso de que con la gente preinscrita no se consiga llenar una segunda o una tercera furgoneta, puede ser recomendable intentar llevar un coche particular y ahorrarnos el alquiler.

Y otra cosa, ésta de Perogrullo, que no se os olvide que hay que llevar las bicis!!! Depende del número final de ciclistas, pero una furgoneta de carga hay que dedicarla casi en exclusiva a las bicis…

Y ahora que ya está todo listo, solamente queda esperar el día de la salida, que no haya incidentes y que las furgonetas se mantengan hasta cierto punto alejadas, no sea que en lo más duro de un puerto tengamos la tentación de subirnos a ella…